Un mismo objetivo (Game Changers 4) Capítulo 20
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Capítulo 20

Eric se retorcía en la cama de Kyle, dominado por el deseo. Kyle ya lo había llevado al límite tres veces sin dejar que se corriera y Eric no estaba seguro de si sobreviviría a una cuarta.

—¡Por favor! —suplicó.

Lo suplicó. Y ni siquiera le daba vergüenza.

Kyle le dedicó una sonrisa pícara. Eric estaba desnudo y tumbado bocarriba. Kyle se cernía sobre él, con toda la ropa.

—¿Quieres probar algo nuevo? —preguntó Kyle.

—¿Vas a dejar que me corra?

Kyle se rio.

—Al final. Un segundo.

Desapareció por el borde del colchón y Eric oyó el roce de algo contra el suelo debajo de la cama. Kyle volvió a levantarse, con una caja de zapatos entre manos. La dejó sobre la cama y la abrió, luego sacó un juego de esposas negras de velcro unidas entre sí con clips metálicos.

—¿Sí o no? —preguntó Kyle mientras le enseñaba las esposas.

La respuesta salió de los labios de Eric antes de que tuviera tiempo de pensarlo:

—Sí.

—¿Confías en mí? —le preguntó Kyle a la par que volvía a subirse a la cama, sentándose a horcajadas sobre la cintura de Eric.

De nuevo, sin ningún tipo de duda, respondió:

—Sí.

Kyle inspiró fuerte.

—Joder, Eric.

Kyle se inclinó y lo besó, con la misma lentitud y autoridad con la que le había acariciado la polla a Eric unos minutos antes. Eric gimió despacio pegado a su boca, incapaz de decidir si quería que ese beso perfecto durara para siempre o si quería más.

Kyle tomó la decisión por él, se separó y levantó una de las muñecas de Eric. Entonces, Eric cayó en la cuenta de que, de forma inconsciente, ya había dejado las manos inmovilizadas sobre el colchón, anticipando que Kyle lo ataría.

Le colocó una esposa en una muñeca y luego en la otra. Kyle se las dejó separadas por el momento y le preguntó si le apretaban mucho. Eric negó con la cabeza, desconcertado de que estuvieran haciendo eso de verdad, pero demasiado excitado como para preocuparse.

Kyle colocó las manos de Eric sobre la almohada, por encima de su cabeza, y luego utilizó los ganchos de los grilletes para atarlas entre sí.

—Podría sujetarlas al cabecero —dijo—, pero creo que no será necesario. ¿O sí?

—No.

No. No, Eric mantendría las manos justo donde Kyle quería. Podría hacerlo por él. Si algo tenía era disciplina.

—Hay una cosa más —dijo Kyle.

Volvió a la caja de zapatos y sacó otro trozo de tela negra. Eric tardó un momento en reconocer que era una venda para los ojos.

—¿Sí o no? —preguntó otra vez Kyle.

Eric no estaba seguro de eso. Sus ojos (su vista) eran muy importantes para él. Se ganaba la vida observando, prestando atención y reaccionando con rapidez. Que le privaran de eso, aunque fuera solo por un minuto, le aterrorizaba. Pero también… le emocionaba.

—Quiero intentarlo —dijo Eric—. Sí.

La sonrisa de Kyle fue más cálida esta vez, con menos picardía y más afecto.

—Avísame enseguida si no te gusta. ¿Lo prometes?

—Lo prometo.

Eric respiró hondo, despacio, y a continuación cerró los ojos mientras Kyle le colocaba el antifaz sobre la cabeza y le ajustaba la cinta elástica.

—Vale —dijo Kyle en voz baja—. ¿Qué tal?

Eric abrió los ojos y no vio… nada. Solo oscuridad. Su primer instinto fue arrancárselo de la cara o decirle a Kyle que se lo quitara. Pero se dio un momento para acostumbrarse.

—Dime algo —dijo.

—Estoy aquí —le respondió Kyle, y luego le besó la mandíbula a Eric—. ¿Estás bien?

Eric volvió a respirar para tranquilizarse.

—Creo que sí. Es solo que… es diferente.

—Si en algún momento quieres parar, dímelo. Pero ahora mismo estás superimpresionante. Joder. Deberías verte.

—Tendré que creerte. ¡Aaah!

Todo el cuerpo de Eric se estremeció cuando Kyle le mordió un pezón.

El dolor mezclado con placer era tan intenso que no podía creer que solo fuera el pezón.

Nunca había sido muy sensible. Sintió el aliento caliente de Kyle rozando la carne caliente que acababa de morder y Eric se preguntó si volvería a hacerlo.

La expectación le aceleró el corazón, y apretó las manos atadas en puños.

Notó el calor húmedo de la lengua de Kyle mientras le lamía el pezón, calmándolo con suaves lametones. Eric dejó escapar un largo gemido mezclado con un suspiro mientras se fundía con el colchón. Entonces Kyle le mordió de nuevo y Eric gritó.

—¿Te gusta? —preguntó Kyle.

Eric se dio cuenta de que estaba aguantándose por no reírse.

—Es raro. Intenso. Nunca he hecho nada así.

Kyle deslizó las yemas de los dedos, ligeras como plumas, por el pecho de Eric y bajó por su abdomen, y Eric pensó que, si miraba, vería líneas brillantes de electricidad en su piel a su paso.

Su cuerpo ya estaba sobrecargado de sensaciones por los esfuerzos de Kyle para mantenerlo al límite, y ahora pensaba que podría estallar como un fuego artificial si Kyle le tocaba la polla.

Entonces Kyle se apartó. Su peso ya no se apoyaba en la cintura de Eric.

Su calor se había desvanecido. Sus dedos, su lengua. Su respiración. Eric lo buscó con el oído.

—¿Kyle?

No hubo respuesta. Y entonces Eric oyó una cremallera y un suave susurro en algún lugar junto a la cama. Volvió la cabeza para seguir el sonido y sintió que algo le rozaba los labios.

La punta de la polla de Kyle.

Eric podía oler el aroma almizclado, ahora ya familiar, mientras Kyle le rozaba los labios con suaves empujones y caricias.

Eric abrió la boca en señal de invitación, se puso de costado y se pasó rápido la lengua por los labios secos.

La deseaba. Quería chupársela a Kyle a ciegas, con las manos atrapadas por encima de la cabeza.

Quería que se la diera mientras él no podía hacer más que quedarse ahí tumbado y recibirla.

La esponjosa punta de la polla de Kyle se deslizó más allá de sus labios y Eric tarareó feliz junto a ella. Kyle puso una mano sobre la cabeza de Eric, enredando los dedos en su melena mientras ajustaba el ángulo de Eric.

—Dios, ahora mismo estás puto sexy —dijo Kyle con voz ronca—. Eres precioso, amor.

Eric solo pudo responder metiéndosela más en la boca mientras estiraba el cuello para llegar. Sus dedos se retorcían por el deseo de tocarla, pero, como se le daba bien obedecer, los dejó sobre la almohada.

—Joder, esto es mejor de lo que me había imaginado. Te encanta chuparme la polla, ¿eh? Te encanta no tener nada más que hacer que chupármela.

Eric gimió en señal de asentimiento. Sí, le encantaba.

Quizá debería resultarle extraño, o degradante, pero en realidad se sentía…

en paz. Su mente estaba en silencio. No había presiones, ningún equipo que dependiera de él, ninguna decisión aterradora de las que cambiaban la vida que tuviera que tomar.

Solo estaban Kyle y la necesidad de complacerlo.

Aún tenía poca experiencia en lo que se refería a chupar pollas, pero Eric siempre había aprendido rápido. Pasó la lengua por la punta de una forma en que a Kyle le había encantado la última vez.

—Así está genial, amor. Es puto increíble —balbuceó Kyle.

Sus dedos se aferraron al pelo de Eric y luego lo soltó.

Eric oía algunos ruidos, pero los pasó por alto; estaba demasiado concentrado en lo que hacía como para intentar adivinar qué era.

Notaba el sabor salado de las gotas del líquido preseminal y oyó a Kyle contener el aliento y maldecir en voz baja.

Entonces, Kyle se apartó y lo dejó sin nada.

A Eric se le caía la saliva por la comisura de los labios, pero no podía limpiársela.

Se dio la vuelta y se tumbó bocarriba, frustrado.

De forma inesperada y despiadada, una mano resbaladiza le rodeó la polla.

Se la meneaba con fuerza y rapidez, y Eric solo podía jadear, maldecir y sacudir las caderas.

Sabía que Kyle pararía antes de que se corriera.

Sabía que era imposible que Kyle se tomara la molestia de inmovilizarlo y vendarle los ojos como para acabar con todo tan rápido.

Pero al cuerpo de Eric le daba igual. Empujaba con optimismo contra el puño apretado de Kyle en busca de alivio.

Estaba tan cerca…, justo ahí. Eric podía sentirlo palpitar dentro de él, lo que venía era enorme e inevitable.

Con solo un poco más de estimulación ya saldría de él.

Kyle paró, obvio. Eric soltó una grosería mientras su polla se retorcía impotente en el aire, sobre su abdomen, buscando cualquier tipo de fricción.

—Date la vuelta —le ordenó Kyle sin mostrar ni una pizca de compasión en su tono—. De rodillas.

Eric hizo lo que le dijo al instante. Apoyó la frente en el colchón entre sus antebrazos, con las manos aún entrelazadas por encima de la cabeza, como si estuviera colocándose en postura fetal. Levantó el culo en el aire, temblando al sentirse expuesto y vulnerable.

—Tu culo es una puta obra maestra, Eric —dijo Kyle. Le acarició una nalga con la palma de la mano y luego presionó los labios ahí—. Y estos muslos. Joder.

Sin avisar, deslizó un dedo resbaladizo dentro del ano de Eric, y este siseó contra el colchón.

—¿Quieres que entre más esta vez? —preguntó Kyle—. ¿Alguna vez te han estimulado la próstata?

—No…, otra persona no.

Eric solo lo había intentado por su cuenta unas cuantas veces y, por muy flexible que fuera, le había resultado difícil ejercer la presión que quería. Tenía la sensación de que Kyle sería capaz de darle justo lo que necesitaba.

—Entonces va a ser divertido.

Kyle masajeó el contorno con movimientos circulares, sujetándole con una mano firme una de las nalgas. Eric intentó mantener el control de su respiración, pero alternaba entre contenerla demasiado tiempo y jadear y resoplar mientras Kyle lo abría.

Sin darse cuenta de lo que hacía, se arqueó hacia atrás contra el dedo de Kyle, deseando que lo metiera aún más. El hecho de que dilatara le quemaba, y Kyle le dio una suave palmada en el culo a Eric con la otra mano.

—Ten paciencia —le reprendió—. Solo respira y relájate para mí.

—Como en yoga.

—Eso es. Yoga en el que al final te corres como una fuente.

Eric se rio y luego gimió cuando Kyle lo penetró más profundo.

—Quizá ya lo hayas hecho antes —reflexionó Kyle—. Correrte ahí mismo, en tu estudio de yoga.