Capítulo 18
Eric había conseguido dormir, pero no había dejado de entrar y salir de entre sueños.
Por lo que podía deducir, Kyle se había quedado dormido enseguida y no se había despertado en toda la noche.
Seguía durmiendo cuando Eric abrió los ojos por última vez, con la luz del sol asomándose por los bordes de las persianas.
Le había encantado tener a Kyle abrazado contra él toda la noche. Le encantaba escuchar su respiración mientras dormía. Lo más extraño era que le había encantado la suave presión de la planta del pie de Kyle contra su espinilla.
Kyle seguía de espaldas a él, pero Eric disfrutaba de la vista de sus hombros desnudos y cremosos, la espalda lisa y los bultos de las vértebras.
Cada centímetro de Kyle le resultaba más interesante de lo que debería.
Estaba peligrosamente obsesionado con ese chico y sabía que eso no le iba a hacer ningún bien.
Ver a Kyle bailando con el tipo del pelo azul debería haber servido para advertir la diferencia entre ellos.
Kyle era joven, guapo y divertido. Eric no era el caballo al que Kyle debía enganchar su carro.
Resistió el impulso de despertarlo con suaves besos a lo largo de los hombros y salió con cuidado de la cama, porque estaba seguro de que, si lo despertaba, Kyle se iría.
Se duchó, lavándose cualquier rastro que quedara de la diversión que habían tenido la noche anterior, y pensó en lo que debería decirle a Kyle cuando se despertara. ¿Qué quería Eric?
Le gustaba demasiado Kyle, eso lo tenía claro.
Y nunca en su vida había sentido tanto interés por el sexo.
Intentó recordar cómo había sido cuando empezó a salir con Holly.
Sin duda se sentía atraído por ella, y sin duda habían tenido sexo apasionado y repleto de hormonas en su habitación de la residencia universitaria.
Y, en algún momento, se había enamorado de ella. Había sido como sumergirse en un baño de agua templada: cómodo, pero no emocionante.
Lo que sentía por Kyle era distinto. Notaba una urgencia, una fuerza de atracción a la que cada vez le resultaba más difícil resistirse. Y quizá no tenía por qué hacerlo. Por lo menos, no todavía.
Cuando volvió al dormitorio, con la toalla bien ajustada a la cintura, se topó con Kyle recostado sobre un codo, parpadeando hacia las ventanas que aún estaban cubiertas por las persianas.
—Buenos días —dijo Eric.
—Buenos días. —La mirada de Kyle recorrió el cuerpo casi desnudo de Eric—. Joder. Me gusta ese atuendo.
—Entonces te encantaría el vestuario de los Admirals.
—Estoy seguro de que sí.
Eric se sentó en el borde de la cama, frente a él.
—¿Has dormido bien?
—Sí. Tienes muy buen gusto para las camas.
—Tengo muy buen gusto para todo.
Kyle esbozó una sonrisa y rozó con los dedos el borde inferior de la toalla de Eric.
—Es verdad. Ojalá me hubieras dicho que te ibas a duchar. Podría haberte acompañado.
—En otra ocasión.
—O, quizá —dijo Kyle con voz seductora mientras deslizaba la mano bajo la toalla—, pueda volver a ensuciarte ahora mismo.
Eric se estremeció, pero atrapó la mano de Kyle con la suya y la inmovilizó.
—Tengo que ir pronto a entrenar. Voy a preparar el desayuno y, si quieres, te puedes dar una ducha.
Se levantó, ajustándose la toalla sobre la erección incipiente.
Kyle se dejó caer sobre la almohada, derrotado.
—Está bien —suspiró.
Le sonrió un poco, y por un momento Eric solo pudo quedarse mirándolo, completamente hipnotizado por aquella criatura preciosa tumbada en su cama.
—A por el desayuno —dijo con firmeza, sacudiéndose el deseo de volver a la cama y dejar que Kyle le hiciera lo que quisiera. Caminó rápido hacia su armario, ansioso por cubrirse el cuerpo y aclararse la mente.
Cuando Kyle bajó las escaleras, ya se había duchado y llevaba puesta la ropa de la noche anterior, y Eric tenía preparadas dos tortillas acompañadas de rodajas de tomate y tostadas.
—Holi —dijo Eric algo tenso—. He preparado café.
—Genial. Gracias.
Kyle supuso que ese era el momento en el que Eric le decía que ya no podían seguir así. Otra vez. Su brazo rozó el de Eric al coger la cafetera y no le pasó desapercibida la forma brusca en que Eric se apartó al sentir el contacto. Dios, eso iba a ser horrible.
—¿Pasa algo? —preguntó Kyle mientras se servía el café, deseando acabar de una vez con aquello.
Eric se agarró a la encimera con ambas manos y Kyle esperó con angustia el rechazo que se avecinaba.
Pero lo que Eric dijo fue:
—¿Puedo contarte algo? Tendrás que mantener el secreto, pero necesito contárselo a alguien.
«¿Qué cojones?».
—Claro.
Eric dudó, como si se estuviera armando de valor y luego soltó:
—Me voy a retirar. Al final de esta temporada.
—Ah. —Así que quizá el mal humor de Eric no tenía nada que ver con Kyle. Y añadió—: Guau.
Eric bajó la barbilla hasta el pecho.
—Sí. Va a ser, eeeh, va a ser difícil.
—¿Estás inseguro por eso?
—No. Sé que es el momento. Es solo que no quiero dar el paso, ¿sabes? Todo el mundo va a darle mucha bola.
Kyle puso una mano sobre el antebrazo de Eric. Tenía los músculos tensos de agarrarse a la encimera.
—Te echarán de menos —dijo Kyle con delicadeza.
Eric suspiró y se frotó la cara con la otra mano.
—Y yo también a ellos. Echaré de menos todo. No sé qué voy a hacer después de esta temporada. —Volvió la cabeza para mirar a Kyle y vio tristeza en sus ojos—. Toda mi vida ha sido el hockey. No sé qué voy a hacer una vez que no tenga eso.
—Ains. Ven aquí, anda.
Kyle lo atrajo hacia sí. Eric apoyó la cara en el cuello de Kyle y ambos se quedaron solo respirando durante un minuto.
A Kyle le sorprendió oír que Eric no sabía qué iba a hacer después de retirarse, porque Eric siempre parecía tan seguro y tener todo bajo control… Había supuesto que, si Eric se retiraba, era porque tenía un plan sólido para lo que viniera después.
—¿Aún no se lo has dicho a nadie? —preguntó—. ¿A nadie del mundo del hockey?
—No. A nadie.
Kyle intentó ignorar cómo se le encogía el corazón al saber que Eric le había confiado algo tan importante. De nuevo.
Eric levantó la cabeza y Kyle lo soltó.
—Voy a anunciarlo pronto —dijo Eric—. Después de Navidad, creo. O quizá después del parón del All-Star. No quiero dar ruedas de prensa ni nada por el estilo. Solo un comunicado por escrito. Pero primero tendré que contárselo a mis compañeros de equipo, y eso no va a ser fácil.
—Parecéis un grupo muy unido.
—Lo somos. Es como alejarte de tu familia, ¿sabes? —Eric hizo una mueca—. Lo siento. No debería haber dicho eso. No quería decir que…
Kyle hizo un gesto con la mano.
—No te preocupes. —No quería que la conversación derivara hacia los problemas que tenía con sus padres—. Pero seguirás viendo a tus compañeros, ¿no? ¿Te quedas en Nueva York?
—Ese es mi plan. Pero no será lo mismo. Y anoche, en el local con Scott, Carter y Matti…, no pude evitar pensar en eso. Quiero mucho a estos chicos, sobre todo a Scott.
—Scott no se va a ir a ningún sitio. Y sabes que seguirá haciendo cosas contigo todo el rato.
—Lo sé. —Eric se puso recto—. Deberíamos comer. Seguro que ya se nos ha enfriado.
Se sentaron el uno al lado del otro en la isla de la cocina. Mientras comían, sus piernas no dejaban de rozarse y Kyle no paraba de lanzar miradas furtivas a Eric. Incluso cuando estaba melancólico seguía siendo sexy.
—Si necesitas a alguien con quien hablar, estoy aquí, ¿vale? Cuando lo necesites. —Kyle sonrió—. Lo digo en serio. Me suelo acostar tarde.
Eric le miró a los ojos y, por un instante, a Kyle le pareció ver en su expresión el mismo anhelo que él intentaba ocultar. Pero luego se desvaneció y Eric se limitó a decir:
—Gracias.
—Y, si necesitas alguna… distracción, estaré encantado de ayudarte.
Eric se rio al oírlo.
—Te lo haré saber.
Kyle decidió tomárselo como una buena señal y se comió feliz su tortilla, pensando formas para distraer a Eric.
—Voy a estar ocupado durante un tiempo —dijo Eric después de estar un minuto en silencio mientras comían—. Mañana por la mañana nos vamos una semana; luego estaré en Hamilton un par de días por Navidad y el veintiocho me voy otra vez cuatro días más.
Kyle no sabía muy bien si Eric le contaba eso por algún motivo en concreto o si solo estaba entablando una conversación, pero casi parecía que le estaba pidiendo disculpas.
—Suena ajetreado —dijo Kyle con indiferencia.
La verdad es que sintió una punzada de decepción al saber que Eric no estaría por ahí. Incluso había pensado en invitarlo a su casa a ver películas el día de Navidad. Pero, claro, Eric iba a pasar las fiestas con su familia. Porque eso era lo que hacían las personas cuyos padres no les tenían asco.
—Lo será —asintió Eric—. Pero tenemos una semana libre a finales de enero. Este año la estoy esperando con más ganas de lo habitual.
—¿Y eso? —Kyle no quería pensar que él tuviera nada que ver.
Eric resopló.
—Porque estoy mayor. Esta temporada la he notado más que otras. Por eso he decidido que ya es hora de retirarme.
—¿Te vas a algún sitio durante las vacaciones?
—No, solo voy a relajarme en casa. Me muero de ganas.
Kyle se mordió el interior de la mejilla. Relajarse en casa podía incluir un montón de cosas. Cosas en las que no le importaría ser partícipe. Si Eric se lo llegase a pedir.
También existía la posibilidad muy real de que unas dos semanas de viaje fueran tiempo suficiente para que Eric perdiera el interés en lo que fuera que él y Kyle estuvieran haciendo.
Quizá Eric volviera a encontrarse con un antiguo amor del instituto en su ciudad natal en Canadá.
En Navidad. Como en una puta película de Hallmark.
Era molesto lo mucho que Kyle deseaba tener alguna garantía de que Eric quisiera seguir…
pasando tiempo con él. Aunque no se liaran, a Kyle le encantaría dar otro paseo con él.
O ir a comer otra vez. Visitar alguna otra galería.
Era raro que Kyle quisiera pasar tanto tiempo con alguien, pero, si por él fuera, se quedaría el resto del día y de la noche.
Para cuando Kyle logró detener el torrente de pensamientos que se le había pasado por la cabeza, Eric ya había llevado los platos sucios al fregadero y había empezado a lavarlos. Se puso de pie, caminó con torpeza hacia donde estaba y se quedó allí de pie junto a él sin saber muy bien qué hacer.
—¿Te ayudo?
—No hace falta. Tengo que irme enseguida.
—Vale. Entonces me voy.
Dio un paso hacia las escaleras, pero luego dudó.
—Te acompaño abajo —dijo Eric mientras se secaba las manos.
En la puerta, los dos se quedaron el uno frente al otro en silencio durante un momento tenso. Al final, Kyle le dio un abrazo rápido a Eric.
—Que tengas un buen viaje. O dos, supongo. Y feliz Navidad.
—Gracias.
Cuando Kyle se apartó, se encontró con que Eric le miraba la boca con anhelo. Era una oportunidad que no podía dejar pasar. Se inclinó y murmuró:
—¿Qué tal un beso de despedida?
Eric respondió uniendo sus labios. El beso fue suave y dulce, y Kyle se arrepintió de haberlo pedido. Era demasiado tierno. Demasiado desgarrador.
—Gracias de nuevo —dijo Eric en voz baja—. Anoche fue increíble.
Kyle activó su escudo de coqueto y despreocupado.
—Pues claro que lo fue.
La cálida risa de Eric fue lo último que Kyle oyó mientras abría la puerta y se escapaba del hombre del que corría el gran peligro de enamorarse.