Capítulo 17 #3
Por suerte, el coche llegó a su destino un minuto después. Eric le dio un beso de despedida en la mano a Kyle y luego salió del coche. En cuanto entraron en la casa, Eric se quitó el abrigo y empujó a Kyle contra la pared.
—Holi —dijo Kyle con una sonrisa pícara.
—Holi.
Eric se arrodilló. Casi le arrancó la bragueta a Kyle de la desesperación por meterse la polla en la boca.
—Hostia. Joder —dijo Kyle con voz ronca.
—No puedo esperar.
Eric le bajó los vaqueros y los calzoncillos a Kyle hasta las rodillas.
—Joder, me encanta lo cachondo que estás. ¿Te he cabreado al besar a ese chico?
—Dejemos de hablar de él —gruñó Eric antes de llenarse la boca con la polla de Kyle.
—Sí te he cabreado, ¿verdad? —dijo Kyle, aunque su voz se quebró a mitad de frase—. Te has puesto celoso.
Eric respondió moviendo la cabeza de arriba abajo, chupándosela con fuerza y rápido. Sí, estaba celoso, joder. No le gustaba la idea de que Kyle estuviera con otros hombres y no quería ponerse a analizarlo demasiado. Solo quería hacer gritar a Kyle.
—Joder, está de putísima madre. Hostia puta. —Kyle agarró a Eric por el hombro y Eric notó que luchaba por quedarse quieto—. Me encanta tu boca, Eric.
Eric gruñó, encantado con el sonido de su nombre en la voz rota por la excitación de Kyle. Quería que Kyle lo dijera cuando se corriera.
Todavía había una voz lejana en la cabeza de Eric que le recordaba que aquello era una idea horrible. Era justo lo que se había prometido a sí mismo que no haría. Pero esa parte de su cerebro estaba siendo ahogada por los gemidos y groserías que Kyle susurraba. Era lo que necesitaba.
—Ojalá hubieras bailado conmigo —jadeó Kyle—. Habrías estado sexy de la hostia, joder.
Eric lo dudaba, pero tenía la boca demasiado ocupada como para discutir. Quizá debería haber bailado con Kyle. Quizá debería haberlo besado en la pista de baile, delante de sus amigos y de cualquiera que quisiera mirar. Demostrarle a todo el mundo que ese increíble hombre era suyo.
«No es tuyo».
Eric apartó ese pensamiento de su cabeza. Al menos por esa noche, Kyle era suyo. Del resto ya se preocuparía más tarde.
Aumentó el ritmo con Kyle, deslizando una mano por su muslo para acariciarle las pelotas.
Notó cómo su polla se tensaba contra los vaqueros, dura como una roca y ansiosa por que le hicieran caso, pero la ignoró, porque solo quería dar placer a Kyle.
Quería que se corriera en su boca. Quería. Lo necesitaba.
—Impaciente… ¿Es que quieres que me corra ya? —jadeó Kyle tras otro minuto de esfuerzos por parte de Eric.
Eric mantuvo la mirada fija en él y asintió lo mejor que pudo. Intentó relajar la mandíbula para poder metérsela más. Estaba lejos de ser capaz de hacer una garganta profunda, pero consiguió meterse un poco más de la polla de Kyle en la boca.
—Ay, hostia. Es increíble. Joder. Quiero aguantar, pero es demasiado, hostia puta.
Eric notaba el sabor salado de las gotas de líquido preseminal en la lengua. Las pelotas de Kyle estaban duras y tensas entre sus dedos. No quería que Kyle aguantara. Quería que se corriera a lo grande.
—No puedo… Joder, Eric. Me voy a…
Eric continuó y confió en no hacer el ridículo.
La primera ráfaga del orgasmo de Kyle le inundó la boca, pero Eric se las arregló para tragar, aunque Kyle siguiera corriéndose. Más allá del pánico momentáneo de sentir que no podía respirar, a Eric le encantaba lo poderoso que se sentía.
Cuando el orgasmo de Kyle remitió, se desplomó contra la pared mientras Eric lo liberaba de su boca.
—Uuuf —dijo Kyle sin aliento—. Soy muy buen profesor.
Eric se rio entre dientes y se puso de pie. Se limpió los labios con el dorso de la mano. Todavía tenía la boca repleta del sabor de Kyle.
—Lo eres.
—Bueno —dijo Kyle con voz arrastrada—, ¿cómo podría compensártelo?
Eric apoyó una mano en la pared junto a la cabeza de Kyle y se inclinó hacia él.
—Enséñame a metértela.
Los ojos de Kyle se abrieron como platos.
—Hostia puta. ¿En serio?
—En serio.
Kyle lo besó y por un instante Eric pensó que quizá se había olvidado de que hacía muy poco se había corrido en su boca, pero Kyle gimió de placer cuando sus lenguas se rozaron.
Eric seguía dolorido de la excitación, pero se dejó llevar por el beso y empujó a Kyle contra la pared y frotó su polla contra la cadera de Kyle.
De golpe, le pareció que el dormitorio estaba lejísimos.
Cuando se separaron, ambos jadeaban. Eric se acercó para darle otro beso, odiando que hubiera la más mínima distancia entre sus bocas, pero Kyle se humedeció los labios y dijo:
—Vamos arriba, encanto. Te prometo que el trayecto merecerá la pena.
Eric cubrió el cuerpo desnudo de Kyle con el suyo mientras se besaban con pasión en la cama, como si fueran adolescentes.
Kyle notaba la erección de Eric presionando contra su cadera, pero, a pesar de la urgencia que había mostrado antes, Eric no parecía tener ninguna prisa por hacer nada al respecto.
No dejaba de besarle el cuello, los hombros y la mandíbula a Kyle antes de volver a su boca durante largos y placenteros minutos que dejaban a Kyle sin aliento.
Entre lo tarde que era y que se acababa de correr, la mente de Kyle estaba un poco confusa, pero era algo consciente de que no debían estar haciendo eso y de que era extraño que Eric hubiera cambiado de opinión de golpe sobre no acostarse juntos. Y de que quizá fuera una pésima idea.
Pero no se atrevía a pararlo. No cuando Eric lo besaba como si Kyle fuera algo precioso. Ni estando Eric tan ansioso por probar algo nuevo con él.
Eric había dicho «Enséñame a metértela». Dios. Kyle no olvidaría jamás cómo la voz de Eric había retumbado como un trueno cuando lo había dicho.
—Coge el lubricante —dijo Kyle—. Voy a prepararme para que me entre ese pedazo de pollón.
Eric lo besó una vez más antes de apartarse de él y abrir el cajón de la mesita de noche.
Kyle le quitó el lubricante y se arrodilló sobre el colchón.
Echó el brazo hacia atrás y se puso manos a la obra, masajeando y luego estirando para dilatarse el ano.
Aunque últimamente rara vez hacía de pasivo, a Kyle le encantaba juguetear con él.
Tenía toda una buena colección de dildos y plugs en su habitación y los manejaba muy bien.
Ojalá tuviera ahora uno a mano. Podría demostrarle a Eric lo bien que lo aguantaba.
Eric parecía estar disfrutando del espectáculo tal y como era. Observaba a Kyle con claro deseo en el rostro y, lo más probable, también con curiosidad.
—Date la vuelta —dijo en seco— Déjame verlo.
«Joder». Era la hostia de excitante ver a Eric tan dominado por la lujuria que se olvidaba de ser reservado y tímido en lo que al sexo se refería.
Kyle se dio la vuelta y apoyó una mano en el colchón mientras con la otra se metía un dedo por el culo.
La penetración era demasiado superficial, pero sabía que pronto sería recompensado con algo mucho más grande.
—¿Puedo ayudarte? —preguntó Eric.
Le agarró las nalgas con ambas manos, separándolas, y Kyle gimió de placer.
—Haz lo que te plazca —dijo con voz arrastrada.
Oyó el clic del frasco del lubricante y luego sintió cómo uno de los dedos de Eric le acariciaba la entrada.
Kyle se quitó el dedo y Eric no dudó en sustituirlo.
Kyle se retorció de placer cuando el dedo de Eric se adentró más de lo que él mismo había podido llegar.
—Justo así —gimió Kyle—. Presiona hacia abajo… —Jadeó cuando una oleada de placer familiar le recorrió el cuerpo—. Justo ahí. Joder.
—¿Ahí tienes la próstata? —Eric parecía sorprendido de haber sido capaz de localizarla.
—Joder, sí. Sigue acariciándola.
La polla de Kyle estaba de nuevo superdura, y se acarició un par de veces mientras Eric lo exploraba. Echó un vistazo por encima del hombro y vio a Eric concentrado en su trabajo con el ceño fruncido. Kyle se mordió el labio para no echarse a reír. Eric podía resultar bastante adorable.
—¿Puedes meter dos dedos? —preguntó Kyle.
—Sí —dijo Eric sin aliento.
Un segundo dedo entró en Kyle y este gimió de placer ante la dilatación.
—¿Crees que podrás meterme esa polla tan gorda? —jadeó Kyle.
Entre la forma en que Eric le estaba trabajando la próstata y la anticipación de que le metiera la polla, le costaba mucho mantener las cosas en un plano meramente instructivo.
—Creo que cabrá.
—Sé que cabrá. Joder, la quiero dentro. Tienes condones, ¿verdad?
Eric se movió a la velocidad del rayo y sacó una tira de condones del cajón de la mesilla. Abrió uno de los envoltorios y se lo puso rápido. Kyle observó cómo se echaba el lubricante en la polla, con la boca hecha agua. Iban a hacerlo de verdad.
—Túmbate —ordenó Kyle.
Eric se tumbó bocarriba.
—¿Así?
—Justo así. Te voy a montar con todas mis putas fuerzas.
Kyle se sentó a horcajadas sobre la cintura de Eric y se estiró hacia atrás para cogerle la polla dura. Ambos gimieron con fuerza cuando por fin Kyle se hundió sobre ella hasta el fondo; le ardía la rica sensación de cómo se estiraba mientras notaba cómo Eric lo llenaba del todo.
—Uuuf —dijo Eric con voz ronca—. Joder. Dame un segundo.
Kyle le sonrió.
—Si aún no he ni empezado.
—Notarte es increíble. Y llevo cachondo desde que estábamos en la discoteca.
—Mmm. —Kyle se movió despacio al principio, dando tiempo a su cuerpo para que se adaptara. Le encantaba estar encima (en realidad, follando le gustaba casi cualquier postura), pero se le daba la hostia de bien cabalgar una polla—. ¿Qué tal así?
Eric apretó los ojos con fuerza.
—La puta hostia de increíble.
—Pues abróchate el cinturón, rey.
Kyle empezó a darle duro; rebotaba sobre la polla de Eric mientras movía las caderas y se la metía hasta el fondo. Mientras tanto, su propia polla le golpeaba el estómago.
—Hostia puta —jadeó Eric—. Es putísimo increíble, Kyle.
—¿Sí? ¿Te gusta? ¿Te gusta que lo haga todo yo?
Eric gruñó en lugar de responder. Kyle siguió.
—¿Te gusta tener la polla en mi culo, Eric? ¿Te gusta follar a un hombre?
—Sí —espetó.
—¿Quieres que te follen así, lindo?