Capítulo 17 #2
Quizá no debería haber estado pensando en Eric justo en ese momento.
No cuando Jesse frotaba sus caderas de forma excelsa contra las de Kyle mientras su propia polla se hinchaba en consecuencia.
No cuando la mano de Jesse se deslizaba en el bolsillo trasero de los vaqueros de Kyle y su aliento era cálido en su cuello.
Pero tal vez Eric pudiera sacar algo de eso.
«Mira y aprende, rey».
Eric debería irse. No estaba bien quedarse ahí solo mirando como un pervertido a Kyle besarse con otro tío en la pista de baile.
Pero, de vez en cuando, Kyle cruzaba la mirada con él, como invitándole a mirar.
Quizá se suponía que esto era otra lección para Eric, pero no estaba aprendiendo gran cosa.
Excepto que le ponía mucho ver bailar a Kyle.
Y que se ponía celoso al ver a Kyle besar a otro. Y quizá esos celos le excitaban.
Eric se sentía una mala persona. Kyle solo quería que se relajara y se divirtiera, pero, en cambio, Eric estaba ahí solo, medio empalmado y lanzando miradas asesinas a un tipo con el pelo azul.
Como si fuera su competencia o algo así.
Y eso que Eric le había dicho de forma explícita a Kyle que quería poner fin a la parte de «con derecho» de su amistad.
Aquello era ridículo. Eric debería haberse ido a acostar hacía horas. Estaba seguro de que a Kyle no le importaría que se escabullera. Sabía que Scott se iría pronto; era imposible que se quedara toda la noche de fiesta cuando tenían entrenamiento a la mañana siguiente.
Lo único que tenía que hacer era irse. Bastaba con apartar la mirada del precioso cuerpo de Kyle, que se contoneaba contra el del otro tipo, e irse.
Aunque, por muy aterrador que fuera, su instinto lo empujaba a lanzarse a la pista de baile y arrancar a Kyle de los brazos de su principito azul.
Apretar el cuerpo de Kyle contra el suyo y dejar que Kyle sintiera su excitación.
Besarlo como llevaba días queriéndolo hacer.
Dios. Era evidente que Eric estaba demasiado excitado como para pensar con claridad.
Respiró hondo y ordenó a su libido que se calmara.
Esa amistad con Kyle se había convertido en un rayo de luz en la vida de Eric; algo que contrarrestaba la agitación de su divorcio y la ansiedad que sentía ante su inminente retirada del hockey.
Kyle hacía que Eric sintiera que su vida no había terminado, que simplemente estaba a punto de pasar página.
Por primera vez en más de un año, se sentía ilusionado con el futuro.
No iba a arruinar eso.
Se marchó tan rápido que estuvo a punto de dejarse el abrigo.
De haberlo hecho, el aire gélido del exterior se lo habría recordado enseguida.
Llegó hasta la mitad de la manzana, sin saber muy bien a dónde iba ni por qué no había buscado un taxi, cuando oyó su nombre.
Se volvió y vio a Kyle corriendo hacia él con la cazadora en la mano.
—¡Eric! ¡Espera!
Kyle lo alcanzó, con las mejillas sonrojadas y el aliento saliendo en nubes blancas. Eric le quitó la chaqueta de las manos y se la abrió para que metiera los brazos en las mangas. Hacía demasiado frío como para estar fuera solo en camiseta.
—¿No llevabas una bufanda? —preguntó Eric, con el corazón latiéndole con fuerza contra las costillas.
Kyle lo había seguido.
—¿Qué? Ah, sí. La llevaba. Supongo que ahora ya no.
Eric se quitó la bufanda y se la colocó a Kyle. Se subió el cuello del abrigo, que era mucho más abrigado que la chaqueta de pana de Kyle.
—¿Por qué me has seguido?
—¿Por qué te has ido?
—Estoy cansado. Y parecías… ocupado.
—Pensaba que ibas a bailar.
Kyle sacó el labio inferior con malhumor. Eric quería cogerlo entre sus dientes.
—Deberías volver dentro —dijo Eric mientras ajustaba la bufanda para que cubriera mejor el cuello y la barbilla al descubierto de Kyle—. Eres joven y yo… —Suspiró—. No. Deberías estar divirtiéndote con ese chico del pelo azul. No preocupándote por mí.
—No estoy preocupado por ti. Es solo que… —Kyle apretó los labios, como si no quisiera acabar la frase—. Quería bailar contigo. O al menos verte bailar con alguien.
—No se me da bien bailar.
—¡Y yo voy y me lo creo! Durante el partido de la otra noche vi cómo te abrías de piernas como tres veces. Tenemos que llevarte a una pasarela. Podrías estar haciendo death drops por todas partes.
Eric le sonrió con cariño. Le gustaba cómo se veía Kyle, envuelto hasta arriba con su bufanda.
—No tengo ni idea de qué significa eso.
—Tienes tanto que aprender… —suspiró Kyle.
—Lo sé.
Dios, era precioso. Sus ojos azul claro brillaban mientras se mordisqueaba el labio inferior rojo e hinchado de haberse estado besuqueando.
Eric odiaba que esos labios carnosos fueran el resultado de los esfuerzos de otra persona, pero no lo suficiente como para no querer besarlo.
Para borrar todo rastro de aquel otro chico.
Sin siquiera darse cuenta de lo que hacía, Eric apretó los extremos de la bufanda en el puño y atrajo a Kyle hacia sí, retrocediendo hasta que Eric quedó contra la pared.
Se quedó mirando la cara de Kyle un momento, como buscando cualquier signo de resistencia.
Lo único que vio fue la mirada de Kyle desviándose hacia la boca de Eric y la punta de la lengua asomándose para humedecer su labio inferior.
Sus bocas se fundieron. Quizá a Eric debería haberle dado vergüenza la falta de control, pero no le importaba. Estaba desesperado, necesitaba hacer suyo a Kyle después de haber estado a punto de perderlo a manos de un pretendiente con el pelo azul.
No era que Kyle le perteneciera. En absoluto.
Pero en ese momento, con Kyle correspondiendo a su urgencia mientras se besaban, Eric podía fingir.
Kyle lo empujó con fuerza contra el edificio de ladrillo, le metió un muslo entre las piernas y le dejó sentir su excitación.
Eric inspiró fuerte y movió las caderas para aumentar la fricción contra su propia erección.
Kyle gimió contra su boca, paró el beso y dijo:
—¿Esto es por verme besándome con otro chico?
Eric no quería responder a eso.
—Ven conmigo a casa.
Kyle le sonrió y luego volvió a besarlo.
—La mía está más cerca.
—Tú compartes piso.
—No es raro que llevemos a gente. No pasa nada.
Eric negó con la cabeza, frustrado por el tiempo que estaban perdiendo.
—No podré relajarme si pienso que alguien nos oye. Vamos a la mía.
—Vale.
Kyle dio un paso atrás y Eric sacó el móvil para llamar a su servicio de transporte. Cuando colgó, se fijó en que Kyle se estaba abrazando el cuerpo y que, claramente, estaba helado.
—Necesitas una parka —dijo Eric.
—Tengo una, pero no me la he puesto porque soy idiota —respondió Kyle.
Eric rodeó con sus brazos el cuerpo tembloroso de Kyle. Kyle se relajó contra él y Eric cerró los ojos. Aquello era agradable. Se quedaron así unos minutos, sin hablar. Kyle volvió la cabeza y acarició con la nariz el lado del cuello de Eric, lo que hizo que a Eric se le cortara la respiración.
—Estás calentito —murmuró Kyle.
—Me alegro de ser útil.
Quería ofrecerse a abrazar a Kyle toda la noche. Le encantaba la idea de tenerlo acurrucado contra él mientras dormía.
—Podría haber sido divertido —dijo Kyle levantando la cabeza para sonreírle con picardía—. Si hubiéramos ido a mi casa. A ver si eras capaz de estar callado. Podríamos haberlo convertido en un juego.
—No quiero estar callado.
A Eric le sorprendió lo ronca que sonaba su voz. Kyle también debió de sorprenderse, porque abrió mucho los ojos.
—Joder. ¿Dónde está el coche?
Eric resopló y lo besó de nuevo. No podía creer lo mucho que lo deseaba y lo descarado que estaba siendo. ¿Alguna vez se había sentido abrumado por la lujuria? Era capaz de mamársela a Kyle en el coche.
Un todoterreno negro paró en la calle frente a ellos y Eric soltó a Kyle a regañadientes.
—Oh —dijo Kyle con voz débil.
Dio un paso atrás y se volvió hacia el coche. Eric lo siguió, mareado por el deseo.
Se sentó manteniendo el asiento central entre ellos vacío.
No confiaba en sí mismo como para comportarse sin esa barrera.
La mampara entre el asiento trasero y el conductor estaba levantada, pero Eric no estaba del todo preparado para convertirse en el tipo de hombre que se daba el lote en la parte trasera de un taxi.
Un suave gemido procedente del lado de Kyle en el coche llamó la atención de Eric. Kyle estaba con las piernas abiertas, ligeramente girado hacia Eric, y se estaba masajeando la polla con descaro a través de los vaqueros.
Eric lo miró en silencio, con la esperanza de que sus ojos reflejaran su aprobación.
Se mordisqueó un poco el labio inferior mientras contemplaba el espectáculo.
¿Cuándo se había convertido esto en su vida?
Había pasado de tener sexo esporádico y muy básico con su mujer a no tener sexo en absoluto y a…
esto. A estar en compañía de un joven guapísimo que estaba tan cachondo por él que ni siquiera se podía esperar a llegar a casa para tocarse.
—Espérate —se oyó susurrar Eric—. Espérate a que pueda tocarte como es debido.
Kyle se mordió el labio y luego dijo:
—Puedes tocarme ahora mismo.
Eric negó con la cabeza.
—Ten paciencia. Te daré todo lo que quieras cuando lleguemos a casa.
Kyle se la estrujó una vez más y luego estiró el brazo por encima del respaldo del asiento trasero. Sus dedos rozaron el lado del cuello de Eric.
—¿Cualquier cosa?
La mirada de Eric era firme.
—Sí.
Cogió la mano de Kyle y le besó la palma. Pasó la lengua por la piel sensible de esa zona, provocando que Kyle contuviera el aliento.
—Tengo una larga lista de deseos.
—Mmm.
Eric decidió ser atrevido y se metió el dedo índice de Kyle en la boca.
Lo rodeó con la lengua y luego lo chupó con fuerza mientras Kyle emitía suaves gemidos.
La polla de Eric estaba tan dura que dolía, pero se resistió a tocarla.
Como Kyle le había enseñado la última vez que habían estado juntos, a veces era mejor esperar.