Capítulo 17
A Eric le preocupaba que Carter se muriera de un ataque de risa.
Scott Hunter estaba en medio del escenario, vestido con un disfraz de elfo muy explícito. Consistía en unos pantalones cortos verdes ajustados, un chaleco rojo abierto sobre el pecho al descubierto y unos zapatos con puntera rizada y campanillas.
—¡Jo, jo, joder, no veas! —gritó Maria—. Eso es mucho Scott.
Sin duda era más cantidad de piel de la que Eric había visto que Scott enseñara nunca fuera de un vestuario. Había hecho algunas sesiones de fotos sin camiseta, pero los pantalones cortos que llevaba ahora eran minúsculos.
La drag queen que presentaba el espectáculo de la noche (Helena Santa Montes) acababa de meter un bastón de caramelo en la cintura de los pantalones de Scott, lo que provocó que se sonrojara y Carter se partiera de risa.
—He oído que te vas a casar —dijo Helena.
—Así es.
—Bueno, pues vaya puta mierda —bromeó Helena.
Scott se rio y el público vitoreó.
—Lo siento —dijo Scott.
El público se estaba tragando del todo esa actitud de chico tímido y encantador que Eric sabía a ciencia cierta que no era fingida.
Una vez más, le sorprendió lo lejos que había llegado Scott en un par de años.
De estar aterrorizado por si alguien descubría que era gay a participar en un espectáculo de drag queens , semidesnudo, y bromear sobre casarse con su novio.
Mientras Carter no podía dejar de reír, Eric sintió que se le hacía un pequeño nudo en la garganta.
—Le quedan muy bien esos pantaloncitos, ¿no crees? —le susurró Kyle al oído a Eric.
Él intentó no reaccionar ante el suave roce del aliento contra su piel.
No fue fácil. El mero hecho de volver a ver a Kyle casi lo había dejado KO.
Esa noche estaba muy guapo; se había puesto ropa de salir de fiesta: una camiseta ajustada de color azul oscuro, unos vaqueros negros aún más ajustados, y tenía la piel un poco brillante por culpa del calor que hacía en la sala, que estaba abarrotada.
—No sé de qué me estás hablando —respondió con la mayor naturalidad posible.
—Y una mierda que no.
—Veo a este tío desnudo casi todos los días —le recordó Eric—. No va a hacer que pierda la cabeza.
Kyle le guiñó un ojo y al estúpido corazón de Eric le dio un vuelco. De verdad que solo quería ser amigo de Kyle, pero le costaba recordarlo cuando cada parte de su ser ansiaba tocarlo.
—¿Está aquí esta noche el afortunado de tu prometido? —le preguntó Helena a Scott.
—Sí. Entre bastidores.
Helena puso los ojos en blanco y se desplomó con dramatismo.
—Vale. Que salga, supongo.
Kip salió con un traje de Papá Noel muy holgado y con una mullida barba blanca. El público silbó y gritó.
—Oye —dijo Scott haciendo su mejor intento de actuar—. Creo que se suponía que ese era mi disfraz.
—Ay, no… —dijo Helena con aire inocente—. Alguien debe de haber cambiado los nombres de los disfraces. —Se encogió de hombros de forma exagerada—. Ups.
—Ahora estás en la lista de chicas traviesas —bromeó Kip.
—Corazón, yo nací ya en esa lista. —Se volvió hacia el público con una sonrisa de presentadora de concursos—. ¿No es genial tener a…? —Miró por encima del hombro a Kip.
—Kip —le dijo él mientras reía.
—¡Kip! —Frunció el ceño y dijo con tono serio—: Kip.
Kyle se partió de risa junto a Eric y Eric sonrió. Se alegraba de haber venido.
—¿Te importa si me quito algo de este disfraz? —preguntó Kip—. Hace un poco de calor.
—¿Qué opináis, gente chula? ¿Debería quitarse el traje?
Se oyeron gritos, entonces Kip esbozó una sonrisa y se quitó la barba, el gorro y después la chaqueta de Papá Noel. Debajo llevaba una camiseta de tirantes negra, lo cual el público agradeció. Se bajó los pantalones holgados para dejar al descubierto unos vaqueros ajustados.
Eric siempre había pensado que Kip era un chico guapo, pero esa noche estaba… cañón. Scott era un tío con suerte.
Eric miró de reojo a Kyle, porque, si él se había fijado en lo bien que se veía Kip, Kyle debía de estar pasándolo mal.
Pero Kyle se reía junto con los demás y los ojos le brillaban de la emoción.
Kyle debió de notar la mirada sobre él, porque volvió la cabeza y la belleza de su rostro alegre dejó a Eric sin aliento.
Dirigió su atención al escenario, donde Scott estaba hablando de la organización benéfica para jóvenes LGBTIQ+ para la que estaban recaudando fondos esa noche.
Hablaba con sinceridad sobre el gran trabajo que hacía la organización.
Eric estaba orgulloso de él. La verdad es que era muy emocionante ver a Scott ser él mismo, tanto dentro como fuera de la pista.
Hubo tres actuaciones de drag queens después de que Scott y Kip se fueran del escenario.
Eric se quedó de pie mirándolas con el grupo que se había reunido para esa noche: Carter, Kyle, Maria y Matti.
Scott y Kip se unieron a ellos en mitad del segundo acto.
Scott se había cambiado y llevaba vaqueros y una camiseta.
—¿Qué tal lo he hecho?
—Ha sido divertidísimo, joder —dijo Carter—. Eres muy gracioso, Scotty.
Scott sonrió. Tenía los ojos brillantes y daba saltitos, como si estuviera lleno de la misma adrenalina que le ponía hiperactivo tras una gran victoria.
—Ha sido divertido. O sea, me he sentido ridículo, pero ha sido divertido.
—Te gusta que te devoren con la mirada un montón de hombres, admítelo —bromeó Carter.
—Bueno, no lo voy a negar.
Matti rodeó a Scott con un fuerte abrazo y le besó en la coronilla. Era uno de los hombres heterosexuales más cariñosos en lo físico que Eric había conocido jamás.
—Ha sido épico —dijo Matti con el volumen alto. Lo decía todo en ese tono, pero, al menos en aquel local, su volumen era el adecuado—. Eres una leyenda.
—Necesito tomar algo —anunció Scott—. ¿Qué os traigo, chicos?
—Yo me piro —dijo Carter—. Tengo una cita por Skype con Gloria.
—Yo me muero de hambre —dijo Matti—. Aquí no hay nada para picar.
—Hay un local en la esquina donde se come genial. Está abierto toda la noche —dijo Maria. Eric no pudo evitar sonreír cuando añadió—: Podría comer algo.
Matti le sonrió radiante y dijo:
—Sí. Vamos.
A Eric no se le escapó la mirada de complicidad que se intercambiaron Maria y Kyle.
—¿Vienes, Benny? —preguntó Matti.
Eric miró a Kyle, que tenía las cejas arqueadas mientras esperaba la respuesta.
—Creo que voy a quedarme por aquí un rato más.
A Kyle le gustaba que Eric hubiera decidido quedarse, pero tampoco sabía muy bien qué hacer con él.
Había pensado que ese evento sería el lugar perfecto para que Eric se soltara un poco y tal vez intentara ligar con alguien, pero, ahora que estaban ahí, Kyle se dio cuenta de que lo más probable era que Eric no hiciese ninguna de esas dos cosas.
Eric estaba hablando con Scott en ese momento, tomando sorbos de una gaseosa con lima. Kyle observaba la pista de baile, que se había llenado mucho en la última hora.
—Me aburro —se quejó Kip al oído—. Vamos a bailar.
—¿Scott no quiere bailar contigo?
—Creo que tengo que atraerlo hacia aquí. Anda, que hace un montón que no bailo contigo.
Kyle sonrió a su amigo. Había pasado mucho tiempo…
—Vale. Venga.
Kip le agarró de la mano y lo arrastró hacia la multitud de bailarines. La música sonaba fuerte y sensual, y se dejó llevar por ella enseguida. Le encantaba bailar y le encantaba Kip. Y tal vez su amor por él no era justo lo que había creído que era.
Estaban muy juntos, con los brazos, el pecho y las manos rozándose, pero era algo superplatónico. No se tocaban ni se frotaban el uno contra el otro. No se besaban. Solo era… divertido. Y agradable. Dos jóvenes gais haciendo el tonto y pasándolo bien.
Tal y como Kip había predicho, Scott no tardó en llegar a la pista de baile.
Kyle se apartó para que Scott pudiera ocupar su sitio.
Cuando Scott y Kip bailaban juntos, no tenía nada de platónico.
Las grandes manos de Scott agarraban las caderas de su prometido, y Kip rodeó con los brazos el cuello de Scott y le atrajo la cabeza hacia abajo para que pudieran comerse durante un rato.
Kyle decidió buscar a algún chico que besar.
Mientras buscaba en la pista a un posible compañero, su mirada se posó en Eric, que estaba solo junto a una pared.
Observaba. Kyle ladeó la cabeza hacia la pista de baile en señal de invitación.
Eric negó con la cabeza, cosa que le molestó.
¿Qué sentido tenía todo el trabajo que Kyle había estado haciendo con él si ni siquiera iba a intentarlo?
Como mínimo, debería disfrutar del roce de un cuerpo duro y sudoroso contra el suyo en la pista de baile. No tenía por qué acabar en un polvo.
Pero si Eric quería ser un tozudo y quedarse solo era su problema. Kyle tenía sus propios dilemas. Como decidir si bailar con el chico rubio mono o con el chico mono del pelo azul.
El del pelo azul ganó cuando Kyle se fijó en que llevaba un piercing en la lengua.
Hacía tiempo que Kyle no estaba con alguien que llevara uno de esos.
El chico sonrió cuando Kyle lo miró a los ojos y Kyle le devolvió la sonrisa mientras se abría paso entre la gente hasta quedar frente a él.
Durante el resto de la canción, ninguno de los dos dijo nada.
Kyle bailaba bastante bien; sus años bajando montañas a toda velocidad le habían enseñado a su cuerpo a tener gracia y agilidad.
El otro era muy buen bailarín. Kyle había aprendido rápido que Nueva York estaba llena de muy buenos bailarines.
A mitad de la segunda canción, el tipo acercó la boca al oído de Kyle:
—Me llamo Jesse.
—Kyle.
Jesse le sonrió con picardía, luego enganchó un dedo en una de las presillas del cinturón de Kyle para juntar las entrepiernas y que Kyle pudiera sentir el bulto duro que tenía ahí.