Un mismo objetivo (Game Changers 4) Capítulo 16
73%

Capítulo 16

La historia de Kyle puso el punto final.

Era preciso meter cualquier sentimiento romántico que Eric pudiera tener por Kyle en una caja fuerte y luego tirarla al río Hudson. Si ya pensaba que se sentía como un viejo verde antes…

Kyle no parecía darse cuenta de lo espantosos que habían sido los actos del hombre ese, pero Eric lo vio claro como el agua.

Aquel tipo —Ian— había engatusado a su joven empleado.

¿Y si había estado esperando a que cumpliera dieciocho y en cuanto había ocurrido le había ofrecido el puesto?

Eric se apostaba su contrato en la NHL a que eso era lo que había ocurrido.

Cabía la posibilidad de que el hombre se hubiera mudado a otra ciudad y hubiera vuelto a hacer lo mismo allí.

Eric odiaba a aquel tío. Le habría reventado la cara.

—Tienes que relajarte, Benny.

—Perdón.

Eric respiró hondo y dejó muerto el brazo derecho en las manos de Sully, el fisioterapeuta del equipo.

—Así está mejor —dijo con alegría Sully.

Faltaban menos de dos horas para que empezase el partido y Eric tenía que dejar de pensar en Kyle. Su obsesión había provocado que jugara de pena en el entreno del día anterior. No podía repetirlo esta noche.

Sully terminó el masaje y Eric fue al gimnasio a estirar a fondo.

Eric siempre era el primer jugador en llegar al estadio antes de los partidos.

Tenía una larga rutina previa al partido que era importante para su preparación, tanto física como mental.

Le hacían un masaje, luego estiraba, hacía un poco de bicicleta, estiraba otro poco, bebía agua y comía algo sano y vegetariano, para luego empezar a ponerse el equipamiento.

En cuanto Eric había terminado la primera ronda de estiramientos entró en la sala el entrenador Murdock. Tenía la mandíbula tensa, pero Eric detectó una disculpa en su mirada.

Maldita sea.

—Hoy me toca banquillo, ¿verdad? —preguntó Eric.

El entrenador asintió.

—Vamos a darle a Tommy la oportunidad de empezar. No tienes la cabeza donde debería estar. Quinn opina lo mismo.

Eric se estremeció, pero no discutió. No podía discutir… «Por favor, dejadme que acabe la temporada como portero titular», suplicó en silencio a nadie en concreto.

—No volverá a pasar —prometió.

El entrenador le dio una palmadita en el hombro.

—Todos lo sabemos, Benny.

Aun así, Eric siguió con su rutina. Para cuando terminó, el vestuario se había llenado de jugadores.

Tommy saludó a Eric con la cabeza al pasar por delante y Eric le devolvió el saludo de la misma manera.

En realidad, se alegraba por el chaval. La temporada siguiente sería quien empezara todos los partidos, y seguro que los entrenadores lo sabían.

«Chaval». Lo más probable era que tuviera la misma edad que Kyle. Al pensarlo se le removió el estómago. ¿En qué coño pensaba Eric, eh?

Kyle era demasiado joven para él. Daba igual que fuera una de las personas más inteligentes y encantadoras que había conocido Eric.

Daba igual que se le acelerase el corazón al pensar en besarlo.

Daba igual que, en el dormitorio, cuando Kyle llevaba la batuta, Eric no se sintiera en absoluto mayor que él.

De hecho, la diferencia de edad solo parecía existir cuando Eric estaba lejos de Kyle. Era entonces cuando tenía tiempo para pensar y se sentía incómodo. Cuando estaba con Kyle, apenas se percataba.

Pero existía, igual que los sentimientos de Eric por Kyle. Y era una combinación peligrosa.

—Oye, aquello es mañana por la noche —dijo Scott, con lo que sacó a Eric de su espiral de pensamientos confusos—. El espectáculo drag del que te hablé.

—Ah. —Eric parpadeó y se concentró en su amigo—. Claro. El acto benéfico.

—Sí. ¿Aún te apetece ir?

Se preguntó si Kyle estaría. Se preguntó si quería que estuviese.

Joder, claro que quería que estuviese. Y por eso no podía ir.

—No creo que pueda.

Scott lo miró con el ceño fruncido y Eric supo que tenía ganas de recriminarle que seguramente no tenía nada que hacer. Pero, en lugar de eso, Scott se limitó a suspirar y dijo:

—No pasa nada.

Era el suspiro resignado de un hombre que era amigo de un aguafiestas.

Eric se sintió mal, pero sabía que era la decisión acertada. No se aclaraba sobre Kyle, así que lo mejor era apartarse.

Hacía días que Kyle no tenía noticias de Eric. En otras ocasiones habían estado más tiempo sin comunicarse, pero este lapso se le hizo eterno. Y significativo.

Kyle había entregado el trabajo final y de pronto tenía un montón de tiempo libre. Se había volcado a estudiar griego y ahora estaba sentado en el sofá, echando un vistazo a cursos de idiomas en Grecia. Manhattan empezaba a resultarle asfixiante.

La perspectiva de viajar solo no le apetecía tanto como de costumbre. No paraba de tener fantasías no deseadas en las que exploraba ruinas con Eric. Se imaginaba largos días de excursión juntos por la costa o de nadar en el Mediterráneo. Seguro que Eric estaba espectacular en bañador.

¿A qué venían esos pensamientos? Kyle se había liado con un millón de tíos más o menos y ninguno de ellos lo había hecho fantasear con escapadas por Europa juntos.

Se arrepintió de haberle hablado a Eric de Ian, pero también sabía que Eric merecía saberlo. Había sido comprensivo, pero Kyle no pensaba engañarse soñando con que iba a volver a invitarlo a su preciosa casa.

Su móvil se iluminó con un mensaje de Kip.

Kip: Espectáculo drag esta noche. ¡No te olvides!

A Kyle se le había olvidado. No le apetecía salir, pero lo haría porque era un buen amigo.

Kyle: Vale. Allí estaré.

Habría sido una oportunidad genial para que Eric fuera, pensó con tristeza. Dios, se lo habrían pasado genial.

Otro mensaje, que esperaba que fuese un emoticono del pulgar hacia arriba de parte de Kip. Kyle soltó un raro chillido de emoción cuando vio que era de Eric.

Eric: ¿Irás al espectáculo drag de esta noche?

Kyle no sabía qué decir. ¿Eric quería que dijera que no para poder ir él sin reparos? ¿O quería que Kyle dijera que sí por la misma razón?

Kyle: Tenía intención.

Eric: Scott quiere que vaya.

Vale. ¿Qué se suponía que debía decir Kyle a eso?

Kyle: ¿Quieres ir?

Eric: Puede.

Santo dios. ¿Qué demonios era aquello?

Kyle: Creo que sería una buena manera de que entraras en el ambiente gay nocturno.

Eric tardó un siglo en responder, pero la pantalla de Kyle se iluminó por fin.

Eric: Sabes que es muy probable que nunca entre en el ambiente gay nocturno, ¿verdad?

Kyle se rio en la sala de estar vacía.

Kyle: ¡Pero si MOLA!

Eric: Ya soy viejo.

Kyle: Qué va.

Eric: No sé bailar.

Kyle: Qué más da.

Eric: Te lo puedo demostrar.

Kyle sonrió y escribió:

Kyle: Entonces ¿te vienes corriendo esta noche?

Se preguntó si Eric soltaría una broma marrana. La mayor parte de los amigos de Kyle no podrían resistirse a esa provocación. Dudaba que Eric se hubiera dado cuenta siquiera del doble sentido.

Eric: Guau. Te has saltado unos cuantos pasos, ¿no?

Kyle se echó hacia atrás en el sofá entre carcajadas. Sabía que no debería tontear con él, pero no podía evitarlo.

Kyle: Se nota que no has bailado CONMIGO.

Eric estuvo un buen rato sin contestar. Ni siquiera había puntitos que indicaran que Eric estaba escribiendo algo. Kyle se maldijo por ser tan imbécil.

Eric: ¿Te puedo llamar?

Ay, dios. Sonaba… Bueno, en realidad, Kyle no estaba seguro. ¿Fatal? ¿Excitante?

Kyle: Claro.

Al cabo de un momento sonó el teléfono. Kyle se mordió el labio mientras miraba la pantalla y luego contestó.

—Holi.

—Holi.

Bastaba esa única palabra para que las chispas recorrieran el cuerpo entero de Kyle. Cuánto echaba de menos a Eric… Hacía muchos días y, sí, Kyle lo echaba de menos.

—¿Qué ocurre?

—Es que… Quería hablar de… —Eric soltó el aire pegado al móvil—. Si esta noche voy a la fiesta, creo que no deberíamos…

—Ya lo pillo —le interrumpió Kyle. No podía soportar oír cómo acababa esa frase Eric—. Manos fuera.

—Sí. Creo… que es lo mejor.

—Lo que tú quieras. —Kyle consiguió mantener un tono neutro, aunque su hiperdramático corazón le dolía en el pecho—. Además, tendrás un montón de hombres entre los que elegir cuando estés allí.

Eric resopló.

—No me quedaré mucho rato.

—¿Tienes partido mañana?

—No. Solo…

—No te preocupes —bromeó Kyle—. Puedes ver el espec­táculo, bailar un par de canciones y aún tendrás tiempo de sobra de volver a casa para hacer tus ejercicios de taichí de antes de ir a dormir.

—No los hago todas las noches.

—Te lo pasarás bien. Te lo prometo. Y si por casualidad hay un tío bueno de poco más de treinta…

—No pienso liarme con una persona cualquiera que conozca en una disco.

—No hablaba de ti.

Eric se rio al oírlo, un sonido que a Kyle siempre le encantaba oír.

También se rio, aunque empezaron a escocerle los ojos.

Lo cierto era que solo le apetecía bailar con Eric.

Notar el cuerpo de Eric contra el suyo mientras se iban calentando mutuamente hasta que ya no pudieran aguantarlo más.

Hasta que tuvieran que correr a casa de Eric —o quizá al piso de Kyle— para arrancarse la ropa con pasión.

Podría hacerlo con cualquiera de los cientos de hombres que habría esa noche en el club, pero a Kyle solo le apetecía hacerlo con Eric.

Bueno, tendría que aguantarse. Eric no lo deseaba, así que Kyle necesitaba encontrar a alguien que sí. No es que fuera novato en corazones rotos. Lo mejor que podía hacer era pasar página cuanto antes.

—Vale, pues nos vemos esta noche —dijo Eric.

—Si tienes suerte.

Oyó que Eric suspiraba. Sonaba nostálgico, no enfadado. O quizá cansado.

—Kyle… —Eric vaciló un momento—. Quiero que seamos amigos. Me gustas.

—Ya somos amigos —le aseguró Kyle—. Podemos ser de esos amigos que no follan. Me han contado que algunas amistades funcionan así. Parece raro, pero me apetece probar.

Eric chasqueó la lengua.

—Nos vemos luego.

—Ciao.

Colgaron y Kyle se prometió que podría encontrar a un chico mono que le hiciera olvidar por completo a Eric Bennett.