Capítulo 15 #3
Kyle no quería hablar de cómo se había sentido con todo aquello.
Cómo se le había destrozado el frágil y adolescente corazón cuando Ian había cortado todo contacto con él de forma abrupta y luego había tenido que enfrentarse a sus padres.
Dios, había sido una tortura. Con el corazón roto, devastado y muerto de vergüenza.
Había pasado de ser «ese chaval tan dulce, Kyle Swift» a ser un vampiro sexual depravado que conquistaba a los hombres más respetables del pueblo. A ser el chico de «aquellas fotos».
En ese momento, Kyle se preparó para que Eric se apartara de él. Para que le recriminara que hubiera sido tan tonto y egoísta. Eric había estado casado. Seguro que se ponía de parte de la mujer de Ian.
—Kyle —dijo Eric con ternura, aunque Kyle habría preferido que no lo dijera así. Sería más fácil si se hubiera limitado a gritarle—. Sabes que tú no eres el malo de esa historia, ¿verdad?
—Tampoco soy el héroe.
Eric se volvió para mirarlo a la cara.
—Eras un crío.
—No según la ley.
Ahora que era mayor, Kyle se daba cuenta de que quizá el comportamiento de Ian había sido peor que el suyo.
Kyle habría tenido que negarse a sus insinuaciones, pero, para empezar, Ian no debería haberlas hecho.
En el fondo de su corazón, Kyle sabía que a él nunca se le hubiera ocurrido seducir a Ian. Ni siquiera habría sabido cómo.
—Eras un crío —repitió Eric, con más firmeza—. Y aquel tío se aprovechó de ti.
—Bueno. Te aseguro que lo hice porque quise.
—Era tu jefe. Creo que es normal que la gente más joven se… pille… de personas mayores a las que admira. Incluso figuras de autoridad. Pero es tarea de esas personas el impedir que pase nada. Un entrenador nunca debería acostarse con un jugador, aunque el jugador quiera.
Maldita sea. Lo que decía Eric tenía mucho sentido. Pero a Kyle aún le quedaban argumentos que sacar.
—Entonces ¿la gente solo debería salir con alguien de su edad?
Eric hizo una mueca y luego dijo:
—Creo que depende de la situación. Pero quizá en la mayor parte de los casos… Supongo que es lo mejor.
Kyle bajó la mirada al suelo. Ya sabía lo que pensaba Eric sobre salir con alguien más joven, así que no debería haberle dolido tanto oírlo de su boca. Kyle sentía muchas cosas a la vez y prefería no pensar en nada. Era menos arriesgado.
—Bah, da igual —dijo obligándose a estar alegre mientras levantaba la cabeza—. Es agua pasada. Y aquello me enseñó algunas cosas. Quizá a él también.
Pero ¿de verdad había aprendido algo Kyle? Seguía dejando que su corazón tomara decisiones pésimas. Seguía perdiendo la cabeza por hombres bastante mayores que él.
Por dios, Eric debería salir corriendo y alejarse de Kyle cuanto antes.
Pero resultó que Eric no se echó a correr.
De hecho, en ese momento dejó el vaso de café en un banco y se acercó a Kyle con los brazos abiertos.
Kyle también dejó el vaso y aceptó el abrazo.
Eric tenía los brazos fuertes, que se estrecharon con firmeza alrededor de los hombros y la espalda de Kyle.
Este tenía la cara pegada contra la sólida calidez del hombro de Eric y se permitió cerrar los ojos e inspirar su aroma un momento.
—Siento que tu primera experiencia con, eh…
—¿El sexo? ¿El amor? ¿Los hombres? Eso fue. Todo eso.
—Lo siento.
Kyle parpadeó rápido para luchar contra el escozor en los ojos.
No era la primera vez que alguien era comprensivo con él sobre este tema, ni mucho menos.
Maria le había dicho eso mismo y más. Kip no lo sabía, porque Kyle nunca había encontrado el valor de contárselo.
Lo más probable era que diera por supuesto que los padres de Kyle eran homófobos. Tal vez lo fueran.
—Sigamos andando.
Kyle se alegró de que la voz le saliera tan firme. Por dentro sentía que se estaba desmoronando.
—Vale.
Se separaron y Eric recuperó los dos cafés del banco. Le tendió a Kyle el suyo y a este le entraron ganas de darle la mano. Le habría gustado ir cogidos mientras caminaban para disfrutar del consuelo que solía darle el contacto físico. Se metió la mano libre en el bolsillo.
Eric caminaba tenso y en silencio, con la mandíbula apretada y la mirada fija en algo que tenían delante.
Kyle sospechaba que, pese al apoyo y el consuelo que Eric había mostrado con él después de que le contara su historia, costaba pasar por alto el hecho de que Kyle fuera un rompehogares.
Que Kyle había sido egoísta y tonto y que tenía suerte de seguir contando con la ayuda económica de sus padres.
No había nada admirable en él. Era un niño rico que había aprendido idiomas por su cuenta porque se sentía solo y aburrido, primero como adolescente gay en un pueblo y luego como ratón de campo nervioso que vivía solo en Manhattan.
—Debería irme a casa —dijo Eric de repente.
Claro.
—Hay una estación de metro aquí cerca. —Kyle señaló una escalera que los llevaría de nuevo al nivel de la calle—. Bajemos por ahí.
Siguió a Eric escaleras abajo. Una vez en la estación, cayeron en la cuenta de que iban a coger la misma línea E, pero en direcciones opuestas.
Hubo un momento incómodo en el que Kyle se planteó besar a Eric, pero prefirió no hacerlo.
Incluso darle un beso en la mejilla le pareció un privilegio que no se merecía ahora mismo.
Eric se despidió con un gesto de la cabeza.
—Me lo he pasado bien, Kyle. Gracias.
—Yo también.
A Kyle se le hizo un nudo en la garganta, pero consiguió decir esas dos palabras sin delatar lo triste que estaba, o eso creía.
Al cabo de un minuto, estaban cada uno en un andén, con el ancho abismo de las vías del tren entre ellos. Eric miraba el móvil y Kyle miraba a Eric. Cuando el metro entró en la estación y le impidió seguir viéndolo, Kyle se preguntó si volvería a saber de Eric alguna vez.