Un mismo objetivo (Game Changers 4) Capítulo 14 #5
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Capítulo 14 #5

Se movió para rozar con el culo la polla de Eric y la sensación fue increíble.

Eric había pensado mucho esos días en cómo sería metérsela a un hombre.

Bueno, si era sincero, en lo que había pensado mucho era en cómo sería metérsela a ese hombre en concreto…

Aun estando muerto de cansancio, quería enterrarse dentro de Kyle.

Pero quizá esa lección quedaría pendiente para otro día.

Solo de pensarlo se puso a gemir, pero ahogó el sonido contra el hombro de Kyle.

—¿En qué piensas? —preguntó este sin aliento—. Cuéntamelo.

Tan mandón. Eric se había acostumbrado a obedecer órdenes a raíz de toda una vida de jugar al hockey, pero la obediencia nunca le había resultado tan estimulante. Compartió sus pensamientos con Kyle a la desesperada.

—Quiero follarte.

Kyle se tensó encima de él.

—¿Ah, sí?

—Ahora mismo no puedo, pero pronto. Si quieres.

Kyle ya había dicho que le apetecería en otra ocasión. Pero ¿hablaba en serio? ¿O lo decía para ponerlo cachondo?

—Joder, Eric. —Kyle empezó a restregarse por su mano—. Te quiero dentro. Te divertirías tanto conmigo…

—Ya lo sé —dijo Eric en voz baja.

Le besó el pelo a Kyle y lo agarró más fuerte.

Hacía poco que se conocían, pero Eric confiaba en que sería paciente y cuidadoso con él.

En que haría que la experiencia fuera divertida y relajante, conseguiría que Eric soltara tantas carcajadas como gemidos y jadeos.

Sería maravilloso y, justo por eso, Eric debía asegurarse de que no sucedía jamás, porque estaba seguro de que no habría vuelta atrás después. Si hacía eso, le entregaría el corazón.

Kyle apoyó la cabeza en el hombro de Eric, con la boca entreabierta mientras los dos observaban la mano de Eric moverse cada vez más rápido sobre la polla de Kyle.

Eric estaba concentrado en su objetivo, apartaba los pensamientos absurdos sobre darle su corazón y se concentraba en el momento presente.

Escuchaba el cuerpo de Kyle del mismo modo que escuchaba el suyo cuando hacía yoga y se preguntó si debería parar antes de que Kyle llegara al orgasmo.

¿Sabría entender su cuerpo lo bastante para llevarlo al límite de forma tan experta como había hecho Kyle con él?

Kyle tensó el cuerpo entre sus brazos, inclinó la cabeza hacia atrás y dobló los dedos de los pies.

Soltó un largo gemido y Eric volvió a plantearse parar.

Antes de que pudiera decidir qué hacer, ya era demasiado tarde.

El semen salió a chorro de Kyle, le cubrió el estómago y rezumó entre los dedos de Eric.

Este lo estrechó entre sus brazos y le besó la sien, la mejilla, la oreja… Todos los puntos a los que llegaba. Murmuró una retahíla de palabras cariñosas, incapaz de evitar que salieran a borbotones de su boca.

—Eres precioso. Estoy contigo. Eres tan sexy.

—Guau —suspiró Kyle, y se deslizó sin fuerzas por el cuerpo de Eric hasta quedar con la cabeza apoyada en su muslo—. Me ha gustado.

Por mucho que le gustara a Eric tener a Kyle encima del pecho, esa estampa del chico, agotado y feliz en su regazo, era magnífica.

—¿Lo he hecho bien?

—Uy, sí. Un diez. —Sonrió al jugador y empezó a vitorearlo medio dormido—. ¡Ben-ny! ¡Ben-ny!

Eric se echó a reír y hundió los dedos en el pelo de Kyle. Sentía el corazón ensanchado, lleno de sentimientos inadecuados que desde luego no correspondían a un acuerdo sin ataduras. Si Eric no tenía cuidado, acabaría enredado en las cuerdas que su mente parecía decidida a crear.

Por suerte, Kyle era más fuerte. O, mejor dicho, no estaba tan colado.

—Dame cinco minutos para recuperarme —le dijo— y luego ya me voy.

Eric quería invitarlo a quedarse. Pero, en lugar de eso, dijo:

—No tengas prisa.

Kyle rodó por la cama y subió hasta que su cara quedó a la altura de la de Eric.

—Eres muy sensual, Eric.

—¿Yo?

Kyle le besó la mejilla, la mandíbula y después la boca.

—No finjas que no lo sabes.

Eric no lo sabía, pero dejó que Kyle creyera que por lo menos tenía un poco de confianza sexual.

—Eres muy… inspirador.

—Es un don. —Kyle bostezó y luego soltó una risa—. Será mejor que me lave y me vaya ahora que todavía puedo caminar.

—Podrías…

Kyle le puso un dedo en los labios a Eric y luego se acercó a besarlo con dulzura.

—Me voy a casa.

«Quédate, por favor».

—Vale. —Pero Eric no podía dejar que Kyle se marchara sin asegurarse de que lo vería de nuevo. Se arriesgó—. Oye, ¿te apetecería ir a la galería de arte de mi amiga esta semana? Me refiero a ir conmigo.

A Eric le costó interpretar la expresión de Kyle. O estaba gratamente sorprendido por la propuesta y decidiendo si sería mala idea decir que no, o estaba enfadado y a punto de decírselo a Eric.

—¿Es una cita? —preguntó Kyle. No era ninguna de las cosas que Eric esperaba oír.

Se percató de que Kyle no sonreía.

—No —dijo Eric, aunque le habría encantado poder decir que sí—. Pero he pensado que podía gustarte ver esa exposición. Si quieres. No pasa nada si prefieres…

—¿Podemos comprar empanadas?

Kyle curvó los labios en una sonrisa y todo el cuerpo de Eric se relajó.

—Pues claro.

Kyle le dio un beso en la mejilla.

—Me apunto.

Fue al lavabo y Eric miró el espacio vacío que había en la cama a su lado. Ojalá las cosas fueran distintas.