Capítulo 14 #4
—Bien —susurró Kyle mientras se metía una mano por dentro de la ropa interior—. Lo estás haciendo genial, mi amor. Se me ha puesto durísima.
—Quiero verlo —jadeó Eric.
Kyle se quitó del todo los pantalones y luego se bajó los calzoncillos y se los sacó. Tiró de la polla dura y dejó que rebotara contra su estómago.
—¿Ves lo puto empalmado que voy? Es porque estás fantástico ahora mismo, tocándote para mí. Haciendo lo que te mando.
Eric gimoteó y cerró fuerte los ojos un segundo. Cuando los abrió de nuevo, Kyle se fijó en lo vidriosos que los tenía. Eric fijó la mirada en la polla de Kyle, así que este se dio unos meneos suaves en su honor.
—¿Puedo…? ¿Puedes…? —Eric masculló—: ¡Joder! No puedo. Voy a…
—Para —dijo Kyle con firmeza.
Eric lo hizo, aunque puso cara de sorpresa.
Se frotó la cara con la mano y gruñó de frustración.
Kyle cogió aire y sintió que se le había parado el corazón.
Advertía que Eric estaba pasándolo fatal, pero que deseaba seguir conteniéndose.
Por Kyle. Joder, era una pasada. Se agarró la base de la polla y respiró hondo para tranquilizarse antes de volver a coger el juguete.
—Ponte de rodillas —le indicó confiando en que no se notara que le temblaba la voz.
Eric se levantó de inmediato, con las piernas separadas y las rodillas bien clavadas en el colchón. Era magnífico.
Kyle se inclinó para dar un besito a la punta de la lastimera polla de Eric. Era una disculpa y una promesa. Y un agradecimiento. Se irguió, luego colocó el masturbador sobre la punta y la dejó quieta.
—Esta vez vas a trabajar tú. Quiero que te la folles.
A Eric no le hizo falta que se lo dijera dos veces. Ancló las manos en los hombros de Kyle y empezó a embestir con gusto el juguete. Kyle soltó un gemido al verlo, imaginándose qué se sentiría si ese hombre te la metía.
—Ojalá ese juguete fuera yo —dijo retador. No quería presionar a Eric, pero tenía la cabeza llena de alucinantes pensamientos guarros que quería compartir—. Me encantaría notar esa polla gorda que tienes dentro de mí. Seguro que me destrozarías.
Eric gruñó y empujó más rápido. Era tan fuerte y atlético… Kyle apostaba a que podría seguir durante horas si era capaz de contenerse para no correrse. Podía empotrar a Kyle y darle hasta que se cansara.
—¿Te lo estás imaginando? —preguntó Kyle—. ¿Finges que ese juguete soy yo? Que me estiras y me llenas y…
Eric echó aire fuerte por la nariz mientras cerraba mucho los ojos. Kyle sacó de golpe el juguete y Eric gritó de frustración, dando inútiles embestidas al aire.
Vale, igual empezaba a ser hora…
—Túmbate —dijo Kyle con delicadeza—. Bocarriba.
—Por favor —suplicó Eric.
En cuanto Eric se colocó como Kyle quería, este se puso entre sus muslos extendidos.
Dedicó un momento a admirar el fruto de sus esfuerzos: Eric Bennett, sofocado y reluciente de sudor y lubricante.
Tenía los ojos salvajes y suplicantes y el pelo húmedo y enredado sobre la almohada.
Kyle deslizó una mano por el muslo de Eric y contempló cómo se movía su desesperada polla.
Tenía los huevos gigantes, llenos a rebosar, y Kyle quería abrir la compuerta.
Empezó a hacerle una paja. Esta vez no jugó con él; se la meneó fuerte y rápido mientras le sujetaba los huevos con la otra mano. Eric le suplicó con la mirada y Kyle asintió.
—Sí, rey. Vamos a verlo.
En dos sacudidas más, Eric estalló. Se arqueó para separarse de la cama y aulló de alivio cuando el primer chorro le salpicó el pecho. Kyle gimió a la par que él mientras su polla se sacudía y soltaba el líquido preseminal, ansioso por correrse también.
Kyle siguió acariciando a Eric durante ese orgasmo épico, observando con admiración que no paraba de correrse. No lo soltó hasta que Eric se quedó secó, y entonces su polla logró soltar un último chorro que se unió a la impresionante cantidad de semen que cubría el estómago y el pecho de Eric.
—Ay, dios mío —jadeó Eric—. Ha sido…, hostia puta.
—Sí —confirmó Kyle sin aliento.
—Nunca me había corrido así. Joder.
Kyle recuperó la compostura y chasqueó la lengua.
—Ha estado bien, ¿no?
—Alucinante. No sabía que se podía.
—Quédate a mi lado, corazón. —Kyle se inclinó y lo besó—. Conozco un millón de cosas.
Se quedaron el uno junto al otro mientras Eric recuperaba el aliento. Estaba tan hecho polvo que tardó varios minutos en darse cuenta de que Kyle se estaba acariciando con calma. Eric se puso de lado para observarlo.
—¿Te ayudo?
Kyle le sonrió con gesto perezoso.
—Tengo la sensación de que igual prefieres ir a limpiarte.
Eric bajó la cabeza, avergonzado de saber que Kyle tenía razón, pero también conmovido de que ya lo conociera tan bien. Y de lo considerado que era.
—No tardo nada —prometió Eric.
—Tómate tu tiempo.
Se quedó mirando a Kyle un instante más —de verdad daba la sensación de que no tenía ninguna prisa por que aquello terminara, pese a que tenía la polla como una piedra y reluciente de líquido preseminal— y luego fue corriendo al cuarto de baño.
Supuso que estar borracho debía de parecerse a eso. Eric tenía las piernas como un flan y la cabeza en las nubes. Todas las partes de su cuerpo estaban relajadas y… felices. Se sentía pletórico.
Nunca había experimentado nada similar a lo que Kyle acababa de hacerle.
Ni por asomo. Sin duda jugaría a ponerse al límite y aguantar la siguiente vez que se hiciera una paja.
Sabía que no sería lo mismo que tener a Kyle para guiarlo —o que dejar el control en manos de otra persona—, pero sería un ejercicio de disciplina, y eso no le resultaba nuevo.
Se limpió y se miró bien en el espejo. Tenía el pelo como si acabara de quitarse la máscara de portero, húmedo e indomable. Tenía los ojos vidriosos y la piel sonrojada y reluciente de sudor. Como dirían algunos de sus compañeros de equipo, se notaba que estaba bien follado.
Y Kyle estaba en su cama en ese momento, acariciándose y tal vez pensando en Eric y en cómo le había hecho perder el control. Eric se sorprendió de no haber sentido vergüenza de soltarse tanto.
No se avergonzaba de nada de lo que habían hecho, solo estaba preocupado por las increíbles ganas que tenía de hacer más.
Quería que Kyle le enseñara todo lo que sabía y Eric quería darle lo que fuera que tuviera a cambio.
Esa parte le daba bastante miedo, pero lo que de verdad lo aterraba era desear una relación romántica con Kyle más allá del sexo.
Quería que pasaran tiempo juntos, aunque no hicieran nada especial.
Quería saberlo todo de él y abrirse a él, y Eric necesitaba detener esa línea de pensamiento antes de hacer alguna tontería.
Cuando Eric volvió al dormitorio, Kyle descansaba sobre una pila de almohadones, con un brazo doblado encima de la cabeza mientras con la otra mano se acariciaba lentamente la polla.
Era exquisito, tan especial y bello como cualquier obra de arte de la colección de Eric.
Sus piernas largas y torneadas estaban extendidas delante de él, sueltas y relajadas.
Su polla, con esa preciosa curva, seguía dura y ahora resplandecía por el lubricante.
—¿Qué quieres? —preguntó Eric.
Ver a Kyle dándose placer con calma había devuelto la energía al cuerpo exhausto de Eric. Incluso su polla hacía un esfuerzo por levantarse de nuevo.
—Ven aquí —dijo Kyle.
Dio unas palmaditas en el colchón a su lado y Eric fue al instante.
Se sentó erguido con la espalda contra el cabecero, porque temía que si se tumbaba del todo pudiera quedarse dormido, pues estaba agotadísimo.
Kyle lo sorprendió colocándose a horcajadas sobre sus caderas y luego se reclinó contra el pecho de Eric.
Él lo rodeó con el brazo y lo acercó hacia su cuerpo; le encantaba la sensación de notarlo tan cerca. Le encantaba lo bien que encajaba Kyle con él.
—¿Te hago daño? —preguntó Kyle.
—¿Eh?
Lo último que hacía Kyle en ese momento era hacerle daño.
—Por el moretón, me refiero. O, mejor dicho, los moretones.
Era adorable cuánto se preocupaba Kyle por los golpes de Eric. Era algo que había acompañado a su piel desde hacía tanto tiempo que no recordaba qué se sentía al no tenerlos. Supuso que pronto lo averiguaría. Cuando dejara el deporte.
—No pasa nada. Estoy acostumbrado. —Besó la sien de Kyle—. Esto me gusta.
Kyle volvió la cabeza y besó el bíceps de Eric.
—¿Sí?
—Mmm.
Eric arrastró la mano libre por el estómago de Kyle y luego le rodeó la polla, sustituyendo a la mano de Kyle. Se la meneó despacio, tratando de mantener el ritmo que llevaba Kyle hasta ese momento.
—Sí. Así me gusta —dijo Kyle medio en trance—. Me encanta que me sujetes así mientras me tocas la polla.
Eric resopló y sintió un escalofrío.
—No te guardas mucho los pensamientos, ¿verdad?
—¿Por qué iba a hacerlo? Creo que te gusta que diga marranadas.
—Sí me gusta —admitió Eric.
No tenía sentido ocultarlo; volvía a tener la polla dura y le daba golpecitos con ella en la espalda a Kyle. Había muchas cosas de ese chico que le gustaban, pero sabía que tenía que callarse la mayor parte.
Observó cómo el reluciente capullo de Kyle salía y entraba en el túnel de su mano conforme se la meneaba más rápido.
Apenas era la segunda noche que Eric estaba con un hombre, pero sentía confianza en lo que hacía.
El ángulo le era familiar, como si se hiciera una paja él, pero los encantadores gemidos y suspiros de Kyle mientras se estremecía en brazos de Eric eran nuevos y excitantes.
—¿Bien? —preguntó Eric rozando con los labios la oreja de Kyle.
—Joder, mejor que bien —contestó Kyle arrastrando las palabras.