Un mismo objetivo (Game Changers 4) Capítulo 14 #3
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Capítulo 14 #3

—¿En serio? —preguntó Kyle como si tal cosa mientras le meneaba la polla despacio—. Yo no. Normalmente, tengo que correrme por lo menos una vez al día.

—Eres joven.

—Y tú no eres viejo. —Kyle siguió acariciándolo mientras miraba con atención su cara. Hacía muecas y seguía con el ceño fruncido. Demasiado tenso—. Creo que esto te va a gustar.

—¿Les dices eso a todas las personas a las que torturas?

—Oye, que no hago esto con cualquiera. Lo que te ofrezco es un servicio especial… —Añadió un giro a los meneos cuando bajaba sin dejar de acariciar a Eric y lo agarró con firmeza—. Este va a ser el mejor orgasmo que hayas tenido en tu vida. Te lo prometo.

Eric le respondió con un gruñido. Kyle aceleró un poco el ritmo.

—A mí me encanta ponerme al límite —continuó—. Esta mañana lo he hecho tres o cuatro veces antes de permitirme correrme.

Eric soltó un taco en voz baja y Kyle supo que se lo estaba imaginando.

Bien. Quería que Eric se imaginara justo cómo estaba tumbado con las piernas abiertas en su cama, con la polla hinchada y reluciente y la piel sofocada y resbaladiza por el sudor.

Dios, Kyle nunca se había hecho una foto marrana —no después de lo que había ocurrido con Ian—, pero podría hacerlo si Eric quería una.

Si Eric quería ver cómo estaba Kyle cuando fantaseaba con él.

Cuando Kyle estaba cachondísimo y desesperado por correrse.

Kyle apretó un poco más con la mano y siguió hablando, porque quería dejarlo claro.

—¿Sabes en qué pensaba yo mientras lo hacía?

—¿En qué?

—Me imaginaba esto. A ti, tumbado ante mí para que yo jugara todo el tiempo que quisiera.

—No era en absoluto una mentira. Kyle había estado fantaseando justo con eso cuando se había puesto al límite varias veces aquella mañana.

Bueno. Salvo por algún detalle—. En mi fantasía, llevabas puesto un plug anal con vibración, pero ya llegaremos a eso.

—Joder.

Kyle no bromeaba. Sabía muy bien con qué plug concreto quería llenar a Eric. Lo controlaría con una aplicación del móvil.

—Avísame cuando estés cerca. Es mi única regla.

—¿Qué pasa…? —Eric inspiró—. ¿Qué pasa si no lo hago?

—Pues que se acabará la diversión, y no creo que quieras eso. Mejor dicho, sé que no lo quieres.

Kyle no era un sádico y nunca le había gustado mezclar dolor con placer.

No tenía la menor intención de sumar moretones al cuerpo de Eric.

Lo que de verdad le encantaba a Kyle era ver cómo hombres impresionantes y seguros de sí mismos se rendían ante su control, y nunca había conocido a nadie tan impresionante como Eric Bennett.

Eric no respondió, pero abrió los ojos. Intercambiaron una mirada mientras Kyle empezaba a meneársela más fuerte, más rápido.

Utilizó la mano libre para acariciar las pelotas cargadas de Eric.

Este se acercaba a velocidad de vértigo al clímax, Kyle lo notaba.

Se preguntó si Eric seguiría sus indicaciones y le avisaría cuando estuviera a punto de correrse. ¿Hasta qué punto confiaba en Kyle?

—Ya casi estoy… —advirtió Eric, y Kyle se mordió el labio para evitar que una sonrisa encantada y bobalicona le ocupara toda la cara.

Trataba de parecer autoritario. Le dio un par de meneos más a Eric, luego se soltó la polla, pero siguió acariciándole las pelotas.

—Joder —medio gimió Eric, medio dijo riendo—. Te diviertes con esto, ¿eh?

—Espera y verás. —Kyle se tumbó encima de Eric y lo besó despacio y con pasión durante un minuto o dos. Se detuvo cuando vio que Eric se arqueaba hacia él. Kyle le dio un cachete en el muslo—. Travieso. ¿Quieres que te deje así?

—Podría soportarlo.

—Entonces es que todavía no te he puesto lo bastante cachondo. Probemos otra vez.

En un movimiento fluido, Kyle se deslizó por el cuerpo de Eric y se metió la polla en la boca hasta el fondo.

—¡Ah! Joder…

Era el sonido más fuerte que Kyle le había oído hacer a Eric. Si no hubiera tenido la boca llena, habría sonreído ante la reacción.

Kyle estaba enamorado de la polla de Eric.

Era la más gorda que había visto en directo y también tenía una longitud más que decente.

Kyle solía preferir hacer de activo, pero, maldita sea, quería saber qué se sentiría al tener esa polla monstruosa dentro.

Relajó la garganta y se metió a Eric tanto como pudo.

Quería hacerlo rápido, así que no tuvo piedad; chupaba fuerte y se tragaba el capullo.

—Dios, otra vez estoy a punto. Voy a…

Kyle se apartó y Eric dio un puñetazo al colchón.

—Vaya, vaya. ¿Ya te has enfadado conmigo?

—No —refunfuñó Eric.

—Acabamos de empezar.

Kyle se sentó a horcajadas sobre su cadera y le sonrió desde arriba.

—Podrías quitarte la camiseta por lo menos —se quejó Eric.

—Supongo que te lo has ganado.

Kyle se sacó la camiseta y la tiró al suelo. Eric le puso la mano encima de inmediato, resiguiendo los costados y luego el pecho.

—Eres precioso —dijo Eric, y tiró de él para darle un beso.

Los besos de Eric no habían tardado en convertirse en la cosa favorita de Kyle. Tenían una dulzura que Kyle no habría esperado antes de que empezaran a hacer todo aquello.

Cuando Kyle lo observaba desde lejos, las pocas veces que había ido al bar con Scott a lo largo de los dos últimos años, se había divertido con breves fantasías de Eric dándole fuerte contra la pared en el almacén.

Quizá después de que Kyle lo hubiera puesto tan cachondo que Eric ya no pudiera resistirse más.

Y se había imaginado a Eric de rodillas para él, sus manos fuertes hincándose en las nalgas de Kyle mientras le hacía una mamada.

Habían sido unas fantasías ardientes, pero la realidad superaba de un modo increíble cualquier cosa que Kyle pudiera haberse imaginado.

Eric lo besaba como si fuera importante, como si Kyle fuera algo valioso, y Kyle se moría de ganas de más.

Era peligroso pensar así.

Se obligó a terminar el beso, luego se apartó de Eric y se desplazó hasta el final de la cama.

Necesitaba tomar distancia un momento para aclararse las ideas, para recordarse qué hacía allí.

No era importante ni valioso para Eric. Kyle no era más que un amigo con ganas de ayudar que sabía muy bien cómo tratar una polla.

Metió la mano en la mochila y sacó un masturbador de bolsillo que solo había usado un par de veces, pero que le había vuelto loco en ambas ocasiones.

—¿Has usado uno de estos alguna vez?

—Ni siquiera sé qué es.

Kyle suspiró con mucho dramatismo, disimulando que le encantaba ser quien llevara a Eric a un sinfín de niveles nuevos de placer.

—Ay, Eric.

Echó lubricante dentro del juguete y lo puso junto a la polla de Eric. Sin más preámbulo, fue bajándolo hasta que cubrió el miembro de Eric por completo.

—Hostia… ¿Qué cojones es eso?

—Es un juguete sexual —dijo Kyle haciéndose el chulo a propósito.

Eric entrecerró los ojos y lo miró a la cara.

—Ya sé lo que son los juguetes sexuales. No soy tan ignorante.

Kyle se echó a reír.

—Es un masturbador que tiene bultitos y ondas por dentro. ¿A que es una sensación genial?

Eric soltó un gemido largo y Kyle le dio unos cuantos meneos cortos.

—Es increíble.

—Ya. La semana pasada lo usé y me corrí como un puto volcán.

Eric gimió de nuevo, seguro que al imaginarse a Kyle usando el mismo juguete o porque tenía envidia del orgasmo de Kyle. O quizá las dos cosas.

Kyle le dio otro meneo largo y lento y observó cómo el juguete se tragaba la polla hinchada y oscura de Eric.

—A ver cuánto aguantas con esto puesto.

Resultó ser más bien poco. Al cabo de dos minutos, los dedos de los pies de Eric empezaron a plegarse.

—¿Hay algo que quieras decirme? —preguntó Kyle en voz baja.

Eric apretó los labios.

—Porque parece que estás a punto de soltar la carga.

Eric respiraba fuerte y Kyle le dejó creer por un segundo que había ganado la batalla, y entonces le sacó el masturbador de golpe. Eric gimoteó mientras su polla rebotaba enfadada contra su estómago, roja y brillante por el lubricante.

—¿No pensabas decírmelo esta vez? —bromeó Kyle—. Porque igual ni siquiera hace falta. Puede que… lo sepa y ya.

Para demostrárselo, contó hasta diez mentalmente y luego empezó a acariciar a Eric con la mano. En menos de un momento Eric contrajo los abdominales y se le subieron los huevos, y entonces Kyle lo soltó.

—Ay. Dios. Vete a la mierda —jadeó Eric—. He estado a punto.

—Tenías los huevos duros como una piedra. —Kyle chasqueó la lengua y pasó un dedo por encima—. Me muero por ver esa corrida.

Pasó el pulgar con suavidad por el punto sensible que Eric tenía justo debajo del capullo y vio cómo se escapaba una gota de líquido preseminal de la raja.

Kyle estaba seguro de que él también debía de estar goteando en ese momento.

Cada vez era más difícil mantener el control al ver cómo se entregaba a él Eric.

El pecho de Eric subía y bajaba acelerado mientras luchaba por mantener la compostura.

—¿Puedes… puedes quitarte los pantalones?

Kyle sonrió.

—Me gusta que conviertas esto en una partida de strip poker .

Se levantó y se aseguró de que Eric lo miraba mientras se desabrochaba el botón de la bragueta.

Su erección era evidente, presionando contra la tela elástica, así que masajeó el paquete con la mano a la par que contemplaba la cara de Eric.

Parecía hecho polvo: los ojos vidriosos, la piel sonrojada y el sudor mojándole los rizos en las sienes.

Kyle apostaría que sería capaz de hacer casi todo lo que le pidiera en ese momento.

—Quiero que ahora lo hagas tú —decidió Kyle de repente—. Hazte una paja. Ponte a punto, pero no te corras.

Eric soltó un gemido irritado, pero hizo lo que le mandaba. Se cogió la polla y empezó con meneos lentos y cuidadosos mientras el resto de su cuerpo temblaba por el esfuerzo de no correrse.

—Así, muy bien. Despacio —dijo Kyle—. Como la última vez. ¿Recuerdas la última vez?

Eric asintió e hincó los dientes en el labio inferior mientras fruncía el ceño con concentración.