Capítulo 14 #2
Kyle: Sí. ¿Te apetece celebrarlo?
Eric: Claro que sí. ¿Te vienes a mi casa? ¿Tipo, en una hora?
Kyle: Allí estaré.
—¿Por qué sonríes? —preguntó Kip.
—Ah, solo es un tío que quiere quedar conmigo.
—¿Ah, sí?
—Alguien que conocí en el trabajo. —Al decirlo, cayó en la cuenta de que en realidad no mentía—.
Así que… —Se levantó y agarró lo que quedaba de las galletas y el batido que se había pedido, porque no había razón para desperdiciarlo—.
Debería ponerme en marcha. Tendré que asearme un poco antes, ya sabes.
Kip le sonrió.
—Diviértete. He quedado aquí con Scott.
Kyle se inclinó enseguida y le dio un beso en la mejilla.
—Gracias por invitarme hoy.
—Cuando quieras. Nos vemos pronto.
Kyle salió a toda prisa del restaurante y se metió en la estación de metro más cercana, mareado de excitación por saber que iba a volver a meterle mano a Eric Bennett al cabo de un rato.
Eric se sentía invencible. Siempre iba como una moto después de ganar un partido —y más si no le habían metido ni un gol—, pero esa noche se sentía además lleno de confianza, atractivo y cachondo como un perro.
Así debía de ser como se sentían sus compañeros de equipo cuando hablaban de tener que follar después de una victoria sonada.
Intentó impedir que sus inseguridades se colaran y le estropearan el subidón increíble que llevaba encima.
Corrió escaleras arriba hasta su habitación para asegurarse de que no había nada fuera de lugar, algo que, por supuesto, no era el caso.
Comprobó el cajón de la mesilla y sintió alivio al ver que quedaba lubricante de sobra.
Tras preocuparse un momento por parecer demasiado ansioso, dejó el bote encima de la mesilla.
No había motivos para hacerse el tímido esa noche.
La sinceridad del acuerdo que tenían le parecía excitante.
No hacía falta adivinar nada ni ser sutil.
Entendía por qué a mucha gente le atraían los rollos de una noche, siempre que fueran con alguien en quien confiara.
Llamaron a la puerta y Eric corrió como el rayo escaleras abajo, con el corazón desbocado de anticipación. Abrió la puerta y se topó con Kyle, abrigado con una bufanda y un gorro, con las mejillas rosadas por el frío.
—Holi —dijo Kyle.
Sonrió y, por un segundo, Eric se quedó sin palabras al ver lo guapo que iba. Luego por fin salió del ensueño y se apartó para dejar pasar a Kyle.
Kyle dejó la mochila en el suelo y se quitó la cazadora, que Eric recogió para meterla en el armario.
Kyle había ido con su look de camarero: una camiseta blanca, vaqueros desteñidos y sin gafas.
Era un aspecto diseñado para tentar a los hombres, y Eric supuso que era lo que solía ponerse Kyle cuando quedaba para echar un polvo.
Eric no estaba seguro de si sentirse decepcionado porque no hubiera optado por la versión más suave del estudiante universitario.
—Joder, me ha excitado mucho verte parar todos los goles… —dijo Kyle acercándose.
—A mí me ha excitado mucho parar todos los goles —dijo Eric. Inclinó la cabeza y dejó los labios muy cerca de los de Kyle—. Tengo ganas de celebrarlo.
—Claro. Hay que celebrarlo.
Ese beso no fue nada cohibido. No fue una casta toma de contacto.
En el instante en que sus labios chocaron empezaron a devorarse y Kyle agarró fuerte la mandíbula de Eric, quien puso la palma en la nuca de Kyle.
Todos los nervios del cuerpo de Eric vibraban de necesidad.
Se sentía hambriento y listo para beberse hasta la última gota de aquel fabuloso chico.
Kyle lo empujó contra una pared y su espalda impactó al lado del cuadro que habían admirado juntos durante la fiesta.
Entonces cogió a Eric por las muñecas y le inmovilizó los brazos contra la pared.
La repentina sensación de vulnerabilidad le produjo un escalofrío, y no pudo evitar jadear cuando Kyle le besó el cuello.
—¿Te gusta? —preguntó Kyle pegado a su piel—. ¿Te quedarías así si te lo pidiera?
Eric respondió con un gemido y luego consiguió pronunciar un ahogado «Sí». Se quedaría así todo el tiempo que Kyle quisiera, a la mierda los músculos doloridos. Lucharía contra la incomodidad, igual que hacía cuando practicaba yoga, y obligaría a su cuerpo a aguantarlo. Por Kyle.
Notó la presión de los dientes de Kyle contra la carne tierna junto a su nuez y supuso que Kyle sonreía.
—Creo que te gustó cuando llevé la batuta la otra vez.
—Ya te digo.
—Quizá podríamos seguir a partir de ahí. Porque el otro día hablaba en serio: me encantaría introducirte en el maravilloso mundo de ponerse al límite y aguantar. Me da la impresión de que te encantaría.
Eric asintió.
—Vale. Podemos probarlo.
Kyle acarició con cuidado la barba de Eric y luego lo agarró de la mandíbula y lo besó con pasión. Fue tan fuerte que a Eric le temblaron las piernas. Quería que Kyle hiciera lo que tuviera previsto allí mismo, contra aquella pared, pero Kyle habló con la voz de la razón.
—¿Por qué no vamos arriba y así no tiramos al suelo el cuadro? —murmuró.
Por sorprendente que pareciera, en ese momento a Eric le importaba una mierda el cuadro. Pero Kyle tenía razón, necesitaban una cama.
—Sí, sí. Subamos.
Kyle se quedó rezagado.
—Sube tú. Desnúdate y espérame en la cama. —Chasqueó la lengua, seguramente divertido por la expresión perpleja de Eric—. Ve. Ya.
Kyle jugó dos niveles de Angry Birds Blast en el móvil, lo que le pareció tiempo suficiente para que Eric se desnudara y se preparase para recibirlo.
Subió a la planta que quedaba debajo del dormitorio principal: el estudio de yoga.
Se tomó su tiempo, paseó con calma por el espacio diáfano y oscuro, haciendo ruido con cada paso.
Confiaba en que Eric lo oyera y se tensara de ganas.
Cuando por fin subió las escaleras que llevaban al dormitorio de Eric, se lo encontró tumbado en la cama, desnudo, con las manos dobladas sobre el pecho y los tobillos cruzados.
Tenía la polla hinchada, pero no del todo dura, que descansaba contra un musculado muslo.
Kyle se regaló un momento para absorber esa imagen.
Dios, la de cosas que deseaba hacer con ese hombre.
Kyle dejó la mochila encima de la cama. Se planteó quitarse la camiseta, pero decidió dejársela de momento.
Le gustaba el desequilibrio de estar vestido del todo mientras Eric estaba desnudo.
De cerca podía admirar lo definidos que eran los músculos bien torneados del jugador.
Y los numerosos moretones que le cubrían todo el cuerpo.
Era asombroso cómo se castigaba ese hombre a diario.
Notó que Eric intentaba aparentar estar cómodo y relajado, pero los nudillos tensos y la forma en que contraía y relajaba los abdominales lo delataban.
Kyle le rodeó un tobillo con la mano y apretó.
Luego lo soltó y fue pasando los dedos extendidos por la pierna de Eric hasta llegar a la parte alta del muslo.
Eric contuvo el aliento cuando la mano se acercó a la entrepierna, pero Kyle la apartó.
—Eres una obra de arte —dijo—. Mira todo ese músculo.
—Hago ejercicio.
—¿Cuánta tensión cargas en esos músculos? —preguntó Kyle, y apretujó uno de los bíceps de Eric—. ¿Cuánta presión soportan esos hombros?
A modo de respuesta, Eric cerró los ojos y exhaló un largo suspiro. Kyle jugó con su pelo y fue peinándole con suavidad los densos rizos. Quería calmarlo y mimarlo, y luego exprimirlo entero.
—Aquí puedes soltarlo todo —dijo Kyle con ternura—. Lo único que tienes que hacer esta noche es pasártelo bien. Y mi labor es asegurarme de que lo haces.
—Sí —susurró Eric sin abrir los ojos.
Kyle se agachó para besarlo. Eric se abrió con avidez y se incorporó un poco para estar en una posición desde la que poder besarlo con más intensidad. Deslizó la mano por debajo de la camiseta de Kyle y luego fue subiendo la palma por el estómago de Kyle para levantarle la prenda.
Kyle le puso la mano encima de la suya para pararlo.
—Buen intento. Creo que me dejaré la ropa puesta un rato.
—Es injusto.
—No he prometido que sería justo. Túmbate.
Eric abrió mucho los ojos, y Kyle lo presionó contra el colchón poniéndole una mano firme sobre el pecho. Tener tanto control sobre ese hombre guapo y poderoso era adictivo. Kyle quería pasar un fin de semana entero con él. Una semana. Un año.
Una vez que Eric estuvo colocado, Kyle empezó a calentarle el cuerpo con una sutil caricia con las yemas de los dedos.
Tenía algunos hematomas nuevos del partido de la tarde y Kyle los evitó mientras recorría el pecho de Eric, bajaba por su estómago bien torneado y luego se hundía en las profundas hondonadas que había bajo sus oblicuos.
Observó la polla de Eric, que se iba engordando y se estremecía como respuesta, pero no la tocó.
En lugar de eso, se desplazó a la punta de la cama y abrió la mochila.
—¿Qué tienes ahí? —preguntó Eric.
—Ya lo verás.
Kyle decidió que era mejor empezar de una vez; de lo contrario, les daría la medianoche, y no tenía intención de dormir allí.
Pensó en chupársela primero a Eric, pero sabía por la vez anterior que eso haría que Eric llegara al orgasmo demasiado rápido.
Lo reservaría para la siguiente ronda. La primera sería relajante y lenta, con mucha conversación.
Eric estaba empalmadísimo y Kyle ni siquiera le había tocado aún la polla. Iba a ser divertido. Se fijó en el lubricante que Eric había dejado en la mesilla, pero sacó un bote de su lubricante favorito, que llevaba en la mochila.
—¿Te has hecho una paja hoy? —preguntó Kyle mientras se extendía un poco de lubricante en la palma.
—No.
—Bien. ¿Y ayer?
Eric frunció el ceño, como si tuviera que pensarlo.
—No.
Kyle rodeó la polla de Eric con la mano resbaladiza, y este siseó y contrajo los abdominales al notarlo.
—Pues debes de morirte de ganas de correrte.
—Puedo aguantar… un rato —dijo Eric con voz ronca.