Un mismo objetivo (Game Changers 4) Capítulo 14
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Capítulo 14

—¿Ya te has acostumbrado? —preguntó Kyle por encima del rugido de las veinte mil personas que vitorearon cuando anunciaron el gol de Scott.

Kip sonrió con los ojos fijos en la cara de Scott que salía en la inmensa pantalla del marcador.

—Nop.

—Tipo, ese es tu novio. Tu prometido…

De pronto a Kyle le resultaba mucho más fácil bromear con Kip sobre Scott. Ya no sentía la puñalada de celos o de ansia cuando recordaba que Kip tenía pareja, y Kyle no quería darle muchas vueltas a la razón.

—Ya —dijo Kip—. Esta mañana discutíamos sobre las funciones de la cafetera.

Kyle se rio al imaginárselo. Había sentido un arrebato sorprendente en el pecho cuando habían anunciado que Eric sería el portero inicial.

Eric no era su novio, pero la noche que habían compartido había sido increíble y Kyle había estado obsesionado desde entonces.

Y el sexo no era lo único en lo que no podía dejar de pensar.

Era todo: la cena, la conversación, la forma en que Eric no lo había despreciado cuando Kyle le había confesado que le apasionaba más ser barista que la vida académica.

De hecho, todos los instantes que habían compartido habían sido maravillosos, desde las breves conversaciones que habían mantenido en la fiesta de compromiso de Scott y Kip. Eric tenía a Kyle pilladísimo.

Y ahora estaba en la pista, cubierto de protecciones de hockey de la cabeza a los pies, con aspecto de gladiador en un circo romano lleno de fans que lo vitoreaban. Costaba creer que fuera el mismo hombre que había pedido con timidez a Kyle que le diera órdenes en la cama.

Era un partido de tarde contra Nueva Jersey, así que el edificio estaba muy agitado. Iban 2-0 con ventaja para los New York Admirals en el tercer tiempo, gracias a unos parones alucinantes de Eric.

—Ojalá no le metan ni uno —dijo Kyle.

Kip le dio un codazo fuerte.

—¡No lo digas en voz alta! ¡Lo vas a gafar!

—Guau, ya veo que se te ha pegado de Scott, ¿eh?

Kyle lamentó haberlo dicho al instante, porque sabía lo que llegaría después.

—Pegado lo tengo todo el tiempo, joder —dijo Kip en tono lascivo.

Kyle miró el reloj. Quedaban seis minutos y medio.

«Vamos, Eric. Ya lo tienes».

Hacía una temporada que no iba a un partido con Kip y nunca había estado tan nervioso viendo uno. Tenía un nudo en el estómago no solo porque quisiera que ganasen los Admirals, sino porque no quería que le hicieran daño a Eric. ¿Cómo lidiaba Kip con todo ese estrés?

—Hemos elegido sitio —dijo Kip a la par que robaba como si nada un puñado de palomitas de Kyle—. Para la boda.

—¿En serio? ¿Dónde?

—Hemos encontrado un hotel cerca de Bay Shore; bueno, es más como un resort, con un edificio principal y cabañas alrededor. Lo hemos alquilado entero.

—Suena… —«Caro» fue lo primero que se le pasó por la cabeza a Kyle, pero acabó la frase diciendo—: increíble.

Kip sonrió.

—Ya lo sé. Es una boda de ensueño total. Queríamos hacerla fuera de la ciudad, pero no demasiado lejos. Y queríamos algo íntimo. Confiamos en poder hacer la ceremonia al aire libre, cerca del mar.

—Entonces ¿no habrá boda en la pista de hielo?

—Joder, no. A Scott le encantan sus fans, pero esto es para nosotros dos.

Kip miró ensimismado al círculo en el que Scott se inclinaba en ese momento para participar en el saque. Kyle miró a los ojos a Eric, agachado al principio de su zona. Kyle se permitió tener una breve fantasía en la que bailaba con Eric en la boda. Podía ocurrir, incluso como amigos.

La multitud empezó a gritar y dirigió la atención a la pista. A uno de los jugadores de los Admirals le habían pitado falta.

—Y una mierda —refunfuñó Kip—. Ni siquiera lo ha tocado…

Kyle no lo había visto, pero coincidió.

—Es ridículo, joder.

Ahora los Admirals tendrían que jugar con uno menos y el saque era en su zona, cerca de Eric.

Kyle se preguntó si Eric estaba estresado.

O quizá le resultaba divertido. Quizá era el equivalente para un portero de hockey a cuando un esquiador está a punto de tirarse por una pendiente en un glaciar.

En tiempos, Kyle había vivido para tener esa sensación, y todavía le encantaba hacerlo cada vez que tenía oportunidad.

Nueva Jersey ganó el saque y, durante los siguientes cincuenta segundos más o menos, lanzó una batería de tiros fuertes a la red de los Admirals.

Eric estuvo increíble, paró una oportunidad de gol en un lateral de la portería, luego se deslizó a toda velocidad al lado opuesto para parar el rebote…

Y entonces le tiraron un slapshot desde la línea azul que golpeó tan fuerte a Eric en el pecho que Kyle lo sintió como si le hubiera dado a él.

La multitud gritó entusiasmada. Cuando por fin acabó el partido, cantaron «Ben-ny, Ben-ny» y el DJ puso «Benny and the Jets» de Elton John.

—¡Es el puto amo! —dijo Kyle, radiante de orgullo, como si en parte fuera responsable del talento de Eric.

—Es alucinante —dijo Kip—. Seguro que podría jugar todavía otras cinco temporadas por lo menos.

Kyle se lo planteó. Eric parecía sano y, a juzgar por sus impresionantes capacidades para las posturas invertidas de yoga, muy en forma, pero ¿cuánto tiempo más podía aguantar su cuerpo aquel nivel de castigo?

En la pista, Eric parecía quitarle importancia a ese último parón.

Como si que te golpeara un puck lanzado a ciento sesenta kilómetros por hora fuera lo mismo que darte un golpe en un dedo del pie.

Las pantallas gigantes mostraron un primer plano de la cara de Eric mientras se quitaba la máscara.

Se echaba agua en la boca con aspecto increíblemente tranquilo, como si hubiera salido a jugar al parque en lugar de arrojarse delante de pucks rápidos como el rayo.

Quedaban menos de cuatro minutos de partido y un minuto de la falta. Kyle le ofreció a Kip el resto de las palomitas porque de todos modos estaba demasiado nervioso para comer. Además, tenía que juntar las manos, aunque no creyera en las oraciones. Le parecía que era lo que debía hacer.

Quería que Eric consiguiera acabar el partido con la portería a cero.

Quería que Eric lo invitara a celebrar la victoria esa noche.

Saber que cabía la posibilidad de que Kyle volviera a estar con ese hombre —el mismo hombre al que ahora mismo adoraba a gritos un estadio lleno de fans exaltados— era emocionante. No había nada que deseara más que tener la oportunidad de dominarlo y luego darle placer hasta dejarlo muerto.

De pronto comprendió por qué Kip estada obsesionado sexualmente con Scott desde hacía casi tres años. Esa mierda era adictiva.

Anunciaron el último minuto del partido.

Habían terminado el tiempo de castigo, pero Nueva Jersey había sacado al portero para el atacante extra.

A Kyle el equipo le dio lástima. Era tan poco probable que marcaran dos goles en el siguiente minuto para empatar el encuentro que Kyle habría preferido que no se molestaran en intentarlo.

¿Por qué estropear la posibilidad de que Eric se fuera con la portería intacta para nada?

Tuvieron varias buenas oportunidades de gol durante ese último minuto, pero Eric paró todos los pucks que lograron pasar la línea de los defensas.

Cuando empezó la cuenta atrás de los últimos diez segundos, Kyle gritaba los números más alto que nadie.

Por fin, la bocina marcó que acababa el partido y Kyle brincó del asiento.

—¡Sí! ¡Sí, joder, Eric!

Kip se rio mientras se inclinaba a recoger el abrigo del asiento.

—Parece que Benny tiene un nuevo fan número uno.

—Me alegro por él —dijo Kyle, aunque lo que pensaba en realidad era «Quiero follar con él».

Observó a los Admirals, que se abrazaban en la pista, luego saludaron a la multitud con los sticks antes de marcharse.

—Esta es la parte aburrida —dijo Kip—. El rollo de después del partido dura un siglo. Sobre todo cuando ganan. ¿Quieres ir al Shake Shack?

Kyle parpadeó al mirarlo.

—Pero si te has pasado casi todo el partido comiendo.

—Siempre queda un hueco para el Shake Shack. Vamos. Invito yo.

—Ni hablar. Tú has puesto las entradas. Lo mínimo que puedo hacer es comprarte una hamburguesa.

Kip sacudió una mano para restarle importancia.

—Bah, las entradas eran gratis. Vamos.

—Scott me ha contado lo de Eric.

Kyle se quedó de piedra, dejando suspendida en el aire una patata frita del ShackMeister que pensaba meterse en la boca. ¿Sabría Scott que Kyle y Eric se habían liado?

—¿A qué te refieres?

—A que es bi. Scott me contó que Eric te lo había dicho a ti el primero, lo cual me resulta… interesante.

Kyle intentó fingir que no pasaba nada.

—¿Te sorprendió que fuera bi?

—¡Sí! No tenía ni idea. Scott ni siquiera lo sospechaba, y eso que es uno de sus mejores amigos. —Kip se rio—. Aunque Scott no es el mejor calando a la gente. Bueno, y ¿por qué te lo contó Eric?

Kyle volvió a dejar la patata frita en el plato.

—No lo sé. Hemos quedado algunas veces. Supongo que quería contárselo a alguien que no fuera tan cercano.

—¿En plan, como si estuviera practicando a salir del armario? ¿Contigo?

Kyle se mordió la mejilla para contener una sonrisa. Eric había practicado muchas cosas con Kyle.

—Sí. Algo así.

Kip lo estudió frunciendo el ceño.

—¿Qué os traéis entre manos?

—Nada.

­—Porque yo ya hice lo de salir en secreto con una estrella de la NHL y no fue…

—No salgo con él —dijo Kyle con sinceridad, aunque habría deseado que fuera mentira—. Somos amigos, nada más. Que es lo que queríais vosotros…

Kip sonrió al oírlo.

—Me alegro. Scott me contó que Eric estaba de muy buen humor en el entrenamiento de ayer. Puede que seas una buena influencia para él. Necesita divertirse un poco.

Kyle bajó la mirada a las patatas para que Kip no viera que se estaba sonrojando hasta el cuello. ¿Habría estado de buen humor Eric debido a Kyle? ¿También le habría resultado imposible dejar de pensar en la noche que habían pasado juntos?

Kip miraba el teléfono, así que Kyle sacó el móvil. Tenía un mensaje de dos minutos antes.

Eric: ¿Estás libre esta noche?

Kyle sonrió con la vista fija en el teléfono móvil y escribió enseguida: