Capítulo 13 #3
Ambos sonrieron y entonces Eric acabó de bajarle la ropa interior a Kyle por los muslos y dejó que la prenda cayera al suelo.
La polla de Kyle se balanceó delante de su cara, larga y estrecha, con una pronunciada curva hacia arriba, como si se fuera un salto de esquí.
Era perfecta, pero Eric no sabía muy bien qué hacer con ella.
—Lo que quieras, rey —dijo Kyle, quien probablemente había notado la duda en la cara de Eric.
Este notó que el calor le subía por el cuello.
—¿Podrías… decirme qué tengo que hacer? Me gusta cuando, eh…
Kyle sonrió con malicia.
—¿Quieres que tome las riendas?
Eric asintió con la cabeza.
—Podemos jugar así. Incluso seré bueno contigo. ¿Por qué no pones las manos en mis muslos y vuelves a besarme el estómago? Me ha gustado.
Eric colocó las palmas sobre las rodillas de Kyle y fue acariciando despacio la piel hacia las caderas. Se deleitó en la sensación del vello suave y la carne musculosa bajo las manos, y en la firmeza del estómago de Kyle contra sus labios.
—Uf, me encanta cuando noto tu barba rozándome la piel —dijo Kyle, así que Eric frotó la mejilla contra su estómago y luego siguió bajando hacia la base de la polla.
Notó que los abdominales de Kyle se flexionaban a modo de respuesta. Eric siguió frotando las palmas arriba y abajo y extendió los pulgares para presionar en las ingles.
—Juega con mis huevos —le indicó Kyle—. Como tú quieras. Me vuelve loco.
Había algo en el hecho de que le mandara que hacía que todo fuera más fácil.
Eric sujetó las pelotas de Kyle con cuidado haciendo un cuenco con la mano y acarició con el pulgar la piel arrugada y tensa que, se fijó, parecía meticulosamente depilada con cera o rasurada o algo así.
¿Acaso Eric debía depilarse las pelotas?
No era algo que se hubiera planteado antes.
—Es perfecto —dijo Kyle mientras Eric hacía girar los huevos y tiraba del pesado saco—. Me encanta que jueguen con mis pelotas. Podría pasarme horas jugueteando y chupándote los huevos sin llegar a tocarte ni una vez la polla. Te volvería loco.
Sonaba a tortura, pero también a algo increíblemente erótico. Aunque Kyle debía de exagerar con lo de estar «horas», ¿no?
—Creo que podría gustarme —comentó Eric.
—Ya me aseguraría yo de que fuera así.
La punta de la polla de Kyle todavía se mecía cerca de los labios de Eric, que no podía dejar de mirar la raja, y, sin querer, se relamió los labios.
Kyle se dio cuenta.
—Vamos, mi amor. Cuando quieras.
Eric separó los labios y se inclinó hacia delante.
Besó la punta y movió la lengua deprisa por la piel suave y caliente.
Cuando oyó que Kyle inhalaba fuerte, continuó dando besos alrededor del capullo y luego bajó por la parte interior del pene.
Abrió más la boca mientras se la metía, empleó más la lengua, y Kyle gimió para dar su aprobación.
Eric trazó el camino de vuelta a la punta dándole besos, luego agarró el capullo entre los labios y en silencio rezó a quien fuera que lo estuviera oyendo para no hacerle la peor mamada de la historia a Kyle.
Cerró los ojos e intentó apagar la escandalosa parte de su cerebro que insistía en que tenía que ser perfecto en todo lo que emprendía.
Hacía tanto que lo deseaba… Y ahora estaba ahí con ese paciente y maravilloso joven.
No lo estropearía con dudas de última hora.
Seguiría su intuición y saldría adelante.
Deslizó los labios hacia abajo tan rápido como pudo y rozó con la lengua la piel aterciopelada del mástil de Kyle, gimiendo de alivio de saber por fin qué se sentía al tener a un hombre metido en la boca.
—Muy bien, mi amor —dijo Kyle. Acarició con suavidad el pelo de Eric—. Sé que no tengo una polla para principiantes. Tiene una curva endiablada.
A Eric le encantaba la curva de la polla de Kyle. Por tonto que pudiera sonar, pensó que pegaba con él. Todo lo demás relacionado con Kyle escondía una deliciosa sorpresa; ¿por qué no iba a pasar lo mismo con su polla?
Las palabras de aliento de Kyle ayudaron a Eric a relajarse, y empezó a hacer lo que le parecía adecuado en cada momento; le lamía y chupaba la longitud de la polla y el capullo y presionaba con la lengua en la raja.
Entonces recordó la cosa favorita de Kyle y acercó una mano para jugar otra vez con sus pelotas.
Kyle gimió y subió las caderas, dio una única embestida hacia la boca de Eric y luego se quedó quieto.
—Perdón —dijo Kyle apurado—. Ha sido sin querer.
En realidad, a Eric le gustó la idea de que Kyle empujara dentro de su boca como si lo penetrara, pero quizá no para esa noche.
Primero, Eric tenía que practicar a metérsela (o meterse a quien fuera, vaya) más adentro.
Esa noche disfrutaría de la sensación de tener la boca llena de carne cálida y dura y del peso de los testículos llenos de Kyle en las manos.
El aperitivo de líquido preseminal ácido tocó la lengua de Eric y este lamió la raja, ávido de más.
—Qué dulce —jadeó Kyle—. Te mueres de ganas. Me encanta. Joder, te sale natural.
Era imposible que le estuviera saliendo bien la mamada, por mucho que Eric la estuviera disfrutando, pero aun así agradeció el cumplido.
Siguió chupándosela y sus esfuerzos se vieron recompensados con más gotas saladas de líquido preseminal, que lamió con ansia.
Se preguntó si sabría darse cuenta de que Kyle estaba a punto.
Quería intentar tragarse el semen de Kyle, pero no estaba seguro de si sería capaz.
De repente, Kyle se apartó, y Eric casi se cayó de la cama al intentar perseguirlo. Al intentar rodearlo de nuevo con sus labios.
—Ya es suficiente, rey. —Kyle medio jadeaba, medio se reía. Eric debía de tener una pinta ridícula, desnudo y estirando el cuerpo hacia la polla de Kyle como un pajarillo—. No quiero correrme aún. ¿Por qué no te pones cómodo?
Eric se lo tomó como una invitación a recostarse en la cama, así que lo hizo.
Apiló unos cuantos almohadones detrás de la cabeza y se tumbó encima de la colcha.
Cayó en la cuenta de que estaba justo en la posición en la que siempre se había imaginado a Kyle en sus fantasías: desnudo, tumbado bocarriba con las piernas separadas, con la polla dura y plana contra el estómago.
—Dios mío, pero mírate… —dijo Kyle sonriendo, y luego se acercó a la cama hasta quedar de rodillas entre las pantorrillas de Eric—. Mejor de lo que había imaginado.
—¿Te lo habías imaginado?
—Joder, ya te digo. No finjas que tú no habías pensado en mí.
A Eric se le aceleró el corazón por la vergüenza y la excitación.
—He pensado en ti. Te imaginaba cuando…
Se detuvo, pues el pudor ganó la batalla dentro de él.
—¿Cuando te hacías una paja?
Eric asintió.
—Qué sexy. ¿Qué te imaginabas?
Eric cerró los ojos. No podía mirar a Kyle y contárselo al mismo tiempo.
—Me decías cómo… darte placer. —Tragó saliva—. Me dabas órdenes.
Kyle suspiró.
—Joder, Eric.
El jugador abrió los ojos y se encontró a Kyle agarrándose la base de la polla con una expresión de asombro en la cara.
—Eres una caja de sorpresas —dijo Kyle—. Esto va a ser aún más divertido de lo que pensaba. ¿Qué te parece si te acaricias para mí esa preciosa y gorda polla que tienes? A ver qué hacías cuando pensabas en mí.
El exhibicionismo quedaba fuera de la zona de confort habitual de Eric, pero no dudó ni un segundo en cumplir la orden de Kyle.
Se rodeó la polla con la mano y le dio los meneos rápidos y firmes que empleaba siempre.
Con Kyle mirando y la estampa de su cuerpo desnudo delante, combinado con el resto del sabor de su líquido preseminal en la boca, Eric estuvo a punto de correrse con unos pocos movimientos.
Gimió y levantó las caderas de la cama y acercó la otra mano para recoger el chorro de semen inminente.
—Para —le dijo Kyle muy serio.
Eric lo hizo. Respiró, aturdido a raíz del repentino cambio de sensación por todo el cuerpo. Era la primera vez que se quedaba a medias… Era… emocionante. Como parar un tiro fuerte con el guante: un dolor horrible mezclado con un mareante subidón de poder.
—Estabas a punto de correrte, ¿verdad? —Kyle se inclinó hacia delante y se tumbó sobre el cuerpo de Eric. Le besó la boca—. Es increíble. ¿A qué vienen tantas prisas?
—Es… es como lo hago siempre.
Kyle recapacitó sobre lo que le había dicho.
—¿Bruto? ¿Rápido? ¿Castigador?
—Eficiente —le corrigió Eric—. No es que sea un castigo, es que… no me entretengo.
—Bueno —dijo Kyle. Le besó la barbilla y luego el cuello, y después el hombro derecho—. Vamos a probar de otra manera.
Se sentó sobre los talones y volvió adonde estaba antes, entre las piernas extendidas de Eric.
—Vuelve a empezar. Pero esta vez más despacio.
Cualquier resto de vergüenza que Eric hubiera sentido de desplegarse ante Kyle quedó barrido por un deseo sobrecogedor de seguir sus instrucciones.
Cuando se cogió la polla, no contuvo el gemido de placer por el contacto.
Sabía que Kyle quería oírlo y Eric estaba decidido a darle a Kyle lo que deseara.
—Así me gusta —le dijo Kyle alentador mientras contemplaba a Eric moviendo la mano despacio por el miembro—. Suave y lento.
El calor inundó el estómago de Eric al oír el cumplido de Kyle.
Se pasó una mano sin prisa por el pecho, frotó ligeramente la piel que notaba tan viva y sensible como la polla.
Era como si hasta el último centímetro de su cuerpo fuera una zona erógena, como si Kyle pudiera tocarlo donde quisiera y él fuera a correrse al instante.
Pero no era eso lo que quería Kyle, así que Eric continuó con los meneos lentos y arqueados en la polla mientras se acariciaba el torso con las yemas. Se moría de ganas. Quería ir más rápido, darse más fuerte. Quería la mano de Kyle o su boca. Quería que Kyle le dijera que podía correrse.
—¿A que es genial? —preguntó Kyle.
Eric asintió sin pensar, pues no estaba seguro de si aquello era genial o una tortura.
—¿Quieres más, mi amor?
Eric asintió de nuevo; de eso no tenía duda.
—Por favor.