Un mismo objetivo (Game Changers 4) Capítulo 13 #2
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Capítulo 13 #2

Ese pequeño cambio —la sensación repentina de estar atrapado entre el acero inoxidable y el cuerpo firme y cálido de Kyle— encendió un interruptor en él.

Por un momento, dejó de preocuparse de controlarlo todo y besó a Kyle con pasión, deses­perado por acercarlo todavía más a su cuerpo.

¿Cuánto hacía que no se excitaba tanto? ¿Le había ocurrido alguna vez?

—Vamos arriba —murmuró Kyle pegado a sus labios.

Por muy empalmado que fuera, Eric no pudo evitar mirar de reojo la cocina. Sabía que Kyle se reiría de él, pero tenía que decirlo.

—Vale. Pero ¿te importa si recojo antes?

Kyle dio un paso atrás sonriendo.

—Te mueres si dejas esto hecho un desastre, ¿verdad?

Eric recogió la sartén y lo rodeó.

—No podría concentrarme. No es broma.

—Te creo.

Kyle no lo dijo con tono de reproche. Se limitó a acercarse a la isla de la cocina y recogió los platos sucios.

Entre los dos tardaron apenas diez minutos en limpiarlo todo, y el cambio de actividad permitió a Eric rebajar un poco la excitación.

Necesitaba aproximarse a aquello con la cabeza despejada, porque de lo contrario iba a: a) saltar encima de Kyle como un adolescente cachondo, y b) correrse en un minuto.

Cuando terminaron, Kyle abrazó a Eric por el cuello.

—¿Y ahora qué? ¿Por dónde íbamos?

Eric chasqueó la lengua.

—Qué morro…

—Estoy ansioso —le corrigió Kyle—. Llevo días pensando en hacerte de todo.

Eric se quedó de piedra.

—¿De verdad?

—Pues claro —dijo Kyle como si tal cosa—. Tengo un montón de planes para ti.

Dios, Kyle era maravilloso. Tan seguro de sí mismo, atractivo y, bueno, joven… Eric no podía creerse que estuviera entre sus brazos. A punto de estar en su cama. Incluso si era solo para demostrar que era un amigo con ganas de ayudar. Lo besó de nuevo, porque podía hacerlo, al menos de momento.

—Vamos —murmuró Eric con la esperanza de que el deseo camuflara los nervios.

Condujo a Kyle por los dos tramos de escaleras que llevaban hasta el dormitorio principal. Fue dando profundas y relajantes bocanadas de aire para intentar apaciguar su corazón desbo­cado.

—Guau. Es… guau —dijo Kyle cuando llegaron al rellano.

El dormitorio y el baño en suite ocupaban toda la planta superior de la casa.

A Eric le encantaba esta habitación, con sus ventanales y la pared de ladrillo a la vista.

En la pared opuesta a la cama estaba expuesto uno de sus cuadros favoritos: un paisaje marítimo abstracto que le parecía relajante y sobrecogedor a la vez.

El suelo, la robusta estructura de la cama extragrande y el cabecero estaban hechos de madera recuperada.

Era un espacio que generaba paz y que, ahora mismo, con la impactante iluminación que había preparado antes y el precioso chico que había ahí en medio, podría describir también como sensual.

Kyle se sentó en la punta de la cama, sin dejar de contemplar el dormitorio.

—Bueno, ¿cuáles son las opciones? —preguntó—. Quiero preguntártelo antes de que empecemos a enrollarnos otra vez. ¿Qué te gustaría hacer esta noche?

­—Eh…

Eric debería haber tenido una respuesta lista para esa pregunta, pero se había quedado en blanco.

Pensó en la boca de Kyle y en cómo la había notado contra la suya.

En cómo la notaría en otras partes del cuerpo.

Y también en qué sentiría si se pusiera de rodillas para Kyle y empleara la boca para ganarse palabras de admiración y gemidos de placer.

—Me gustaría probar… el sexo oral.

Kyle se cruzó de brazos y sonrió.

—¿Quieres chuparme la polla, Eric?

Lo dijo en tono juguetón y seductor a la vez y, dios, cómo le ponían esas palabras… La erección de Eric se había desinflado un poco mientras subían las escaleras, y ahora cambió de postura para que no se notara tanto que iba empalmado.

—No te prometo que se me dé genial —dijo con sinceridad—. Pero me gustaría probar.

Kyle se deslizó fuera de la cama y se mordió el labio mientras caminaba hacia él.

—No me importa que hagas experimentos conmigo. —Dirigió la mirada sin titubear hacia el bulto evidente que se había formado en los pantalones de Eric—. Tampoco me importaría hacerte una demostración primero.

—Ah…

Kyle juntó la boca a la de Eric y lo besó con pasión.

Eric notaba la cabeza aturdida por la lujuria (una sensación a la que no estaba acostumbrado), pero hizo lo que pudo por estar a la altura del beso.

Quería que Kyle tomara la iniciativa e hiciera lo que le apeteciera, pero no sabía cómo pedírselo.

No quería pedírselo. Por una vez en su vida, Eric no quería ser quien llevase la batuta.

Kyle bajó una mano a la entrepierna de Eric y empezó a acariciar su polla dura a través de los pantalones.

—No está mal —murmuró contento Kyle. Besó a Eric en la mandíbula y luego le mordisqueó el lóbulo de la oreja. Eric inclinó la cabeza hacia atrás y soltó un gemido totalmente involuntario—. Se te ha puesto durísima conmigo, ¿eh? Ay, mi amor, hacía mucho, ¿eh?

En otras circunstancias, habría sonado raro que le hablara con tanta ternura —apenas se conocían—, pero a Eric le resultó emocionante.

—Demasiado —coincidió en un jadeo.

—Ahora lo arreglamos —le prometió Kyle—. Hoy te voy a dejar seco.

Dios, le sonó a música celestial. Eric lo besó otra vez con la esperanza de indicar así que aprobaba los planes de Kyle.

Se quedó quieto, con todo el cuerpo vibrante de anticipación, mientras Kyle le desabrochaba los pantalones y metía la mano dentro.

Al notar cómo le agarraba la polla, Eric gimoteó en la boca de Kyle.

Sabía que deseaba algo así, pero ahora que tenía la mano de ese chico tan guapo alrededor de la polla y su resbaladiza lengua acariciando la de él, Eric pensó que no sabía cómo había podido vivir sin eso hasta entonces.

Kyle le cubría la polla sin hacer fuerza, las yemas de sus dedos rozaban levemente la parte larga del miembro. En un par de ocasiones, Eric empujó con las caderas, ávido de más. Kyle se rio y apartó la mano.

—Te mueres de ganas. ¿Por qué no te desnudas y vienes conmigo a la cama?

Eric nunca se había quitado la ropa tan rápido. Había estado desnudo delante de otros hombres tantas veces en su vida que no le daba el menor apuro que lo viera entero. Observó a Kyle, deseoso de ver su reacción. Deseoso de tener su aprobación.

—Joder. —Kyle sonó horrorizado.

No era muy alentador. Pero entonces le tocó el pecho a Eric con suavidad en el punto en que tenía un moretón que le había salido por culpa de un lanzamiento fuerte durante un partido en Toronto.

—No es nada —dijo Eric, que no quería distracciones.

—Tienes un montón —comentó Kyle en voz baja.

Apoyó los dedos en otro hematoma. Y luego en otro.

—Es parte del juego. Ya casi ni los noto.

Entonces Kyle resiguió las líneas de las cicatrices de las operaciones en el hombro.

—Apuesto a que esto sí lo notaste.

—Solo son unos arreglos. Ahora todo funciona bien.

Kyle besó la cicatriz, lo que, por extraño que pareciera, era muy sensual, y al notarlo Eric cerró los ojos sin querer y dejó la boca entreabierta.

Kyle dejó allí los labios un instante y rozó con delicadeza la fina línea de la cicatriz mientras Eric se esforzaba en respirar.

No era más que una cicatriz —ni siquiera tenía una historia interesante detrás—, pero lo que hacía Kyle le resultó tan íntimo y adorable que Eric se perdió en la sensación.

Luego dejó de notar los labios de Kyle y, cuando abrió los ojos, vio que el otro se había alejado un paso para quitarse la camiseta.

El cuerpo de Kyle no estaba magullado ni tenía marcas, era justo como Eric lo recordaba de cuando lo había visto a medio vestir en su cuarto de invitados: perfecto.

Su estómago plano y sus pectorales tonificados, con esa línea de vello en la que Eric no había podido dejar de pensar, se desplegaron ante él, y esta vez Eric podía admirarlos tanto como quisiera.

Se sentó al final de la cama y observó a Kyle mientras se desa­brochaba los vaqueros y los deslizaba por las caderas estrechas. Parecía un modelo, allí de pie delante de Eric, cubierto únicamente por unos bóxers azules.

Un modelo con una erección más que evidente que estiraba el tejido del calzoncillo.

Kyle se colocó entre las piernas de Eric y le levantó la barbilla.

—Quítamelos —le indicó.

En el mundo del hockey, Eric era famoso por sus manos firmes y por saber mantener la calma cuando estaba bajo presión.

Pero no pudo evitar que le temblaran las manos cuando alargó los brazos hacia Kyle en ese momento.

Puso las palmas en la cintura de Kyle y las deslizó por su piel cálida y suave hasta dar con la goma de los bóxers.

Alzó la mirada y Kyle asintió para indicar que estaba de acuerdo, así que Eric pasó los pulgares por la goma de la cintura y tiró de los calzoncillos hacia abajo apenas un centímetro.

Entonces se detuvo y se inclinó hacia delante para poder apoyar los labios en el estómago de Kyle.

Le dio besos por todo el abdomen y luego bajó hacia donde empezaba el camino de pelo rubio oscuro.

—Me gusta —murmuró Kyle—. Tómate tu tiempo.

Eric volvió a levantar la mirada y se encontró con Kyle observándolo con atención.

—Eres precioso —dijo Eric, porque nunca se lo había dicho a Kyle y pensaba que tenía que hacerlo.

Le besó el ombligo.

Kyle peinó a Eric con los dedos.

—Gracias.

Eric le bajó los calzoncillos hasta que empezó a verse la punta de la polla de Kyle. Entonces la fijó ahí con la goma, contra el abdomen de Kyle. Durante unos segundos se limitó a contemplarla, admirado. En serio estaba a punto de tocar la polla de otro hombre…

—¿Te lo estás pensando mejor? —preguntó Kyle.

Lo dijo en tono divertido, pero Eric supuso que le preocupaba el tema.

—No —dijo Eric. Lo miró a los ojos—. Es que no puedo creer la suerte que tengo.