Un mismo objetivo (Game Changers 4) Capítulo 13
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Capítulo 13

A las seis de la tarde del jueves, Kyle ya estaba en la puerta de Eric con una mochila y un apetito voraz tanto de comida como de sexo.

Cuando Eric abrió la puerta, estaba increíblemente guapo. Llevaba un par de botones del cuello de la camisa blanca desabrochados y las mangas remangadas, y de pronto a Kyle se le pasaron las ganas de comer por completo.

—Hola —dijo Eric, y se apartó para dejar pasar a Kyle—. Gracias por venir.

—Bueno, iba a pasarme la tarde viendo Guy’s Grocery Games o algo así, conque te agradezco la invitación.

Le dio un beso en la mejilla a Eric y pasó por delante de él para entrar en la casa.

Eric le cogió el abrigo y señaló la mochila que llevaba Kyle.

—¿Qué has traído esta vez?

—Ingredientes para otro cóctel sin alcohol.

Eric le sonrió con cariño, como si le hubiera emocionado mucho el gesto.

—Qué detalle… Aunque tengo vino, si te ape…

—No, no. Estoy bien.

Ni hablar de que Kyle fuera a ponerse siquiera achispado si las cosas salían bien, y Eric confiaba en que Kyle se lo llevara a la cama.

—Espero que no te importe tomar un plato vegetariano —dijo Eric mientras subían a la planta donde estaba la cocina.

—Claro que no.

A Kyle tampoco le importaba el panorama del culo y los muslos de Eric que tenía mientras lo seguía escaleras arriba. Incluso enfundados en los vaqueros elásticos, esos músculos parecían capaces de aplastar un coche.

—No es que sea un experto en cocina ni mucho menos, ¿eh? Pero sé hacer algunos platos. ¿Te gustan los huevos?

—Me encantan.

—Bien. He preparado shakshuka . Son…

—Huevos escalfados en salsa de tomate. ¡Para chuparse los dedos!

—Estoy de acuerdo. He comprado pan bueno y he pensado que podríamos ponernos en la isla de la cocina, porque se comen directamente de la sartén.

A Kyle le encantaba la idea. Era divertida e íntima. La comida perfecta para una cita. Tal vez Eric tuviera más rollo del que parecía.

Siguió a Eric a la cocina. Nadie habría dicho que alguien había estado preparando algo de comer allí, salvo por la sartén de hierro fundido en la que borboteaba la salsa de tomate.

Aparte de eso, la sala estaba inmaculada.

Eric se acercó a la nevera y sacó una huevera.

Kyle decidió ponerse a preparar las bebidas.

­—¿Qué haces? —preguntó Eric.

—Será una especie de versión con cero alcohol de un mojito.

Kyle sacudió un manojo de menta fresca.

—Nunca he tomado un mojito.

—Como te gusta tanto la gaseosa con lima, pensé que podía apetecerte.

—Kyle se acercó al armario y sacó dos vasos altos —.

Lleva lima y menta con un sirope o azúcar y luego se le pone gaseosa.

A ver, normalmente lleva también ron, claro, pero he preparado un sirope especiado para compensar el sabor que falta.

—Impresionante. —Eric cascó un cuarto huevo en la sartén—. Tendrás que enseñarme a hacer esa clase de cócteles.

—Puedes ayudarme a preparar estos si quieres. —Kyle empezó a arrancar hojas de un tallo de menta—. Entonces ¿nunca te ha dado por beber?

—Nunca. Ni cuando iba a la uni.

—Sé que no es asunto mío, pero ¿hay algún motivo?

—Me gusta el control. —Eric cogió un tallo y se puso a arrancar hojitas como Kyle—. Necesito controlar mi mente y mi cuerpo. Y me gusta que mi cuerpo esté lo más limpio posible por dentro.

—¿Nunca has sentido la necesidad de soltarte? ¿Relajar ese control?

—Pocas veces. Pero, cuando me pasa, hay… otras maneras de conseguirlo.

Kyle rompió una hoja por la mitad, con los dedos torpes de repente.

—Se me ocurren un par de formas.

Eric lo miró con unos ojos oscuros arrolladores. Kyle le aguantó la mirada para transmitirle que estaba cómodo hablando de eso. O, joder, haciéndolo, y que le dieran a la shak­shuka .

Eric fue a comprobar cómo estaban los huevos.

—Otro par de minutos y estarán perfectos, creo.

—Ven, ayúdame a mezclarlo todo.

Kyle le enseñó a Eric a aplastar con cuidado las hojas de menta en el fondo de los vasos con un mezclador que había llevado.

Le contó cómo había hecho el sirope y lo importante que era lograr un sabor equilibrado en un cóctel.

Eric era un estudiante aplicado, escuchaba atentamente y hacía preguntas.

Cuando terminaron, había dos vasos altos de mojitos sin alcohol dignos de postureo en Instagram.

—Deberías ser barista —bromeó Eric.

—Ojalá pudiera hacer cosas así en el trabajo. —Kyle suspiró—. Algún día.

—¿Algún día?

Kyle imaginaba cómo iba a reaccionar Eric, con su título en Harvard y su impresionante carrera en la NHL , ante esa noticia.

—Creo que es lo que quiero hacer. Ser barista. Trabajar en hostelería. Quizá tener un bar propio algún día.

Eric frunció el ceño.

—¿Y qué pasa con tus estudios? Pensaba que tal vez te gustaría dar clases en la universidad. O quizá trabajar en un museo.

«Siento decepcionarte, colega».

—Me gusta lo que estudio, pero creo que mi verdadera pasión es cuidar de la gente. Asegurarme de que se lo pasan bien. Creo que proporcionar un espacio acogedor donde la gente pueda relajarse y divertirse es un servicio importante.

Por dios, Kyle estaba vendiendo la idea demasiado bien. La conversación se parecía tanto a las que había mantenido con sus padres que le resultaba incómodo. Se preparó para la reprimenda de Eric.

—Se te da bien. —Fue la respuesta de este—. Creo que si llevaras un bar o un restaurante lo harías genial.

Kyle se quedó tan confundido por las alentadoras palabras de Eric que durante un segundo se limitó a mirarlo a la cara, asombrado. Luego, por fin asintió y dijo:

—Gracias. De momento es solo un sueño.

—Los sueños son importantes. —Eric sacó la sartén del fuego y la colocó sobre un paño doblado en mitad de la isla—. Yo no estaría en la NHL de no ser por los sueños.

Kyle no estaba seguro de por qué las palabras amables de Eric le afectaban tanto.

Sus amigos se pasaban el día animándolo.

¿Era porque Eric era mayor que él? ¿O quizá porque era una de las personas más impresionantes que había conocido en su vida?

¿O acaso habría alguna otra razón por la que a Kyle le emocionaba tanto contar con su aprobación?

Kyle vio el pan metido en una bolsa de papel y lo cogió.

—Guau, tiene una pinta brutal. —Se sentó en uno de los taburetes enfrente de donde estaba de pie Eric—. Este pan huele increíble.

—El pan es mi debilidad —dijo Eric con cierta timidez—. He intentado dejarlo, pero…

—Con algo te tienes que divertir…

—Sí. No puedo dejar de comer pan.

Kyle levantó el vaso.

—Por el pan.

Eric sonrió y brindó con Kyle.

—Por el pan. —Dio un sorbo y sonrió—. Está riquísimo.

—¿A que es refrescante?

—Mucho. Solo nos falta una playa en lugar de Manhattan en diciembre.

Eric se quedó al otro lado de la isla de la cocina, de pie y con un codo apoyado en la encimera. Comieron los primeros bocados en silencio, arrancando pedazos de pan de la barra y mojándolos en la rica salsa de tomate.

—Muy buena elección, por cierto —dijo Kyle—. Me refiero al shakshuka . Sería muy inteligente prepararlo si tuvieras una cita de verdad. Me has conquistado.

Por un momento, Eric se quedó perplejo. Entonces sonrió de un modo que no resultó del todo natural.

—Lo tendré en cuenta.

Ni siquiera habían terminado de cenar y Eric ya se sentía vulnerable y estúpido. Por supuesto que sabía que Kyle no era su novio ni nada por el estilo, pero, aun así, el recordatorio de que aquello era una farsa le sentó como un puñetazo en el estómago.

Tenía que superarlo. Kyle había ido para ayudarle, no para enamorarse.

—He estado pensando en qué enfoque sería mejor —dijo Eric. Parecía que estuviera en una entrevista de trabajo. Lo intentó de nuevo—. O sea… He pensado en qué podríamos hacer. Esta noche.

Los ojos azules de Kyle centellearon. Eric se alegraba de que se hubiera puesto las gafas. Lo hacían parecer más… blando.

—¿Ah, sí? ¿Y qué se te ha ocurrido?

Eric rebañó la sartén con un trozo de pan e intentó aunar valor.

—No sé si estoy listo para la, eh, penetración.

Levantó la mirada y se topó con Kyle encogiendo los hombros tan tranquilo.

—Por mí, bien. Tengo un millón de ideas de cosas que podríamos hacer que no impliquen nada anal. Supongo que es a lo que te refieres.

—Sí, eso.

Kyle bordeó la isla hasta quedar junto a Eric.

—Podemos hacer cualquier cosa con la que te sientas cómodo. Incluso si es darte las gracias por una cena buenísima y luego darte las buenas noches.

­—Pero has venido para algo más que eso.

—Da igual. —Kyle lo cogió de la mano—. Lección número uno, Eric: no estás obligado a hacer nada. Si invitas a alguien para follar y luego cambias de opinión es lícito. Siempre.

Eric miró las manos cogidas, fascinado por los dedos largos y delgados que se entrelazaban con los suyos, más gruesos.

—Pero me parece feo.

—Insisto en que eso da igual. Nunca estás obligado. Aunque, si alguien te pone y no es un capullo integral, se considera de mala educación dejarlo colgado. Pero, aun así, tú decides. Y, si sí es un puto capullo integral, pues entonces le das una patada en los huevos y lo largas de casa. He dicho.

—Tomo nota. —Kyle estaba tan cerca que en lo único en que podía pensar Eric era en besarlo—. Pero ¿si no es un capullo integral y sí… me apetece?

—Entonces —dijo Kyle con voz ronca—, deberías hacérselo saber. Para que esté seguro.

Por fin, Eric encontró el valor para preguntar:

—¿Puedo besarte?

Kyle inclinó la cabeza hacia atrás.

—Por favor.

Se quedó totalmente quieto y dejó que Eric se acercase a él.

El jugador notó una descarga eléctrica cuando sus labios se tocaron; excitación mezclada con el alivio de conseguir al fin lo que le había obsesionado desde hacía días.

Kyle tenía los labios muy suaves y cálidos y lo besaba con dulzura, sin presionar.

Cuando Eric abrió la boca y sus lenguas se rozaron, notó el sabor de las especias de la salsa de tomate y la menta de los mojitos.

Kyle enterró los dedos en el pelo de Eric y tiró con suavidad, y ¿por qué le excitaba tanto? Cuando Eric gimió en su boca, Kyle tomó las riendas del beso e hizo retroceder a Eric hasta que se empotró contra la nevera.