Un mismo objetivo (Game Changers 4) Capítulo 12 #2
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Capítulo 12 #2

Ah, claro. Había encontrado a alguien. En plan, alguien con quien Eric pudiera quedar y que no fuera Kyle. Eric pasó por alto cómo se le encogía el corazón ante esa posibilidad.

Eric: ¿A quién?

Kyle: Aún no sé cómo se llama. Pero es perfecto para ti.

Eric se rio en la oscura habitación de hotel y se incorporó un poco en la cama para poder apoyarse en el codo.

Eric: Suena genial.

Confiaba en que pillara el sarcasmo.

Kyle: Seguro que tiene treinta y tantos, está buenísimo y me ha parecido oír que es vegetariano.

Estupendo. Porque las preferencias alimentarias eran el requisito número uno que atraía a Eric.

Eric: ¿Es un cliente?

Kyle: Sí. Me parece que tenía una cita, pero no ha salido bien. Ahora está sentado solo.

Eric: ¿Has espiado a un cliente mientras tenía una cita?

Kyle: ¡Solo les he llevado las bebidas! ¡No puedo controlar lo que oigo!

Se produjo una pausa larga y entonces Kyle escribió:

Kyle: También le he hecho una foto.

Eric gruñó. Hacía solo una semana que había salido del armario como bisexual y la cosa ya empezaba a desmadrarse.

Eric: Te has pasado, ¿no?

Kyle no respondió. Eric suspiró y escribió:

Eric: Mándamela.

Al cabo de unos segundos, Eric miraba una foto oscura y algo borrosa de un hombre sentado a una mesa; salía de perfil. Costaba saberlo con seguridad, pero sí parecía que podía ser guapo. Pelo castaño bien arreglado, ropa chula y, sí, parecía casi de la edad de Eric.

Eric: ¿No deberías estar trabajando?

Kyle: ¡Estoy en mi descanso!

Ah. Eric no pudo evitar conmoverse al saber que Kyle estaba empleando su pausa para hablar con él. Y que se había pasado la noche intentando encontrarle un ligue a Eric.

Eric: Tiene buena pinta.

Kyle: Ojalá estuvieras en la ciudad. Podrías colarte en el asiento libre y preguntarle cómo se llama.

A Eric se le calentó la nuca solo de pensarlo.

Eric: Y entonces ¿qué diría?

Kyle: ¿¿Lo normal??

Eric no tenía la menor idea de qué era lo normal cuando se trataba de ligar.

Kyle: Vamos a practicar. Yo seré él. Tú sé tú.

Eric: No hace falta.

Kyle: Entonces ¿ya no necesitas practicar?

Eric hizo una mueca. Por supuesto que necesitaba practicar. Suspiró y escribió:

Eric: Vale. Entonces me siento y digo: «Hola. Soy Eric».

Kyle: Una entrada contundente. Muy bien. Te doy la mano y digo: «Soy Neil. Encantado de conocerte, Eric».

Eric: ¿Neil? ¿En serio?

Kyle: Sí. ¿Por qué te ríes de mi nombre, idiota?

Eric se echó a reír y luego escribió:

Eric: Perdona, Neil. Es un nombre precioso.

Kyle: Me lo pusieron por mi abuelo.

Guau. Kyle se estaba metiendo a fondo en el papel.

Eric: Ah. Qué… original.

Kyle: Fue el primer hombre que pisó la Luna.

Eric echó la cabeza hacia atrás, la apoyó en la almohada y soltó una sonora carcajada. Le alivió que Kyle no se tomara aquel ejercicio demasiado en serio.

Eric: Guau. Es alucinante.

Kyle: A LO QUE ÍBAMOS. ¿A qué te dedicas, Eric? Me suena tu cara y no sé de qué.

Eric: Juego al hockey en los New York Admirals.

Kyle: Hostia puta. ¿Y conoces a Scott Hunter?

Eric: Me temo que sí.

Kyle: Está buenísimo.

Eric: Sí. Es maravilloso. Y tiene novio.

Si se suponía que eso tenía que ayudar a Eric a aprender a ligar, no estaba funcionando. Decidió tomar las riendas.

Eric: ¿Estás solo?

Kyle: Ya no.

Y añadió el emoticono del guiño.

Eric no tenía ni idea de qué contestar. Costaba tontear con una persona imaginaria. Quizá si llamaba a la persona imaginaria Kyle en su mente…

Eric: Tienes unos ojos preciosos.

Oye, no pasaba nada por robarle la frase al tío aquel, Alex. Además, era cierto que Kyle tenía unos ojos preciosos.

Kyle: Apuesto a que se lo dirás a todos los chicos.

Eric: En realidad, no.

Kyle: A mí también me gustan tus ojos. Y cómo me miras ahora mismo.

Eric no estaba mirando a nadie en ese momento, pero aun así sintió la necesidad de apartar la vista. Escribió:

Eric: Llevo toda la noche mirándote.

Kyle: Y yo a ti también. Confiaba en que te fijaras en mí.

Eric: ¿Ah, sí? ¿Y eso?

Kyle: Porque tienes pinta de besar bien. Y quiero comprobarlo.

Abstraído, Eric se acarició los labios con el pulgar mientras se planteaba qué responder.

Eric: Si quieres, te ayudo a comprobarlo.

En ese escenario inventado, habría una mesa entre él y, eh, Neil. Nada que invitara a besarse. Mientras trataba de dar con una forma sutil de insinuar que iba a levantarse de la mesa, Kyle escribió:

Kyle: Vivo a un par de manzanas de aquí.

Ah, vale. Bueno, entonces sería cuando las cosas se pondrían incómodas. Es más, cuando empezaban a ponerse incómodas allí mismo, en la realidad.

Eric: No me van mucho los rollos de una noche.

Kyle tardó una eternidad en responder.

Kyle: No pasa nada. ¿Hay algo que sí te gustaría hacer conmigo?

Eric: ¿Puedo invitarte a otra ronda? Podríamos charlar un rato.

Kyle: Me encantaría.

Eric sonrió mientras seguía mirando al móvil y se preguntó si «Neil» se mostraría así de relajado.

También se preguntó si Kyle estaba actuando como si fuera otra persona o como si fuera él mismo.

¿Así reaccionaría de verdad si un hombre le propusiera tomar otra ronda en lugar de irse corriendo a follar?

Pero ahora Eric no sabía muy bien qué escribir.

¿Se suponía que tenía que ir a la barra y pedirle un trago a «Neil» o debía seguir hablando? Qué situación tan rara.

Eric: ¿Y qué pasa ahora?

Kyle: ¿Me lo preguntas a mí o a Neil?

Eric: A ti.

Kyle: Invitas a Neil a tomar algo y perdéis la noción del tiempo mientras habláis. La cosa fluye. Tienes muchas ganas de volver a verlo.

Eric: Vale. Entonces ¿le propongo si quiere ir a cenar conmigo algún día?

Kyle: Prueba.

Eric resopló y puso:

Eric: Me encantaría verte otro día. ¿Te apetecería quedar para cenar?

Kyle: Pues claro. Espera, voy a darte mi número.

Bueno, no había sido tan difícil. Eric se quedó mirando esas dos últimas líneas, convencido de que parecía que acabara de pedir salir a Kyle y le hubiera dicho que sí.

Kyle: ¿Sigues ahí?

Eric: Sí, perdona. No sabía qué decir.

Kyle: Debes de ser la caña haciendo sexting.

Eric se rio y escribió:

Eric: Nunca lo he probado.

Kyle: Bueno, si alguna vez quieres practicar…

Practicar. Ya estaba otra vez con esa propuesta.

Eric: Le he contado a Scott que soy bi.

Kyle: ¡Guay! ¿Qué tal ha ido?

Eric: Genial. Me ha apoyado, claro.

Kyle: Claro.

Eric se armó de valor. Era el momento de sacar el tema que lo tenía obsesionado desde hacía días.

Eric: He pensado mucho en tu ofrecimiento.

Kyle: Ajá.

Eric: Vuelvo a Nueva York el miércoles por la noche. Tengo el jueves libre.

Contuvo la respiración mientras esperaba una respuesta.

Kyle: ¿Ah, sí?

Eric: ¿Vienes a mi casa a cenar?

Kyle: ¿A cenar o a «cenar»?

Eric sintió un cosquilleo en el estómago. Quería ser atrevido y confirmar la segunda opción, pero no acababa de verse preparado.

Eric: Empecemos con la cena.

Kyle: Y si luego nos quedamos con hambre…

Eric se mordió el labio y escribió:

Eric: Te mando un mensaje cuando haya vuelto. Buenas noches.

Kyle mandó un emoticono de una cara con un beso. Eric no respondió porque los emoticonos siempre le parecían una bobada.

Así pues, Eric tenía una posible cita con Kyle. O, mejor dicho, una posible sesión planificada de sexo platónico. Uf, qué forma tan deprimente de verlo.

Cabía la posibilidad de que practicara sexo con Kyle.

Tal vez sexo anal, algo que le resultaba emocionante y aterrador a la vez.

Era algo que nunca había hecho con Holly (ni dando ni recibiendo), pero había experimentado un poco con sus propios dedos.

Lo suficiente para saber que tenía ganas de más.

Ojalá Scott fuese la clase de amigo con el que poder hablar de sexo, porque le gustaría tener a alguien con quien compartir la ansiedad que le daba el acostarse con un hombre.

Eric se preguntó si Scott era igual de vergonzoso al hablar de sexo que en la cama o si en secreto sería un portento sexual.

Vale. Ahí mismo estaba la prueba de que Eric necesitaba esa sesión planificada de sexo platónico. Bajo ningún concepto debería estar pensando en la personalidad sexual de su mejor amigo y capitán de su equipo.

Dejó que sus pensamientos regresaran flotando hasta Kyle, lo cual le resultó fácil.

Su imaginación le proporcionó una imagen de Kyle mirándolo a la cara, con ojos vidriosos y los labios rosados brillantes y ávidos de deseo mientras Eric se metía su polla en la boca.

Eric nunca lo había hecho, pero, dios, se moría de ganas.

Se hizo una paja rápida, como siempre, y al acabar se sintió mucho más preparado para dormir. Se limpió en el cuarto de baño y, cuando regresó a la cama, vio que había recibido un mensaje nuevo.

Kyle: Se llama Sebastian. No he acertado ni de casualidad.