Un mismo objetivo (Game Changers 4) Capítulo 11 #3
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Capítulo 11 #3

—¡Eso es emocionante! Deberías salir con nosotros alguna vez.

La semana que viene hay una gala benéfica en una discoteca a la que vamos a echar una mano.

Es un espectáculo de drag queens , algo navideño, y después habrá música para bailar, claro.

A mí me subirán al escenario durante parte del espectáculo, así que al menos podrás verme mientras algunas drag queens se cachondean de mí.

—Suena muy tentador.

La verdad era que parecía ideal. No habría mucha presión, porque Eric podría estar ahí para apoyar a su amigo y ya. Y podría irse antes de que empezaran a pinchar la música. Quizá esa pudiera ser la salida nocturna que Kyle había sugerido. Le gustaría que Kyle fuera. Para que lo apoyara.

—En serio —dijo Scott con delicadeza mientras se recostaba en la silla frente a Eric—. Sería genial que vinieras. Y me alegro de que Kyle te esté aconsejando sobre la parte de, eeeh, conocer gente. La verdad es que a mí se me da fatal.

—Es bastante animado —dijo Eric.

Se mordió la mejilla para aguantar una sonrisa que estaba seguro de que delataría el hecho de que Kyle se había ofrecido a acostarse con él.

Scott sonrió de oreja a oreja.

—¡No me puedo creer que haya tenido un compañero de equipo queer durante todo este tiempo!

Lo dijo con alegría, pero Eric no pudo evitar que la culpa lo volviera a invadir.

—Siento no habértelo dicho antes y no haber tenido el valor suficiente para salir del armario cuando tú lo hiciste. Debería haber estado a tu lado.

—Lo has estado —dijo Scott enseguida—. Me has apoyado desde el momento en que te lo conté. Y después de que lo hiciera público, siempre has estado a mi lado: yendo a eventos LGBTIQ+ o al propio Kingfisher. ¿Crees que no sé lo mucho que odias ir de bares?

Eso hizo sonreír a Eric.

—Me gusta el Kingfisher.

—A mí también. Y siempre es agradable que mis compañeros de equipo me acompañen ahí. Joder, que hasta fue genial que viniera el puto Rozanov.

—Que, a todo esto, ¿qué pintaba ahí Rozanov? Nunca llegué a averiguarlo.

—Ah, quería hablarme de su organización benéfica. ¿Sabes que ha montado una con Shane Hollander?

—Sigo sin acabar de creerme que haya pasado, pero sí.

—Organizan unos campamentos de hockey en verano y me preguntó si me gustaría ser entrenador en uno de ellos —dijo Scott sonriendo—. Se notaba que le costaba mucho pedírmelo.

—¿Y por qué tú? Quiero decir, entiendo por qué alguien querría que fueras entrenador en un campamento de hockey, pero ¿por qué iba a quererlo Rozanov?

—La verdad, no estoy seguro. Pero me comentó que los campamentos son inclusivos. De hecho, utilizó las palabras «espacio seguro», por lo que casi me caigo de la silla. ¿A cuántos jugadores de hockey conoces que utilicen ese término?

—¿Te refieres a decirlo sin sarcasmo? A muy pocos.

—Exacto. Así que quieren que el personal sea diverso. Ni siquiera sería el único monitor gay, porque tienen a Ryan Price echando una mano.

—Siempre se me olvida que es gay.

—He oído que tiene un novio fantástico. Un músico. Me alegro por él.

—Qué bien.

—En fin, le dije a Rozanov que me gustaría echar una mano, pero este verano voy a estar muy ocupado con la boda y la luna de miel, además de con las obligaciones que ya tengo.

—Quizá el año que viene.

—Eso es lo que le dije. Estoy seguro de que a Kip le gustaría pasar una o dos semanas en Montreal. Ahí es donde tienen uno de los campamentos.

—Parece una buena organización benéfica —dijo Eric—. He leído que ya han financiado una gran reforma para un centro juvenil en Montreal.

—Es una pasada —coincidió Scott—. He estado pensando en crear mi propia organización benéfica, pero quizá lo que debería hacer es hablar con Rozanov y Hollander para unir fuerzas con ellos.

Rozanov y Hollander. Los nombres de los dos rivales que seguían sonando raro juntos.

—¿Quién iba a decir que Rozanov tuviera un corazón tan grande? —dijo Eric.

Scott sonrió.

—Tenía un presentimiento. Creo que, en secreto, puede que sea un cachito de pan.

—Pues lo disimula muy bien.

—Uy, desde luego. En fin, ¿por qué estamos hablando de Ilya Rozanov? Prefiero hablar de ti.

Eric levantó una mano.

—No, gracias. Ya he dicho todo lo que tenía que decir.

Scott echó un vistazo al reloj de la mesita de noche.

—Supongo que se está haciendo tarde. Y me va a fastidiar si mañana por la noche no estoy en plena forma contra Toronto.

—Total. Pero, oye, gracias por escucharme. —Resopló Eric—. Siento si te ha sorprendido.

—¿Estás de broma? Estoy encantado. —Scott lo atrajo hacia uno de sus característicos abrazos—. Tu secreto está a salvo conmigo. Te lo prometo.

Eric suspiró contra su hombro. Echaría de menos esos abrazos cuando se retirara.

—Lo sé. Pero no sé si tiene que ser un secreto. Si la gente se entera, que se entere. Pero no voy a hacer un gran anuncio público.

—Me parece estupendo.

Se separaron y Eric se pasó una mano por el pelo, puesto que necesitaba pedirle una cosa más a Scott y no sabía muy bien cómo decírselo.

—Oye, eeeh, ¿podrías no decírselo a Kip? Me refiero a lo de Kyle. No es que haya nada que contar, en realidad, pero aun así…

Scott hizo un gesto como si cerrara la cremallera sobre los labios.

—No diré ni una palabra. Pero, oye, Benny…

—Dime.

—Por si te sirve de algo, creo que él te vendría bien. Aunque solo sea para… —Scott se frotó la nuca, nervioso—. Aprender cosas. O lo que sea.

Eric sintió que se le enrojecían las mejillas.

—Ajá.

Scott le dio una palmada en el hombro a Eric y dijo:

—Estoy orgulloso de ti, Benny.

—Gracias.

Eric salió de la habitación de Scott sintiendo que se había quitado un millón de kilos de encima.