Capítulo 11 #2
Mientras se lavaba en el baño unos minutos más tarde, se preguntó cómo sería el sexo como algo que no estuviera tratando de acabar de una vez.
Que la liberación sexual no fuera un mero mantenimiento que le proporcionaba a su cuerpo, como recibir un masaje o estirarse.
Nunca había sido aventurero en la cama y nunca había alargado adrede sus sesiones de pajas.
Se centraba en llegar al orgasmo y en la forma en que su cuerpo respondía a la liberación de la tensión.
No tenía ninguna duda de que Kyle podría enseñarle lo placentero que era el sexo.
Últimamente, su imaginación lo había estado sorprendiendo con fantasías detalladas en las que Kyle lo provocaba y le daba orgasmos poco a poco.
Esa mañana, mientras preparaba el desayuno, se había distraído por completo con una fantasía tan vívida que casi podía sentir las caricias de Kyle.
Y eso fue después de que los recuerdos del beso de la noche anterior lo hubieran impulsado a masturbarse en la ducha.
Se había imaginado palabras obscenas y seductoras en la voz suave y juguetona de Kyle mientras se acariciaba y luego había jadeado el nombre de Kyle cuando el orgasmo había salpicado los azulejos oscuros de la ducha.
Quería que fuera real. Todo eso. Quería que Kyle le quitara la ansiedad de tener intimidad con un hombre y quería recompensar a Kyle por sus esfuerzos. Quería ser bueno dando placer a un hombre. Dando placer a Kyle.
Y quería dejar de pensar en eso. Estaba perdiendo el control de sí mismo y odiaba esa sensación.
Quizá la única manera de acabar con aquellos pensamientos fuera haciendo algo al respecto.
Y lo que Kyle le había ofrecido no era un rollo de una noche, ni tampoco una relación.
Era orientación y paciencia, y quizá fuera justo lo que Eric necesitaba.
Ojalá tuviera a alguien más con quien hablar del tema. Rara vez buscaba una segunda opinión sobre nada, pero en este asunto en particular le vendría bien algún consejo.
Scott, por supuesto, era la opción más evidente. Nunca había sido de los que hablaban de sexo —de hecho, Scott solía ponerse rojo y tartamudeaba con solo mencionarlo—, pero sin duda sabía lo que era encontrar el valor para ser uno mismo. Sabía lo importante que sería esto para Eric.
Y ya era hora de que Eric saliera del armario ante su mejor amigo.
Cuatro días después, Eric llamó a la puerta de la habitación de hotel de Scott.
Le oía hablar con alguien y pensó en irse, pero la puerta se abrió antes de que pudiera hacerlo.
Scott sonrió al verlo y luego mantuvo la puerta abierta de par en par con la mano con la que no sostenía el móvil junto a la oreja.
—Es Benny —dijo Scott al móvil mientras Eric se colaba en la habitación. Luego, dirigiéndose a Eric—: Kip te manda saludos.
—Hola, Kip.
Por lo menos no estaban teniendo sexo telefónico. Carter le había robado una vez una de las llaves de la habitación para gastarle una broma. Cuando había abierto la puerta, pensando que Scott no estaba, se había llevado una sorpresa. Cada vez que Carter contaba la historia, parecía atormentado.
Scott terminó tras tres «te quiero» y luego se volvió hacia Eric con los ojos brillantes y las mejillas sonrosadas. La verdad era que era tan guapo que daba rabia.
—¿Qué tal? —preguntó Scott.
La expresión de Scott se puso seria cuando Eric se sentó en la cama. Acercó una silla de escritorio y se sentó frente a él.
—¿Va todo bien?
—Sí. Bien. Es solo que… hay algo que quiero contarte.
Scott frunció el ceño.
—Vale. Te escucho.
Eric respiró hondo. Este era su momento. No debería ser difícil salir del armario como bisexual ante su mejor amigo, que era abiertamente gay, pero… Bueno.
—Solo quería decirte que… —Eric resopló y negó con la cabeza—. Ni siquiera es para tanto. No sé por qué estoy…
—Eric.
Scott le puso una mano en la muñeca. Casi nunca se dirigía a Eric por su nombre de pila. No dijo nada más, solo esperó tranquilo a que Eric estuviera listo para hablar.
Eric recordó cuando Scott se lo había contado.
Había sido en una habitación de hotel como esa, pero Carter y su antiguo compañero de equipo, Greg Huff, también habían estado ahí.
Eric había pensado en invitar a Carter esta vez, pero decidió que esto no se trataba tanto de que Eric se lo contara a sus amigos, sino más bien de pedir consejo en concreto a Scott. Ya se lo diría a Carter pronto.
¿Cómo había conseguido Scott pronunciar esas palabras en su momento? Eric sentía como si se le hubieran atascado en la garganta, pesadas e imposibles de soltar. Respiró hondo, sacudió la cabeza para que las palabras se soltaran y dijo:
—No soy… heterosexual.
Scott arqueó las cejas.
—¿Eres gay?
—No. Soy bisexual, supongo. Por lo menos, siempre he dado por hecho que era eso.
—¿Siempre?
Scott parecía atónito, y Eric no le culpaba. Si Eric había sabido todo este tiempo que era bisexual, ¿por qué había esperado tanto para decírselo a Scott? ¿Por qué había dejado que Scott derribara ese muro él solo?
—Lo sabía —dijo Eric con cuidado—, pero no quería reconocerlo. Siempre lo he sabido.
Scott juntó las manos y miró al suelo. Eric se sentía fatal. Había sido un cobarde.
Entonces Scott levantó la vista. Tenía los ojos brillantes y sonreía. Era desconcertante.
—¿Scott?
—Dios, Benny. Ven aquí, anda.
Scott se puso de pie y abrió los brazos.
Eric, aún desconcertado, se levantó y se acercó a él.
Scott lo envolvió en un fuerte abrazo que Eric intentó corresponder, pero tenía los brazos casi pegados por completo en los costados de la cintura de Scott con las yemas de los dedos en lo que esperaba que fuera una muestra de afecto.
Cuando Scott se apartó, sonreía de alegría y seguía teniendo los ojos húmedos.
—Gracias por contármelo.
—Tenía… que contártelo, ¿entiendes?
—Uy, créeme, sé de qué me hablas. —Scott se pasó una mano por la cara—. ¿Se lo has contado a alguien más? Espera. —Abrió mucho los ojos—. ¿Estás saliendo con alguien?
—No —respondió Eric rápido—. Bueno, sí. Se lo he contado a otra persona. Pero no. No es porque esté saliendo con él. Ni con nadie. No estoy saliendo con nadie.
Scott pareció decepcionado, luego sonrió con timidez.
—Lo siento. Me he venido arriba. ¿Así que sí se lo has contado a alguien más?
Eric se recostó en la cama. Por algún motivo, la idea de decirle que había confiado en Kyle para decírselo le resultaba más aterradora que revelar su orientación sexual. Así que, en lugar de eso, preguntó:
—¿Cuándo Kip y tú…? —Hizo una pausa, sin saber muy bien cómo expresarlo—. ¿Fue Kip el primer hombre con el que…?
Dios, ¿por qué era tan complicado? Que eran dos adultos…
Pero Scott, como era de esperar, se puso rojo al darse cuenta de lo que Eric le estaba preguntando.
—No, eeeh… No fue el primer chico con el que estuve. —Sonrió con timidez—. Ojalá lo hubiera sido, pero hubo algunos rollos esporádicos antes que él. ¿Por qué?
Eric pasó un dedo por el edredón.
—He estado pensando que me gustaría probarlo. Estar con un hombre, quiero decir.
Scott abrió muchos los ojos y Eric se dio cuenta de golpe de cómo se podría malinterpretar lo que había dicho.
—¡No contigo! No es por eso por lo que estoy aquí.
Scott soltó una risa temblorosa.
—Uuuf. Menos mal. Dios, ya me había puesto nervioso.
Eric negó con la cabeza.
—Con otra persona, te lo prometo.
—¿Quizá con la otra persona a la que ya le has contado que eres queer ?
Eric apartó la mirada, dándose cuenta demasiado tarde de que Scott lo interpretaría como el «sí» que era.
Solo había planeado decirle a Scott que era bisexual y quizá hacerle algunas preguntas simples sobre salir con hombres.
Pero ahora, con Scott sonriéndole así de expectante, Eric decidió que quería compartir al menos parte de esto con su mejor amigo.
—Va a sonar raro, pero en realidad se lo conté a Kyle.
—¿Kyle? ¿El Kyle del que queríamos que te hicieras amigo?
—Sí.
—¿Con el que te dije que te llevarías muy bien?
—Ese mismo. Enhorabuena.
Scott levantó el puño en señal de victoria y Eric se mordió el labio para no sonreír.
—¿Pero estáis, tipo…? O sea, ¿habéis, eeeh…? —balbuceó Scott.
—Somos amigos. Le doblo la edad.
—No le doblas la edad, hostia puta. Pero sí. Es joven.
—Es demasiado joven para mí —dijo Eric. Si se lo repetía lo suficiente, quizá su cerebro empezara a hacerle caso—. Pero me ha estado ayudando a trabajar esto.
La expresión de Scott se volvió pensativa y dijo:
—Seguro que se le da bien. Estos dos últimos años no han sido fáciles para Kip, y Kyle ha sido un buen amigo para él.
—¿No han sido fáciles? —preguntó Eric.
Por lo que él sabía, Kip había encontrado al príncipe azul y se irían a ser felices y comer perdices juntos.
—De golpe se ha convertido en el centro de atención. Sé que es feliz conmigo, pero el resto no ha sido fácil. Ha perdido amigos y ha tenido que lidiar con ser la mitad de una pareja muy pública. Recibimos muchísimo apoyo, y eso es fantástico, pero también recibimos… de todo.
Eric lo sabía, obvio. Había visto los comentarios publicados al final de los artículos en internet y había oído las idioteces que gritaba la gente cuando el equipo salía de viaje.
Joder, había oído a gentuza (se negaba a llamarlos fans) gritar hasta en sus partidos en casa en Nueva York.
Siempre le enfurecía. Aunque ahora se daba cuenta de que solo había sentido indignación en nombre de Scott cuando oía los insultos. Nunca se había sentido interpelado.
—Lo siento —dijo por fin.
Scott hizo un gesto con la mano.
—Me he pasado toda la vida preocupado por lo que piensen los demás. Estoy harto.
Eric sonrió al oír eso.
—Entonces —dijo Scott— ¿vas a salir por ahí? ¿A ligar?
—Bueno, todavía no. Pero me gustaría.
—Con hombres, ¿eh?
—Quizá. Supongo que siento curiosidad. —Eric se burló—. Uf, eso suena tan a cliché…