Capítulo 10 #3
—Ay. Creo que Justin está viniendo. Me pregunto cuál de los dos le habrá llamado la atención.
—Tú, obvio —dijo Eric—. Espera, ¿está viniendo?
—Hey —dijo una voz detrás del hombro de Eric—. Solo quería decirte que tienes unos ojos preciosos.
Levantó la vista hacia el hombre que había pronunciado con naturalidad las palabras que Eric llevaba días pensando en privado. Era, efectivamente, el chico mono que parecía ser contable. Quizá aún más mono de cerca.
—Ay, gracias —dijo Kyle en tono travieso—. ¿Has venido hasta aquí solo para decirme eso?
—Pues depende —le dijo con una mirada interrogativa hacia Eric—. ¿Estás disponible para escuchar más?
Eric empezó a echar la silla hacia atrás. Inventaría una excusa, iría a la barra o al baño. Quizá se iría a casa. Debería dejar que Kyle se quedara con el contable.
Antes de que tuviera oportunidad de marcharse, Kyle habló:
—De hecho, esta noche celebramos nuestro aniversario. —Se inclinó sobre la mesa y le cogió la mano a Eric. Eric se quedó boquiabierto—. Bueno, el mesiversario, verdad, ¿amor?
Los ojos de Kyle estaban llenos de picardía. Los de Eric debían de mostrar su confusión, pero se las arregló para decir:
—Claro.
—Me lo imaginaba. —El tipo suspiró—. Pero tenía que intentarlo.
—Eres mono —dijo Kyle sin soltar la mano de Eric—. ¿Cómo te llamas?
—Alex.
Kyle le dedicó a Eric una rápida sonrisa victoriosa y le dijo:
—Yo soy Kyle, y él es Eric. Mi novio.
Alex asintió.
—Bueno, feliz mesiversario.
—Gracias —dijo Kyle—, Alex.
Eric aguantó para no poner los ojos en blanco. Cuando Alex se fue, Kyle soltó la mano de Eric y se recostó en la silla. Cruzó los brazos sobre el pecho, con una expresión de satisfacción total.
—Vale —dijo Eric—. Has adivinado el nombre. Felicidades.
—Soy un genio.
—Has tenido suerte.
—Podría haberla tenido —dijo Kyle nostálgico mirando en la dirección en la que se había ido Alex.
—¿Por qué le has dicho que somos pareja?
—Porque no te voy a abandonar esta noche. Estoy aquí para echarte una mano.
—Podría haberme ido a casa. No pasa nada. De todos modos, tengo que entrenar mañana por la mañana.
—¿Te quieres ir a casa?
No. Eric quería disfrutar de esa imagen de Kyle durante el mayor tiempo posible.
—Puedo quedarme un rato.
Kyle se lo estaba pasando bien.
Vale, sí, no le habría importado irse con el mono de Alex y, sí, era raro que hubiera mentido de improviso diciendo que era el novio de Eric, pero aun así… Desde luego, no se aburría.
Eric había ido a la barra a por la segunda ronda y Kyle había insistido en que quería un refresco y no otro cóctel, lo cual era la segunda mentira que había dicho esa noche.
De verdad quería ayudar a Eric. Lo más probable era que estuviera más involucrado de lo que debería en la idea de guiar a Eric hacia su primera experiencia sexual con un hombre.
Quería asegurarse de que la primera vez de Eric fuera agradable.
Que fuera con alguien paciente, dulce y bueno.
Alguien que entendiera lo importante que era aquello.
Normalmente, a Kyle no le habría parecido importante algo así.
Las aventuras esporádicas habían sido su forma de vida durante tantos años que le costaba mucho considerar el sexo como un acontecimiento especial.
Una parte de él quería empujar con suavidad a Eric hacia los brazos del primer hombre que le llamara la atención, pero sabía que eso no era lo que Eric quería.
Eric buscaba algo más. Una cita. Un… novio, supuso Kyle. Alguien con quien compartir comidas y conversaciones. Alguien con quien compartir su vida. Por mucho que Kyle quisiera ayudarle, era muy consciente de que él mismo no había sido capaz de encontrar eso, y mucho menos para otra persona.
Así que quizá ambos necesitaban un poco de práctica.
—Hay mucha gente ahí arriba —dijo Eric al volver. Dejó dos vasos idénticos de gaseosa sobre la mesa y se sentó—. Creo que el camarero estaba tonteando conmigo.
—Es normal que lo hagamos —dijo Kyle—. Aunque, a veces, va en serio. ¿Era mono?
Eric se encogió de hombros.
—He visto mejores.
«Ay, Eric. No ayudas».
—¿Y has tonteado con él?
—La verdad, no tengo ni idea. Supongo que lo he intentado. No tengo ni idea de cómo hacer este tipo de cosas.
—Creo que te estás subestimando. Pero —Kyle soltó un suspiro exagerado— supongo que estoy aquí para enseñarte.
Los ojos oscuros de Eric brillaron.
—¿Qué estarías haciendo ahora mismo, en este bar, si no estuvieras aquí con tu «novio»?
—Bueno, lo más probable es que estuviera pasando de tercera base con nuestro amigo Alex en este momento.
Eric casi escupió la bebida.
—¿«Tercera base»? ¿Cuántos años tienes?
—Veinticinco.
Eric estaba de broma, pero Kyle se dio cuenta de que nunca le había dicho cuántos años tenía. La risa desapareció de los ojos de Eric en cuanto oyó el número.
—Ah.
—¿Es más o menos de lo que esperabas?
—Creo que es lo que había supuesto. Pareces más joven de lo que eres. —Eric se encogió—. O sea… Tenemos compañeros jóvenes en el equipo, de unos veinte, que parecen de tu edad.
—¿Ah, sí? ¿Y están buenos?
Eric se sonrojó.
—Nunca miraría así a un compañero de equipo. Y menos aún a uno de los niños. Dios.
«Niños».
—Claro —dijo Kyle frío—. De treinta para arriba. Se me había olvidado.
Se quedaron en silencio un momento y se sintió una tensión rara. Kyle estaba molesto y no sabía muy bien por qué. Se armó de valor y dijo:
—Bueno, si estuviera aquí para ligar, en lugar de celebrar mi primer mes de relación con mi encantador novio, lo más seguro es que estuviera en la barra.
Si viera a alguien que me gustara, le enviaría algunas señales claras y esperaría a que se acercara a mí.
Una vez que hay muestras de interés por las dos partes, el resto es fácil.
—¿Fácil?
—Sí. Decides a dónde vas a ir, quizá qué vas a hacer cuando llegues ahí, y luego… Vas y lo haces. —Kyle se encogió de hombros—. Como he dicho, casi todo el mundo aquí espera follar esta noche. No hay duda al respecto. El truco está en encontrar a la persona adecuada.
—¿Y si alguien solo busca hablar? ¿Quizá darse el número de teléfono?
Kyle pensó al respecto. Se imaginó a sí mismo en el papel de ese hombre, aquel al que Eric se acercaba en un bar porque pensaba que podría ser agradable charlar con él.
¿Se mostraría Eric tímido al entablar conversación o tranquilo y seguro de sí mismo, con esa serena diversión en los ojos que hacía que Kyle quisiera besarlo?
—Creo que sería un cambio refrescante —dijo Kyle—. Hace tiempo que no tengo una primera cita de verdad.
—Lo más probable es que no tanto como yo. Veinte años, más o menos.
Hace veinte años, Kyle tenía cinco. Pero no le pareció oportuno mencionarlo.
Eric levantó la muñeca para mirar el reloj que parecía de lujo, y fue entonces cuando Kyle se dio cuenta de algo.
—Te has quitado el anillo.
Eric se miró los dedos como si no tuviera ni idea de a qué se refería Kyle.
—Sí. Pensé que igual ya era hora.
Lo dijo como si no fuera gran cosa, pero Kyle supuso que no le había resultado fácil.
—Mi primer consejo para ligar iba a ser: quítate siempre el anillo de casado antes de intentar ligar.
Eric se rio.
—Quizá debería haberme dado cuenta antes. Decía que lo llevaba por superstición, pero lo más probable es que lo llevara como un escudo.
—No estabas preparado —dijo Kyle con delicadeza.
—No —asintió Eric—. Y, por muy raro que me resulte no llevarlo ahora, creo que estoy listo para volver a empezar.
—Quitarte el escudo.
Eric asintió.
—Quitarme el escudo. —Flexionó los dedos y luego apoyó la mano sobre la mesa—. Esto te va a parecer una tontería, pero me pone nervioso jugar sin él.
—¿Sin el anillo?
Eso no tenía ningún sentido para Kyle.
—Sí. Pasado mañana nos vamos de viaje, y será la primera vez que juegue un partido sin llevar el anillo desde mi segunda temporada.
Kyle creyó haberlo entendido.
—Eres supersticioso.
—Mucho. Sé que el anillo no me convierte en mejor portero, pero aun así… Será raro.
—Tendrás que buscar un nuevo amuleto de la suerte.
La imaginación de Kyle inició otra aventura en la que Eric llevaría algo que Kyle le hubiera regalado debajo de su equipamiento de hockey. Quizá una fina pulsera de cuero…
—Ya tengo muchas manías de supersticioso. No necesito una nueva.
—¿Ah, sí? ¿Como cuál?
Eric cruzó los brazos.
—Ni de broma. Te reirás de mí.
—Que no. No te imagino haciendo nada demasiado extravagante. ¿Qué es? ¿Calcetines de la suerte?
—Me pongo el equipo y me lo quito siempre en el mismo orden. Siempre.
—Vale. ¿Y qué ocurre si no lo haces?
—No lo sé. Nunca lo he hecho.
—Pero sí has seguido el orden y has jugado mal.
—Claro.
—Entonces…
Eric resopló.
—Lo sé. No tiene sentido. Da igual.
—¡Que no! Que no me estoy riendo de ti, te lo prometo. Es solo que… me interesa.
—¿Te interesa lo loco que estoy? —Eric sonrió—. Y aún hay más. ¿Te creerías que hablo con los postes de las porterías?
A Kyle se le abrieron los ojos de asombro.
—¿En serio?
—En serio, sí.
—Eso parece tan… ¿poco tú? ¿Qué les dices a los postes?
—Les doy las gracias cuando detienen un puck que se me ha escapado. Me quejo de los demás jugadores ante ellos. —Eric se encogió de hombros—. A veces, ser portero es un trabajo solitario.
—Eso es superadorable. Me encanta.
Eric sonrió y luego se tapó la boca con una mano mientras bostezaba.
—¿Necesitas irte a la cama? —preguntó Kyle.
—Sí. Intento acostarme antes de las once casi todas las noches. Esta es la segunda noche seguida que me acuesto tarde.
—Soy una pésima influencia.
—Quizá sea lo que necesito.
Aquello quedó en el aire durante un momento cargado de tensión. Entonces, Eric se levantó, cogió el abrigo y se lo echó por encima mientras se dirigía hacia la puerta. Sin duda parecía tener prisa.
Kyle se acomodó la ropa con disimulo bajo la mesa, luego cogió la cazadora, que le quedaba corta, y se la puso encima mientras seguía a Eric fuera del bar.
—Te acompaño a casa —dijo Eric cuando ambos estaban en la acera.
No tenía por qué hacerlo, pero Kyle no iba a rechazarlo.
Caminaron media manzana y Eric dijo:
—Gracias por esta noche.
—¿Crees que ha servido de algo?