Capítulo 10 #2
Kyle entrecerró los ojos como si lo estuviera pensando con detenimiento.
—A la mayoría, creo.
Eric dio un sorbo a su refresco en lugar de responder.
—¿Qué? Los jugadores de hockey se besan entre ellos todo el rato. Que yo lo he visto —bromeó Kyle.
—No suele ser en la boca.
—Una pena.
Eric negó con la cabeza mientras sonreía.
—¿Qué bebes?
—Es algo otoñal y picante que se le ha ocurrido a Calvin. Aunque después de esto me pasaré al refresco.
A Eric le conmovió que Kyle estuviera dispuesto a dejar de beber por su bien, pero la verdad es que no era necesario.
—No tienes por qué.
Kyle hizo un gesto con la mano.
—No me importa. Además, estamos aquí en una misión. Necesito mantener la mente despejada.
Se inclinó hacia él.
—Bueno. ¿Quién te gusta?
La pregunta pilló a Eric desprevenido. Y también la respuesta que le vino a la mente enseguida: le gustaba Kyle. Le gustaban sus ojos azul claro y su peinado, que estaba tan cuidado. Le gustaba el poco de clavícula que sobresalía del amplio escote en V de Kyle.
—No lo sé —mintió Eric—. Aquí todo el mundo es muy atractivo.
Kyle se volvió hacia un lado y observó a la multitud durante un momento antes de volver a mirar a Eric.
—Es un buen bar para eso. ¿Y ese qué te parece?
Asintió con la cabeza hacia alguien que estaba detrás de Eric, lo que significaba que Eric tendría que darse la vuelta para verlo.
—¿Quién? —preguntó Eric sin volverse.
—Alto, con barba, musculoso.
Eric se giró, tratando de ser lo más discreto posible, y enseguida vio al hombre que Kyle había descrito. Sin duda era guapo, pero más en el sentido en que lo eran sus compañeros de equipo, lo cual no le entusiasmaba.
—Atractivo —asintió Eric mientras se volvía hacia Kyle—. Pero no es para mí.
Kyle arqueó la ceja mientras daba un sorbo a su bebida.
—¿Demasiado grande? ¿O peludo? ¿Qué le pasa?
—Creo que… —Dios, aquello era una tortura—. Demasiado… jugador de hockey.
Kyle se rio como si fuera lo más gracioso que hubiera oído en su vida. Eric se cubrió la cara con las manos.
—No puedo hacer esto —se quejó.
—Sí que puedes. Lo pillo. Así que buscaremos a alguien menos macho y atlético.
—No he dicho que no sea atlético —protestó Eric—. Solo que no… ese tipo. No lo sé.
—¿Y qué tal este de aquí? —Kyle señaló descaradamente con el dedo a la mesa de al lado y Eric se lo apartó.
—¡No señales!
Kyle cruzó los brazos.
—Amor… Todos estamos aquí por lo mismo.
Eric miró en la dirección que Kyle había señalado y vio a tres hombres tomando cócteles. Uno le estaba sonriendo.
Eric se volvió rápido hacia Kyle.
—¡Parece que tenga diecinueve años!
—¿Eso es un no?
—Es un no rotundo.
—Está bien saberlo.
Eric lo fulminó con la mirada.
—¿Me estabas poniendo a prueba?
—Qué va. En primer lugar, tiene más de diecinueve años. Y, en segundo lugar, yo salía con hombres de tu edad cuando era más joven que él.
A Eric no le gustaba pensar en eso.
—Bueno, no me interesa nadie tan joven.
Kyle desvió entonces la mirada hacia la mesa mientras fruncía el ceño.
—¿Cuál crees que sería una edad adecuada?
—No lo sé. ¿Unos treinta, mínimo?
Eric había elegido ese número porque le parecía bien. Estaba bien, ¿no?
—Oído —dijo Kyle. Sonó un poco frío—. Vamos a ver… —Echó un vistazo por la sala—. Vale. ¿Qué tal ese contable tan guapo de por ahí?
Eric vio al hombre al que se refería Kyle. Parecía tener unos treinta años, era delgado, rubio y de aspecto pulcro, con gafas y un jersey de cuello de pico sobre una camisa de cuadros. Era mono, sin duda.
—Ah —dijo Eric. Volvió a mirar a Kyle, que sonreía de oreja a oreja.
—¿La he clavado esta vez?
«Casi».
—Es muy…, sí. Me gusta.
—Parece inteligente, pero no pretencioso —reflexionó Kyle—. Adivinemos su nombre.
Eric se burló:
—No se puede adivinar el nombre de alguien con solo mirarlo.
—Pero sí te puedes divertir intentándolo —insistió Kyle—. Apuesto a que se llama… Alex.
—Ay, qué ridículo… —dijo Eric—. Además, seguro que se llama Justin.
Kyle se rio.
—¿Ves? Es divertido. Así que Justin, el contable…
—¿Habíamos acordado que es contable?
—Sí. Y es de… Wisconsin.
—¿Wisconsin?
—El pequeño Justin dejó la granja para irse a Nueva York y perseguir sus grandes sueños de contable.
—Y aquí está.
—Y aquí está. A punto de llevarse a la cama a una superestrella de la NHL .
Eric casi se atragantó con la gaseosa.
—De eso nada.
Kyle se inclinó sobre la mesa y le puso una mano en el antebrazo.
—Es broma.
A Eric se le puso la piel de gallina bajo las yemas de los dedos de Kyle.
—Más te vale.
Kyle se echó hacia atrás en la silla y retiró la mano.
—Por cierto, estás muy sexy. Me gusta la camiseta.
—Ah. —Eric contuvo el impulso de tocársela—. Gracias. Tú también estás muy bien.
—En una escala del uno al «tierra, trágame», ¿cómo de incómodo te sientes?
Sonrió.
—Rozando el «tierra, trágame».
—Tranquilízate. No vamos a hacer nada con lo que no te sientas cómodo. Te lo prometo. Solo estamos hablando y disfrutando del paisaje.
—¿Hasta qué punto se parece a esquiar en los glaciares de los Alpes?
Kyle sonrió mientras su mirada seguía a un apuesto hombre de pelo oscuro que pasaba junto a su mesa.
—Bastante.
Eric se rio entre dientes y dio un sorbo a su bebida, pero se le encogió el corazón con algo que se parecía en cierto modo vergonzoso a los celos.
—¿Así que no le has dicho a Scott que eres bi? —preguntó Kyle mientras desviaba la atención de Eric de sus confusos sentimientos.
—No, todavía no. Quiero hacerlo.
—¿Crees que se sorprenderá?
Lo más probable, pensó, era que Scott se sintiera herido cuando Eric se lo contara por fin.
—No lo sé. Quizá.
—¿Te sorprendió cuando él salió del armario?
Se pensó la respuesta antes de responder.
—Me sorprendió que saliera del armario, pero no tanto que fuera gay.
—Me quedé de piedra cuando lo vi besando a Kip en la tele. Justo lo estaban poniendo en la pantalla gigante que hay en el trabajo y casi se me cae una bandeja entera de vasos.
—Yo ya sabía que eran pareja y aun así me quedé flipando.
—Fue la hostia de valiente. Por lo que significa, ¿sabes?
El ambiente en el bar aquella noche, después de lo que hizo…
Uf, era como si todos hubiéramos ganado la Copa Stanley.
Fue una gran fiesta, desde luego. —Kyle resopló—.
Y me hizo sentir bastante idiota por pensar que tenía alguna oportunidad con Kip.
Pobre Kyle. Eric quería decirle algo para consolarlo, pero no. La verdad era que Kyle no tenía ninguna oportunidad con Kip.
—No fuiste idiota. Scott y Kip consiguieron mantener su relación en secreto. Nadie lo sabía.
—Ya. Bueno.
—¿Y tú qué? —preguntó Eric cambiando de tema—. ¿Quién te ha llamado la atención aquí esta noche?
Kyle apretó los labios y se mostró un poco tímido. Por un instante, Eric pensó que iba a decir que era él quien había llamado la atención a Kyle. Pero entonces Kyle dijo:
—A las cuatro en punto. El de camisa azul oscuro.
Eric se volvió, como fingiendo buscar algo en el bolsillo del abrigo, y luego levantó la vista para ver a un hombre alto con el pelo canoso que llevaba una impecable camisa azul de vestir desabrochada en la zona del cuello. Eric se volvió hacia Kyle, sorprendido.
—Parece… maduro. Para ti.
—A mí me gustan así.
—Pero creía que evitabas a los hombres así.
«Como yo».
—Lo intento. Pero no puedo evitar sentirme atraído por ellos. Sé que es una mala idea irme con ellos.
Eric jugueteó con el vaso.
—¿Por qué te gustan mayores?
Kyle soltó un suspiro.
—Es una gran pregunta.
—No tienes por qué decírmelo —dijo Eric, aunque le picaba la curiosidad por saber por qué alguien como Kyle podría sentirse atraído por alguien como él.
—Lo puedo intentar. Supongo que tiene algo que ver con lo que siento cuando estoy con ellos.
Me gustan los hombres de mi edad, no me malinterpretes.
Me he acostado con muchos y lo he pasado genial, pero los mayores…
—Kyle se mordió el labio—. Me hacen sentir poderoso.
Como si fuera irresistible y ellos hicieran cualquier cosa por complacerme.
—Sonrió, con la mirada perdida en un sueño—. Es un subidón.
Eric exhaló algo tembloroso mientras la sangre le subía a la polla.
Kyle acababa de describir las vagas fantasías que habían estado abrumando a Eric durante meses y, en especial, en las últimas dos semanas.
Quería complacer a Kyle. Quería mimarlo hasta la saciedad y que Kyle lo recompensara por ello como él quisiera.
Quería que aquel joven impresionante lo conquistara y dejara a Eric jadeando por querer más.
—Pero ¿te han hecho daño? —preguntó Eric, porque necesitaba escuchar la otra cara de la moneda en ese momento. La oscuridad que se cernía sobre esa fantasía.
—No físicamente. Pero nunca ha acabado bien con ninguno de ellos. Demasiadas mentiras o… —Kyle hizo un gesto con la mano—. En fin. Da igual.
Eric quería saber más, pero no quería presionar. Lo que se le escapó de la boca fue:
—No te merecían.
La sonrisa de Kyle era triste y totalmente fuera de lugar.
—Es un detalle por tu parte que me digas eso.
Es que lo era, era cierto. Si Eric tuviera la suerte de llevarse a Kyle a la cama, lo trataría como a un príncipe.
Una vívida imagen de Kyle recostado, desnudo, sobre una montaña de almohadas, se le vino a la cabeza a Eric.
Eric estaría entre sus piernas abiertas, usando las manos y la boca para dar placer a Kyle tal y como él le indicara.
Dio un largo sorbo a su bebida y dio las gracias en silencio al universo porque, en ese momento, la mesa ocultara su entrepierna.
—Aunque tampoco me importaría llevarme a casa a Justin, el contable —dijo Kyle con una sonrisa pícara—. O al twink , la verdad. O a cualquier combinación con los tres.
Eric se había perdido por completo. ¿Tríos? ¿Cuartetos? Él solo quería encontrar a un hombre agradable con el que cenar. Y quizá darle un beso de buenas noches.
—¿Entonces no eres muy exigente?
—Uy, sí. Pero me gusta probar cosas de todos los pasillos del súper.
Eric se rio nervioso. Tenía la cabeza hecha un lío.
—Vale.
Kyle arqueó las cejas.