Un mismo objetivo (Game Changers 4) Capítulo 9 #2
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Capítulo 9 #2

Kyle se prometió a sí mismo dejar de tontear con el pobre Eric. No le hacía ningún favor a ninguno de los dos. Encontró dos tazas de café de cristal transparente (todos los vasos de Eric parecían ser de ese material) y las llenó de café.

—Otra suposición: no tienes leche entera.

—Tengo de avena.

—Hostia puta. Vale. ¿Dónde la tienes?

—En la nevera. Es una botella de cristal sin etiqueta, pero es la única que parece leche. Está junto a la que es un zumo verde.

Kyle abrió la nevera y se quedó mirándola sin pestañear durante lo que debió de ser un minuto entero.

Parecía más una cámara frigorífica de un laboratorio que una nevera.

Para empezar, estaba impoluta. En uno de los estantes había una serie de botellas de cristal sin etiqueta que contenían líquidos de varios colores y de aspecto muy saludable.

En otro estante había tarros llenos de lo que parecía una especie de avena o cereales remojados.

Había huevos, yogur, frutos rojos y algunas especias, todo superbién organizado.

Los cajones para verduras parecían estar llenos de productos frescos.

Kyle pensó en la nevera del piso que compartía con Maria, que estaba abarrotada de dios sabía qué. Sin duda, de queso, cerveza y sobras de comida para llevar. Quizá también hubiera alguna verdura por ahí.

—Esto parece un anuncio de un catálogo de neveras —dijo Kyle—. Así es como me imagino que sería la de Gwyneth Paltrow.

—No hay ningún chiste que puedas hacer sobre mi dieta que mis compañeros de equipo no hayan hecho ya un millón de veces.

—Eres tan saludable… ¿Cómo lo haces?

—Es importante. No puedo rendir al máximo si no cuido mi cuerpo. Sobre todo, con mi edad.

—Claro. Menudo vejestorio a los cuarenta y uno.

—En años de hockey soy un anciano.

—Bueno, pues para mí no estás nada mal.

«Ups». Le dio a Eric una taza de café solo; al mirarlo a los ojos, advirtió el mismo interés que había visto la noche anterior. Kyle retiró la mano rápido, sin fiarse de sí mismo para no rozar los dedos de Eric con los suyos. «Estúpido y sensual Eric».

Kyle dio un sorbo al café, que estaba preparado a la perfección, cuyo sabor solo se veía un poco alterado por la leche de avena, e intentó pensar en una forma de echar un jarro de agua fría a la conversación. Necesitaba alejarse de lo sexual.

Pero Eric lo fastidió todo al decir:

—Últimamente he estado pensando mucho en el sexo.

—¿Ah, sí? —preguntó Kyle con voz de pito—. ¿Por algún motivo en concreto?

—Sí. Es que, eeeh, soy bisexual. —Eric soltó un suspiro después de decirlo—. Nunca lo había dicho en voz alta. Es fuerte.

«Espera. ¿Qué cojones?».

—¿No se lo habías dicho nunca a nadie?

—No. Aún no. Pero quiero hacerlo. Es solo que… no lo he hecho. Todavía.

—¿Pero me lo estás contando a mí?

Eric frunció el ceño.

—¿No debería haberlo hecho?

Ay, madre. Kyle parecía idiota.

—¡No! No, claro, me alegro de que me lo hayas contado. Me… halaga. Que sientas que puedes confiar en mí. Puedes hacerlo, ya lo sabes. Confiar en mí. No se lo contaré a nadie.

—Te lo agradezco. Quiero contárselo al resto pronto. Pero de momento… Quería contárselo a alguien. Si es que eso tiene sentido.

—¡Claro que sí! Obvio. Menudo elogio. Pero eso no responde a mi pregunta de por qué estás pensando tanto en el sexo últimamente.

—Ya. No era eso lo que quería decir. —Eric se rio incómodo—. Es más bien que he estado pensando en quizá, ya sabes, salir con alguien. Con hombres, me refiero. Pero no sé muy bien cómo.

—¿Cómo? Tipo…, ¿que no sabes cómo pasártelo bien con un hombre?

—Ni siquiera sé cómo encontrar a un hombre con quien pasármelo bien.

Kyle esbozó una amplia sonrisa.

—No soy ningún experto, bueno, eso es mentira, sí lo soy, pero creo que podrías entrar en un bar gay y salir con, tipo, cinco hombres muy dispuestos. Tú te has visto, ¿verdad?

Eric negó con la cabeza, pero sonreía.

—¿Tengo que silbar o algo así para anunciar mi presencia?

—Sí. O, si puedes, ¿hacer uno de esos gritos de cerdo?

—Ay, dios —dijo Eric mientras se reía—. Qué asco.

—Bueno, has sido tú el que ha preguntado cómo ligar con hombres. No me culpes si no te gusta cómo funciona.

Eric, que continuaba riéndose, dijo:

—Si se te ocurre algún consejo que le pueda ser útil a un divorciado de cuarenta y un años que quiere conocer a un hombre agradable, por favor, dímelo.

—¿Buscas a alguien con quien salir o solo, ya sabes, intercambiar mamadas?

A Eric se le puso la cara roja, cosa que fue interesante de ver.

—No lo sé. Alguien con quien salir, creo. Intercambiar, eeeh…, suena tan… como si fuera una transacción…

—Es lo que es, supongo. Pero también está muy bien.

—No creo que pudiera hacer eso. Nunca he sido de rollos de una noche. Me gusta conocer primero a la persona.

—Está bien. No eres el único que prefiere eso. Seguro que podremos encontrarte a un hombre agradable con quien cenar.

—¿Podremos?

—Sí. Claro. Quiero ayudarte. —Era una idea nefasta, pero Kyle iba a por todas—. Deberíamos salir juntos. Ver cuál es tu tipo y a partir de ahí ir haciendo…

—Aaah…

—No tiene por qué ser, tipo, en una discoteca. Podría ser algún sitio como el Kingfisher, pero sin que sea el Kingfisher, por dios, e ir a tomar una copa y ver qué se cuece.

Observó con atención la cara de Eric. No parecía repugnarle la idea, así que eso ya era un punto a su favor.

—Cuando dices «y a partir de ahí ir haciendo…».

Kyle levantó las manos.

—Sin presión. Solo estoy sugiriendo una salida superinformal en la que veamos qué tal va, con discreción. Es un primer paso fácil y seguro.

Eric pareció pensárselo.

—Vale.

—¡Genial! —Kyle se emocionó al oírlo—. A mí también me irá bien, porque yo necesito que me dé el aire.

—Entonces ¿cuándo quieres hacerlo?

Kyle se tamborileó con los dedos en los labios.

—Mañana por la noche trabajo. Podría el domingo…

—El domingo tengo partido. Podría el lunes.

—Trabajo. ¿El martes?

—El martes estoy en Boston. Y luego me voy a Toronto.

Maldita sea. No había manera de coincidir.

—Bueno —dijo Eric despacio—, ¿y qué tal esta noche?

—¿En serio?

—Claro. No hay mejor momento que el presente, ¿no?

—Conozco el sitio perfecto. Hay un bar estupendo que se llama Fortune que es muy tranquilo, pero los viernes se llena, así que tendremos mucho que ver. Conozco al encargado del bar y es un encanto. Nos atenderá muy bien.

—Vale. —Eric se mordió el labio—. ¿Qué me pongo?

Kyle dio una palmada.

—Me encantas con camisa de vestir, pero anoche estabas sexy que te cagas con camiseta y vaqueros.

Eric bajó la cabeza con un gesto adorable.

—¿Sexy que te cagas?

—Sí. Deberías ir así. Vístete informal, como si no te estuvieras esforzando demasiado, porque no hace falta. Tendrás donde elegir entre los hombres.

—Pensaba que solo íbamos a ver qué tal.

—Así es. Estoy de broma. ¿Por qué no me pasas a buscar por casa? Vivo a un par de manzanas del Fortune. Dame tu móvil.

Eric cogió el móvil de donde se estaba cargando en la encimera de la cocina y se lo dio a Kyle. Él introdujo los datos de contacto, incluida la dirección, se envió un mensaje a sí mismo y luego le devolvió el móvil a Eric.

—Debería irme —dijo Kyle—. Tengo un montón de lecturas pendientes para la universidad.

—Claro. Vale.

Kyle se dirigió a la habitación de invitados y se puso enseguida la ropa que llevaba la noche anterior.

—Te echaré de menos más que a nada, cama perfecta —dijo mientras salía de la habitación.

Eric lo acompañó hasta la puerta principal y compartieron un momento algo incómodo en el que Kyle sintió la necesidad de darle un beso de despedida. Se conformó con un abrazo rápido, lo cual parecía bastante normal. Kyle abrazaba a todo el mundo.

—Te veo esta noche —dijo rodeando con los brazos la espalda de Eric.

—Sí —asintió Eric mientras cubría a Kyle con los musculosos brazos.

Olía de maravilla (quizá a un champú especiado y varonil) y Kyle apenas pudo contenerse para no acariciar con la nariz su cuello. Entonces sintió el suave roce de Eric suspirando contra su oreja y de golpe a Kyle le resultó muy difícil soltarlo.

El abrazo duró un instante de más para considerarse rápido y amistoso, pero Kyle intentó fingir que no había sido así.

Eric parecía estar haciendo lo mismo mientras metía una mano en el bolsillo de los pantalones de chándal y levantaba la otra para saludar con torpeza.

Kyle asintió con la cabeza, retrocediendo hasta chocar con la puerta.

Se volvió rápido, abrió la puerta y saltó por las escaleras en busca de seguridad.