Capítulo 9
Kyle se despertó tarde.
Se estiró con pereza, deslizando las extremidades entre las capas de las suaves y lujosas sábanas de la cama de Eric.
Eran tan maravillosas que había dejado el pijama que Eric le había prestado en la silla y había dormido en ropa interior.
Las caricias del tejido no habían servido para calmar la excitación desenfrenada de Kyle, pero se había resistido a la tentación de masturbarse la noche anterior.
No le parecía bien hacerlo en casa de Eric. No quería ser grosero.
Pero su polla lloraba por algo de atención. Kyle había hecho todo lo posible por ignorarla, dándose la vuelta, quedándose boca abajo y hundiendo la cara en una almohada.
Eric lo había mirado con deseo la noche anterior, Kyle estaba seguro.
Lo habían mirado con deseo muchas veces en su vida, y el ardor en los ojos de Eric cuando había contemplado el pecho desnudo de Kyle había sido inconfundible.
Por no hablar de la forma en que había salido corriendo de la habitación, nervioso y adorable.
Eric lo deseaba.
Pero eso no significaba que Eric fuera a hacer nada al respecto. Y tampoco significaba que Kyle quisiera que hiciera nada al respecto. Eric, Kyle se recordó a sí mismo, estaba fuera de su alcance.
Sus ojos oscuros estaban fuera de su alcance. Sus musculosos antebrazos y su pecho grande estaban fuera de su alcance. Su barba con mechas canosas y su preciosa y espesa melena también lo estaban.
Kyle no sabía cuánto tiempo llevaba frotándose contra el colchón, pero tenía que parar. Ni siquiera había visto una caja de pañuelos en la habitación.
Se obligó a levantarse de la cama, se ajustó la erección bajo los calzoncillos con la esperanza de que se le pasara cuanto antes. Normalmente se permitía una sesión de paja sin prisas cuando se despertaba, así que su polla estaba desconcertada y enfadada porque hoy se negara a prestarle atención.
Se puso las gafas y se pasó una mano por el pelo.
Se puso los pantalones del pijama y la camiseta que Eric le había dejado —ambos muy suaves—, cogió el cepillo y la pasta de dientes, abrió en silencio la puerta del dormitorio y se deslizó por el pasillo hacia el baño.
No estaba seguro de si Eric estaría ya despierto.
Parecía madrugador, pero había sido una noche muy larga.
Kyle se aseó en el baño y pensó en darse una ducha.
A su polla le encantaba la idea, pero no iba a dejar que esa idiota eligiera por él.
No estaba seguro de dónde guardaba Eric las toallas ni de si sería demasiado atrevido usar la ducha.
La casa estaba tranquila. Kyle se dirigió a la cocina con la esperanza de encontrar el café que Eric le había prometido, pero no había nadie. Las botellas que Kyle había enjuagado la noche anterior ya no estaban a la vista, así que Eric debía de estar despierto.
Kyle se quedó de pie al final de la escalera que llevaba a las dos plantas superiores, pero no podía ver más allá del punto donde la escalera daba la vuelta.
Subió poco a poco los escalones, esperando que Eric se diera cuenta antes de que Kyle pareciera un acosador.
Cuando la habitación de arriba quedó a la vista, se quedó boquiabierto.
Todo el piso parecía ser un estudio. La pared frontal estaba repleta de ventanas y las demás paredes eran blancas, por lo que se reflejaba el sol del mediodía.
El suelo era de madera clara y la habitación estaba decorada de forma minimalista con frondosas plantas verdes y discretas obras de arte.
Era un espacio precioso, pero lo más impresionante era el hombre que había en medio de la habitación haciendo la vela, sin camiseta, apoyado en los codos y con las piernas estiradas por encima de la cabeza en una línea recta perfecta.
Kyle se quedó un momento contemplando la tensión de los musculosos antebrazos y bíceps de Eric. Las elegantes líneas de sus pies descalzos. Los músculos marcados de su espalda. Era la perfección física.
—Hostia puta —susurró Kyle, lo que hizo que Eric abriera los ojos.
Frunció el ceño al verlo, luego flexionó las rodillas con calma, recogiendo las piernas contra el cuerpo antes de pasar poco a poco a una posición de rodillas sobre la esterilla.
—Buenos días por la mañana —dijo Eric.
—¿Todavía es por la mañana?
—Apurando.
Eric se puso de pie y se acercó poco a poco hacia Kyle, con el pecho reluciente de sudor. Tenía el pelo oscuro cubriéndole los pectorales, que era justo como Kyle se lo había imaginado. Cuando se había permitido imaginarlo. Lo cual era más a menudo de lo que debería.
—Siento interrumpir.
—No pasa nada. ¿Tienes hambre?
—Siempre.
—Déjame coger la camiseta.
—¿Hace falta? —Kyle se sintió mal—. Lo siento.
Eric se rio entre dientes mientras recogía la camiseta del suelo.
—No has aguantado ni cinco minutos.
—Bueno, ¿acaso me puedes culpar? —Kyle señaló con las manos el pecho desnudo de Eric—. Eso no me lo esperaba.
—Me aseguraré de mandarte un mensaje antes de quitarme la camiseta en el futuro.
Los dos se quedaron un poco paralizados después de que Eric dijera eso. Entonces Kyle se rio, sobre todo para romper la tensión.
—Te lo agradecería.
—Voy a preparar café. ¿Qué te gusta comer por las mañanas?
Eric bajó las escaleras y Kyle lo siguió.
—Lucky Charms, Cocoa Puffs… Ese tipo de cosas.
Eric frunció el ceño.
—Uy. Pues de eso no…
—Es broma. Sé que no nos conocemos bien, pero estoy bastante seguro de que no comes muchos cereales azucarados de mala calidad.
—No. —Su sonrisa era dulce y un poco avergonzada—. No los como.
—¿Ya has desayunado? No tienes por qué darme el desayuno.
—Todavía no. Me gusta hacer ejercicio primero. Tengo hambre.
Llegaron a la cocina y Eric empezó a preparar café. Kyle, sin saber muy bien qué hacer, se sentó en uno de los taburetes de la isla.
—¿Has dormido bien? —preguntó Eric.
—Como un tronco. ¿Y tú?
—Yo igual. No suelo quedarme despierto hasta tan tarde. Estaba agotado. ¿Te gusta el yogur griego?
—Claro.
—Tengo frutos rojos y granola. Y miel.
—Qué elegante.
La cafetera borboteaba mientras Kyle observaba a Eric preparar dos cuencos de yogur con frutos rojos y lo que parecía ser granola artesana por encima.
—Gracias de nuevo por tu ayuda anoche —dijo Eric. Con una sonrisa tímida, añadió—: ¿De verdad crees que todos lo pasaron bien?
—Sin duda. Te adoran y se nota.
—Me respetan —aclaró Eric, colocando un bol con una presentación impecable delante de Kyle.
—Scott te adora. Y Carter también.
Eric se llevó una cucharada de yogur a la boca con expresión pensativa.
—Sabes, durante años fui básicamente un tío solitario en el equipo. Ser portero crea una separación natural entre el resto del equipo y tú de todas formas, pero como además no bebo y no soy el tipo más sociable…, pues bueno. Nunca me sentí del todo parte del grupo.
—¿Y qué cambió?
Eric sonrió.
—Scott Hunter se unió al equipo.
Kyle pasó por alto la opresión que sentía en el pecho, como si lo tuvieran sujetado en un tornillo de banco.
—¿Ah, sí?
—Scotty tampoco es el alma de la fiesta, pero tiene una cualidad que siempre le he envidiado. Se gana el respeto de todos los que lo rodean enseguida. Desde que era rookie . No cabía duda de que algún día sería el capitán del equipo.
—Claro.
—Los demás siempre buscan su aprobación.
Quieren caerle bien. Quieren ganarse su respeto.
Y lo más probable es que Scott se diera cuenta de que no me invitaban a salir con ellos después de los partidos y de que nadie me hablaba en el vestuario.
Así que se aseguró de hablar conmigo. E invitarme a ir con ellos.
Kyle suspiró.
—Es perfecto en todo, ¿verdad?
—Me temo que sí. Lo siento.
Kyle sonrió para sus adentros mientras tomaba una cucharada de yogur con frutos rojos. Estaba bien hablar de esto con alguien que no fuera Maria.
—Necesito salir de ahí. Salir con gente, en serio.
—Ya somos dos.
—¿Ah, sí? —preguntó Kyle animándose. Ahí había un tema de conversación interesante—. ¿No has salido con nadie desde…? ¿O sea, desde…?
—¿Desde que me divorcié? —Eric le ayudó a acabar la frase—. Nop. Con nadie. Ni he tenido rolletes o como sea que se le diga ahora.
—Espera. No has follado desde, eeeh…
—¿Desde que mi mujer me dejó? No.
Kyle sabía que eso no era de su incumbencia, pero no podía resistirse…
—Y eso fue hace…
—Un año.
—Guau. Eso es un, eeeh… ¿Y estás bien?
Eric se rio entre dientes.
—Estoy bien, sí.
—¿Y cómo no estás, tipo, dando brincos de la excitación reprimida?
Eric se lo quedó mirando con una sonrisa sexy y confundida.
—¿Dando brincos de la excitación reprimida?
—¡Sí! Yo estaría… O sea, es que yo hace un par de semanas que no lo hago y ya me follaría este yogur…
—No, por favor. Y nunca he tenido una necesidad apabullante de…
—¿Echar polvos todo el rato todos los días?
—Exacto. Justo eso.
Kyle tomó otro poco de yogur para demostrar que estaba de coña con lo de follárselo.
—¿No te gusta el sexo?
—Claro. A veces. A veces me gusta mucho. Es solo que no me… desespera. Normalmente.
Kyle levantó una ceja.
—¿Normalmente?
—Hay veces que… me distraigo. Con pensamientos sexuales. A veces.
Dios, Eric se estaba poniendo un poco rojo y Kyle estaba en la gloria.
—Quizá la próxima vez que te distraigas con pensamientos sexuales sobre alguien, deberías comprobar si la otra persona también está interesada.
Eric, que justo estaba a punto de tomar otra cucharada, se quedó paralizado. Kyle se dio un tirón de orejas por dentro.
—¿Está listo el café? —preguntó Kyle mientras saltaba del asiento para poner algo de distancia entre Eric y él.
—Sí. Creo. Seguro que sí —tartamudeó Eric, que se lanzó hacia la cafetera y luego se detuvo al darse cuenta de que ahí era donde se dirigía Kyle—. Puedes, eeh… Comprobarlo.
—Parece que sí. La luz está…
—Verde. Sí. La luz verde significa que ya está.
—Vale. —Kyle se rio de lo ridículos que sonaban los dos—. ¿Cómo lo tomas? Solo, ¿verdad? Lo estoy dando por supuesto.
—Solo. Sí.