Un mismo objetivo (Game Changers 4) Capítulo 8
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Capítulo 8

La fiesta duró hasta las tantas. Hacía ya mucho que había pasado la hora a la que Eric solía acostarse. Intentó mezclarse con los demás, yendo y viniendo entre el sótano y el salón de arriba, pero Kyle y él seguían sintiéndose atraídos el uno por el otro como imanes.

No estaba seguro de si Kyle lo hacía a propósito o si solo era que no conocía a mucha gente, pero, casi cada vez que Eric lo veía, estaba solo.

A veces estaba admirando una obra de arte y otras se limitaba a observar la fiesta.

Un par de veces había sacado el móvil. Eric no había podido resistirse a ir a ver cómo estaba cada vez.

Los invitados por fin empezaron a irse y Eric pensó que quizá Kyle se hubiera marchado mientras él estaba arriba, pero cuando volvió al sótano lo encontró recogiendo botellas de cerveza vacías.

—No tienes por qué hacerlo —dijo Eric.

Kyle levantó la vista de donde estaba agachado junto a una mesita auxiliar y sonrió.

—Es costumbre. Y alguien tiene que hacerlo. Tus amigos son unos marranos.

Kyle se había quitado la bufanda y ahora Eric podía admirar las largas líneas de su cuello.

—No son precisamente los más considerados —asintió Eric mientras ayudaba a Kyle a recoger las botellas.

Oyó que la puerta principal se abría y se cerraba un par de veces arriba mientras recogían, y al poco rato dejó de haber indicios de que hubiera alguien más en la casa aparte de ellos dos.

—¿Dónde está Maria? —preguntó Eric.

—Se ha ido hace como una hora. Una de las parejas se ofreció a llevarla a casa. No recuerdo sus nombres, pero la mujer está embarazada.

—Entonces eran Breezy y Martine.

—Gente decente y no asesinos, entiendo, ¿no?

—Son estupendos. Y son de Montreal, así que no tienen problema alguno para conducir por Manhattan.

—Está bien saberlo. ¿Hay que llevar esto a la cocina?

Kyle tenía los brazos ocupados con una docena de botellas vacías. Era evidente que tenía mucha práctica en el arte de llevar grandes cantidades de envases de cristal.

—Sí. Las podemos enjuagar arriba. O las enjuago yo, vaya. Tú puedes irte a casa. —Eric se rio con nerviosismo—. No tienes ninguna obligación de ayudarme a limpiar.

—De verdad que no me importa. —Kyle se dirigió hacia las escaleras, luego se detuvo y miró hacia atrás por encima del hombro—. Tú eres el cumpleañero. No deberías tener que limpiar.

Le guiñó un ojo y Eric deseó de verdad que dejara de hacerlo.

—Mañana vendrán a limpiar —dijo Eric mientras lo seguía por las escaleras, intentando sin mucho éxito no admirar el culo de Kyle que se movía delante de su cara.

—¿Así que pensabas irte a la cama con este lío de botellas por todas partes?

Era una pregunta, pero parecía que Kyle ya sabía la respuesta.

—No —admitió Eric.

Al menos habría enjuagado los envases vacíos, como estaba haciendo Kyle.

Odiaba el desorden. Era algo por lo que sus compañeros de equipo se habían burlado de él durante años, pero Eric se preguntaba por qué Kyle había sido capaz de adivinarlo tan rápido.

Quizá por haber visto su cocina. O quizá porque Eric se mostraba como el maniático del orden que era.

—Por cierto —dijo Kyle al entrar en la cocina—, por si no lo había dicho aún, tu casa es increíble.

—Gracias. Me gusta mucho.

—¿Tienes terraza en la azotea?

—Sí.

—Maldito seas.

Eric se rio.

—Lo siento. Puedes usarla cuando quieras.

Se dio una patada mental por decir algo tan raro, pero Kyle sonrió.

—Quizá espere hasta que sea primavera.

—Sí. Claro.

Kyle se remangó y empezó a enjuagar las botellas en el fregadero de Eric, algo que Eric no podía permitir.

—De verdad —dijo mientras colocaba una mano sobre el brazo de Kyle—, puedo hacerlo más tarde.

Kyle miró la mano de Eric y luego lo miró a los ojos.

—¿Más tarde cuándo? Son casi las dos de la madrugada.

—Exacto. Deberías irte a casa a dormir.

—La mayoría de las noches estoy trabajando hasta pasadas las dos —dijo Kyle—. No es nada. Déjame ayudarte.

Eric se rindió y se quedó allí de pie, incómodo, observando a Kyle trabajar, con la cabeza llena de pensamientos que sabía que no debía decir en voz alta. Eligió uno de los más inofensivos.

—Me ha gustado pasar tiempo contigo esta noche. Me alegro de que hayas venido.

Kyle no levantó la vista del fregadero.

—Casi no lo hago.

—¿Por qué?

Vio cómo se tensaban los hombros de Kyle y pensó que no respondería, pero dijo:

—Creo que sabes por qué.

Eric se hacía una idea, aunque le sorprendió que Kyle sacara el tema.

—Por Kip. Y Scott.

—Soy demasiado puto obvio. Y patético.

Dejó la última botella en la encimera y se volvió, apoyándose con ambas manos en el borde del fregadero a su espalda.

—En fin. Tengo que superarlo. Quiero decir, lo estoy superando.

—Lo siento.

Kyle se rio sin ápice de humor.

—¿Sabes qué es lo más ridículo de todo? Se supone que Kip iba a ser el fin de mi fijación con los hombres que no eran los apropiados. Se suponía que él iba a ser una buena elección.

—¿Hombres que no eran los apropiados?

Kyle negó con la cabeza.

—No debería estar hablando de esto contigo. Ni con nadie. No pasa nada. Olvida lo que he dicho.

—No, me… —La mano de Eric volvió a posarse sobre el brazo de Kyle— me gustaría escucharte. Si quieres hablar.

—Estoy demasiado sobrio para hacerlo.

Eric le estudió el rostro.

—Estás sobrio, ¿verdad? ¿No has bebido esta noche?

Kyle se encogió de hombros.

—No me apetecía.

La idea de que Kyle se hubiera abstenido porque Eric no bebía le reconfortó. Pero quizá a Kyle de verdad no le había apetecido y Eric no debería darle más vueltas al asunto.

—¿Por qué no voy a por agua para los dos y nos sentamos un rato en el salón?

—Vale.

Unos minutos más tarde, Kyle estaba acurrucado en una esquina del sofá modular y Eric estaba sentado a una distancia segura y platónica. Kyle dio un sorbo a su agua y dijo:

—¿Qué quieres saber?

Había muchas preguntas cuidadosas y sencillas que Eric podría haber hecho. De esas que no habrían sido del todo egoístas. Pero lo que preguntó fue:

—¿Kip no es el tipo de hombre que te suele atraer?

Kyle arqueó las cejas por encima de la montura de las gafas y esbozó una sonrisa.

—No. En general, no. O sea, no tengo un tipo concreto, pero…

Eric se desplazó hasta el borde del cojín del sofá.

—¿Pero…?

—Tengo cierta debilidad por… los hombres mayores.

Tragó saliva.

—¿Cuánto mayores?

—Ay, no lo sé. Quizá cuarenta. O… —Kyle le sonrió con picardía— cuarenta y uno.

La polla de Eric se unió a la fiesta en ese instante. Llegaba tarde, pero con muchas ganas de celebrar su cumpleaños. Sabía que tenía que responder a Kyle, pero tenía la mente borrosa.

Kyle le hizo un gesto con la mano.

—No te tomes demasiado en serio mis comentarios de tonteo. Para mí es como un mecanismo de defensa.

—Defensa —repitió Eric con voz pastosa—, ya. —Sacudió la cabeza para despejarse un poco de la neblina de la lujuria—. Claro. Ya sé que no hablas en serio.

—Vale. Pero avísame si en algún momento te hago sentir incómodo, por favor. De verdad que no quiero que ocurra.

—Te lo diré.

Decir que se sentía incómodo sería quedarse corto.

Aunque era difícil saber si se debía a que no sabía cómo responder a los comentarios de Kyle insinuándose o a la repentina opresión que sentía en los vaqueros.

¿Sabía Kyle que a Eric le atraían los hombres?

¿Era tan obvio para él como la incapacidad de Eric para dejar el sótano hecho un desastre?

—Pero eres guapísimo, ¿eh? —dijo Kyle con naturalidad—. Por si no lo sabías.

—Gracias.

«¡Devuélvele el cumplido, Eric!». ¿O quizá no? ¿No haría eso que las cosas se volvieran aún más raras? La situación sería más fácil de controlar si el coqueteo iba solo en una dirección. Pero tenía que responder algo, así que dijo:

—Me gustan tus gafas.

Kyle se rio.

—¿En el sentido de que quieres comprarte unas o en el sentido de que quieres verme sin nada más que eso puesto?

Antes de que Eric pudiera responder, Kyle dijo rápido:

—Perdona. Me he pasado.

Eric cruzó las piernas con la mayor naturalidad posible mientras luchaba por borrar de su mente la imagen de Kyle con solo las gafas puestas. Quizá estaría tumbado con elegancia en la cama de Eric, arqueando la espalda mientras Eric le besaba el interior del muslo…

—Al menos lo estoy intentando —dijo Kyle.

¿Lo estaba intentando? ¿Intentando el qué? Ay, dios, Eric no había entendido nada de lo que Kyle acababa de decir.

—Perdona, ¿intentando… qué? —dijo Eric con la mayor elegancia posible.

Kyle sonrió.

—Ser bueno. O listo. Intentando no salir con tipos que den asco.

—¿Que den asco? —La ira se encendió dentro de Eric al pensar en un hombre haciendo daño a Kyle—. ¿A qué te refieres?

—Ay, ya sabes. Casados en secreto. Que no hayan salido del armario y no vayan a hacerlo. Manipuladores y egoístas. Cualquier combinación de esas cosas. Al parecer, ese es mi tipo.

Eso no parecía en absoluto el tipo de hombre con el que Kyle debería estar. Kyle debería estar con alguien que valorara cada una de sus sonrisas pícaras y sus guiños traviesos. Alguien que apreciara lo inteligente que era Kyle y lo fácil que resultaba hablar con él.

—Esos tíos parecen unos capullos.

—Sí, bueno. —Kyle se llevó las rodillas al pecho y apoyó la cabeza ladeada sobre ellas—. ¿Quieres oír algo gracioso? Pensaba que ibas a ser uno de ellos.

—¿Uno de ellos? ¿Qué quieres decir?

—Pensaba que estabas casado. Por el anillo. Y pensaba que eras…, bueno. Da igual.

—¿Pensabas que era qué?

Joder. El anillo. Carter tenía razón. Tendría que habérselo quitado hacía mucho tiempo.

—Lo más seguro es que ahora lo proyecte en cualquier hombre mayor y guapo, pero pensaba que eras otro hombre casado que estaba en el armario y buscaba divertirse un poco en secreto con un chico gay.

A Eric se le hizo un nudo en el estómago al pensarlo.

—Jamás… Eso es…

—Lo sé. Me he equivocado. Lo entiendo. Como te he dicho, lo proyecto. Pero me pareces un tío estupendo y me gustaría que fuéramos amigos.

«Amigos».

—A mí también.

No era mentira.

A Eric le gustaba hablar con Kyle y le encantaría ir a algunas galerías con él. Quizá compartir alguna comida. Quizá…