Capítulo 7 #2
—Con lo que he traído me da para preparar unos cuantos más. Te mantendré bien servido toda la noche, si quieres.
—No hace falta. Pero, si uno acaba en mis manos, sin duda me lo beberé. —Ladeó la cabeza hacia las escaleras—. Hay un minibar abajo. Y una nevera llena de cervezas.
Kyle lo siguió hasta las escaleras.
—¿Por qué tienes un minibar y una nevera de cervezas si no bebes?
—Porque todos mis amigos son jugadores de hockey.
—¿Excepto las que son marchantes de arte?
—Los amigos que no son de hockey son un grupo reducido y muy aparte. Esta noche me temo que solo habrá jugadores y gente relacionada con el hockey.
—¿Me incluyes a mí? ¿Relacionado con el hockey?
Eric se detuvo en el rellano, a mitad de las escaleras, y se volvió hacia Kyle.
—Técnicamente te conocí a través del hockey, pero…
Se detuvo porque no había forma de terminar esa frase sin que sonase intensa. Si hubiera respondido con la mayor sinceridad posible, la frase habría terminado con algo así como: «Creo que contigo podría ser yo mismo al completo».
—¿Pero? —preguntó Kyle. Sus ojos azules brillaban bajo las gafas.
Eric negó con la cabeza, tratando de parecer tranquilo y sereno, aunque su corazón cada vez latía más rápido.
—Nada. Vamos a buscarte algo para beber. ¿Te gusta la barbacoa?
—Solo si hay ensalada de kale.
Eric se rio. Le encantaba cómo Kyle se burlaba de él. Era algo juguetón y casi cariñoso, como si fueran amigos de siempre.
—Seguro que quedará mucha ensalada.
Kyle no tenía ni idea de qué hacía en aquella fiesta, pero el rato a solas que había pasado con Eric en la cocina había sido…
agradable. Se había sentido a gusto y con cierto cosquilleo desde que se habían unido a la fiesta en el sótano, aunque al poco le habían quitado a Eric un par de mujeres, que lo más seguro es que fueran las esposas o novias de sus compañeros de equipo.
Ahora Kyle estaba sentado en un sofá modular con Scott, Kip, Carter y un atractivo jugador de hockey sueco cuyo nombre Kyle no paraba de olvidar. Parecía tener la edad de Kyle.
Kyle conocía a Carter Vaughan porque solía acompañar a Scott cuando iba a visitar a Kip al Kingfisher.
Carter y Eric eran los mejores amigos de Scott en el equipo, pero los dos no podían ser más distintos.
Carter era ruidoso y divertido, siempre el alma de la fiesta.
Le encantaban la comida y las bebidas de primera calidad, y a menudo se burlaba de Kyle por la mediocre selección de whisky del Kingfisher.
Carter, como la mayoría de los invitados a la fiesta, se acercaba más a la edad de Kyle que a la de Eric.
Era tan guapo que parecía una estrella de cine, con piel morena y una mandíbula marcada que solía llevar bien afeitada.
Eric era espectacular, pero de una forma más distinguida, con su barba canosa y su pelo rizado y espeso que pedía a gritos que se lo despeinaran.
Lo que tenían en común era que tanto Carter como Eric eran buenas personas y que apoyaban y querían de todo corazón a Scott. A Kyle le caían bien los dos.
—¿Cuándo os vais a comprometer Gloria y tú, Carter? —preguntó Kip.
—Cuando ella quiera —respondió Carter, lo que hizo reír a todo el mundo—. Lo digo en serio. Ella sabe que yo estoy listo cuando ella lo esté. Es solo que ahora mismo estamos muy liados. Los dos viajamos mucho.
Carter salía con una actriz famosa, Gloria Grey. No estaba en la fiesta, pero había venido al Kingfisher unas cuantas veces y era muy guay.
—¿Dónde está ahora? —preguntó Kyle.
—En Atlanta. Está rodando una película de acción con Rose Landy en la que Gloria es una asesina y Rose es la agente especial que intenta detenerla. Y al final acaban trabajando juntas.
—Buuu. Spoilers —se quejó Kip de broma.
—Suena guay —dijo Carter.
—¿Se enamoran? —preguntó Kyle—. ¿La asesina y la agente especial?
—No de forma oficial. —Carter sonrió con picardía—. Pero Gloria me dijo que ella y Rose van a interpretarlo como si estuvieran locas la una por la otra. A ver si alguien se da cuenta.
—Me encanta —dijo Kip.
Carter se levantó.
—Voy a la barra. ¿Alguien quiere algo? —Se volvió hacia Kyle—. ¿Te traigo una cerveza para variar un poco?
Kyle se rio.
—Estoy bien. —Quizá fuera una tontería, pero saber que Eric no bebía hacía que a Kyle tampoco le apeteciera hacerlo—. Quizá intente echar un vistazo a más obras de la colección de arte de Eric.
—Es bonita, ¿verdad? Tengo que conseguir que ese hijo de puta me enseñe esa mierda algún día.
—No servirá de nada —bromeó el misterioso sueco.
—Que te den, Tommy.
«Tommy. Eso era». Kip y Scott estaban perdidos en los ojos del otro en ese momento, así que Kyle centró su atención en Tommy.
—Creo que no nos conocemos. Soy Kyle.
Le tendió la mano y Tommy se la estrechó.
—Tommy. Andersson.
—¡Ah! Tú eres el otro portero. Siento no haberte reconocido.
Tommy sonrió. La verdad es que era guapísimo. Parecía uno de los Skarsgård.
—No te preocupes.
No había nada de coqueteo en la forma en que Tommy hablaba o miraba a Kyle, pero pensó que era bastante guay que ese jugador de hockey, lo más seguro heterosexual, compartiera con total naturalidad un sofá modular con tres hombres gais.
No es que mereciera un trofeo ni nada por el estilo, pero por lo que Kyle sabía de los deportes de equipo, sobre todo del hockey, no era un gesto insignificante.
Se preguntó qué impacto habría tenido Scott en la forma en que sus compañeros de equipo veían a las personas queer .
—Así que a ti también te gusta que te golpeen con pucks , ¿no?
—La mayoría de las veces, sí.
Era mucho más joven que Eric. Kyle se preguntó si era la competencia de Eric o si Eric era más bien su mentor. Quizá fuera un poco de todo.
—¿Te gusta Nueva York? —preguntó Kyle. Quizá fuera la pregunta más aburrida que podía hacer, pero al menos rompía el silencio.
Tommy, por suerte, parecía entusiasmado cuando le respondió:
—Sí, tengo mucha suerte. No solo porque sea Nueva York, sino porque puedo jugar con Benny. Quiero decir, con Eric. Era mi héroe cuando era pequeño.
—Anda, ¿en serio? ¡Qué pasada!
Kyle no podía imaginarse cómo debía de ser eso para Eric. Seguro que le hacía sentir viejo.
—Sí —dijo Tommy serio—. Es uno de los mejores. Ha sido un gran mentor.
Kyle sabía que a Eric se le consideraba uno de los mejores porteros que jamás habían jugado al hockey, pero se le había olvidado un poco mientras hablaba con él. No acababa de vincular al hombre detrás de la máscara con el hombre tranquilo e intenso que coleccionaba obras de arte.
En ese momento, Maria se dejó caer en el sofá junto a Kyle, y una mujer rubia, muy alta y guapa, se acurrucó junto a Tommy. Empezaron a hablar entre ellos en sueco, así que Kyle supuso que se trataba de su novia o esposa.
—¿Cómo vas? —le preguntó Kyle a Maria—. ¿Cómo va la «operación Finlandia»?
Maria exhaló con tanta fuerza que los mechones de pelo que le caían sobre la cara salieron volando.
—Fatal. ¿Tú has visto las mujeres que hay en esta fiesta? —Movió con sutileza la cabeza en dirección a la mujer a la que Tommy estaba besando en ese instante—. ¿Cómo se supone que voy a tener alguna oportunidad?
La mirada de Kyle se posó en su pecho.
—Podrías intentar enseñar más escote.
En lugar de mandarlo a la mierda, tal y como él esperaba, se rio y se acurrucó contra él.
—Dios, parezco ridícula. Y desesperada.
Kyle le besó la coronilla.
—Estás espléndida. ¿Jalo ha sido un imbécil contigo? Le puedo dar una paliza. Puede que tenga que estar unos días pegándole, pero al final lo acabaría notando. Creo.
—Ni siquiera he intentado hablar con él —dijo Maria contra su hombro—. No sé qué esperaba que ocurriera.
—Bueno, lo que debería haber pasado es que te viera al otro lado de la habitación y luego se abriera paso entre la multitud con sus enormes hombros y muslos para poder llegar hasta ti.
Después debería haberte levantado en volandas y llevado a su casa para pasar seis días y siete noches haciendo el amor.
—¿Tan difícil era? Es que… Los hombres. En fin. —Suspiró—. Voy a morir sola.
—No es verdad. Morirás montándote un trío con Oscar Isaac y Michael B. Jordan.
—Que me digas eso es un detalle por tu parte.
—¿Quieres ver cuadros conmigo?
Levantó la cabeza.
—Creo que prefiero mirar esa barra de ahí.
—Tómatelo con calma, chica.
—Que te den, chico.
Le dio un golpecito travieso en el brazo antes de levantarse y dirigirse a la barra. Él centró su atención en Kip, que de verdad de la buena le estaba dando golpecitos en la nariz a Scott, así que Kyle se levantó y se largó de ahí.
Salió del abarrotado sótano y subió las escaleras hasta la zona de la entrada principal.
Se había fijado en algunos cuadros y esculturas que había allí expuestos y que no había tenido ocasión de examinar antes.
Pensó que podría echar un vistazo, quizá prepararle otra copa a Eric, y luego largarse. Esa noche no estaba mucho para fiestas.
Sin duda, Eric tenía una casa preciosa, pero Kyle se preguntaba cómo sería cuando no estuviera llena de invitados tan animados.
Las paredes de un blanco inmaculado y el mobiliario moderno y minimalista eran ideales para exponer obras de arte, pero Kyle imaginaba que debía de ser un lugar frío para vivir solo.