Un mismo objetivo (Game Changers 4) Capítulo 4 #3
14%

Capítulo 4 #3

El jugador ruso estaba tranquilo, observaba la sala con la misma sonrisilla divertida que tanto enfurecía a sus contrincantes en la pista. Tenía que ser ensayada, porque era una obra de arte. Una sonrisa que decía a la vez «Estoy decidiendo cómo torturarte» y «Me importas una mierda».

—Vaya, así que has venido… —dijo Eric.

—Sí —corroboró Ilya.

—¿Por algún motivo o…?

—Este sitio da buen rollo.

El modo en que lo dijo —el modo en que decía cualquier cosa— hizo que costara saber si quería burlarse de Eric.

—Está bien —dijo Eric con pies de plomo.

—¿Vienes mucho por aquí?

—No mucho. A veces vengo con Scott.

—Tu mujer te dejó, ¿sí?

Joder, qué bruto era.

—Nos separamos.

Ilya sonrió burlón.

—Vale. Pero ¿se divorció de ti?

—Fue de mutuo acuerdo.

—Sí. ¿Y ahora sales por sitios como este?

Eric no se ruborizaba casi nunca, pero en ese momento estuvo a punto.

—Para acompañar a Scott, como te he dicho.

Ilya señaló con la cabeza a Kyle, que ahora se hallaba detrás de la barra.

—Hay mucho que ver.

Eric apretó la mandíbula. ¿Cómo cojones era tan perspicaz Rozanov? De entrada, parecía que se la sudaba todo lo que le rodeaba, pero su capacidad de observación era mucho mayor que la de Eric.

—Supongo.

Por desgracia, Kyle eligió justo ese momento para ir por fin a saludarlos.

—Buenas noches, chicos. Kip, cuando hayas acabado de restregarte por tu novio, el cubículo del fondo que llevas tú necesita otra ronda.

Kip se levantó del regazo de Scott con las mejillas sonrosadas.

—¡Oye, que no me estaba restregando!

—Seguro que a Hunter le ha parecido que sí —comentó Ilya.

Scott lo fulminó con la mirada.

—Vete a la mierda, Rozanov. Sé lo que es restregarse y lo que no…

Kip se alejó a toda prisa para ver si su mesa quería algo y Kyle dirigió la atención hacia Rozanov.

—Creo que no he tenido el placer de conocerte.

A Eric no le gustó el brillo en los ojos de Kyle mientras se perdía en el cuerpo y la cara de Ilya, indiscutiblemente atractivos.

—Kyle —dijo Scott—, este es Ilya Rozanov. Ilya, este es mi amigo Kyle.

Ilya alargó el brazo por encima de la mesa y le dio la mano a Kyle.

—Kyle.

A Eric le pareció que le aguantaba la mano más tiempo del necesario.

—¿Qué te pongo, guapo? —preguntó Kyle en ese tono coqueto que le salía tan natural.

Ilya señaló una pizarra que había junto a la barra, en la que se anunciaba el cóctel especial, que no había cambiado en más de dos años.

—Me apetece un Scott Hunter. Por favor.

Scott gruñó.

­—Tráele una cerveza y ya está, Kyle. Solo quiere tocar los cojones.

—¿Lo has tomado alguna vez? —le preguntó Ilya a Eric.

—No.

—Pues yo quiero probarlo. Y trae otro para Bennett.

Eric miró a los ojos a Kyle y negó con la cabeza.

—No…

—Puedo hacerte uno sin alcohol —se ofreció Kyle.

Ilya parecía encantado.

—¡Sí! ¡Un Scott Hunter virgen!

—Joder. Cómo estamos… —refunfuñó Scott.

—No hace falta —dijo Eric—. Estoy bien.

—La otra noche no llegué a hacerte el cóctel sin alcohol. —Kyle apoyó la mano en el hombro de Eric—. Hace un rato te he visto alardeando en la tele. Deja que ahora chulee yo y te enseñe qué se me da bien…

Eric tragó saliva de forma tan exagerada que seguro que el resto de la mesa lo oyó. Notó ese burbujeo por dentro que había estado buscando.

—Vale.

Kyle recogió los vasos vacíos y le guiñó un ojo a Ilya al marcharse. A Eric le dio rabia sentirse tan celoso de ese guiño. Ilya ni siquiera reaccionó más allá de su irritante sonrisilla.

Scott se levantó.

—Voy al lavabo.

Se quedó un momento quieto de pie antes de irse, lo que lo convirtió en un blanco fácil para el ataque de Rozanov.

—¿Quieres que te acompañe?

Scott frunció el ceño.

—No.

Se dio la vuelta y se fue, y Eric tuvo que morderse la mejilla para contener la risa. Pero su diversión duró poco, porque, en cuanto Scott desapareció, Ilya la tomó con Eric.

—Kyle parece majo.

Eric mantuvo la expresión lo más neutra posible.

—Pues sí.

Durante unos segundos eternos, Ilya no dijo nada más. Se dedicó a escudriñar a Eric, como si buscara un punto débil.

—Es atractivo.

—Supongo.

—Se parece un poco a Hunter. Pero más joven. —Hizo una pausa y sonrió con malicia—. Muuucho más joven.

La expresión de Eric dejó de ser tan neutra. No respondió, así que Ilya volvió al ataque.

—Es como si Scott Hunter tuviera un hermano menor. Y su hermano tuviera un hijo.

A Eric no le gustaba nada de lo que estaba insinuando Ilya.

—Parece que le gustas —contratacó, enfadado al saber que era verdad.

Ilya negó con la cabeza.

—Esta mesa es un desastre.

—¿A qué te refieres?

Ilya se inclinó hacia delante, tan cerca de Eric que le resultaba incómodo.

­—Tú quieres tirarte a Kyle. Kyle quiere tirarse al novio de Hunter, aunque puede que también a ti, porque Hunter y su novio no tienen ojos para nadie más.

—¡No quiero! —soltó Eric, aunque estaba bastante seguro de que todo lo que había dicho Rozanov era cierto. Joder, qué observador era aquel capullo—. Si casi no lo conozco. Y no estoy… He venido con Scott, nada más.

—Sí. —La mirada de Ilya se clavó en la mano izquierda de Eric, que tenía sobre la mesa—. Además, llevas un anillo de casado, pero no tienes mujer.

Eric se tapó la mano izquierda con la derecha en un gesto protector.

—Me gusta llevarlo. Lo he llevado toda mi carrera en la NHL y no me parece bien quitármelo ahora. No cuando solo…

Se detuvo justo a tiempo. O, por lo menos, eso pensó.

—No cuando solo te queda una temporada —terminó la frase Ilya.

Dios, Eric no se lo había contado a nadie aún. Tenía intención de anunciarlo después de las vacaciones de Navidad, quizá.

—No digas ni una palabra a nadie, Rozanov.

Ilya se reclinó en la silla.

—Nadie se sorprenderá, Bennett. Eres muy viejo.

—Gracias.

—Tommy Andersson estará contento.

Eric vio que Scott volvía del baño.

—Chist. Lo digo en serio.

Ilya apretó los labios, pero tenía un brillo en los ojos y Eric no estaba del todo seguro de si mantendría el pico cerrado o no. Se le hizo un nudo en el estómago ante la posibilidad de que el puñetero Ilya Rozanov desvelara allí mismo dos de sus mayores secretos.

Sin embargo, Ilya no dijo ni una palabra, y, poco después de que Scott se sentara, Kyle volvió con las bebidas.

—Un Scott Hunter travieso —dijo mientras dejaba un cóctel azul delante de Ilya—. Y un Scott Hunter bueno.

Dejó una bebida idéntica delante de Eric y luego se largó corriendo antes de que Eric pudiera darle las gracias siquiera.

Ilya levantó la copa.

—¿Brindamos por Scott Hunter y su futuro marido?

—Creo que ya brindamos bastante por eso la semana pasada —dijo Scott con cara de bobo.

—Pues, por el amor. Y… —miró a Eric— por ser valiente.

Todos chocaron las copas e Ilya le guiñó un ojo, con una expresión que Eric tradujo por «tu secreto está a salvo conmigo».

Ilya dio un sorbo al cóctel y arrugó la cara.

—Puaj. Sabe igual que Scott Hunter. Demasiado dulce.

Eric pensó que la bebida estaba bien equilibrada, pero, por supuesto, la suya tenía otros ingredientes.

—¡Kyle! —gritó Ilya—. ¡Ayúdame!

Eric vio que Kyle se detenía en el trayecto de la barra a una mesa. Llevaba una bandeja llena de copas.

—Déjalo en paz. Está trabajando.

—Soy un cliente —se defendió Ilya—. Y necesito una cerveza o algo para quitarme este sabor de la boca.

—Una vez te vi beberte tres Coca-Colas Cherry en una comida del fin de semana del All-Star, así que no finjas que no te gustan las bebidas dulces.

Ilya se quedó algo perplejo ante el comentario burlón de Eric. Luego sonrió.

—No sabía que te fijabas tanto en mí.

—No me fijo. En absoluto. Me pareció una cantidad brutal de Coca-Cola para un deportista profesional. Fue memorable.

—¿Sabes qué? —comentó Ilya con una sonrisita extraña—. No fuiste el único que pensó eso aquel día. —Dio otro sorbo a la bebida y puso cara de asco—. ¿Dónde está Kyle? O el otro, el chico de Hunter.

Eric suspiró.

—Espera. Voy a buscarte una cerveza.

La sonrisa de Ilya fue demasiado descarada.

—Sí. Ve a hablar con Kyle. ¿Quieres que te guarde el anillo?

Eric no le respondió. Se dio la vuelta y caminó con paso decidido hacia la barra antes de que Ilya pudiera ver que se había puesto colorado.

Kyle volvió a la barra justo cuando llegó Eric.

—Hey, hola —dijo Kyle.

Definitivamente, era un saludo frío.

—Ilya quiere una cerveza y yo quería estirar las piernas —dijo Eric.

—Ajá. ¿Qué tipo de cerveza?

La conversación no iba en absoluto como a Eric le habría gustado. Intentó poner en práctica sus dotes de seducción. Se inclinó un poco hacia delante y apoyó el codo en la barra.

—Puede que necesite tu opinión experta sobre ese tema.

Kyle se lo quedó mirando con una expresión tan distante que Eric sacó el codo de la barra y dejó los brazos colgando junto al cuerpo. Entonces Kyle contestó, con un bufido irritado:

—A mí me gusta la red ale .

—Vale. Pues ponme esa.

Kyle cogió una pinta y la llenó de cerveza ale sin decir ni una palabra. Eric la aceptó con gesto torpe, pero no hizo ademán de volver a la mesa. Debía irse, era consciente de eso, pero también deseaba la atención de Kyle a toda costa, aunque fuese un momento.

«¿Por qué ha venido?».

Kyle empezaba a desear que Eric se lanzara de forma descarada para poder rechazarlo y así dar por zanjado el tema.

«Quizá no quiera nada contigo».

Cabía esa posibilidad, claro. Kip había dicho que a Eric le iría bien tener un amigo, alguien con quien hablar de arte e historia y otras cosas ajenas al hockey.

De hecho, era más que probable que Kyle se estuviera comportando como un capullo porque estuviera proyectando el dolor de que le hubieran roto el corazón en el pasado en un hombre mayor que él, atractivo y totalmente inocente.

Un hombre mayor y atractivo que ahora mismo parecía perdidísimo, con la cerveza de otro en la mano e intentando a toda costa dar con algo que decir para que Kyle fuera amable con él.

Kyle decidió darle un poco de cancha.

—¿Mañana tienes el día libre?

A Eric se le iluminó la cara, y Kyle se sintió muy culpable.

—Sí.

Kyle fingió estar ocupado limpiando la barra.

—¿Y qué hace Eric Bennett en sus días libres?