Un mismo objetivo (Game Changers 4) Capítulo 4 #2
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Capítulo 4 #2

Eric lo recordaba, sí. En una discoteca habían hecho una noche temática de Scott Hunter para celebrar que Scott había salido del armario de forma pública.

La fiesta había sido la misma noche que los Premios NHL , después de la ceremonia.

Scott había ampliado la invitación a todo el público en su discurso durante la gala, pero, salvo el puñado de compañeros de equipo de Scott que estaban en la ciudad, Rozanov había sido el único que se había presentado.

Eric se había sorprendido tanto como Scott de ver a Rozanov —un tipo que llevaba metiéndose con Scott siempre que tenía ocasión desde hacía años, que se había ganado a pulso una reputación de mujeriego, que era un famoso jugador de hockey de Rusia, ¡no me jodas!

— aproximarse a ellos tan tranquilo en una discoteca de ambiente. Eric seguía sin poder creérselo.

—Está en Nueva York, donde hay algunas de las mejores discos del mundo, y ¿quiere salir de fiesta contigo?

—Sí. Porque ahora soy guay y muy divertido. ¿No te has enterado? —Scott le dio un codazo en broma.

Eric se obligó a sonreír, pero tener a Rozanov por allí…

complicaría las cosas. Eric todavía no estaba del todo preparado para contarle a Scott la verdadera razón por la que quería acompañarlo esa noche, y mucho menos a Ilya Rozanov.

Eric quería salir del armario ante Scott (incluso pensaba que querría salir del armario con todo el mundo), pero preferiría no mover ficha hasta que tuviera todos los cabos atados.

Por la razón que fuera, para Eric tenía sentido probar antes a flirtear con un hombre.

Incluso tener un par de citas o besar a un hombre; cualquier cosa que pudiera hacer que su bisexualidad pareciese «auténtica».

Si hacía esas cosas, tal vez fuera capaz de contarle a su mejor amigo, con confianza, que era bisexual.

Lo ridículo era que le parecía oír la voz de Scott mentalmente echándole la bronca por creer que necesitaba demostrarse su propia sexualidad.

Pero, aun así, Eric quería estar seguro y no le apetecía que Scott adivinase que estaba en el bar para pipear a Kyle.

Por desgracia, le parecía que Rozanov era mucho más observador.

Y también mucho más propenso a dar por el saco a la gente.

El coche paró delante del bar, y Scott y Eric dieron las gracias mientras bajaban de los lujosos asientos de cuero y salían al paralizante frío de finales de noviembre. Entraron a toda prisa con las mochilas llenas de toda la ropa que se habían quitado colgadas del hombro.

Como siempre, el Kingfisher era acogedor y estaba animado, aunque si mirabas de cerca tenía cosas un poco hechas polvo.

Casi todas las sillas y mesas tenían trozos en los que el barniz de la madera se había desgastado.

El empapelado de las paredes estaba rasgado y se pelaba en algunos sitios.

Los altavoces de las esquinas que llenaban el local de música pop pedían a gritos que les sacaran el polvo.

La televisión gigante del rincón en la que transmitían un partido de la Costa Oeste de la NBA era un modelo antiguo.

Era un tugurio, pero tenía algo reconfortante y que animaba a quedarse.

La mayor parte de las mesas estaban ocupadas, pero Kip fue directo en cuanto localizó a Scott y le hizo señas hacia una mesa vacía que había cerca de la barra. Tenía un cartelito de «reservada» que Eric estaba seguro de que solo se usaba cuando iba Scott.

Kip saludó a su novio con un beso, que duró tanto que Eric tuvo que apartar la mirada.

—Amor, esta noche has estado impresionante —dijo Kip con los brazos todavía alrededor del cuello de Scott—. Hemos puesto el partido en la tele. Tú también has estado fantástico, Eric.

—Gracias.

Eric peinó la sala y distinguió una silueta esbelta que le resultaba conocida con vaqueros descoloridos y una favorecedora camiseta blanca. Estaba junto a una mesa en la otra punta y de espaldas al jugador, pero a Eric no le costó nada reconocerlo.

—Sentaos —dijo alegre Kip—. ¿Os traigo una cerveza y una gaseosa con lima?

Miró a Eric con las cejas levantadas, comprobando en silencio si recordaba bien la bebida habitual de Eric.

—Gaseosa con lima, sí. Gracias.

Kip se fue a preparar las bebidas y Scott no le quitó ojo de encima ni un instante.

Eric miró con disimulo a Kyle y se permitió quedarse unos segundos así antes de apartar la vista.

Kyle sonreía a un joven atractivo que estaba de pie junto a la barra, en el mismo sitio en el que se había puesto Eric la otra noche.

El brillo malicioso en los ojos de Kyle mientras hablaba con ese hombre era el mismo que había desprendido al tontear con Eric aquella noche.

Una fuerte y absurda punzada de celos se le clavó en el pecho a Eric. En eso consistía el trabajo de Kyle. Se pasaba el rato tonteando así con un millón de hombres. Eric no había sido más que uno de ellos. No era especial.

Pero entonces la mirada de Kyle se topó con la de Eric y abrió mucho los ojos a la vez que dejaba de sonreír. Fue solo un segundo y luego Kyle salió de ese trance y dirigió de nuevo la atención hacia su cliente, con los labios curvados en una sonrisa, igual que antes.

Ay, no. ¿Qué hacía allí otra vez?

Kyle podía aceptar que Eric Bennett estuviera en el King­fisher para acompañar a su amigo.

Seguro que no tenía nada que ver con Kyle.

Pero, entonces, tendría que pasar de la forma en la que Eric lo miraba a los ojos sin parar mientras trabajaba.

La forma en la que fruncía el ceño cada vez que Kye flirteaba con otros clientes, aunque mientras tanto Eric no dejara de dar vueltas al puto anillo de casado.

Kyle conocía muy bien a los hombres como Eric.

Hombres a quienes les gustaba pasar las tardes lejos de sus mujeres para poder acercarse a un abismo del que no se atreverían a decir ni una palabra jamás a ninguna de las personas que les importaban de verdad.

Hombres a los que les encantaba follar con Kyle, hombres que a veces incluso aseguraban que querrían algo más que polvos furtivos con él, algún día.

Pero todos esos hombres eran iguales. En cuanto existía la menor posibilidad de que el secreto saliera a la luz, de que alguna de las personas importantes para ellos pudieran enterarse de su deseo por los hombres, se largaban.

A la mierda los hombres así. Kyle ya había desperdiciado demasiada parte de su vida —y de su corazón— en ellos. Que Eric se lo comiera con esos magníficos ojos oscuros tanto como quisiera. Kyle no pensaba morder el anzuelo.

—Me da mucha rabia cuando viene Scott ­—refunfuñó Aram mientras llenaba unas pintas de cerveza—. Todo el mundo lo mira a él hasta que se va.

—Vaya —dijo Kyle—. Creo que por lo menos hay una persona que no te quita ojo de encima, corazón.

Señaló con la cabeza a un chico alto y musculoso que sin duda trataba de llamar la atención de Aram por algo más que porque quisiera otro trago.

Aram se animó.

—Mira qué bien. Deja que vaya a ver de qué tiene sed. —Kyle se rio. Aram terminó de llenar la bandeja de pintas de cerveza y le guiñó un ojo—. Anda, veo que Scott ha traído a su papi buenorro esta noche.

Kyle siguió la mirada de Aram hasta donde estaba sentado Eric. En cuanto Kyle lo miró a la cara, Eric volvió la cabeza a toda velocidad. Maldita sea.

—Ah, ¿te refieres al Marido del Año que está ahí? No, gracias.

Aram arrugó la nariz.

—Mierda. Se me había olvidado. Puaj.

Se alejó con la bandeja llena de cervezas y Kyle tomó nota a un tío regordete con barba muy mono.

—Ese es Scott Hunter, ¿no? —preguntó el chico mientras Kyle le preparaba un gin-tonic.

—El mismo que viste y calza.

—En persona está todavía más bueno. Mierda.

—Ah, ya.

—Y el tío que está a su lado también es atractivo, en plan profesor sexy.

Kyle tuvo que contenerse para no poner los ojos en blanco.

—Ajá.

Cuando el chico de la barba se marchó con el cóctel, Kip ocupó su lugar de inmediato.

—¿Por qué no te acercas a la mesa para saludar?

—Estoy ocupado.

—¿Ocupado con ese leñador tan guapo?

Kyle entrecerró los ojos mientras lo miraba.

—¿Ese leñador tan guapo que se ha pillado fuerte de tu prometido?

Por un momento, Kip puso cara de ofendido, pero luego sonrió.

—Bueno, no lo culpo. O sea, mira a Scott… A veces me cuesta creer que sea mío.

«Auch».

—Qué suerte tienes.

—Esta noche estás que muerdes…

—Estoy bien. Solo… tengo hambre. Y supongo que necesito follar.

—Mira, perfecto que trabajes en un bar que tiene tanto comida como tíos cachondos.

Kyle no pudo evitar reírse del comentario, lo cual hizo que Kip sonriera de oreja a oreja. Sus horribles hoyuelos aparecieron en escena para atormentar a Kyle.

—Voy a echar un vistazo a mis mesas —dijo Kyle— y luego me paso a saludar a Scott. Y a Eric. Y a…, espera. ¿Quién es ese?

Kip se volvió para mirar la mesa de Scott y abrió los ojos como platos.

—Hostia puta.

—Es…

—Ilya Rozanov. —Kip soltó un suspiro—. La noche acaba de ponerse mucho más interesante.

—¿Por qué? ¿Vais a hacer un trío o algo?

—Uf, qué va. A Rozanov le gustan las mujeres, fijo. Y digamos que odia a Scott.

—¿Está en una relación seria?

—No, que yo sepa.

—Entonces igual voy a ver si a alguna parte de él le gustan los hombres.

Kyle sonrió con picardía a Kip y luego se fue a toda prisa con una bandeja vacía.

Saltaba a la vista que Kyle estaba evitando a propósito la mesa en la que se habían sentado.

Ya fuera por Eric, ya fuera porque no quería estar cerca de Scott y Kip en plan pareja, Eric no lo sabía.

O a lo mejor estaba atareado sin más y Eric se estaba poniendo en plan paranoico.

Ojalá Kyle se pasara por allí por lo menos un momento, aunque solo fuera para ahorrarle a Eric tener que elegir entre mirar a Kip acurrucado sobre las piernas de Scott o al puñetero Ilya Rozanov.