Un mismo objetivo (Game Changers 4) Capítulo 2
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Capítulo 2

Kyle nunca se había sentido tan decepcionado en un bar gay lleno de tíos buenos.

Había pasado muchas horas en bares gais.

Y muchas horas en ese bar en concreto. El Kingfisher había sido su principal fuente de ingresos durante varios años, y había ligado con un amplio abanico de tíos buenos en ese mismo local a lo largo de todos esos años.

Se había ido a casa con un porcentaje considerable de ellos.

Esa noche se celebraba en el Kingfisher que dos hombres gais iban a casarse, pero estaba hasta arriba de hombres hetero. Jugadores de hockey, en su mayor parte.

Jugadores de hockey increíblemente atractivos. Y sus mujeres.

«Agua, agua por todas partes/ pero ni una gota para beber».

Kyle suspiró y sirvió una cerveza de barril por enésima vez esa noche.

Los jugadores de hockey no se arriesgaban demasiado al elegir bebidas alcohólicas.

Dejó la pinta de cerveza en la barra y ofreció una sonrisa al deportista millonario alto y desaliñado que cogió la bebida sin mirar siquiera a Kyle.

Bah, heteros. Qué cruz.

En otro tiempo, haber conocido siquiera a una estrella de la NHL habría sido emocionante, pero, desde que Scott Hunter había pasado a frecuentar el Kingfisher y desde que Kyle se había hecho amigo de Kip, los jugadores de los New York Admirals habían pasado a ser algo habitual en la vida de Kyle. Algo aburrido, incluso.

—¿Qué, te diviertes?

Aram, el compañero de trabajo de Kyle, le dio un golpe en broma con la cadera mientras iba a coger otra pinta.

—A ver, me divertiría más si alguno de estos tíos supiera ligar —refunfuñó Kyle.

—Ya lo sé. Qué desperdicio, ¿eh? Está el bar lleno de tíos perfectos, y no valen para nada.

—Perfección de chichinabo —coincidió Kyle.

Aram apoyó los dos brazos enormes en la barra y se inclinó hacia delante, sonriendo a la multitud atractiva y agitada.

—Pero aun así… Es divertido mirarlos. ¿Tú has visto a Matti Jalo de cerca?

—No tan de cerca como me gustaría.

Aram se rio cuando un tipo que desde luego no era el buenorro del defensa finlandés de los New York Admirals fue con calma hasta la barra y pidió un par de cervezas. Aram se puso a servirlas mientras intentaba en vano flirtear con él. Kyle se dedicó a mirar por la sala.

Oooh. Eric Bennett.

El portero estrella de los Admirals estaba apoyado en la barra, y al parecer se dedicaba a mirar más que otra cosa.

Kyle no lo conocía mucho, pero lo había visto alguna que otra vez en el bar con Scott y Kip, y era justo el tipo de hombre que le gustaba.

O, mejor dicho, era justo el tipo de hombre del que ya no se podía permitir pillarse.

Pero mirar no hacía daño a nadie. A Kyle siempre le había gustado el pelo oscuro y rizado de Eric y la barba corta y bien cuidada que llevaba, ambos entrecanos.

Era alto y esbelto y siempre parecía muy maduro y elegante en comparación con otros jugadores de los Admirals.

Ahora Eric estaba solo y «técnicamente» estaba en la barra, así que «técnicamente» Kyle podía ir a preguntarle si quería algo. ¿Y si durante todo ese rato había estado esperando con paciencia para pedir una copa? Aunque de espaldas a la barra…

—¿Te pongo algo?

Kyle se inclinó sobre la barra y torció la cabeza para que Eric lo viera por el rabillo del ojo.

El jugador se dio la vuelta de inmediato.

—No, gracias. Estoy bien —dijo con una sonrisa educada.

Estaba mejor que bien. Llevaba una camisa de cuadros azules y blancos, con las mangas recogidas para dejar al descubierto los fuertes antebrazos. Tenía la mirada fija en Kyle, con expresión segura y decidida.

Uuuf. Si Kyle tuviera una única debilidad —y no tenía una, tenía muchas— serían los hombres atractivos y seguros de sí mismos mayores que él. Y también los hombres atractivos y seguros de sí mismos más jóvenes que él. Y también los hombres en general.

—Kyle, ¿verdad? —le preguntó Eric—. Eres amigo de Kip.

—Ese soy yo, sí.

—Soy Eric.

Le tendió la mano y Kyle se la estrechó.

—Ya sé quién eres. —Kyle habló en tono pícaro, como si flirteara con él, porque casi siempre hablaba de esa manera—. Eres el que siempre oculta esa cara tan preciosa detrás de una máscara.

Esperaba que el portero heterosexual se apartara de la barra y pusiera cualquier excusa para marcharse. O que se fuera sin más. Pero, en lugar de eso, esbozó una sonrisa y dijo:

—Así es como se mantiene tan preciosa.

Kyle se permitió disfrutar del centelleo juguetón en la mirada de Eric durante un instante.

—¡Oye, Kyle! Tengo que ir a cambiar el barril de cerveza. ¿Te encargas tú solo de la barra un minuto?

Kyle se volvió hacia Aram.

—Claro. Ve a usar esos músculos.

Aram le mandó un beso soplando y se metió en el almacén.

—Un detalle por parte de Scott el reservar el local en el que trabaja Kip para la fiesta —dijo Eric con sequedad.

Kyle se rio.

—Estaba pensando justo lo mismo que tú. ¿A quién se le ocurre, eh?

Eric negó con la cabeza.

—Pues a Scott Hunter, ya ves. Le gusta este sitio y se siente cómodo aquí. Seguro que es en lo único en que se ha fijado.

Kyle distinguió a Scott entre la multitud; no era difícil, porque medía casi dos metros y era clavadito a como Kyle se había imaginado siempre a Aquiles.

Scott se reía con unos amigos y Kyle no pudo evitar sonreír.

Dos años antes, Scott estaba totalmente en el armario y solo y le habría aterrorizado entrar en un bar gay como el Kingfisher.

Ahora era asiduo —el bar tenía incluso un cóctel en su honor— y celebraba allí su megafiesta de compromiso gay.

Kyle se alegraba por él. También se alegraba por Kip, aunque sus sentimientos en ese frente fuesen un poco más complicados.

—¿Seguro que no quieres que te ponga nada? —insistió Kyle—. Llevo toda la noche sirviendo birras y me encantaría poder poner en práctica mis dotes para los cócteles.

—No bebo alcohol.

—Ay. Perdona. No debería tentarte.

Eric sacudió la mano.

—No me refiero a eso. No me tientas.

—Ah. —Kyle cruzó los brazos encima de la barra y se inclinó hacia delante—. Así que eres un niño muy bueno, ¿eh?

Eric sonrió con picardía.

—Casi siempre.

Espera. ¿Acaso Eric estaba intentando ligar con él? La conversación parecía ir en esa línea, pero Kyle tenía un largo historial de presuponer deseo cuando no había ni una sola muestra por parte del otro.

Los hombres hetero. Otra de sus debilidades.

—Estás de suerte, porque resulta que hago los cócteles sin alcohol más alucinantes del mundo.

Eric lo miró con expresión divertida.

—Anda, ¿en serio?

Kyle le guiñó un ojo.

—No te creerás que no llevan alcohol, te lo aseguro. Fíjate si los hago bien.

—En realidad no puedo comparar.

—¿Tanto hace que no bebes nada?

Antes de que Eric pudiera responder —si es que iba a responder—, los interrumpió un exaltado Kip Grady.

—¡Eric! —Kip rodeó a Eric por los hombros, luego se inclinó hacia delante claramente borracho y se acercó junto con el otro hacia donde estaba Kyle. La nariz de Eric casi le rozó la mejilla a Kyle—. ¡Estabas aquí!

—Sí —dijo Eric, y se separó con calma del brazo de Kip. Se irguió y dio un paso atrás, pero mantuvo la cara relajada y el aire divertido—. ¿Te lo estás pasando bien?

—¡Voy a casarme!

Kip tenía las mejillas sonrojadas y los ojos le brillaban de amor y ebrio éxtasis. Kyle apartó la mirada.

—Enhorabuena —dijo Eric.

Se inclinó sobre la barra y luego levantó la mano izquierda para agarrarle de la muñeca. Entonces fue cuando Kyle se fijó en que llevaba una alianza de boda en el dedo anular.

Casado. Claro. Por supuesto.

Parpadeó al darse cuenta de que Kip trataba de llamar su atención. Apartó la mirada a regañadientes del anillo para dirigirla a la cara radiante de Kip.

—¡Este es Eric! —dijo Kip con voz pastosa—. ¡Es, tipo, el mejor portero de la historia!

—Eso he oído.

—¡Y además es listo! Colecciona obras de arte. —Kip abrió mucho los ojos para expresar que acababa de caer en la cuenta de algo—. ¡Eric! ¡Kyle estudia arte!

—¿En serio? —le preguntó Eric a Kyle.

—Bueno, Historia del arte —aclaró Kyle—. En su mayoría, arte antiguo. Si en tu colección hay mosaicos de tres mil años de antigüedad, soy el experto que buscas.

Eric sonrió de forma tan efusiva que Kyle estuvo a punto de caerse de culo. Ese hombre era fabuloso.

Mientras Kyle se perdía en la bonita cara de Eric, Kip se coló a toda prisa detrás de la barra y le dio un golpe sin querer a Kyle. Agarró un vaso y empezó a servirse una cerveza, pero Kyle lo paró.

—Sal de aquí. Estás borracho.

Kip puso los ojos en blanco con mucho dramatismo.

—Vale. Me la pones tú.

Cuando Kyle le entregó la cerveza que desde luego no le hacía falta, Kip se acercó para darle un beso en la mejilla.

—Te quiero.

Kyle tensó los hombros.

—Yo también te quiero —dijo en voz baja.

Frustrado, siguió a Kip con la mirada mientras este se alejaba con su bebida.

—¿Dónde estudias arte antiguo? —preguntó Eric, con lo que logró que Kyle volviera a prestarle atención.

Kyle consiguió sonreír con timidez. «¿Lo ves, Kyle? No hay motivos para estar triste. Tienes a un hetero guapo y casado para hacerte compañía».

—Columbia. Estoy haciendo un máster.

—Impresionante.

—Bueno, antes de que te deslumbre demasiado, te aclararé que lo hago a paso de tortuga. Ahora mismo solo tengo una asignatura.

—Sigue siendo impresionante. Creo que nunca había conocido a nadie que estudiase arte antiguo. ¿Qué te llevó a elegir esa especialización?

Eric lo miraba de forma atenta y afectuosa. Kyle tuvo la impresión de que tenía interés genuino en su respuesta.

—Siempre me ha interesado, desde que era pequeño. Tenía un libro ilustrado de mitos griegos que me leí un millón de veces. —Se echó a reír—. De mayor me enteré de que las versiones reales de esos mitos eran mucho más violentas. Y más picantes.

—¿Más zoofilia de la que esperabas?

Kyle sacudió una mano.

—Eso es lo de menos. A ver, obvio que las versiones para mayores de dieciocho hicieron que me atrayese todavía más la mitología. Lo que me llevó a interesarme por la gente que había creado esos mitos y creía en ellos. Los narradores de esas historias, ¿sabes?