Capítulo 55.
Rhett.
Las autoridades se llevan a Ithan a Holanda, para que allí cumpla la cadena perpetua que le han impuesto.
Aunque siendo sincero, una parte de mí hubiera preferido no llamar esa noche a las autoridades Holandeses, la parte mala de mi hubiera deseando acabarlo con mis propias manos, pero si hacía eso le daba más poder a mi madre y le estaría dando el permiso de que acabara con mi cabeza, y porque la otra parte de mi empieza a creer aunque sólo sea un poco, no soy tan malo como pienso, que puedo deshacerme de mi madre y que puedo creer en mí, que no estoy jodido y que puedo ser una buena persona de verdad.
Pero para que eso pase necesito ayuda y yo estoy dispuesto a pedirla.
—Pajarito.
—¿Sí?
—¿Alguna vez has escuchado esa frase que dice que no se puede salvar a quien no quiere ser salvado?
—Sí… ¿por qué?
—Porque yo sí quiero. Quiero que me salves, pajarito.
—¿Salvarte de qué?
—Del infierno en el que vive mi cabeza. De las cosas que me susurra la voz de mi madre cada vez que cierro los ojos. De todo eso que arrastro desde hace años y que ya no sé cómo soltar. Sálvame de mí.
Mirella se queda en silencio un segundo. Lo suficiente para mirarme como solo ella sabe hacerlo, como si me viera más allá de todo lo roto.
—¿Y si lo hacemos bien esta vez? —Me dice en voz baja—. ¿Quieres que busquemos ayuda profesional?
No se lo espera. Ni siquiera yo me lo esperaba.
Pero asiento.
Lento. Firme. Sin miedo.
Por primera vez.
Y ella sonríe. Una de esas sonrisas suaves, que no hacen ruido, pero te sacuden por dentro. Me acaricia la mejilla con la yema de los dedos, y se me cae el alma encima.
—Entonces no estás solo, Rhett. No lo vas a estar nunca más.
Y no necesito que me lo jure. Porque ya lo sé.
—¿Te parece que hagamos la comida mientras buscamos contactos para empezar a buscar ayuda? —La miro sonriendo mientras asiento con la cabeza.
—¿Por qué me miras así? —Pregunta entrecerrando los ojos mientras me mira con un tono de juego.
—Porque nunca nadie me había cuidado hasta ahora.
Cualquier rastro de juego se le borra del rostro mientras veo cómo sus ojos se le llenan de lágrimas.
—No llores por mí, pajarito. —Le limpio las lágrimas antes de que empiece a rodar por su mejilla. —Voy a estar bien.
Me levanto y le tiendo mi mano.
—¿Hacemos la cena? —Se levanta y me abraza con fuerza.
La estrecho entre mis brazos y me siento mejor. Es como si en sus brazos nada doliera, como si la tristeza que siento se redujera a 0 cuando estoy con ella.
—Rhett.
—Mmm. —Quiero quedarme aquí para siempre.
—Tengo hambre.
Me río y se une, llenándome el pecho.
Vamos a la cocina y la ayudo a hacer la cena.
—¿Cómo te ha ido? — Digo cortando un poco de cebolla para echarla en la ensalada.
—Bien. Me ha contado toda la verdad y —tose —Elian me ha dado treinta millones.
—¡¿Cómo?!—El cuchillo se me resbala un poco y me hago un pequeño corte en el dedo. —Ah, joder.
—¡Rhett!
—¿Cómo que te ha dado treinta millones? —Abro el grifo y meto el dedo bajo el agua para que se me corte la sangre.
—De lo que Ithan le dio a mí… a Elian por mí —se acerca para mirar mi herida y suspira aliviada al ver que solo ha sido una rajita superficial. —Me los ha cedido.
—¿Y qué vas a hacer? —Cierro el grifo y me seco las manos asegurándome de que ya no tengo nada de sangre para poder seguir preparando la cena.
—No lo sé. Por una parte, no quiero tener nada relacionado con Ithan ni de mi pa… ni de Elian, pero, por otra parte, pienso que nos vendría bien para asegurarnos el futuro. —Nos sentamos en la barra de la cocina. —¿Qué opinas?
Le echo un poco de vino a Mirella y luego yo me echo agua, ya que no puedo tomar alcohol por el medicamento.
—Pues que el dinero es tuyo, Mirella. —Me encojo de hombros— tú decides qué hacer con él.
—Es nuestro —corrige.
Suspiro.
—Haber, estoy de acuerdo contigo. —Agarro su mano. —Por una parte, me gustaría rechazarlo porque ese dinero viene de donde ya sabemos, pero, por otra parte, podría ser buena idea hacer algo con ese dinero que nos asegure el futuro.
—Bien —asiente. —¿Y qué hacemos?
—De momento cenar, porque llevo horas esperando mi postre —empieza a reír— y no voy a dormirme si antes comérmelo.
Me acerco su mano a la boca y le doy un beso.
—Eres imposible.
—Me amas.
—Con toda mi alma.
Me acero a ella y le doy un beso en los labios.
—Yo también te amo con toda mi alma, pajarito.