Capítulo 51.
Mirella.
Rhett sigue de rodillas en mitad del pasillo, frente a todos, pero no me importa que esté ahí, ni quién nos esté mirando, ni el hecho de que estoy vestida de blanco y a escasos segundos de decir “sí” a alguien a quien no amo.
Solo lo veo a él. A Rhett. Mi Rhett. Y entonces empieza a hablar.
—Yo no ruego. Nunca lo he hecho. Nunca me he arrastrado por nada. Y mucho menos por amor.
Hace una pausa. Me sostiene la mirada como si eso fuera lo único que le queda.
—Pero aquí estoy, de rodillas, delante de ti, dispuesto a hacerlo todo, a suplicarte si hace falta, porque tú no eres cualquier cosa, Mirella.
Tú eres todo. Eres mi caos favorito, mi paz disfrazada de tormenta.
Eres esa voz que suena en mi cabeza incluso cuando intento olvidarte.
Eres la risa que me salvó sin saberlo. La mirada que me dio un sitio donde quedarme cuando no tenía casa, ni nombre, ni nada.
Se me llenan los ojos de lágrimas. Me arde la garganta. Nadie en la iglesia se mueve. Nadie respira.
—No me importa estar haciendo el ridículo delante de toda esta gente, porque nada de esto me importa. No me importa el vestido, ni los invitados, ni este puto escenario. Solo me importas tú. Solo tú. Siempre has sido tú, pajarito.
Trago saliva. Él sigue.
—Yo sé que me alejaste para protegerme. Sé que te amenazaron. Sé que recibiste mensajes que te obligaron a alejarte de mí creyendo que así me salvabas. Sé que pensaste que estabas haciendo lo correcto. Pero ya no hay peligro, Mirella. Ya no.
Se incorpora un poco, pero sin dejar de estar de rodillas, como si cada palabra le costara, como si soltarlo todo lo estuviera desgarrando y liberando a la vez.
—Fui un idiota al creerte cuando actuaste como si no te doliera.
Pero ahora lo sé. Sé toda la verdad. Escuché a Ithan y a Elian en el despacho.
Los escuché decir que ellos organizaron el accidente.
Que las amenazas venían de ellos. Que tú no sabías que la deuda ya estaba saldada.
Que te obligaron a esto. Que te manipularon usando mi vida como arma.
Su voz tiembla. Sus manos también.
—Y sé algo más. Sé que Elian no es tu padre biológico.
Que toda tu vida te han hecho creer que tenías que obedecer por deber, por sangre, por lealtad, cuando en realidad te han tenido en una jaula desde siempre.
Pero tú no mereces eso, Mirella. No mereces vivir apagada, sin volar, sin elegir.
Tú no fuiste hecha para encajar en jaulas.
Fuiste hecha para incendiar el cielo con tus alas.
El corazón me va a estallar. No puedo respirar.
—Te juro que, si tú me dices ahora que sí, si tú me miras y me dices que todavía queda algo de nosotros, yo te saco de aquí.
Te juro que no te va a pasar nada. Que esta vez sí puedo protegerte.
Que esta vez sí es seguro. Lo he planeado todo.
No hay riesgo. Los guardaespaldas de Ithan ya no pueden hacer nada. Están controlados. No estás sola.
Ithan se levanta bruscamente.
—¡Seguridad!
Pero nadie responde. En cambio, los cuatro hombres que Zayden trajo entran desde el fondo, tranquilos, impecables, y delante de ellos los dos guardaespaldas de Ithan, atados, rendidos. Zayden se levanta en su asiento y se abrocha el botón de su chaqueta.
—Tus perros ya no muerden.
Rhett no se inmuta. No le quita los ojos de encima a los míos. No se rompe. Solo sigue.
—No tienes que casarte con él. No tienes que rendirte.
No tienes que seguir este guion que escribieron para ti.
Mírame. Estoy aquí. Con todo. Con miedo, con amor, con errores, con ganas de volver a empezar.
Estoy aquí porque tú eres mi casa. Porque tú eres la única persona que me ha hecho sentir suficiente.
Porque te amo como nunca creí que se pudiera amar.
Se le corta la voz, pero no se detiene.
—Te amo como si hubieras nacido para desordenarme.
Como si mi alma solo entendiera el idioma que hablan tus silencios.
Te amo con todas mis cicatrices y con todo lo que soy.Y si tú quieres, empezamos de nuevo.
Nos vamos de aquí. Adonde tú digas. Nos construimos otra vez, sin jaulas, sin amenazas, sin mentiras.
Solo tú y yo. Como siempre debió ser. Como nos prometimos en aquel hotel.
En New York. En aquel beso que todavía me tiembla en el pecho.
Me tiembla todo.
—Yo todavía te elijo, Mirella. Hoy, mañana y siempre. —Hace una pequeña pausa. —Solo quiero saber si tú también me elegirías a mí.
Y entonces se queda en silencio.De rodillas.Esperando.Y yo con el corazón en llamas.A un segundo de saltar.A un segundo de romperlo todo.A un segundo de elegir.