UN LUGAR LLAMADO NOSOTROS Capítulo 48.
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Capítulo 48.

Rhett.

Me dirijo a la cocina en busca de un poco de agua, nada más.

Es temprano, todo está en silencio, y pensé que por una vez iba a poder respirar sin que todo me quemara por dentro.

Pero al acercarme al pasillo que lleva al despacho, escucho voces, discuten, primero en tono bajo, después cada vez más alto.

Me detengo en seco, reconozco las voces: Ithan y Elian.

Estoy a punto de irme, de hacer como que no escuché nada, pero entonces oigo algo que me congela la sangre.

—¿Qué? ¿Lo del accidente fue cosa tuya?

Mi cuerpo se tensa y me acerco sin hacer ruido, pegándome a la pared junto a la puerta entreabierta, con el corazón acelerado, cada palabra me va cayendo como un puñetazo.

—Cállate, que nos van a oír. Y sí, fue idea mía, ¿y qué?

—¿Cómo que “y qué”? Mi hija estaba en ese coche. ¡Y Rhett también! ¡Se hizo daño!

Silencio. Un silencio espeso que me sacude por dentro. ¿Están diciendo lo que creo que están diciendo?

—Vamos a ver —continúa Ithan con tono impaciente— me dijiste que planeara algo para que tu hija pudiera casarse conmigo y saldar la deuda, y así lo he hecho.

—La deuda ya está saldada hace mucho tiempo —responde Elian, más bajo, como si le pesara.

—Sí, pero eso ella no tiene por qué saberlo —dice Ithan, con esa frialdad suya que se te mete en la piel.

El suelo parece moverse bajo mis pies. Me apoyo en la pared, intentando procesar lo que estoy oyendo, pero las piezas empiezan a encajar solas y el dolor es inmediato. Todo esto... todo este infierno... es parte de su plan.

—Ithan… todo esto ha ido demasiado lejos.

—¿A qué te refieres?

—A que no soporto ver a mi hija así de apagada, a que no debimos mandarle todos esos mensajes amenazándola con que si no dejaba a Rhett lo iban a matar. ¿Y has visto a Rhett últimamente? Ese chico está mal.

El aire se me queda atrapado en el pecho. Han estado amenazándola, la obligaron a dejarme, jugaron con su miedo, con su vida, con la mía. Me usaron para manipularla y yo, como un idiota, creí que me había dejado porque no me amaba.

—Quizá deberíamos decir la verdad —dice Elian.

—Ni de puta coña —responde Ithan— he sido yo quien te pagó esa deuda.

—Podría devolvértelo.

—¿Ah sí? ¿Cómo me devolverás treinta millones?

—Mi deuda era de diez. Tú decidiste darme veinte más.

—Exacto, te di de más por si te rajabas.

—Eres un hijo de puta.

—No —grita Ithan— soy Ithan Vanderblit, el prestamista que te salvó la vida, soy el puto dueño de Holanda y el rey de los negocios de Australia.

—No, eres el mafioso más temido y buscado de Holanda, y te escondes aquí disfrazado de empresario.

Se hace un silencio denso, como si ambos entendieran que lo que acaban de decir no tiene vuelta atrás. Escucho pasos acercándose; alguien se aproxima a la puerta. Me aparto rápido y me escondo tras una esquina, sin hacer ruido, pero lo bastante cerca como para seguir escuchando.

—Como se te ocurra decir algo, diré que Mirella no es tu hija biológica.

Siento que algo en mí se rompe del todo. No sé qué me impacta más, si descubrir que Mirella no es hija de Elian o saber que rompió conmigo por protegerme, porque la estaban extorsionando, manipulando, presionando hasta vaciarla. Y yo… yo la dejé sola en eso.

Pienso en entrar, en decirles todo lo que merecen escuchar, en sacar a Mirella de esa casa, aunque sea a la fuerza, pero si me quedo un segundo más, sé que voy a hacer algo de lo que no me voy a arrepentir.

Salgo. Sin mirar atrás. Sin pensar. Solo conduzco, dejando que la rabia me guíe hasta el único lugar donde siento que puedo respirar. Cuando llego a la casa de Zayden, golpeo la puerta dos veces. Él abre casi de inmediato, su expresión cambia al verme.

Y lo único que soy capaz de decir, con la voz completamente rota, es:

—Te necesito, Zayden.