Capítulo 46.
Rhett.
Cierro la puerta del coche y suspiro pesadamente antes de entrar en la casa y lo primero que veo es a Mirella en la cocina, está mirando su plato, jugando con el tenedor, pero no se lo lleva a la boca.
—Buenos días, señorita —digo con voz neutra, aunque por dentro se me encoge algo.
Ella levanta la cabeza de golpe, visiblemente sorprendida. Sus ojos se abren más de lo normal y se pone algo más recta en la silla.
—¿Qué haces aquí?
Me acerco un poco, pero mantengo la distancia.
—Trabajar.
—¿Trabajar?
—Elian me asignó de nuevo como tu guardaespaldas. Petición de tu prometido.
Por un segundo, algo en su rostro se tensa. Los labios se le aprietan, como si tuviera algo que decir… pero se lo tragara.
—No hace falta —murmura.
—No lo decides tú —respondo, sin dureza, solo con verdad.
Ella baja la mirada. El tenedor sigue moviéndose en el plato, pero no se lo lleva a la boca. Su respiración es tan sutil que parece estar conteniéndose desde hace rato.
Doy un paso atrás.
—Subiré a dejar mis cosas —anuncio.
Tomo el pasillo que lleva a la parte de arriba. Mis botas retumban contra la madera. El corazón me late más rápido de lo que debería.
Cuando llego a la planta superior, doblo hacia el pasillo que da a las habitaciones.
Y entonces lo veo.
La puerta del dormitorio de Mirella se abre justo en ese instante e Ithan sale de ella.
Va abrochándose la camisa con una lentitud repugnante. No se inmuta al verme. Me mira como quien sabe que está ganando una partida que tú ni siquiera estás jugando.
—Buenos días —dice con su voz impecable, casi aburrida, como si no acabara de salir de la cama con ella.
Yo no respondo.
Mi cuerpo entero se tensa, pero mi rostro no se mueve. No le voy a dar el gusto.
Ithan sonríe levemente y pasa por mi lado. Al hacerlo, me da un ligero empujón con el hombro, apenas perceptible, pero lo bastante claro para que yo entienda que fue intencional.
Sigo de pie en medio del pasillo.
Quieto. Frío. Sintiendo cómo algo en mi pecho se rompe… otra vez.
Y, sin embargo, lo único que hago es apretar los dientes. Porque en esta casa, el único que no puede permitirse sentir… soy yo.
———————————————————
Han pasado horas desde que Ithan salió de la habitación de Mirella y ahora no está, Elian tampoco.
Y desde entonces, no puedo dejar de imaginar lo que pasó tras esa puerta. Cada minuto, segundo y sonido que no escuche pero que mi cabeza no para de inventar.
Estoy en la planta baja, apoyado contra la pared del pasillo, intentando distraerme revisando cosas del trabajo en el móvil, pero no me sirve de nada.
En esta casa solo estamos ella y yo, y el puto silencio.
Paso por delante del salón y la veo. Está en el sofá, leyendo algo en papel, fingiendo que está bien. Está tan quieta, tan distante, tan vacía… que eso me enfurece más. Porque si realmente estuviera bien, si al menos se la viera feliz con él… lo aceptaría. Pero no lo está. Y aun así lo permite.
Cruzo la estancia y me detengo frente a ella.
—¿Fue por eso, no?
Ella levanta la cabeza, confundida.
—¿Por qué qué?
—Por eso lo elegiste a él, porque te da estabilidad. Porque tiene dinero, porque no soy suficiente.
—Rhett no empieces…
—¿Dormiste con él?
Su cuerpo se tensa, no se lo esperaba. Yo tampoco pero no podía callármelo más, necesitaba saberlo.
—¿Qué? —Dice en voz baja.
—¿Dormiste con él? —Repito, más fuerte—. Lo vi salir de tu habitación esta mañana. No hace falta que digas nada. Solo quiero que me lo confirmes.
No dice nada, solo se levanta y se dirige hacia las escaleras, pero cuando sube el segundo escalón, hago que se quede quieta porque vuelvo a hablar.
—Ósea que sí, te has acostado con él. —Pronuncio dolido, mientras la veo de espaldas. —¿Tan pronto te has olvidado de que eres mía?
Se gira y en sus ojos veo cómo se acumulan las lágrimas.
—¿De verdad crees que podría tocarme alguien que me da asco?
Baja un escalón y luego otro hasta que queda frente a mí, obligándome a bajar la cabeza para mirarla.
Es tan pequeña que lo único que deseo es protegerla hasta mi último aliento.
—Y no, Rhett, no me he olvidado de que soy tuya, pero eso no significa que podamos estar juntos. No podemos.
—No, no quieres.
Porque no soy lo suficientemente bueno para ti, aunque yo lo había intentado todo por serlo.
Abre la boca para decir algo, pero entonces la puerta se abre y aparecen Ithan y Elian. Mirella sube disimuladamente dos escalones para separarse de mí mientras Ithan se queda observándome desde la puerta.
Y yo hago lo mismo, lo miro como si quisiera matarlo por haberme quitado a mi mujer. Lo odio por ser mejor que yo y por darle esa estabilidad que yo nunca podré ofrecerle.
Porque no tengo nada.
Porque yo solo la tenía a ella.
Y, ahora…
Ahora no me queda nada.