UN LUGAR LLAMADO NOSOTROS Capítulo 44.
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Capítulo 44.

Rhett.

Han pasado tres días desde que Mirella ha roto conmigo, es de noche y estoy sentado en el suelo de la casa que Zayden tenía antes de mudarse al lado de Ava.

Aquí vivía yo antes con él, antes de que me diera el trabajo de ser el guardaespaldas de Mirella, antes de enamorarme perdidamente de ella.

Por una vez, alguien me había elegido a mí.

Había sido suficiente para una persona, pero al parecer, no lo era tanto como para escaparse y compartir su vida con la mía.

No eres nada.

Le doy un buche a una botella de whisky.

Cielo.

Deslizo el dedo sobre la pantalla para pasar la siguiente foto con Mirella.

New York.

Es el lugar donde se puede ser quien quieras ser.

Estoy luchando por ser alguien que tú mereces.

Eres una buena persona, Rhett.

Tú eres mi lugar seguro, Rhett. Mi paz.

Eres más que suficiente. Eres todo lo que necesito.

Volemos, Rhett. Escapémonos.

Yo te elijo a ti.

Bebo otro buche de alcohol, pero esta vez más largo.

Eres un hijo de puta.

Eres un mal hijo.

Eres malo, Rhett.

Ojalá hubiera nacido muerto.

Estoy tentado a hacerlo, dejo la botella y lo tengo justo al lado, una cuchilla oxidada que tenía guardado en algún rincón de esta casa desde hace años, la rozo con la yema de mis dedos, pero en un impulso, desvío mi mano hacia el teléfono y llamo a Zayden.

—Zay, te necesito. —Suelto desesperado al notar que contesta la llamada, sin darle tiempo a saludarme.

—¿Qué pasa?

— Mi madre está aquí

— Rhett —pronuncia mi nombre preocupado — tu madre está muerta

— Está en mi cabeza, Zayden. No quiero hacerlo

No quiero autolesionarme.

—Salgo del hospital y voy para allá. No hagas nada, ¿me oyes? No hagas nada, voy para allá hermano.

—Ya estoy aquí —dice cuando entra, sin aliento—. ¿Qué ha pasado? Hacía años que no te sentías así.

—No lo sé… ¿Qué me pasa, Zayden?

— Creo que estas sintiendo de más.

— ¿Qué? —Pregunto con las lágrimas amenazando con salirme de los ojos.

—Te has pegado años sin sentir nada por nadie, no sentías nada, pero cuando la conociste a ella empezaste a sentir cosas, muchas a la vez, y ahora que ya no estáis juntos, todos esos sentimientos se han vuelto en dolor y querías desprenderte de ese dolor como solías hacerlo hace años, Rhett.

—Pero no lo he hecho.

— No, has acudido a mí y eso es muy bueno. —Se sienta a mi lado.

— ¿Por ser un cobarde? —Lo miro.

— No, por permitirte sentir. Estoy muy orgulloso de tí. No te has hecho daño y ahora permítete sentir, llora todo lo que tengas que llorar. Yo estoy aquí, hermano.

Bajo la cabeza y sale solo, empiezo a llorar como nunca lo había hecho antes mientras Zayden me pasa un brazo por el hombro y me arrima a él mientras lloro aún más.

Me derrumbo en sus brazos y lo único que hace él es abrazarme en silencio, no dice nada porque me conoce. Sabe lo que tiene que hacer en estos momentos y lo está haciendo justo ahora.

Se queda a mi lado, como lo hacía años atrás, como cuando lo único que quería era desaparecer.

Zayden y yo hemos pasado por demasiada mierda juntos como para fingir que no somos hermanos, aunque la sangre no lo diga.

El tiempo no pasa, o si, pero no me importa.

Solo estamos él y yo, en el suelo de esta casa que huele a pasado. A polvo, a humedad, a recuerdos que uno no puede tirar.

—No pensé que volvería a sentir esto —murmuro, con la voz ronca, aún temblando—. La desesperación… la de verdad. La que aprieta desde dentro.

—Lo sé —me responde sin soltarme—. Pero también sé que no eres el mismo de antes. Ya no.

—No me siento fuerte.

—No hace falta que lo seas. Solo tienes que aguantar esta noche. Mañana veremos qué hacer.

Me quedo en silencio.

Con la garganta seca, los ojos hinchados y el pecho vacío.

—¿Y si no puedo superarlo? —Pregunto, sin atreverme a mirarlo.

Zayden suspira y me aprieta un poco más contra él.

—Entonces yo estaré aquí para recordarte que sí puedes.

No digo nada y el silencio se instala entre nosotros, pero no es incómodo. Es ese tipo de silencio que sostiene, que dice más que las palabras.

Zayden se queda sentado a mi lado, apoyado contra la pared, con los ojos cerrados. Parece agotado.

—¿Y… cómo está Ava? —Pegunto de pronto, rompiendo el silencio. La voz me sale rasposa, casi culpable por no haberlo preguntado antes.

Él abre los ojos, despacio. Me mira.

—Igual. Sin cambios.

—¿Sigue inconsciente?

Asiente.

—Sí. Desde el primer día, pero los médicos dicen que está estable. Que solo necesita tiempo.

—Joder…

Me paso las manos por la cara. Me arde la piel. El alcohol, el llanto, la culpa... todo se mezcla.

—¿Tú has estado allí todo este tiempo?

—No me he movido del hospital desde que la ingresaron —responde, sin vacilar—. Hoy salí solo porque tú me llamaste. Porque te necesitaba más vivo que roto.

Eso me golpea hondo. Más que cualquier insulto. Más que cualquier lágrima.

—Gracias, Zay…

—No me des las gracias. Solo hazme un favor.

—Dime.

—No te vayas tú también. Ava está luchando por vivir y tú tienes que hacer lo mismo.

Trago saliva, con un nudo en la garganta. No puedo prometerle nada. Pero asiento.Y sé que eso, por ahora, es suficiente.

Zayden me da una palmada en la pierna y se levanta.

—Voy a volver al hospital en un rato. Pero si necesitas que me quede, me quedo.

—No. Ve con ella. Yo... estaré bien.

—¿Seguro?

—No, pero voy a intentarlo.

Zayden se va y yo me tumbo en el suelo, mirando el techo y preguntándome una vez más, ¿qué es lo que hago mal para que la gente no termine eligiéndome a mí?

Quizá este sea mi karma, quedarme sin la mujer a la que amo por todas las cosas malas que he hecho en el pasado. Quizá estoy pagando por todo lo que hice mal, por todo lo que fui antes de ella.

Pero, ¿realmente era malo? ¿O simplemente era un niño que nunca tuvo una oportunidad? Mi vida siempre había sido una mierda, desde pequeño había estado rodeado de violencia, de drogas, soledad.

Nunca nadie me enseñó a amar, a confiar, a vivir.

Saco mi teléfono, abro la app de notas y empiezo a escribir, sin pensar.

Abro otra carpeta nueva:

Eso es todo.

Es lo único bueno que he hecho en mi vida.

Tener un amigo como Zayden, aunque fue él quien hizo el trabajo sucio, fue él quien me encontró a mí, no yo a él.

Y Mirella.

Amarla, y ni siquiera eso me ha salido bien.

Guardo el teléfono, me giro de lado y aprieto los ojos para no volver a llorar, pero las lágrimas caen igual.

Quizá no soy malo. Solo estoy hecho mierda y eso también espanta.

———————————————————

Ya ha amanecido y sigo tumbado en el suelo, podría decir que en algún momento de la noche me habría quedado dormido, pero sería mentira, solo me dignaba a cerrar los ojos esperando que el sueño me venciera, pero no pasó.

Es más, sigo con los ojos cerrados, pero mi teléfono vibra en mi pecho y es la primera vez en horas que abro los ojos.

Es Zayden.

Me levanto, cojo las llaves del coche y salgo.

Llego al hospital en menos de quince minutos y subo directo a planta. Cuando llego frente a la habitación, empujo con cuidado y entonces la veo.

Mirella.

Está sentada junto a Ava, sosteniéndole la mano mientras sonríe y le habla bajito.

Pero entonces levanta la mirada y me ve, nos miramos mientras todo se detiene menos mi corazón, que amenaza con salirse de mi pecho con tanta fuerza y los latidos a mil por hora.

No nos decimos nada, no hace falta.

Entro y me acerco. Ava también me ve y abre un poco más los ojos.

—Vaya, el equipo completo —dice con voz ronca, mientras agarra con una mano a Mirella y con la otra a Zayden.

—Te ves horrible —respondo con una sonrisa torcida.

—Tú también —contesta Ava, esbozando una media risa.

—Al menos yo no estoy conectada a media máquina —digo, guiñándole un ojo.

Mirella se ríe. Su risa suena cansada… pero es risa. Y, aun así, es la más bonita que he escuchado en toda mi miserable vida.

—Cuidado, no me hagas reír que me duele todo —murmura Ava.

—¿Estás bien? —Pregunto, esta vez serio.

—Sin contar que me duele todo solo cuando respiro, sí.

Asiento mientras me aprieto los labios, Zayden suelta poco a poco la mano de Ava, como si le costara hacerlo y se dirige hacia mí.

—Voy a por café —dice—. ¿Vienes, Rhett?

Asiento y salimos dejando a Mirella con Ava. Zayden camina a mi lado, más tranquilo, pero aún tenso.

—La pesadilla no ha terminado, pero... está viva —dice.

—Sí —respondo. Y por una vez, no me duele decirlo. Lo creo.

De pronto, un grito nos corta el aire.

—¡AYUDA! ¡POR FAVOR, AYUDA!

Es Mirella.

Zayden y yo salimos corriendo de vuelta a la habitación. Y cuando entramos, vemos a Ava convulsionando y las máquinas pitan.

Mirella llora, grita y los médicos no tardan en llegar obligándonos a salir de la habitación.

Zayden se queda paralizado en el pasillo, con las manos en la cabeza y juraría que hasta le cuesta respirar.

Mirella se derrumba contra la pared y sin pensarlo me acerco a ella y la abrazo. Se deja caer entre mis brazos y llora mientras sus dedos se aferran a mi camiseta y su llanto se me clava en el pecho.

—Shh. —Susurro —Estoy aquí, no pasa nada. Estoy aquí.

La abrazo con fuerza, haciéndole entender que estoy aquí, que, aunque ya no estemos juntos, yo estoy aquí para ella, intentando que su mundo no se caiga, aunque el mío esté hecho pedazos.

Cierro los ojos y le doy un beso en la cabeza, permitiéndome sentirla tan cerca una vez más, quiero tenerla así, entre mis brazos, aunque solo sea un poco, aunque solo sea un segundo.

Pasa un segundo, dos y creo que hasta quince segundos así, los cuento. Acaricio su pelo y por un momento, pienso que nada de esto está pasando. Que Ava no está luchando en esa habitación de hospital entre la vida y la muerte. Que Zayden no está destrozado y que Mirella y yo no estamos juntos.

Un momento, solo un momento que se ve interrumpido por una voz fría.

—No hace falta que la consuelas, Rhett.

Ithan viene andando hacia nosotros con un traje perfecto hecho a medida, sonrisa falsa y veneno en los ojos.

—Su futuro marido ya está aquí para hacerlo. —Mirella tiembla y se separa de mí. Sin mirarme.

Yo aprieto la mandíbula, pero no digo nada, porque este no es mi lugar. Aunque lo fue, aunque lo es, en algún rincón de ella… y de mí.

—¿Familiares de Ava? —Nos giramos a la vez hacia el médico— Ava ha sufrido una crisis en su salud, su cuerpo ha colapsado y le hemos tenido que inducir un coma.

—¿Coma? — Repite Zayden devastado.

—Sí, su cuerpo necesita descansar, no tener emociones. Va a estar varios días así, pero no se preocupen, ella va a despertar. Solo necesita varios días de descanso absoluto para que su cuerpo pueda descansar al máximo; eso la ayudará a que su cuerpo se relaje después de todo lo que le ha ocurrido.

—¿Pero está seguro de que va a despertar? —Pregunta Mirella, quien se aleja un poco de Ithan, pero no mucho cuando él le acaricia la espalda.

—Sí, por supuesto. Va a despertar, pero deben tener paciencia, su cuerpo ha sufrido mucho y, como he dicho, necesita descansar. Despertará, pero es ella quien decide cuándo.

—¿Se puede entrar a verla? —Pregunto yo esta vez y el doctor asiente.

—De uno en uno.

Dice para luego irse, Mirella mira a Zayden suplicándole con la mirada y él asiente. Entra dejándonos a los dos en el pasillo. Con Ithan.

—Me voy. — Me gustaría quedarme para poder ver a Ava un poco, pero lo último que me apetece es estar en el mismo sitio donde se encuentra Ithan.

—Te acompaño. —Dice Zayden poniéndose a mi lado.

Al llegar al coche, me detengo. Apoyo los brazos sobre el techo y dejo caer la cabeza.

—¿Cómo se supone que uno sigue después de esto? —Murmuro.

Zayden no responde enseguida. Se apoya a mi lado, sacando aire por la nariz como si llevara siglos aguantándolo.

—No lo sé, hermano. Pero sé que tú puedes. Siempre has podido, aunque ahora duela el triple.

Silencio.

—Ese cabrón… —digo al fin, en voz baja.

—¿Ithan?

Asiento.

—¿Sabes que Mirella tembló cuando llegó?—Lo vi.—Y se soltó de mí como si la hubieran pillado haciendo algo prohibido.—Lo sé, Rhett.

Se queda en silencio un momento más.

—¿Qué? —Le pregunto, al notar que tiene algo más que decir.

Zayden resopla.

—Elian me llamó —suelta por fin.

Levanto la cabeza y lo miro.

—¿Y qué quería?

—Dice que necesita que vuelvas a ser el guardaespaldas de Mirella. Hasta el día de su boda.

Lo miro, sin entender.

—¿Qué?

—Sí. Que la sigas protegiendo. Y es por petición de Ithan.

Frunzo el ceño y siento que la rabia me empieza a hervir por dentro.

—¿Me estás diciendo que…?

—Que quiere tenerte cerca —interrumpe Zayden, bajando la mirada—. Para joderte. Para recordarte lo que no puedes tener. Para obligarte a verlo todo desde la primera fila.

Me separo del coche y camino en círculos, con las manos en la cabeza.

—No puedo hacer esto. No puedo cuidarla… mientras la pierdo.

—Lo sé.

—No puedo verla vestirse de blanco por alguien que no ama. No puedo escoltarla al altar sabiendo que su vida va a convertirse en una maldita cárcel.

—Lo sé, Rhett. Pero también sé que si no estás ahí… te vas a odiar por no haber estado.

Me detengo y lo miro.

—¿Y si me rompe del todo?

—Entonces yo estaré ahí para recogerte. Como esta noche.

No digo nada porque no tengo fuerzas para discutirle.

Zayden da una última palmada en mi espalda.

—Piensa. Pero no tardes. Sabes que no va a ser fácil. Pero si ella te necesita… tú vas a estar. Porque así eres tú.

Y lo peor es que tiene razón.

Me meto en el coche sin decir una palabra.

Pero algo dentro de mí se parte, no sé qué es porque a estas alturas de mi vida pienso que ya no tengo nada más que tenga dentro de mí para que se rompa, porque estoy totalmente destruido.