Capítulo 35.
Mirella.
—¿Entonces todo lo que me ha pasado ha sido por culpa de mi padre?
—Sí, pajarito.
—¿Qué ha hecho mi padre, Rhett?
—Debe mucho dinero a gente peligrosa y él está arruinado, apenas tiene dinero.
—¿Cómo sabes eso?
—Zayden y yo lo hemos investigado.
—Mi padre quiere que me case con Ithan.
—Lo sé. Tu padre me lo ha dicho hace un rato. Me dijo que te dejara. Que yo no tenía nada que ofrecerte. Que tú mereces a alguien mejor.
No digo nada. Lo dejo hablar.
—Y tiene razón —añade, bajando la mirada, como si decirlo lo desangrara—. No tengo dinero. No tengo promesas. No tengo una vida brillante. Solo soy un hombre roto, con un pasado sucio y un presente que apenas sostengo. ¿Qué puedo darte yo, Mirella? ¿Qué puedo ofrecerte que valga la pena?
—¿Sabes lo que sí puedes darme, Rhett? —respondo, con la voz temblando—. Paz. Verdad. Refugio. Eres el único que no me ha mentido para protegerse. El único que ha estado cuando todo lo demás se derrumbaba.
Traga saliva. Como si no supiera cómo procesar que alguien lo ame así. Como si el amor, para él, fuera algo ajeno. Peligroso. Prohibido.
—No necesito castillos. No necesito lujos ni futuros llenos de promesas falsas. Prefiero vivir contigo en un cuarto diminuto, antes que en una mansión con alguien que ni siquiera me mira.
—No soy suficiente para ti —susurra, roto—. Nunca lo seré.
—Eres más que suficiente —respondo sin dudar ni un segundo—. Eres todo lo que necesito.
Rhett desvía la mirada. Y ahí está: el miedo. El que se le ha quedado dentro después de que mi padre lo llenara de mentiras disfrazadas de verdades.
—¿Por qué? —Me pregunta de pronto, en un susurro—. ¿Por qué te quedas?
—Porque quiero hacerlo.
Él niega con la cabeza.
—No lo entiendes, Mirella… Yo no soy el chico de tus sueños. No tengo futuro. No tengo certezas. Solo tengo esto —se señala el pecho con rabia—. Un corazón que no sé cómo sigue latiendo desde que entraste en mi vida.
Me deja sin aire.
—No tengo nada más. No tengo lujos. No tengo estabilidad. Pero tengo a ti grabada en la piel desde el primer momento en que me sonreíste. Y si eso no sirve, si no es suficiente, entonces dime cómo se sobrevive sin ti.
No puedo hablar. Siento que, si digo algo, voy a romperme.
—No sé vivir sin ti, pajarito. Me enseñaste a volar sin alas, y ahora no quiero caer. No quiero ver cómo te casas con alguien que no te conoce. Que no sabe que eres adicta al chocolate o que te alejas del mundo cuando estás triste. Pero tampoco soportaría que algo te pasara por culpa mía.
Hace una pausa. Una de esas que duelen más que cualquier palabra.
—Y aunque me rompa el alma decir esto… prefiero verte viva con otro que muerta por haberme elegido a mí.
—Rhett... —susurro, destrozada, con los ojos llenos de lágrimas—. Te elegiría una y mil veces. No me importa si no tienes dinero. No me importa lo que diga el mundo. No me importa si mi padre quiere venderme a otro hombre. Yo te elijo a ti.
El miedo se disuelve en su rostro cuando escucha mis palabras. Rhett me mira fijamente, como si estuviera esperando que yo lo repitiera, que me retractara, pero no lo haré. No lo haré porque lo amo.
—Lo único que quiero es a ti. —Mi voz es un susurro, pero es clara y firme—. Y voy a luchar por nosotros, contra cualquiera que intente separarnos. No me importa lo que tenga que hacer, ni lo que tenga que sacrificar. Volemos, Rhett. Escapémonos.
Rhett me mira como si acabara de darle el aire que le faltaba desde hacía años.
—¿De verdad quieres eso? ¿Dejarlo todo por mí? ¿Escapar de todo lo que conoces, solo por un idiota que no tiene nada?
Niego con la cabeza, firme.
—Por el idiota al que amo. —Digo sonriendo.
Él se ríe, pero es una risa rota, cargada de emoción. Me toma la cara entre las manos y apoya su frente en la mía.
—Vamos a hacerlo. Vamos a huir. No tengo un plan perfecto, ni sé a dónde iremos, pero te juro que no te soltaré. Ni hoy, ni nunca. Pelearé por ti con todo lo que tengo. Aunque no sea mucho, es tuyo.
—Con eso me basta —susurro.
Él me besa la frente con ternura y murmura:
—Gracias por elegirme. Haré que valga la pena. Te lo prometo, pajarito. Te voy a cuidar. Te voy a proteger. Y si el mundo se pone en contra... que se prepare.