UN LUGAR LLAMADO NOSOTROS Capítulo 34.
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Capítulo 34.

Rhett.

Han pasado ya un par de días desde que le dieron el alta a Elian, y lo que más me jode es que no puedo dormir con Mirella.

Aunque también la entiendo, su padre todavía no sabe nada de lo nuestro y necesitamos algo de tiempo para saber cómo decírselo, pero no aguanto una noche más sin tenerla a mi lado.

Necesito dormir a su lado.

Así que me salgo de mi cama y con mucho cuidado abro y cierro la puerta de mi dormitorio y voy hacia el suyo, me siento como un adolescente escapándose de casa por ir a una fiesta o, mucho mejor, por ir a ver a mi chica.

Abro la puerta con mucho cuidado para no despertarla, pero ella se gira mirando hacia la puerta y entro cerrando la puerta sin hacer ruido.

—¿Qué haces aquí? —Susurra mientras se incorpora en la cama.

—Te echo de menos —digo acercándome para sentarme a su lado.

Ella levanta las sábanas y me acomodo a su lado. Acaricio su mejilla y estampo mis labios contra los suyos y ella me responde con la misma intensidad. El beso es suave al principio, pero después se vuelve más intenso, más urgente.

Nos separamos lentamente, y sus ojos brillan con una mezcla de deseo y preocupación.

—No podemos dormir juntos, Rhett —susurra, y aunque su voz está cargada de esa misma necesidad, hay una incertidumbre en ella, como si temiera las consecuencias.

Asiento, sabiendo que lo que ella dice tiene sentido. Su padre aún no sabe nada de nosotros, y no quiero meterla en problemas. Pero el simple hecho de estar cerca de ella, de sentir su presencia, hace que todo lo demás se desvanezca.

—Lo sé —respondo en voz baja, acariciando su cabello suavemente—. Pero no aguanto más sin estar cerca de ti.

La abrazo un momento, acurrucándola contra mi pecho. En mi mente, sé que no deberíamos, pero no puedo resistirme a estar cerca de ella, aunque sea solo por un rato más.

Ella se acomoda a mi lado y nuestros cuerpos encuentran su lugar. En ese momento, no necesitamos hablar más. La conexión es tan fuerte que las palabras sobran.

Pero el cansancio empieza a hacer su efecto.

El peso de la noche, de la emoción contenida, de estar tan cerca de ella, me empieza a abrumar.

Su respiración se vuelve más lenta y profunda, y yo, incapaz de mantener los ojos abiertos por más tiempo, me dejo llevar también.

Nos quedamos allí, juntos, en el silencio, hasta que caemos en un sueño profundo y tranquilo.

De repente, el sonido de una voz grave y autoritaria me despierta. La oigo claramente, incluso con la niebla del sueño aún en mi mente. Ya ha amanecido, la luz del sol entra tímidamente por la ventana, iluminando la habitación con una claridad que me hace sentir aún más expuesto.

—¿Qué está pasando aquí? —La voz de su padre, fuerte y llena de sorpresa, llena la habitación y me hace abrir los ojos de golpe.

Me quedo paralizado, completamente alerta. Mirella también se despierta de inmediato, su cuerpo se tensa junto al mío. Se incorpora rápidamente, mirando hacia la puerta con los ojos bien abiertos, con el miedo evidente en su rostro.

—Papá… —murmura ella, intentando acomodarse en la cama, cubriéndose con las sábanas, pero su mirada se encuentra con la mía por un segundo. No hay forma de negar lo que está pasando.

Yo me quedo sin saber qué hacer, sintiendo la presión del momento sobre mí. El padre de Mirella está en la puerta, mirándonos con una cara de pocos amigos.

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—Tienes que cortar con mi hija.

—Señor, yo amo a su hija y puedo hacerla feliz.

—No lo entiendes. Toda mi vida me he matado a trabajar para que a mi hija no le falte de nada, y lo he conseguido. Es rica, podría vivir toda su vida sin trabajar si ella así lo desea.

— Lo sé.

—A lo que voy, Rhett. ¿Qué tienes para ofrecerle a mi hija? No tienes dinero, eres un simple trabajador y mi hija merece mucho más, merece a alguien mucho mejor que tú a su lado. Como...

—¿Ithan? —Pronuncio con recelo.

—Exacto. Como Ithan. No tengo nada contra ti, Rhett, de verdad. Pero no estás a la altura de mi hija.

No vales para nada.

Tu destino es hacerle daño a las personas.

No eres una buena persona.

No estás a la altura de mi hija.

—Sé que no tengo el dinero que tiene Ithan, yo no puedo ofrecerle cosas materiales, pero si puedo quererla, mucho. Más de lo que ya lo hago.

Me arrancaría el corazón y se lo daría a ella sin pensarlo.

—Mi hija merece alguien como Ithan. —Repite.

—Pero no lo quiere a él, me quiere a mí y usted no puede hacer nada para impedirlo.

—Mira, Rhett, esto no se trata de amor. Se trata de que ella es mi única salvación y tú vas a dejarla para que pueda casarse con Ithan para que a mí no me maten.

—Tus deudas son tus problemas, no de ella.

—Sí lo son, porque sin quererlo ella está metida en todo esto. Y si tú no la dejas para que pueda casarse y saldar esta deuda, la matarán. ¿Quieres eso, Rhett? ¿Quieres que la maten por tu egoísmo?

Elian no espera respuesta y se va, dejándome en ese frío despacho con mis pensamientos.

¿Quieres que la maten por tu egoísmo?

Claro que no, joder.

Si pudiera cambiarme por ella, lo haría sin pensarlo. Me arrancaría la vida si con eso pudiera garantizar que a Mirella no le pase nada. La protegería con todo lo que tengo, pelearía contra quien hiciera falta. Pero esto... esto es distinto.

Es una trampa. Una puta manipulación.

Elian no lo hace por amor a su hija. Lo hace por él. Por su pellejo. Por sus errores. Y la está usando a ella como moneda de cambio. Como si su felicidad, su libertad, su vida, no valiera nada más que saldar una deuda.

Y yo... ¿qué hago? ¿Me convierto en cómplice de eso? ¿La dejo por miedo? ¿Le arranco el corazón sin darle siquiera una explicación?

No. No puedo.

Mirella necesita saber la verdad. Tiene derecho a decidir, a entender lo que está pasando. No puedo tomar esta decisión por los dos. No puedo dejarla así, sin más, sin que sepa lo que están haciendo a sus espaldas.

Me paso las manos por la cara, respiro hondo y salgo del despacho. El corazón me late con fuerza en el pecho, pero ya no es por miedo. Es por ella.

Voy a buscarla.

Tiene que saberlo todo.