UN LUGAR LLAMADO NOSOTROS Capítulo 32.
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Capítulo 32.

Rhett.

Estoy en la sala de espera mientras Mirella sigue en la habitación con su padre, no ha salido desde que entramos.

Me levanto, camino de un lado a otro, me vuelvo a sentar. Miro el reloj. ¿Han pasado dos horas? ¿Más? No lo sé. El tiempo aquí dentro se siente espeso, como si cada minuto durara el doble.

Zayden y Ava están conmigo, sentados uno al lado del otro en esos asientos incómodos de plástico.

Ava no deja de mirar el teléfono, nerviosa. Zayden intenta hablarle en voz baja para calmarla. Yo no tengo cabeza para eso.

No puedo dejar de pensar en Mirella.

¿Estará bien? Intento imaginármela allí dentro junto al lado de su padre, ¿él estará bien?

Suelto un suspiro largo, pasando una mano por mi cabello.

La necesito aquí. Necesito verla, abrazarla, saber que está bien.

—Va a estar bien, ¿sabes? —Escucho de pronto la voz de Zayden a mi lado.

Lo miro de reojo y asiento, aunque no estoy seguro de creerlo.

Mis ojos no se apartan de la puerta.

Cada vez que alguien la abre, mi corazón salta. Pero no es ella. Nunca es ella.

Cierro los puños, me obligo a respirar despacio.

Vamos, pajarito… sal de ahí. Estoy aquí, esperándote.

Después de un buen rato, la puerta vuelve a abrirse y esta vez es ella.

Me levanto de golpe y desde aquí veo que tiene los ojos rojos, hinchados de tanto llorar, pero también veo que donde debería haber tristeza, hay enfado.

Frunzo el ceño.

Quiero ir hacia ella, pero antes de dar el primer paso veo cómo va en dirección contraria hacia nosotros, va hacia la salida.

Ava se levanta, preocupada, y Zayden frunce el ceño.

No lo pienso más y voy en busca de ella, cruzo el pasillo y empujo la puerta, hace frío y está lloviendo, pero no veo a Mirella.

Cuando bajo el primer escalón, el agua me moja en segundos, la lluvia empieza a ponerse más intensa, pero me da igual, quiero encontrarla.

Camino rodeando el hospital, mientras miro por todos lados, pero no la veo. ¿Dónde está? ¿Qué habrá pasado para que saliera así?

Llego a una parte alejada del hospital donde hay una capilla, no sé si estará dentro, pero es mi última opción, abro con cuidado la puerta y ahí está, en el último banco con la cabeza agachada, y su pelo suelta gotas formando un pequeño charco en el suelo de lo mojado que está.

Con pasos silenciosos me acerco a ella y me siento a su lado, levanta la cabeza, pero no me mira.

Busca mi mano y se la doy, entrelazándola con la suya, acerco su mano a mi boca y le doy un beso, haciéndole saber que estoy aquí, con ella.

No sé qué le habrá pasado para que saliera así de aquella habitación, pero quiero que sepa que no voy a irme a ningún lado, pase lo que pase.