UN LUGAR LLAMADO NOSOTROS Capítulo 31.
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Capítulo 31.

Mirella.

Ya han pasado varias semanas desde que pasó aquel incidente con Ithan, y Rhett está más atento que de costumbre.

Está súper atento a todo, mirando para todos lados cuando vamos a algún sitio y por las noches cuando vamos a la cama baja las persianas hasta que desparece cualquier rato de luna que pueda colarse por los agujeritos de las persianas.

Pero no es el único que esta así, yo también lo estoy porque me he dado cuenta de una cosa.

El hombre enmascarado que entró en mi casa cuando me rompí la mano era él.

Ithan.

Pero no le he dicho nada a Rhett de momento, no quiero preocuparlo más de lo que está ya.

Ahora estamos en casa de Ava, Zayden y Rhett están en el área de la piscina poniéndose al día mientras veo a mi amiga bastante nerviosa mirando cada dos por tres su teléfono.

—¿Estás bien? —Pregunto finalmente, inclinándome un poco hacia ella.

Ava me lanza una sonrisa fugaz, nerviosa.—Sí, sí… cosas del trabajo. Nada grave —responde, bajando la vista.

La miro en silencio por un momento. Luego, sin pensarlo, le tomo la mano.—Ava… sabes que puedes contarme lo que sea, ¿verdad? —Le digo suavemente—. Si algo te preocupa, no tienes que cargarlo sola. Somos amigas. Estoy aquí para ti.

Ava traga saliva y su mirada se humedece apenas, pero sacude la cabeza.

—Mirella, de verdad… estoy bien. Es solo… complicado. Pero gracias, de verdad —me aprieta un momento la mano.

Voy a responderle, a insistirle suavemente, cuando vibra mi teléfono.No sé quién me está llamando, pero lo contesto igualmente.

—¿Diga?

—¿Es usted familia de Elian Morgan?

—Si, es mi padre, ¿por qué?

—Verá, es que ha tenido un accidente y...

No escucho nada más, la palabra accidente se repite en mi cabeza una y otra vez mientras noto cómo mis manos tiemblan y el teléfono se me resbala de las manos cayendo al suelo, pronto noto a Ava, Rhett y Zayden a mi alrededor diciéndome cosas, pero no oigo nada.

Sigo escuchando la palabra accidente y siento un miedo que me recorre el cuerpo entero. Es como si me hubieran metido en un túnel, como si todo sonido se hubiera apagado excepto ese maldito latido en mis oídos y la palabra accidente, accidente, accidente golpeándome el pecho.

Un frío me recorre de pies a cabeza, como si alguien hubiera vaciado un cubo de agua helada sobre mí.

El corazón me late tan fuerte que duele, las piernas me flaquean, la garganta se me cierra.

Apenas puedo respirar.Y entonces, el miedo me inunda por completo.

Un miedo antiguo, conocido. Ese miedo que creí haber dejado atrás cuando mamá murió.

¿Y si lo pierdo también? ¿Y si no lo vuelvo a ver? ¿Y si esta es la última vez que escucho su nombre?

Quiero hablar, quiero decir algo, pero las palabras no me salen. Solo alcanzo a mirar a Rhett cuando se arrodilla frente a mí y siento que me aferro a él como si fuera el único ancla que me queda en este momento.

Siento las manos de Rhett sujetándome, cálidas, firmes, devolviéndome poco a poco al mundo.

—Amor, respira conmigo. Aquí, conmigo —me murmura al oído.

Ava está a mi lado, apretando mi brazo, y Zayden les dice algo rápido, pero ya no estoy en ese vacío.

Respiro. Una, dos veces. Y entonces, estamos en el coche.

El trayecto hasta el hospital es un borrón de luces, semáforos, bocinas lejanas. Rhett no me suelta la mano ni un solo segundo. Cuando por fin entramos por las puertas del hospital, casi tropiezo al correr por los pasillos. Mi corazón amenaza con estallar mientras pregunto por mi padre.

—¿Mirella Morgan? —Me llama una enfermera—. Por aquí, por favor.

Respiro hondo antes de entrar. Y allí está.

Mi padre.

Tan golpeado, tan herido, pero con vida.

—Papá… —susurro, sintiendo cómo las lágrimas me llenan los ojos mientras corro hacia él. Me agacho a su lado, lo abrazo con cuidado, temiendo lastimarlo más.—Ay, mi niña… mi princesa —dice él, con la voz áspera, como si hubiera estado llorando cuando yo no miraba.

—Papá, ¿qué ha pasado? ¿Quién te hizo esto? —Pregunto entre sollozos, recorriendo su rostro con la mirada. Me duele verlo así. Es como si el hombre fuerte que siempre conocí estuviera derrumbándose frente a mí.

—No preguntes… por favor, no ahora —responde, acariciándome el cabello con su mano libre.—Pero papá… —insisto.

—Mirella, escucha. Lo que importa ahora es que estoy aquí… y que tú viniste —dice, con una sonrisa triste—. Sabía que vendrías. Siempre has sido mi niña buena.

Me aferro a su mano.

—Claro que vine. Siempre voy a venir. ¿Necesitas algo?

Él suspira largo, cierra los ojos un segundo, y cuando los abre, me mira como si estuviera tomando la decisión más difícil de su vida.

—Tengo muchos problemas, hija. Más de lo que puedas imaginar. He hecho cosas… he tomado malas decisiones. Pero todo lo que hice fue por ti. Para darte una vida mejor.

—Papá, no tienes que explicarme nada. Estoy aquí para ayudarte. Te vamos a sacar de esto, ¿vale? Rhett puede ayudar, Zayden también… —le digo rápido, desesperada por aliviar su angustia.

Pero él niega suavemente con la cabeza.

—No, mi amor. Esto… esto es algo que solo tú puedes hacer.

Me quedo en silencio.

—¿Yo? ¿Qué quieres decir?

—Tienes que confiar en mí —me dice, apretándome la mano con fuerza—. Tienes que hacerme caso. Es la única manera de salvarnos.

—Sí, papá. Te lo prometo. Lo que sea. Solo dime qué hacer.

Traga saliva.

—Tienes que casarte con Ithan Vanderblit.