UN LUGAR LLAMADO NOSOTROS Capítulo 19.
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Capítulo 19.

Mirella.

El césped está fresco bajo mi espalda, el cuerpo de Rhett cubre el mío y todo lo demás desaparece. Su respiración es pesada, sus manos sujetan mis caderas con firmeza mientras sigue moviéndose dentro de mí con esa intensidad que me vuelve loca.

—Joder, te siento tan bien. —Gruñe contra mi cuello.

—Rhett… —gimo su nombre, perdida en él.

—Dilo otra vez, pajarito.

Abro la boca para hacerlo cuando, de repente…

—¡¡AAAHHHH!! ¡MIS OJOS! ¡POR DIOS, MIS OJOS!

El grito de Ava nos golpea como un balde de agua helada.

Rhett se congela encima de mí por una fracción de segundo antes de maldecir por lo bajo y salirse de golpe. Se pone de pie con rapidez, buscando desesperadamente algo para taparme mientras yo me cubro como puedo con las manos, mi corazón latiendo a mil por hora.

—¡¿Qué mierda?! —Brama él, girándose con el ceño fruncido.

Yo, en estado de pánico total, intento cubrirme con lo que sea que encuentre, pero no hay absolutamente nada cerca.

—¡NO MIRES! —Grito, intentando taparme con las manos.

—¡¿CÓMO QUE NO MIRE?! —Exclama Ava, llevándose las manos a la cara—. ¡SI YA LO HE VISTO TODO!

—¡Yo no quería ver nada! —Se queja Zayden, apartando la mirada rápidamente—. Pero cuando tu novia grita como si hubiera visto un asesinato, uno mira por instinto.

Rhett, maldiciendo entre dientes, agarra la toalla más cercana, cubriéndome en un movimiento rápido.

—No la mires, cabrón —gruñe, fulminando a Zayden.

—¡Ni que quisiera hacerlo! —Se defiende él, levantando las manos—. Esto es traumático, hermano. No esperaba encontrarme con algo así un miércoles por la tarde.

—¡Lo traumático es que no aprendan a cerrar con llave o a estar bajo techo como las personas normales! —Bufa, Ava, todavía con la cara tapada.

Yo, enterrando la cabeza en la toalla, murmuro:

—Tierra, trágame…

Ava, aún con la cara roja de vergüenza, intenta recomponerse mientras mira a Zayden, que parece igual de sorprendido.

—Lo sentimos, no queríamos interrumpir, solo queríamos pasar el día con ustedes… —dice Ava, tratando de excusarse y apartando la mirada, visiblemente incómoda.

Rhett, con una sonrisa burlona, la mira por un momento antes de responder con tono relajado:

—Bueno, ya que están aquí… entren al salón, ahora vamos nosotros.

Ava y Zayden, aún algo incómodos, se dan la vuelta y entran rápidamente al salón, intentando evitar hacer más comentarios sobre lo que acababan de presenciar.

Rhett se acerca a mí con esa sonrisa que, a pesar de todo, me hace sentir más nerviosa que nunca. Hay algo en su mirada que refleja diversión y desafío, como si supiera que, en este momento, estoy completamente fuera de mi zona de confort.

—¿Te quedas ahí o vienes? —Dice, con tono burlón, claramente disfrutando de la situación.

—Cállate.

Apenas acabo de decirlo y ya siento cómo la vergüenza se apodera de mí. No puedo ni mirarlo. Y claro, Rhett, disfrutando al máximo, sonríe más ampliamente.

Sin decir palabra, se da la vuelta y va a por su bañador. Después, se lo pone con calma, con esa confianza que siempre tiene. Yo, en cambio, me apresuro a tomar el bikini que me lanza, sintiendo cómo el calor sube aún más por mi cuello.

—Te lo paso —dice de manera tan tranquila, como si nada hubiera pasado.

Le doy una mirada rápida, un tanto incómoda, y me doy la vuelta para ponerme el bikini lo más rápido posible. Aunque no lo quiero admitir, todo esto me resulta aún más embarazoso que lo que acabo de vivir. Cuando logro ponerme el bikini, escucho sus pasos acercándose nuevamente.

Rhett se queda parado frente a mí, sus ojos recorriéndome de arriba abajo, y esa chispa de deseo en su mirada no hace más que aumentar mi rubor.

—Te queda muy bien este bikini, pajarito —dice, haciendo una pausa, su mirada más intensa—. Pero, sabes... me gusta mucho más cuando no lo llevas puesto.

Mis ojos se abren como platos.

—¡Rhett!

La risa se le escapa como una corriente, y de repente, en un impulso le doy un manotazo suave en el abdomen.

—¡Cállate! —Le suelto, más divertida que molesta, mientras empujo mi vergüenza al fondo y me giro para ir al salón.

Pero antes de que pueda dar un paso más, siento una mano ligera en mi culo. Un pequeño golpe, tan rápido que ni siquiera me da tiempo a reaccionar.

—¡Oye! —Me doy la vuelta, el rostro completamente rojo, mientras él simplemente se ríe de nuevo, como si no hubiera hecho nada malo.

—¡¿Qué?! —Responde Rhett, con un aire inocente, como si no entendiera por qué me sonrojo tanto—. ¡Si ni siquiera fue para tanto!

—¡Fue demasiado! —Le respondo, cruzándome de brazos.

Él simplemente se encoge de hombros, soltando una risa.

—Solo te di un pequeño recordatorio de lo que te espera cuando se vayan —dice, con una sonrisa traviesa.

—¡No puedes ir en serio! —Le respondo, sintiendo que el calor me sube a las mejillas, mientras empiezo a caminar hacia el salón.

Él sonríe con suficiencia y me sigue.

—Claro que sí, pajarito, claro que sí —dice, dándome un pequeño empujón juguetón antes de entrar.

———————————————————

Ava y yo estamos en la cocina mientras Rhett y Zayden se quedan en el salón.

—Vale —empieza Ava, apoyándose en la encimera—. Explícame cómo pasamos de Mirella odia a Rhett a Mirella se lo tira en el césped sin ningún pudor.

—¡Ava!

—¡Es una pregunta válida! —Dice, levantando las manos.

Me cubro la cara con las manos, incapaz de mirar a Ava a los ojos.

—¡Ni siquiera sé cómo pasó!

Ava entrecierra los ojos, mirándome con desconfianza.

—Eso es mentira y lo sabes.

Suspiro y me dejo caer en una silla, agotada por la conversación.

—Intentamos llevarnos bien... y no sé, pasó. Así de simple, ¿vale? —Digo, mirando al suelo, un poco avergonzada, pero sintiéndome aliviada de haberlo dicho en voz alta.

Ava no dice nada por un momento, solo me observa con una mezcla de curiosidad y sorpresa.

—¿Y... Rhett te trata bien?

Me muerdo el labio, evitando su mirada por un momento.

—Sí, sí lo hace —digo finalmente, un poco nerviosa, pero reconociendo que no puedo ocultar lo que está pasando entre nosotros.

Ava asiente lentamente, como si estuviera digiriendo la respuesta.

—Me alegra escuchar eso... —murmura, aunque parece seguir pensando en algo más.

Intento cambiar el tema para no hacer la conversación tan incómoda.

—¿Y tú qué tal con Zayden? —Pregunto, sonriendo con un toque de picardía, tratando de desviar su atención.

Ava arquea una ceja, casi sorprendida por mi pregunta.

—¡Oh, no me hagas hablar de él! —Dice, sacudiendo la cabeza, pero luego sonríe, visiblemente más relajada—. Va bien, supongo... Es... interesante, por decirlo de alguna manera.

Nos reímos las dos, dejando que el ambiente se relaje un poco antes de que Zayden entre en la habitación, mirando a Ava con una sonrisa.

—¿Ya están listas para ir al salón? —Pregunta él, con tono amistoso.

Ava asiente y me lanza una mirada cómplice.

—Sí, vamos —digo, levantándome de la silla y dirigiéndome hacia la puerta.

Salimos al salón y nos sentamos a disfrutar de la tarde, charlando y riendo juntos. Al llegar la hora de la cena, todos nos sentamos a comer, y después de disfrutar, Zayden y Ava se despiden para irse.

—Bueno, nos vamos ya —dice Ava, mirando a Zayden con una sonrisa.

—Nos vemos pronto —añade Zayden, con un gesto amistoso hacia todos.

Rhett cierra la puerta con un golpe suave y se gira hacia mí, sonriendo de esa manera provocadora que siempre me pone nerviosa. Da un paso hacia mí con esa lentitud que sabe que me pone nerviosa. Yo retrocedo, pero el borde de la mesa me lo impide, chocando contra ella.

—Ahora sí, pajarito, estamos solos —dice, con un tono que mezcla diversión y desafío.

Su cuerpo se acerca más al mío, y antes de que pueda reaccionar, me coge en sus brazos con suavidad, como si fuera lo más natural del mundo. Me siento vulnerable en sus brazos, pero también increíblemente segura.

Rhett no pierde ni un segundo y reclama mi boca, besándome con fuerza, con hambre. Me mantiene en sus brazos mientras anda hacia el sofá, y me tumba con cuidado para luego abandonar mi boca.

Recorre mi cuerpo con su mano hasta llegar al lazo del vestido y tira de él con delicadeza hasta deshacerlo, dejando mi cuerpo al descubierto, solo con el bikini. Él está de pie, mirándome con una intensidad que hace que mi respiración se acelere.

Al notarlo, sonríe de una manera dejando claro que sabe perfectamente lo que provoca en mí, se lame los labios y se acomoda entre mis piernas haciendo que note lo duro que está.

Me besa con urgencia y gimo en su boca al notar cómo se mueve contra mí y me acaricia los muslos, apretando con firmeza.

—Rhett...—susurro, intentando mantener el control.

—Mmm...— dice mientras empieza besar mi cuello.

—¿Te acuerdas lo que me dijiste la primera vez que lo hicimos? —Le pregunto, la curiosidad dominándome.

—Dije muchas cosas.

—Lo de hacerlo a tu manera... —insisto, mis ojos buscando los suyos, con una mezcla de incertidumbre y desafío.

Él se detiene por un segundo, la sonrisa desaparece de su rostro mientras se queda en silencio, evaluándome. Sus manos se detienen, y me mira de una forma intensa.

—¿Qué pasa con eso? —Pregunta, su voz baja, como si estuviera analizando cada palabra que digo.

—Quiero saber a qué te refieres con eso —respondo, nerviosa, pero también intrigada.

Rhett se queda en silencio por un momento, y luego, sin decir nada más, se quita de encima de mí con brusquedad, como si estuviera evitando algo. Se sienta en el sofá, mirándome fijamente.

—No creo que estés lista para eso —dice, su voz más grave, más seria.

—¿Por qué? —Pregunto, un tanto desconcertada. Mi curiosidad ahora está completamente despierta, pero al mismo tiempo, un nudo se forma en mi estómago.

—Porque no es algo sencillo —responde, como si las palabras le costaran—. No quiero que te arrepientas después. No quiero hacerte daño, pajarito.

Su cuerpo está tenso, y aunque sigue siendo dominante en su actitud, hay una vulnerabilidad en su tono que no esperaba. Me observa, esperando ver cómo reacciono. La tensión entre nosotros se hace casi palpable.

Me acerco un poco, desafiándolo con la mirada.