Capítulo 14.
Rhett.
La música retumba en las paredes de la discoteca, las luces de neón parpadean, y la multitud se mueve al ritmo de la canción. Desde la barra, observo el caos controlado de la pista de baile, pero mi atención se fija en una única persona.
Mirella.
Lleva un vestido negro ajustado que resalta cada curva de su cuerpo.
Su pelo cae en suaves ondas sobre sus hombros y, cuando sonríe por algo que le dice Ava, siento una extraña punzada en el pecho.
No aparto la mirada de ella, pero tampoco dejo que esa sensación se quede demasiado tiempo en mi cabeza.
A mi lado, Zayden también está distraído, aunque su atención está puesta en Ava.
—¿Desde cuándo? —Pregunto sin rodeos.
Zayden gira la cabeza hacia mí, confundido.
—¿Qué?
—¿Desde cuándo salís?
Su mandíbula se tensa un segundo antes de responder.
—No mucho, un mes.
Levanto una ceja.
—Pero si te odiaba.
Él se ríe entre dientes y se encoge de hombros.
—La línea entre el odio y otra cosa es muy fina.
No respondo. No porque no tenga nada que decir, sino porque, antes de poder hacerlo, Zayden se aleja hacia la pista, donde Ava lo espera con los brazos cruzados y una sonrisa que intenta ocultar su diversión.
No pasa ni un minuto cuando Mirella aparece a mi lado, con su mirada intensa puesta en mí.
—¿Ya te has cansado?
—No —responde sin apartar la vista de Zayden y Ava—. Solo le doy espacio a la parejita.
—Parece que no te gusta que estén juntos.
—No quiero que mi amiga sufra.
Mirella ladea la cabeza, analizándome.
—Zayden es un buen tipo, no le hará daño. Créeme, él no es como yo.
Mis labios se curvan en una sonrisa sin humor.
—¿Cómo tú?
Asiento.
— ¿Y cómo eres tú?
Desvío la mirada hacia ella, observando el brillo de desafío en sus ojos.
—Creí que habíamos terminado con las preguntas, pajarito.
Mirella sonríe de lado.
—Todavía quedan muchísimas preguntas por hacernos.
Cruzo los brazos.
—Empieza.
—¿Bailas?
Suelto una carcajada baja.
—Yo nunca bailo. Será mejor que vuelvas con tu amiga, por eso me insististe en que te trajera, ¿no?
—Sí, pero falta tu pregunta.
La observo por un momento antes de inclinarme un poco hacia ella.
—No te preocupes, todavía nos quedan muchos meses juntos. Así que ve y disfruta, porque no pienso traerte de nuevo a una discoteca.
Ella sonríe con picardía mientras retrocede hacia la pista.
—Ya lo veremos.
Y entonces, se va con Ava y Zayden, dejándome con la certeza de que, de alguna manera, volverá a hacer que rompa mi propia palabra.
Miro hacia la pista y la veo bailar con Ava. Sonríe, y, por un momento, me permito observarla sin la necesidad de fingir indiferencia.
—¿Es por ella que ya no me llamas?
Reconozco la voz antes de girarme.
Martha.
Suelta una risa seca al ver mi expresión.
—Contéstame.
—Yo no tengo por qué darte explicaciones.
Cruza los brazos y alza una ceja.
—Ah, ¿no? Me dejaste tirada.
—Estoy seguro de que no tardaste en buscarte a otro.
—¿Celoso?
Suelto una carcajada sin humor.
—No seas ridícula, Martha. Solo eras una más.
Su mandíbula se tensa y sus ojos destellan con furia.
—Eres un hijo de puta.
Le dedico una media sonrisa.
—No eres la primera que me lo dice.
Martha me observa con una mezcla de rabia y resignación, y luego dirige la vista hacia la pista, donde Mirella sigue bailando con Ava.
—Y tampoco seré la última —murmura antes de darse la vuelta y marcharse.
No la detengo.
Suelto un suspiro y vuelvo la mirada hacia Mirella. Pero algo cambia en mi expresión cuando veo a un tipo acercándose demasiado a ella.
Ithan.
La manera en que se inclina hacia ella, en que invade su espacio personal, no me gusta nada. Ella está incómoda, lo noto en la rigidez de sus hombros, en cómo aparta la mirada.
La música sigue retumbando, pero ahora solo puedo escuchar la tensión en mi propia respiración.
Con la mandíbula tensa, me levanto y voy hacia ellos.
—Te ha dicho que no, tío. —Dice Zayden, su expresión seria.
—¿Qué pasa aquí? —Pregunto, acercándome.
—Otro. —Ithan nos mira con fastidio—. ¿Por qué no os largáis y me dejáis hablar con ella? La conozco, su padre y yo estamos haciendo negocios.
—Con su padre, no con ella. —Responde Ava, cruzándose de brazos.
—Cállate, bonita. —Replica él con desdén.
—Cuidado con cómo le hablas. —Zayden da un paso al frente.
Aprieto los puños. Este imbécil está buscando pelea.
—Mira, tío, si has venido buscando problemas, puedes largarte por donde has venido. —Digo con calma.
—A mí nadie me dice lo que tengo que hacer, y menos un guardaespaldas de pacotilla como tú. —Su tono es desafiante.
Está borracho y, por la forma en que sus pupilas están dilatadas, diría que algo más. Miro de reojo a Mirella. No dice nada. ¿Por qué? Con su carácter…, esperaba que lo pusiera en su sitio. No es que quiera que me defienda ni lo necesite, pero tampoco dijo nada cuando le habló así a Ava.
Solo lo observa.
Por un momento, me imagino dándole un puñetazo con tanta fuerza que seguro se le iría todo lo que se ha metido, pero no. No le voy a dar lo que está buscando.
—Voy a hacer como si no hubiera oído eso, ¿vale? Pero te doy un consejo: deja en paz a Mirella.
—¿Y si no lo hago?
—No quieras saberlo.
—¿Me estás amenazando?
—Sí. —Suelto sin inmutarme.
Se calla.
—Mirella, nos vamos. —Digo con firmeza.
Ava se va con Zayden en su coche y yo le abro la puerta del copiloto a Mirella. Me mira extrañada. Nunca lo había hecho antes, pero hoy sí.
No sé porque, pero la quiero a mi lado.
Arranco el coche y la miro de reojo.
—Mi pregunta: ¿por qué no le has dicho nada?
—Estaba intentando recordar de qué conozco a Ithan. —Responde en voz baja.
—De los negocios que tiene con tu padre, ¿no?
—No. Lo conozco de algo más, pero no logro recordarlo. No sé por qué, pero Ithan no me da ninguna sensación buena.
—Ya somos dos. —Murmuro, apretando el volante.
Empiezo a conducir. Ella no lo sabe, pero yo sí. Lo vi en ese documento que Zayden me envió.
Lo cierto es que, aunque antes la controlaba en todo momento, había empezado a soltar las riendas.
Era mi manera de marcar distancia, y estaba funcionando.
Ella no se enfadaba, no me sacaba de mis casillas y yo no tenía ese deseo continuo de acorralarla contra mi cuerpo y cualquier superficie.
Por primera vez, nos estábamos llevando bien.
Pero ahora… ahora voy a tener que volver a hacerlo.
Adiós a la distancia.
Gracias, Ithan.