Capítulo 13.
Mirella.
—Esto es una mala idea.
Rhett se deja caer en el sofá con una caja de pizza en la mano y una sonrisa arrogante en la cara.
—¿Por qué? Dijiste que teníamos que intentar llevarnos bien. Esto es un paso en la dirección correcta.
—Sí, pero no estaba pensando en tortura psicológica.
—¿Ver una película conmigo es tortura?
—No. —Cojo un trozo de pizza y lo miro con seriedad—. Que no te calles mientras la vemos, sí.
Él suelta una carcajada y me da un golpecito en la pierna con el pie.
—Relájate, pajarito.
—Primera y última vez que hago esto contigo.
—Ya veremos.
Y, efectivamente, en cuanto empieza la película, Rhett abre la boca.
—Ese actor también sale en otra peli que...
—Cállate.
Cinco minutos después.
—Eso no tiene sentido, en serio. Si ese tipo hubiera girado a la derecha en vez de...
—Que. Te. Calles.
Silencio.
Por dos minutos.
—A ver, pero si el asesino estaba en la casa desde el principio, ¿por qué...?
Le lanzo un cojín a la cara.
—¡Te juro que te vas a atragantar con la pizza si sigues así!
Él solo se ríe y me mira con esa expresión de puro desafío que me dan ganas de… ugh.
Lo odio.
Pero, joder, tengo que admitir que la noche no está siendo tan mala como pensé.
Después de un rato y sin oír a Rhett mencionar la película, cosa que me parece extraño, lo miro.
Está dormido y sin querer se e escapa una sonrisilla mientras lo veo dormir.
Qué mono, parece hasta casi inofensivo. Casi.
Cojo una sábana para taparlo y me vuelvo a centrar en la película sin darme cuenta de que yo también me estoy quedando dormida, a su lado.
Cuando abro los ojos, es de día, estoy tumbada en el sofá y con la sábana con la que tapé anoche a Rhett, huele a él.
Me remuevo un poco, notando algo más. Un peso sobre mi cintura. Bajo la mirada y veo un brazo. Su brazo.
Rhett está pegado a mí, su respiración tranquila, su pecho subiendo y bajando rítmicamente.
Intento moverme con cuidado, pero su agarre se aprieta ligeramente y su rostro se entierra en mi cuello. Mi cuerpo entero se tensa.
—Rhett... —susurro, sin saber exactamente qué quiero decirle.
Él gruñe algo ininteligible y se acomoda más. Joder.
Tomo aire y trato de deslizarme con delicadeza para salir de su abrazo sin despertarlo, pero en cuanto lo intento, sus ojos se abren, entrecerrados por el sueño. Me mira durante unos segundos antes de que parezca procesar la situación.
Parpadea y, de repente, se aleja, levantándose bruscamente del sofá.
—Mierda —murmura, pasándose una mano por el pelo despeinado.
Me enderezo, acomodando la sábana sobre mis piernas, observándolo con curiosidad.
—Tranquilo, no te violé mientras dormías —digo con ironía, pero mi voz suena un poco más ronca de lo que esperaba.
Rhett me lanza una mirada asesina.
—No es gracioso.
—Un poco sí.
—No lo es.
Se aleja hacia la cocina sin decir nada más, y yo suelto un suspiro.
Definitivamente, esto no va a ser tan fácil como pensaba.