Capítulo 10.
Rhett.
Nunca se me había puesto la polla tan dura.
No sé qué me ha pasado, por un segundo, tenía ganas de besarla, de subirla a la encimera y adentrarme tan profundo de ella con tanta fuerza hasta que entendiera que no puede cabrearme de esa manera y luego irse de rositas.
Estaba a punto de hacerlo hasta que algo cruzó mi mente. Joder, tan solo tiene diecinueve años. Y esto está mal, muy mal.
Me voy a mi dormitorio y abro la ducha, lo más fría posible y me doy un buen baño.
Lo necesito. Cuando salgo, dudo de si dormir en el sofá que puse en su habitación o quedarme aquí, aquel sofá es muy incómodo y empiezo a tener contracturas en el cuello, pero decido ir hacía su habitación, aunque no sé porque lo sigo haciendo, no puede escaparse, me he asegurado de ello sellándole la ventana para que no pueda abrirla.
Quizá lo hago por si alguien vuelve a intentar hacerle daño como anoche, pero en cuanto entro en su habitación y la veo destapada, de espaldas, mi polla me da otra respuesta.
No me jodas, tío.
◆◆◆
Ha pasado una semana desde que mi cabeza me jugó una mala jugada. Desde entonces, Mirella ha cambiado totalmente conmigo.
Puedo decir que me está haciendo el trabajo más ameno, lleva una semana sin discutir conmigo, cosa que agradezco, la verdad, tener que discutir con ella todos los días y a todas horas, es agotador. Y aunque no tenemos mucha conversación, me conformo con que no me lleve al límite.
Aunque admito que echo de menos verla enfadada. A veces hasta me planteo de buscar sacarla de quicio, pero no estoy aquí para esto, estoy aquí para protegerla.
Tengo 30 años joder, y este es mi trabajo.
Hoy es el cumpleaños de Mirella, y Ava, me ha convencido para hacerle algo por su cumpleaños, cosa a la que no me he negado.
No soy tan hijo de puta, aunque me lo hayan dicho ya varias personas, pero nunca voy a negarle a una persona que no celebre su cumpleaños.
—¿Sigue dormida? —Pregunta Ava, mientras echa chocolate a los creps.
Según Ava, le encantan los creps con extra de chocolate.
—Sí, échale más chocolate.
Ava me mira de una forma extraña.
—¿Qué? Me has dicho que es una adicta al chocolate ¿no? —Asiente, todavía con el ceño fruncido. —Pues échale más, no me apetece nada soportar su mal genio por la escasez de su chocolate favorito en esos creps.
Nota mental: le encanta los creps con bastante Nutella.
—Bien, vamos a llevarle el desayuno a la cama. —Dice colocando el plato de los creps en una bandeja junto con un zumo para extendérmelo para que yo lo coja.
Genial, me toca ser el sirviente.
Subimos las escaleras y al llegar a su habitación, Ava corre hacia su cama para saltar mientras le canta en cumpleaños feliz. Ella se despierta sobresaltada pero no tarda en sentarse en la cama mientras se sienta en la cama y se ríe.
Cuando termina, Ava se tira encima de ella y le da un abrazo deseándole un feliz cumpleaños mientras ella le da las gracias.
Estoy sonriendo desde la puerta con la bandeja en las manos al ver la escena y cuando ambas me miran me pongo serio, fingiendo estar molesto porque Ava me ha obligado a traer la bandeja.
Estoy quieto sin decir ni hacer nada hasta que Ava hace un carraspeo forzoso con la garganta.
—Ah sí. —Me acerco a la cama y le pongo la bandeja en los pies. —Feliz cumpleaños, pajarito.
Mirella levanta la vista y se está ruborizando mientras Ava me mira con los ojos abiertos como platos al ver oír como la he llamado.
—Gracias. —Responde con timidez.
Me quedo mirándola más tiempo del necesario y no me doy cuenta hasta que Ava rompe el momento hablándole de cualquier tontería y yo me retiro. En cuanto salgo por la puerta escucho a Ava.
—¿Por qué te ha llamado pajarito?
—Lo hace para fastidiarme. —Responde ella y me alejo con una sonrisa.
Después del desayuno se meten en la piscina y yo las observo, viendo cómo se divierte y en un momento miro la fecha.
Nota mental: 10 de Julio, cumpleaños de Mirella.
Se salen de la piscina a la hora de comer y luego se vuelven a meter otro rato, comen tarta, ven pelis y cenan juntas.
—Gracias por este día, Ava.
—¿Para qué están las amigas si no?
— No, enserio. Muchas gracias, lo necesitaba.
—Lo sé.
—¿Quieres que te acerquemos?
—No te preocupes, vienen a recogerme. —Se escucha un pito de coche. — Y ahí está, me voy.
Le da un beso a Mirella y se va, la acompaño a la puerta y antes de cerrarla veo el coche.
Frunzo el ceño.
Conozco la matricula, es la matrícula del coche de Zayden.
Veo como se monta y le da un beso corto en los labios, a lo que él le corresponde y cuando me ven se dan cuenta de que la han liado, a lo que cierro la puerta sin esperar lo que pueda decirme mi amigo.
Sinceramente, me da igual si esta con Ava o no, pero no creo que a Mirella eso le haga mucha gracia. Y desde luego, no seré yo quien se lo diga.
Subo las escaleras y me dirijo hacia la habitación en la que había guardado la puerta del dormitorio de Mirella para colocársela.
Se la coloco y me voy hacia la ventana, cojo la cuchilla de mi bolsillo trasero del pantalón y empiezo a rasgar la silicona que le puse para que no pudiera abrirla.
Me cuesta quitarla, pero veinte minutos después lo he hecho, ya no hay rastro de silicona en esa ventana y la abro sin problema.
—Gracias. —Me giro al escucharla y la veo apoyada en el marco de la puerta.
—Considéralo un regalo de cumpleaños. Espero que no me la juegues.
Entra la habitación y se para enfrente de mí.
—He echado de menos mi puerta y mi ventana, te prometo que no volveré hacer nada sin tu permiso. No quiero seguir discutiendo contigo, es agotador.
—Así me gusta, pajarito.
Rueda los ojos.
—Pero tampoco me provoques. No me enfades y no te enfadaré, ¿vale?
—Vale.
Extiendo mi mano, ella hace lo mismo y la estrechamos en señal de trato, pero con la otra mano entrelazo dos dedos en un gesto sutil mientras nos miramos fijamente a los ojos.
Pórtate bien, Rhett.
Lo siento, pero nunca se me ha dado bien ser un buen chico.