Capítulo Siete
CRYSTAL
—Vaya, vaya, vaya, veo que hoy te estás divirtiendo —le dice a Jack un hombre alto y regordete con camisa de cuadros y sombrero, y me doy cuenta de que es Tom Masterson, uno de los inversionistas más ricos de Estados Unidos.
—¿Tantas ganas tenías de dulce que empezaste a comer chocolate? —Aunque habla con Jack, me recorre sin pudor con la mirada de arriba abajo, sonriendo como un pervertido y relamiéndose.
Probablemente cree que hoy soy la acompañante de Jack Harden.
Jack tenía razón con lo de sus chistes: son estúpidos, racistas y obscenos.
Pero Harden lo sabía cuando me pidió que viniera. Quería que fracasara, ¿verdad?
Estoy furiosa conmigo misma. ¿Cómo pude querer que este hombre me besara ayer? Es arrogante, frío y cruel. Puede hacer lo que se le antoje, y no le importan las consecuencias ni cuántas personas puedan salir heridas.
Me odio por sentirme atraída por Jack Harden.
Quiero decir, lo estaba. Me sentía atraída por él. Ayer. Y ya no.
—Tom, quiero presentarte a la nueva asistente de marketing de nuestra empresa, Crystal Wilson —dice Jack.
Para ser sincera, no estaba preocupada antes de que Jack empezara a advertirme sobre Masterson. Pero ahora veo que la mano me tiembla al tendérsela para que la estreche.
—Es un placer... —empiezo.
—Una nueva asistente, ¿eh? —Masterson me interrumpe con sarcasmo, como si no creyera que pueda ser empleada de Harden.
Ni siquiera me saluda con la cabeza e ignora por completo la mano que le he tendido.
—Bueno, pues te presento al mío —le dice a Jack, y se da la vuelta para hacerle una seña a alguien.
Un tipo que probablemente sea unos diez años menor que yo corre hacia nosotros enseguida.
—Soy Nicolas, encantado de conocerlo —dice, un poco sin aliento, mientras le tiende la mano a Jack.
Harden estrecha la mano de Nicolas, pero me mira a mí. De algún modo, su mirada expresa culpa.
Como si fuera capaz de arrepentirse de sus actos, cosa que dudo mucho.
Aparto la mirada y vuelvo a sentarme a la mesa.
Aunque este Tom Masterson sea sexista, edadista, racista y algún otro «ista» más, no permitiré que destruya mi confianza en mí misma y, mucho menos, voy a rechazar este trabajo por culpa de imbéciles como estos dos.
Empiezan a hablar de cosas como la pesca y el golf mientras desayunan, ignorándonos por completo a Nicolas y a mí.
Al despertarme esta mañana, me moría de hambre.
No he probado bocado desde que ayer me tomé aquellos dos vasos de ron.
Pero ahora no consigo obligarme a comer.
Nada más dar el primer bocado, la comida se me queda atascada en la garganta.
Así que me limito a permanecer sentada en silencio, esperando pacientemente a que por fin empiecen a hablar de negocios.
Nicolas, que intenta ser servicial, escucha cada palabra de Masterson, pero su jefe rara vez le pregunta algo y, aun cuando lo hace, interrumpe a su asistente sin dejarlo terminar.
Puede que sea sexista y racista, pero también trata mal incluso a hombres blancos como Nicolas, lo que significa que Masterson es sencillamente un imbécil.
Bueno, ahora veo qué tienen en común él y Jack Harden.
—Me gusta la idea de lanzar algo nuevo —dice Masterson por fin, y contengo el aliento. Ha llegado el momento: por fin vamos a hablar de negocios.
Me preparo para dar el discurso que he repetido mentalmente toda la mañana: hablaré del producto, de sus ventajas y de una estrategia para aumentar los márgenes de ganancia de nuestra empresa.
—Pero tu idea de marketing es una mierda —dice Tom Masterson, y me quedo paralizada.
Supongo que Jack ya le envió mi estrategia a Masterson, y es obvio que a este hombre no le gustó.
¿Lo sabía Jack desde el principio?
—No estoy de acuerdo contigo, Tom. Creo que la idea es brillante —dice Harden con seriedad y después me mira como si me hubiera leído la mente y ahora intentara demostrarme que no conocía las intenciones de Masterson.
—¿Estás bromeando? —Masterson suelta una risita y arroja los cubiertos sobre la mesa con estrépito, atrayendo la atención de las mesas cercanas—. Ese envase ecológico tan insulso y unas mujeres comunes elegidas al azar en la calle para la publicidad. ¡Eso no tiene sentido!
Antes de que Jack pueda hablar, Masterson se vuelve hacia Nicolas y le ladra:
—Diles lo que tienes, alfeñique. ¡Y no masculles!
Alfeñique. ¿Cómo puede hablarle así? ¿Y por qué Nicolas sigue trabajando para este imbécil?
—La tarea que el señor Masterson me encomendó era aumentar el precio del producto —empieza Nicolas mientras coloca sobre la mesa los documentos que hasta entonces tenía sobre el regazo.
Al ver lo nervioso que está, siento compasión por él. Es obvio que este chico acaba de salir de la universidad y ha tenido la mala suerte de quedar atrapado entre estos tiburones.
—Rediseñamos el envase original de papel reciclado e hicimos uno nuevo. —Abre la carpeta y saca una imagen.
Es un envase completamente nuevo: papel blanco como la nieve, un lazo dorado de adorno y la foto de una chica.
Vi a esa chica cuando Sky me enseñó su TikTok. Sé que tiene un ejército de seguidores.
—Esto es lo que da dinero hoy en día, Harden —interrumpe Masterson—. Puede que sea mayor que tú, pero sé que un envase precioso y una cara bonita pueden hacerme ganar dinero.
Empieza a reírse y, con aire jovial, le da a Nicolas un golpe con el puño en el hombro.
Nic sonríe con incomodidad, como si se diera cuenta de lo ridícula que es la situación: todavía no hemos hablado de nada y este hombre actúa como si acabara de ganar la lotería.
Como si no supiera nada de cómo ganar dinero. Solo sabe cobrarlo.
—Escuchemos otra opinión, Tom —dice Jack con voz de acero, sin el menor asomo de una sonrisa en el rostro.
Veo que la expresión de Masterson pasa en un segundo de la satisfacción a la inquietud.
—La opinión que yo, el dueño de la empresa, elegí entre miles de opciones, no cualquier cosa que se le haya ocurrido a alguien sobre la marcha —continúa Jack, clavando en Masterson esa mirada severa que hace que se me erice la piel cada vez que la veo, aunque no esté dirigida a mí.
Sé con certeza que el padre de Jack trabajó con Masterson durante muchos años. Creía que eran amigos, pero, por lo que veo, a Jack no le cae bien Tom. De hecho, creo que lo odia.