Capítulo decimoséptimo #2
Por fortuna, todavía nos quedaba suficiente tiempo para echar un buen vistazo sin turistas alrededor.
Cuando llegamos a la sala donde se exponen las obras principales de Munch, la gélida funcionaria del Ministerio de Cultura nos explicó que la sala tiene en su centro otra sala en penumbra donde se esconden los preciados Gritos .
Al entrar, nos encontramos de frente con un gran cuadrado negro.
“Hay que esperar un momento a que se abran las compuertas.”
“¿Qué compuertas?”
“Las que cubren el Grito .”
Según nos explicó, una particularidad de esta icónica obra es la fragilidad de todas y cada una de sus versiones expuestas en el museo.
Puesto que fueron creadas sobre cartón o papel, y visto que la exposición prolongada a la luz degrada considerablemente estos materiales, ninguna de las tres versiones expuestas lo puede estar todo el tiempo, así que se van exhibiendo por turnos.
Y cada una de las versiones está escondida detrás de unas compuertas que se abren y se cierran de forma automática para permitir ver una de las tres versiones durante un periodo de tiempo.
Efectivamente, las compuertas negras se abrieron lentamente, dejando ver el famoso Grito . Y sobre el cristal que lo protegía, descubrimos unas letras escritas con la misma tinta rojo sangre que utilizaron los Justos Ladrones en la vitrina de Nefertiti:
TUTTI GABBATI!!!
La cara de la funcionaria del Ministerio de Cultura pasó de blanco escandinavo a palidez post-mortem.
“ Hva i helvete er dette her! ”, dijo en un susurro, a lo que el jefe de seguridad contestó con un enérgico “ Nei fy faen! ”.
No hay necesidad de traducción, por cierto.
Al poco tiempo, los guardias de seguridad nos pidieron que evacuáramos la sala y la policía no tardó en llegar.
Mientras esperábamos que alguien nos explicara qué había sucedido, Sarah me cogió de la mano y me llevó a un lugar un poco más discreto.
“Otto,” me dijo, “me las he apañado para hacer una foto del texto mientras salíamos sin que se dieran cuenta. Y hay algo que no me cuadra.”
Sarah me enseñó la foto y me indicó un detalle en la foto. Junto al texto en grandes letras mayúsculas se encontraban otras dos palabras escritas en caracteres mucho más pequeños:
Gipsformerei
BM_ARC
“No puede ser,” dije en voz alta.
“¿Cómo que no puede ser? Otto, ¿qué quieres decir?”
“Este tío es un puto genio. Tutti gabbati! Y además de verdad,” dije riendo, sin darme cuenta de que lo que estaba diciendo tenía sentido sólo para mí.
Sarah me miró como si me hubiera vuelto loco.
“Otto, ¿me puedes decir qué te pasa?”
“¿Te acuerdas de la nota que los Justos Ladrones dejaron en el Museo Británico?”
“Si, me acuerdo: OUTIS HA ROBADO ESTA ESTATUA.”
“Traducido literalmente, nadie ha robado esta estatua. ”
“¿Y?”
“Hay que entenderlo de manera literal: ¡nadie robó las estatuas! ¡Están simplemente extraviadas, descolocadas, fuera de lugar!”
“Sigo sin entenderte.”
“ Gipsformerei es una palabra alemana que designa un taller donde se trabaja el yeso. Y los museos de Berlín tienen un famoso taller en el que crean reproducciones en yeso de obras de los museos berlineses. Por un módico precio te puedes comprar una reproducción de Nefertiti si quieres.”
“¿¿¿Y???”
“Apostaría dinero a que el busto original de Nefertiti se encuentra en el depósito de la Gipsformerei de Berlín, colocado allí por nuestro querido amigo Outis.”
“No jodas. ¿Y la metopa del Partenón?”
“Déjame que mire una cosa.”
Introduje la palabra BM_ARC en el buscador y los resultados de búsqueda confirmaron mis sospechas.
“Mira dónde está tu metopa. BM_ARC son las siglas del British Museum Archaeological Research Collection , el nuevo espacio de investigación y almacén del Museo Británico en Reading.”
“Qué hijo de… Déjame que llame a mi padre inmediatamente.”
“Yo me ocupo de Herr Wachter.”
6
Como esperábamos, un rastreo en profundidad de la Gipsformerei berlinesa y de la BM_ARC de Reading llevó al descubrimiento de sendas cajas de madera con números de identificación falsos en los que se descubrieron intactos el busto de la bella Nefertiti y la metopa sur XXVII del Partenón, respectivamente.
Los trabajadores de ambas instituciones ni se habían dado cuenta de la existencia de aquellas cajas.
Y aquello no tenía nada de sorprendente.
Las obras que los grandes museos exponen al público suelen ser un ínfimo porcentaje del número de obras que contienen sus colecciones, y los almacenes donde se esconde este ingente tesoro artístico son enormes y complicados de gestionar.
Muy a menudo, colecciones enteras (por ejemplo, en el caso de donaciones o del legado de un coleccionista fallecido) permanecen en sus cajas a la espera de que alguien tenga el tiempo y las ganas de abrirlas y de clasificar su contenido.
Efectivamente, no hay lugar mejor para esconder una obra de arte que ponerla a plena vista en el almacén de un museo al lado de tantas otras.
Un grandísimo cachondo mental, el amigo Salvatore.
7
Las autoridades noruegas nos permitieron que nos fuéramos sin interrogarnos gracias a la intervención del Foreign Office, aunque las miradas asesinas que nos echó la funcionaria del Ministerio de Cultura eran particularmente glaciales.
“Bueno,” me dijo Sarah mientras nos paseábamos por el puerto, “parece que todo ha terminado.”
“No estaría yo tan seguro.”
“¿En qué sentido?”
“Recuerda que los Justos Ladrones tienen en su poder el supuesto firmán que probaría que Lord Elgin no tenía ningún derecho a llevarse los mármoles del Partenón. Si ese documento es verídico y sale a la luz, el Museo Británico va a tener muchos problemas para conservarlos.”
“Pues te digo una cosa: a lo mejor ha llegado el momento de llegar a un acuerdo para devolverlos a su lugar de origen.”
“Pues no te voy a decir que no. Y según tengo entendido, vuestro nuevo primer ministro lleva diciendo desde hace muchos años que hay que devolver los mármoles a Grecia.”
“Puff, políticos. Fíate de ellos.”
“Pues son tus jefes, ¿no?”
“Ni me lo menciones. Oye, por cierto, lo que sí me podrías decir es quién es tu topo.”
“No tengo ni idea, ya te he dicho que recibo mensajes anónimos.”
“Anda ya, no me cuentes historias, algo sabes.”
“Es la única historia que te voy a contar. Olvídate del tema que, como diría vuestro bardo, bien está lo que bien acaba .”
“Mira que eres redicho, Otto, eres peor que mi padre. Ok, genio, todavía te queda una cosa por explicarme. ¿Qué quiere decir el texto pintado sobre el cristal protector del Grito ?”
“¿ Tutti gabbati ?”
“Sí, ese mismo.”
“Quiere decir todos engañados . Es una de las frases finales del Falstaff de Giuseppe Verdi. Y la ópera termina diciendo que ride ben chi ride la risata final , que viene a decir que quien ríe último, ríe mejor.”
“Ópera italiana… Hmm… ¿No tendrá el signore Fusco algo que ver con esta historia?”
“No tengo ni idea,” respondí, mintiendo como un bellaco una vez más.
Y, una vez más, juraría que Sarah no se lo creyó.