Un justo ladrón (Provenance 2) Capítulo decimoséptimo
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Capítulo decimoséptimo

LA RISATA FINAL

Tutti gabbati! Irride

L'un l'altro ogni mortal.

Ma ride ben chi ride

La risata final.

Giuseppe Verdi, Falstaff, Acto III

Los altavoces de la estación me hicieron saber que era hora de dirigirse a la vía del tren.

Al ir a pagar el café me eché la mano a la cartera y me encontré con otro regalito de Salvatore.

Panda de hijos de su madre. No tenía ni idea de cómo me habían colado aquel papelito en la chaqueta, el cual decía lo siguiente:

Mañana por la mañana

la obra de un loco

te desvelará

el misterio

de viva voz

Salvatore se estaba pasando con el cachondeo de los acertijos.

¿Qué podía ser la obra de un loco ? Cierto es que no faltan ejemplos de artistas con problemas mentales: Van Gogh por supuesto, Modigliani, Claudel, Rothko, la lista es larga.

Ya lo decía el propio Aristóteles, nullum magnum ingenium sine mixtura dementiae fuit , es decir, hay que estar un poco loco para ser artista.

¿Pero de qué obra de cuál loco me hablaba Salvatore?

Por más vueltas que le daba, no se me ocurría nada.

Luego pensé que, muerto el perro se acabó la rabia , X Singh no podría controlar mis búsquedas en internet desde el fondo de los mares, así que metí la frase obra de un loco en el buscador y empecé a escrutar los resultados.

Y tengo que decir que eran multitudinarios y bastante variados.

Por quedarme con los más famosos, Giacomo Puccini llamó a La consagración de la primavera de Stravinsky l’opera d’un pazzo…

pura cacofonia. Gustave Flaubert escribió Mémoires d’un fou …

Luego está la famosa anécdota en la que, tras la primera ejecución pública del Bolero de Ravel, una señora gritó au fou !

, a lo que Ravel contestó: Celle-là, elle a compris .

Por desgracia, yo seguía sin comprender el enigma que Salvatore me había propuesto.

Seguí buscando en varios idiomas para ver si encontraba algo hasta que me encontré con una referencia a otro pintor víctima de la locura: Edvard Munch.

Según pude leer en la página web del Nasjonalmuseet de Oslo, el artista noruego escribió en la primera versión de su archiconocido Grito la frase siguiente: ¡Sólo un loco podría haberlo pintado!

Total, sólo un loco habría podido pintar aquella obra, la cual representa a una persona desgañitándose encima de un puente. ¿Se refería Salvatore al Grito de Munch cuando decía que la obra de un loco me iba a desvelar el misterio de viva voz ?

No siendo capaz de pensar en otras opciones, no me quedaba más que intentar el todo por el todo.

“Hola Sarah, ¿qué dirías de un viajecito a Oslo?”

2

“Oslo? ¿Pero qué c…?”

Sarah no estaba muy por la labor de viajar a Noruega, y me costó sangre, sudor y lágrimas convencerla para que viniera conmigo.

Pero más le costó a ella convencer a su padre de que la dejara venir conmigo para comprobar si mi interpretación del acertijo podía llevarnos a alguna parte.

Era en cierto modo comprensible: mi topo había perdido toda credibilidad con la escenita del Aristóteles y los falsos objetos.

Pero bueno, sólo era perder un día de trabajo y había que investigar cualquier indicio disponible.

Afortunadamente, cada día hay unos cuantos vuelos directos de Londres a Oslo, con lo que pudimos coger un vuelo vespertino.

3

“Esto es una novedad,” dije a Sarah mientras nos instalábamos en nuestros asientos.

“¿Qué exactamente?”

“Tener un poco de tiempo para charlar…”

“...sin la opción de acabar en la cama, ¿es eso?”

“Algo así.”

“Me lo imaginaba. ¿Y cómo te gustaría disfrutar de este momento tan especial?”

“La verdad, tengo mucha curiosidad por saber más sobre la historia de la familia Hound. ¿Sois espías al servicio de Su Majestad desde hace generaciones?”

“Pues es algo así, en efecto. Primera guerra mundial para el bisabuelo, segunda guerra mundial para el abuelo, y la guerra fría para mi padre.”

“Y el nuevo mundo de la inteligencia artificial para ti, supongo.”

“Ya veremos en qué queda eso.”

“En cualquier caso, tiene que ser algo especial criarse en una familia de espías.”

“Especial, bueno… El problema es que el verdadero trabajo de un espía es guardar secretos, y cuando creces rodeado de gente que sabes que hay muchas cosas que no te cuentan, entonces te vuelves un poco paranoico. Mi madre sufrió mucho al respecto…”

“¿Con razón o sin ella?”

“Una mezcla de ambos casos.”

“¿Y tú?”

“Bueno, soy de otra generación. Y, además, supe desde el principio que para conocer los secretos de mi padre tenía que hacer el mismo trabajo que él, y aquí estamos. Pero basta de hablar de mí. Cuéntame algo de tu familia, señor hijo de diplomático.”

“Anda, y yo que pensaba que ya sabías todo sobre mí.”

“Me gustaría corroborar lo que sé.”

“¿Y qué te gustaría corroborar?”

“Por ejemplo, ¿cómo acabaste en este negocio de la restitución de obras de arte?”

“Veo que quieres que te hable de mi abuelo. ¿Qué quieres saber?”

“Bueno, me consta que tu abuelo paterno era un nazi de un cierto, digamos, nivel, y que su historia tiene que ver con tu trabajo.”

“Para mi eterna desgracia. Großvater , como lo solíamos llamar en casa, fue durante la guerra miembro del Equipo de Operaciones del Reichsleiter Rosenberg, también conocido con las iniciales ERR, una organización nazi dedicada al pillaje cultural.

Großvater participó en las operaciones del ERR en el sur de Europa y posteriormente fue enviado en misión diplomática a España, donde estableció su residencia permanente después del fin de la guerra.

Como tú debes saber, desde su oficina en Madrid dirigía operaciones comerciales y servía de contacto entre los numerosos nazis que quedaban en Alemania y aquellos que habían emigrado a Sudamérica.

Pues bien, su oficina estaba decorada con unos cuadros que mi padre heredó más tarde y que a mí me encantaban…

hasta el día en que descubrí su proveniencia: habían pertenecido a un galerista parisino llamado Simon Goldberg que fue deportado con su familia durante la rafle du Vél'd'Hiv en julio de 1942 y, como millones de otros judíos, nunca más volvió. Algunos de los cuadros de su galería fueron regalados a Großvater como premio por buena conducta , y luego fueron heredados primero por mi padre y luego por mí. Mi padre no tuvo gran inconveniente en conservar aquellos cuadros, pero a mí me provocaban tal vergüenza que no podía ni mirarlos. Decidido a devolverlos a sus legítimos dueños, me dediqué a investigar la procedencia de cada obra, y eso me llevó, gracias a mi amigo David Cohn y a su organización PROVENANCE, a introducirme en el mundillo de la restitución de obras de arte. Y aquí estamos.”

“Vaya historia.”

“No suelo hablar de ello, me pone de mal humor.”

“Bueno, supongo que encontraremos algo que te anime cuando lleguemos al hotel.”

Venga, vale.

4

Salvatore nos había indicado por la mañana como la hora que se desvelaría el misterio, por lo que al día siguiente nos plantamos en la Galería Nacional a las siete en punto, tres horas antes de la apertura.

Teníamos cita con una funcionaria del Ministerio de Cultura noruego, la cual nos iba a permitir ver el Grito sin la marabunta de turistas que se agolpan delante de la obra.

Lujo asiático, tengo que decir, aunque no iba a poder disfrutarlo como me hubiera gustado.

La funcionaria del Ministerio de Cultura, alta, rubia y fría como un témpano, nos llevó a la sala 60 donde se expone el Grito .

“¿Necesitan alguna información en concreto?,” nos preguntó.

“En efecto. ¿Podría mostrarnos la inscripción donde se menciona la obra de un loco , por favor?”

“Sí, aunque es bastante difícil verla. Si se fija bien, la verá en la esquina superior izquierda.”

Efectivamente, el texto era difícilmente legible:

Kan kun være malet af en gal Mand !

Por lo demás, el cuadro no presentaba ninguna particularidad que pudiera ayudarnos en nuestra búsqueda. Aquello parecía un callejón sin salida. Lo observamos desde todos los ángulos mientras la funcionaria del Ministerio de Cultura nos miraba perpleja.

“Quizás les pueda ayudar,” dijo con ese tono tan directo que los escandinavos consideran normal pero que a los del sur nos suele parecer un tanto desagradable, “si me dicen la razón por la que el Ministerio de Asuntos Exteriores me ha pedido que les enseñe el cuadro a estas horas.”

“Me temo que no se nos ha permitido divulgar esa información,” contestó Sarah con absoluta flema británica.

De repente, se me vino una idea a la cabeza.

“Tengo entendido que este cuadro fue objeto de un robo.”

“Efectivamente. Esta versión fue robada el 12 de febrero de 1994, pero logramos recuperarla el mismo año.”

“¿Ha dicho esta versión ?”

“Si, la de 1893. La de 1910 la robaron en 2004 y sólo fue recuperada dos años después.”

“¿Podemos ver esa versión, por favor?”

“Aquí no, está en el Museo Munch. De hecho, allí es donde tienen la mayor cantidad de versiones.”

“Pero ¿cuántas hay?”

“Bueno, pese a que la versión de 1893 es la más famosa, hay que saber que no hay sólo uno sino muchos Gritos . Munch realizó una larga serie de versiones de su obra más famosa, cada una de ellas con diferentes técnicas, soportes y formatos. Y ocho de ellas forman parte de la colección del museo Munch: un cuadro (témpera y óleo sobre cartón), un dibujo (lápiz de color sobre cartón) y seis litografías.”

Ni más ni menos.

Tocaba salir corriendo al Museo Munch.

5

El Museo Munch es uno de esos edificios monumentales que se han construido alrededor del puerto de Oslo en estas últimas décadas gracias al maná petrolífero y a un cierto complejo de nuevo rico de sus habitantes.

Sólo hay que ver la ópera de Oslo, el nuevo Museo Nacional, o el Museo Astrup Fearnley de arte moderno. Todo muy posmoderno y sin alma.