Un justo ladrón (Provenance 2) Capítulo decimosexto
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Capítulo decimosexto

EL CONSEJO DE CIRCE

Hasta ahora, los acertijos de Salvatore habían servido para evitar lo peor: el Obelisco de Luxor y el Tapiz de Bayeux estaban a salvo, pero la entrevista con X Singh y el interrogatorio a los asaltantes enmascarados no había dado ningún resultado útil.

Aun así, el Consejo de Agravios debía ser consciente de que nos estábamos acercando peligrosamente a ellos, y un animal salvaje es más peligroso cuando se siente acorralado.

Aquello quería decir que podíamos esperarnos todo tipo de represalias en cualquier momento.

Afortunadamente, Salvatore había pensado en todo. La siguiente nota que me hizo llegar por los cauces habituales iba a suponer un dramático punto de inflexión en esta historia:

En la noche embrujada

sigue el consejo de Circe

y encontrarás lo que anhelas

Estaba claro que Salvatore tenía una pequeña obsesión con la Odisea de Homero: primero había dejado aquella nota con referencia a Outis tras el robo de la metopa en Londres y ahora me salía con Circe, es decir, la bruja que intentó hechizar a Ulises y acabó enamorándose de él y ayudándolo en su viaje de vuelta a Ítaca.

También fue, y esto es más relevante, la que le aconsejó que evitara a Caribdis y pasara cerca de Escila.

Venga, un poco de culturilla general. Según nos cuenta Homero, Escila era un monstruo marino que se zampaba a todo marino incauto que pasaba por sus lares, y Caribdis era otro bicho que creaba un remolino de agua que se tragaba todo el que pasara por él.

El consejo que Circe dio a Ulises fue que era mejor pasar cerca de Escila y evitar Caribdis, pero ¿qué me quería decir Salvatore con ello?

Normalmente, la expresión entre Escila y Caribdis quiere decir estar entre la espada y la pared : ¿Salvatore me pedía que eligiera entre dos opciones?

Pero ¿qué opciones? Así de primeras no se me ocurría nada.

Rebuscando en mi biblioteca, leí en una enciclopedia que el monstruo llamado Escila acabó por convertirse en una roca y que había dado su nombre a un pueblo calabrés llamado Scilla. ¿Quería Salvatore que me dirigiera a ese pueblo? Podía ser, pero aún me faltaba por saber cuándo y por qué.

Pensando en el cuándo , se me ocurrió que la noche embrujada podía ser una referencia temporal.

Sí, pero ¿cuál?

La noche es en sí el momento más misterioso de la jornada.

Pensando en noches de brujas, lo primero que me vino a la memoria era la noche de Walpurgis, en la que tradicionalmente la gente del centro y del norte de Europa encienden hogueras para ahuyentar a los malos espíritus.

Lo único que no me cuadraba era la fecha de celebración, es decir, la noche del 30 de abril al 1 de mayo.

Estaba seguro de que Salvatore no me había enviado el acertijo para tener que esperar hasta la primavera del año siguiente.

No, no podía ser. Pero… hablando de hogueras…

En el mediterráneo se hacen hogueras en la noche de San Juan, que es la víspera del 24 de junio, es decir…

Quedarían dos días.

Total, si estaba en lo cierto, Salvatore me estaba diciendo de ir a un pueblo en el sur de Italia llamado Scilla la noche del 23 al 24 de junio, y allí encontraría lo que yo anhelaba .

Y todo esto suponiendo que lo que yo anhelaba era encontrar las obras robadas por los Justos Ladrones, que era mucho suponer.

2

Llamada en código a Sarah, como en las películas de espías.

“Hola Sarah.”

“Veo que verdaderamente no puedes vivir sin mí,” contestó riendo.

“Por supuesto. El caso es que me gustaría invitarte a un viajecito muy romántico en el sur de Italia.”

“Hmmm, me vas a tener que explicar eso con más claridad.”

“Y en persona.”

“Por supuesto. ¿No ves como no puedes vivir sin mí?”

3

Londres de nuevo.

La sala de reuniones de un lugar ultrasecreto del que desconozco su localización y al que me llevaron en una furgoneta sin ventanas.

Puertas blindadas con análisis de retina y esas cosas.

Vamos, sólo faltaba que nos cruzáramos con Q enfundado en una bata de laboratorio.

4

James entró en la sala de reuniones en modo súper intenso.

“Bueno Otto, cuéntanos qué dice tu topo.”

“Si entiendo correctamente el acertijo, nos está señalando el pueblo de Scilla en el sur de Italia, y la fecha sería la noche del 23 al 24 de junio.”

“Mañana por la noche. Fantástico. ¿Nos puedes enseñar el acertijo?”

Puse encima de la mesa el papelito y les expliqué cómo había llegado a mi conclusión.

“Todo eso me parece muy lógico,” comentó James, “aunque me parece que no nos indica el pueblo en sí, sino más bien nos está pidiendo que pasemos delante de la costa de Scilla, como Circe recomendó a Ulises.”

“Podría ser, sí.”

“Necesito hacer un par de llamadas.”

James salió de la sala y me quedé a solas con Sarah.

“Bueno, Otto, espero que no tengas planes hechos para hoy y mañana.”

“Por no tener no tengo ni hotel reservado.”

“Bueno, ya sabes que siempre tienes una habitación disponible en la mansión de la familia Hound si te hace falta.”

A ver quién le decía que no…

5

Noche de San Juan.

Un miniván negro sin ventanas nos recogió en casa de Sarah y nos llevó al mismo sitio ultrasecreto del día anterior, pero esta vez nos instalamos en una especie de sala de operaciones llena de ordenadores ultrasofisticados y con una enorme pantalla mural en la que se podía ver una imagen de satélite de la costa de Scilla.

No muy lejos de la costa se veía un yate de enormes dimensiones.

“Ese yate…”

“...es el Aristóteles ,” respondió James, “el superyate de Constantinos Drakos.”

Superyate era un eufemismo. El Aristóteles era conocido en el mundo entero por ser la embarcación más espectacular jamás realizada, un tributo a Aristóteles Onassis y al ego superlativo de su propietario.

“¿Desde cuándo lleva ahí?"

“Llegó hace una hora y no se ha movido desde entonces. Según nuestras informaciones, no sólo Drakos está a bordo, sino que alberga a dos huéspedes de excepción: X Singh y Bashir Sayed. ¿Te suenan de algo?”

“Todos multimillonarios, ¿no?”

“Un egipcio, un griego y un británico de origen indio. Y en el caso de X, el mismo que os encontrasteis en el Hotel Crillon. No puede ser una coincidencia.”

“No,” dije haciéndome el tonto. Juraría que no se lo creyeron.

“Bueno, sólo nos queda esperar.”

“¿Y a qué estamos esperando?”

“A que nos den una razón para que los chicos puedan intervenir.”

“¿Qué chicos?”

“Un grupo de intervención especial recién llegado de la base de la OTAN en Nápoles.”

“Por cierto, ¿le habéis dado un nombre a esta operación?"

James sonrió respondiendo: “Operación Caribdis.”

Nada más y nada menos.

6

El yate estaba convenientemente situado un poco más allá de las aguas territoriales de Italia. Es decir, fuera del alcance de la policía italiana e ideal para una intervención discreta .

Tuvimos que esperar un par de horas hasta que apreciamos movimiento en la zona.

“Un barco de pesca se dirige al Aristóteles ,” anunció uno de los agentes. “Matrícula italiana.”

“Comienza la partida,” dijo Sarah.

“Mantened la distancia,” dijo James en el micrófono, “no deben percatarse de nuestra presencia hasta que lleguen al Aristóteles .”

“¿Dónde están los chicos?,” pregunté a Sarah.

“Tenemos un helicóptero Merlin lleno de agentes de las fuerzas especiales en la zona. No me pidas más detalles. Ya es algo totalmente inhabitual que estés aquí.”

Efectivamente, me sentía totalmente fuera de lugar en aquel ambiente militar, y nadie hacía nada por hacerme sentirme como en casa, muy al contrario.

7

El barco de pesca llegó a la altura del Aristóteles y echó el ancla. Luego, unos marineros sacaron una caja de madera y la sujetaron a unos arneses lanzados por la tripulación del yate. Con mucho cuidado, subieron la caja a bordo y el barco de pesca zarpó de nuevo rumbo al puerto de Scilla.

“Ok chicos, abordad el yate.”

Llegando desde el oeste, el helicóptero militar se plantó rápidamente encima del Aristóteles y los chicos de las fuerzas especiales británicas descendieron a bordo con cuerdas rápidas. La tripulación no ofreció ninguna resistencia.

En el feed de los soldados pudimos reconocer a los tres amigos, X Singh, Constantinos Drakos y Bashir Sayed. Constantinos estaba lógicamente quejándose por la invasión de su barco y X gritaba que se lo haría pagar a los británicos. Sólo Bashir permanecía tranquilo sin decir nada.

Luego, los soldados abrieron la caja de madera con sumo cuidado y ante nosotros aparecieron los preciados objetos: el busto de Nefertiti y la metopa del Partenón junto a lo que debía ser una copia del Koh-i-noor.

Vítores en la sala.

Los soldados colocaron los objetos sobre una mesa y uno de ellos los examinó en detalle. Tras no más de cinco minutos, el tipo se acercó a los tres amigos y les espetó: “¿A qué juego están jugando?”

Los tres amigos se miraron entre ellos sin saber qué decir.

James intervino: “¿Qué sucede?”

El tipo que había realizado el examen contestó lacónicamente: “Son falsificaciones.”

“Ya sabemos que el diamante es falso.”

“El busto y la metopa son también falsos.”

“¿Estás seguro?”

“Sin duda de ninguna clase.”

8

Los agentes de intervención dejaron las piezas en el yate y volvieron al helicóptero sin hacer caso a las amenazas de un X particularmente excitado.

Hay que decir que las fuerzas especiales británicas acababan de burlar las medidas de seguridad de tres de los hombres más ricos y poderosos del mundo.

James estaba comprensiblemente cabreado.

“Otto, ¿me puedes explicar qué ha sucedido?”

No sabía qué decir. Yo les había proporcionado en buena fe la información que había recibido.

¿Salvatore nos había engañado?

James no tuvo mucho tiempo para echarme la bronca. Al poco de despegar el helicóptero, el yate de Constantinos Drakos, el famoso Aristóteles , estalló en pedazos, hundiéndose entre Escila y Caribdis.

9

Me esperaba un interrogatorio en toda regla de James y Sarah, pero nada de nada.

En las horas siguientes a la explosión me mandaron a una celda en la que pude dormir unas horas hasta que un soldado me despertó a las seis de la mañana, diciéndome que le habían dado la orden de llevarme a donde quisiera.

Me dejó en la estación de London St. Pancras International, donde cogí el primer tren para París.

No tenía mucho sentido esperar que alguien me diera alguna explicación de lo que había sucedido, y a Sarah le gustaban tanto las despedidas como a mí.

10

Mientras esperaba a la llegada de mi tren, me senté a tomar un café y a echar un vistazo al periódico en mi ordenador.

Como era inevitable, el hundimiento del Aristóteles acaparaba los titulares de la prensa seria y amarilla y todos los telediarios del globo.

Las autoridades italianas, muy cautas ellas, no dieron mucha información al respecto, pero algunos medios achacaron el suceso a un posible ataque terrorista realizado contra Bashir Sayed, el cual se habría hecho muchos enemigos en las facciones islamistas de su país.

Más tarde me enteraría de que esos medios habían recibido un soplo directamente del MI-6, y que nadie tenía mucho interés en investigar los hechos, sobre todo vista la profundidad a la que se hallaban los restos del yate.

Parecía como si los gobiernos occidentales no estuvieran demasiado tristes de haberse quitado de en medio a aquellos incómodos multimillonarios.

Lo que la prensa no sabía es que MI-6 había conseguido atrapar a los tripulantes del barco de pesca, unos contrabandistas de poca monta que habían recibido el encargo de llevar una caja al Aristóteles por mucho dinero y sin conocer su contenido.

Por supuesto, no había manera de saber quién les había dado el encargo.

Yo sospechaba lógicamente que Salvatore estaba detrás de todo aquel entuerto, pero no podía decir nada a James o Sarah, los cuales no quisieron tampoco responder a mis preguntas sobre la explosión. De hecho, James ni se inmutó cuando el yate saltó en pedazos.

¿Los británicos habían hecho explotar el Aristóteles?

Por otro lado, si alguien se beneficiaba de quitarse de en medio a los tres amigos era precisamente Salvatore.

Me dio por imaginar que Salvatore había introducido una cantidad de explosivo plástico en el falso busto de Nefertiti y en la falsa metopa del Partenón, haciéndolos explotar por control remoto como sucedió en Berlín con el busto de escayola.

En mi delirio conspiranoico me imaginé el ojo bueno del busto emitiendo una luz roja intermitente, las caras atónitas de X, Constantinos y Bashir segundos antes de que les explotara Nefertiti en las narices, llevándoselos al fondo del mar para siempre.

Al final, me quedó (y siempre me quedará) la duda:

¿Fue Salvatore o James quien hizo explotar el Aristóteles?

Y algo más importante todavía: pese a que dicen que muerto el perro se acabó la rabia , el caso es que seguíamos sin conocer el paradero del busto de Nefertiti y de la metopa del Partenón.