Capítulo decimoquinto
EL HILO DEL DESTINO
Hablando de cosas que ya me habían pasado antes, cuando llegué a mi apartamento me encontré otro sobre a la entrada con un simple mensaje en su interior:
Verwirrt ist das Geweb…
Ve al antro de la perfidia.
Yo no tenía ni idea de que Salvatore hablase alemán, pero estaba claro que él sabía que yo sí lo hablo perfectamente.
El tejido está hecho un lío.
¿A qué podía referirse con esa enigmática frase?
y, sobre todo, ¿por qué me lo decía en alemán?
Y el caso es que aquella frase me sonaba de algo.
De hecho, me sonaba a Wagner… Pura intuición, fui a mi colección de CDs y rebusqué hasta que encontré una versión del Anillo del Nibelungo con libreto incluido, y allí encontré la frase de marras.
Verwirrt ist das Geweb es una frase cantada por la segunda Norna en el primer acto del Crepúsculo de los Dioses de Richard Wagner.
Hay que saber que esta ópera, episodio final de la tetralogía El anillo del Nibelungo, es una grandísima comedura de tarro de Wagner basada en el mito nórdico de Ragnarök, que es una especie de historia del fin del mundo en el que todos los antiguos dioses mueren y el viejo mundo perece para dar paso a un renacimiento de la naturaleza.
En la primera escena de la ópera las tres Nornas, hijas de Erda, diosa de la naturaleza, están tejiendo la cuerda del destino, y ésta acaba liándose y rompiéndose.
A partir de ahí todo va cuesta abajo hasta el espectacular final en el que la valquiria Brunilda se monta en su caballo blanco para lanzarse a las llamas de la pira funeraria de Sigfrido mientras el Walhalla arde y el mundo se va al garete.
Todo ello sumergido en la maravillosa música del compositor alemán.
La cita del Crepúsculo de los Dioses me daba bastante mala espina. ¿Quería advertirme Salvatore de un desastre a venir? La muerte del viejo mundo, ¿debía entenderse como una referencia a las antiguas potencias coloniales, y en particular al Reino Unido?
¿El crepúsculo de la Pérfida Albión?
Se imponía un viaje a Londres.
2
No voy a aburrir al lector con el relato de mi viaje a Londres, y de cómo acabé de nuevo en la cama de Sarah, que todo eso ya está muy visto.
Para variar, hablemos de Vivaldi.
Según dicen, Antonio Vivaldi, que aparte de compositor era sacerdote, tuvo un arrebato de inspiración musical justo cuando estaba celebrando misa, y temiendo que se le iba a olvidar la preciada melodía, abandonó el altar corriendo para ir a apuntarla en un papel.
Después de ello, continuó la ceremonia como si nada hubiese sucedido.
Uno podría preguntarse qué es la inspiración.
Parafraseando al juez americano Potter Stewart, probablemente no sea capaz de definirla de manera inteligible, pero lo cierto es que la reconozco cuando la veo.
También sé que, al menos en mi caso, tengo que pillarla al vuelo si no quiero que se me escape.
A diferencia de otras personas, que como diría Picasso encuentran la inspiración cuando están trabajando, yo funciono a base de arrebatos de creatividad.
Me puedo pasar horas investigando un caso sin producir nada que merezca la pena.
En otras ocasiones, sin saber cómo y da igual dónde o cuándo, me viene una idea brillante y tengo que correr al ordenador o al móvil para apuntarla.
A esas chispas de inspiración yo las llamo momentos Vivaldi .
Estos momentos Vivaldi me asaltan de las maneras más inopinadas, leyendo, conduciendo, cocinando, cuando me despierto de madrugada y no puedo dormir y, muy particularmente, cuando estoy en la ducha por la mañana.
Quizás porque el cerebro ha descansado durante la noche (recordad aquel dicho de consultar un problema con la almohada), es raro que no tenga uno de esos ataques de creatividad que me hacen coger la toalla y salir corriendo, mojado y medio desnudo a anotar la ocurrencia.
Luego está aquello que afirmaba Thomas Alva Edison: Ninguno de mis inventos sucedió por accidente.
Veo una necesidad que vale la pena satisfacer y lo intento una y otra vez hasta que la solución llega.
Es decir, por un uno por ciento de inspiración hay un noventa y nueve por ciento de transpiración.
Al igual que inventar la bombilla supuestamente le llevó 10.
000 intentos, cada caso de restitución que investigo no puede llevarse a buen puerto sin realizar un ingente trabajo de investigación y de redacción.
Por muy vago que uno sea, no puede librarse de esa pesada carga.
Pero esa es otra historia.
El caso es que, después de una noche bien movidita bajo las sábanas de la cama de Sarah, me desperté con hambre y necesidad de una buena ducha.
Y entonces Vivaldi sacó el violín y lo entendí todo.
Cuando el Monaguillo me escribió pidiéndome que fuera al antro de la perfidia , no sólo se refería a Londres. Se refería a un sitio muy preciso.
El Museo Británico.
3
Según el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, la palabra antro viene del latín antrum , y este del griego antiguo ἄντρον, y tiene dos significados: uno, caverna, cueva, gruta .
Y el segundo, local, establecimiento, vivienda, etc.
, de mal aspecto o mala reputación, teniendo como sinónimos tugurio, garito, covacha, cuchitril, pocilga.
Pues bien, como decía antes, el Museo Británico es una auténtica cueva de Alí Babá con la muy mala reputación de ser un repositorio de los robos que los muchos más de cuarenta ladrones de Su Majestad realizaron a través de los siglos allá por donde pasaron.
En ese sentido, se merece absolutamente el epíteto de antro de la pérfida Albión .
4
Sarah dormía plácidamente como era típico en ella, y me dio un poco de lástima arrancarla de los brazos de Morfeo, pero no me quedaba más remedio.
“Sarah, despierta, tenemos que ir al Museo Británico de inmediato.”
“¿Por qué?” preguntó todavía medio dormida.
“El antro de la perfidia es el Museo Británico.”
“¿Te ha escrito de nuevo tu informante? Tiene un terrible sentido de la oportunidad…,” me dijo, intentando arrastrarme a la cama con sus lánguidos brazos.
“C’mon Sarah, no tenemos tiempo para juegos ahora.”
“Creo haberte dicho ya que eres terriblemente cruel, ¿no?”
“Vamos, arriba.”
“¿Y qué vamos a hacer allí?”
“No tengo ni idea, la verdad. A lo mejor se nos ocurre cuando lleguemos.”
Eso esperaba al menos.
5
Cuando llegamos al antro de la perfidia nos estaba esperando en la entrada el jefe de seguridad del museo, tan rubiete como siempre, pero el color de su cara parecía haber virado de sonrosado a rojo sangre.
Pensé en un primer instante que se debía por todo el estrés creado por el robo del mármol de Elgin.
Pero no.
No sólo.
No exactamente.
Según nos explicó él mismo con mucho cansancio en la voz, le habían endosado la responsabilidad de gestionar la exposición más esperada de las últimas décadas.
La vuelta a casa del Tapiz de Bayeux.
6
El Tapiz de Bayeux es un lienzo bordado del siglo XI con unas dimensiones descomunales (medio metro de alto por más de 68 metros de largo) que narra la conquista normanda de Inglaterra en 1066 desde sus preparativos hasta la batalla de Hastings.
Para que nos entendamos, el Tapiz es una especie de cómic avant la lettre con viñetas bastante explícitas (por ejemplo, muestra la muerte del Rey Haroldo debida a una flecha que le atravesó un ojo) y comentarios en latín.
Teniendo en cuenta el soporte de la obra en cuestión, la frase de la ópera de Wagner tomó un nuevo sentido.
Salvatore me estaba indicando claramente el nuevo botín de los Justos Ladrones.
Y he de decir que aquello tenía todo el sentido del mundo.
Una de las obras de arte más preciadas de todos los tiempos, creada en Inglaterra, pero detentada por Francia, volviendo a casa mil años después gracias a un préstamo asegurado por el gobierno de Su Majestad con unos 800 millones de libras esterlinas.
Un préstamo muy criticado por expertos en conservación de obras de arte por los riesgos de desplazar una obra tan preciosa y frágil por carretera y a través del Eurotúnel.
¿Qué mejor presa para los Justos Ladrones?
“Sarah,” le dije tras salir del museo, “me temo que los Justos Ladrones están preparando algo contra el Tapiz de Bayeux.”
“Y eso, ¿cómo lo sabes?”
“El mensaje de mi informante no deja lugar a muchas dudas.”
“Déjame que llame a mi padre.”
7
Cenita de nuevo en casa Hound.
Después de meter los móviles en la caja Faraday, James me invitó a que le explicara el asunto.
“Después del atentado frustrado en París recibí otro acertijo de mi informante que me hace pensar que los Justos Ladrones planean un atentado contra el Tapiz de Bayeux.”
“Bueno, si consiguen hacer un atentado contra el Tapiz sería un grave problema.”
“La pérdida sería tremenda, tanto desde un punto de vista cultural como pecuniario.”
“Exactamente. Pero para ello deberían tener éxito, y eso lo veo bastante difícil. Las medidas de seguridad serán draconianas, y ahora incluso más sabiendo sus intenciones.”
“Consiguieron robaros un mármol de Elgin sin ningún problema.”
“Pero ahí sólo tuvieron que ocuparse del equipo de seguridad del Museo Británico, que como habrás podido observar, no es extraordinario. En el caso del Tapiz van a tener enfrente al MI-5, no es lo mismo.”
“Salvo que lo intenten durante el traslado en territorio francés.”
“A lo mejor habría que dejar que lo intenten,” intervino Sarah.
“¿Qué quieres decir?”
“Si están tan bien conectados como parecen, y especialmente si X Singh está en el ajo, es posible que tengan alguna manera de burlar todas las medidas de seguridad que podamos poner. Pero si les damos información falsa podemos hacer que caigan en su propia trampa.”
“ Attagirl ,” dijo su padre. “Es exactamente lo que tenemos que hacer. Hay que hacer circular un mensaje ultrasecreto con una fecha de traslado falsa. Y esperar a ver quién se presenta a la cita.”
8
Jean-Yves estaba completamente descompuesto.
“¿Los Justos Ladrones quieren hacer un atentado contra el Tapiz de Bayeux”
“Como lo oyes,” respondí.
“Este proyecto es una auténtica pesadilla. Tenemos al mundillo cultural francés en pie de guerra desde que el presidente de la República decidió prestar el tapiz a los británicos.”
Efectivamente, un grupo de historiadores y conservadores había expresado su oposición frontal a la operación, diciendo que el traslado, que se iba a realizar en camión y tren a través del túnel del Canal de la Mancha, pondría en peligro el frágil bordado.
Las autoridades francesas habían contestado que habían tomado todas las precauciones posibles, incluyendo viajes de prueba con una réplica del tapiz en una caja climatizada con amortiguadores diseñados para reducir las vibraciones del viaje.
“Bueno, no te preocupes,” respondí, “tenemos un plan. Pero te anticipo que no te va a gustar.”
“¿Es decir?”
“La única manera de parar a los Justos Ladrones es decirles cómo vais a trasladar el tapiz a Londres.”
“¿Estás loco? ¡Es una operación ultrasecreta!”
“¿Estás seguro de ello? A estas horas probablemente X Singh ya sabe hasta de qué color son tus calzoncillos.”
“¿Y qué pretendes hacer?”
“Sólo tenéis que enviar este mensaje al más alto nivel a vuestros colegas británicos,” le dije mientras depositaba un pendrive sobre la mesa de su despacho. Ellos se ocuparán del resto.”
9
Los antiguos griegos creían que cada persona tenía asignado un destino contra el que no se podía luchar. La arrogancia de pretender estar por encima del puesto que los dioses le habían asignado la llamaban ὕβρις, y tenía como consecuencia la Νέμεσις o castigo divino.
Pues bien, la hubris de X Singh y sus amigos recibió su justa némesis el día en el que, engañados por el falso mensaje que habíamos hecho circular entre las cancillerías de París y Londres, decidieron enviar a un grupo de hombres enmascarados y armados hasta los dientes a asaltar un hangar vacío en el extrarradio de Bayeux.
El vídeo de la operación que más tarde me enseñó James tenía hasta su gracia.
Los asaltantes, como en una película de Hollywood, desactivaron la alarma (que era de mentira) y entraron en el hangar sigilosamente, armas en ristre.
Allí se encontraron con un contenedor montado en el remolque de un camión.
Tras saltar la cerradura, entraron en el contenedor donde, suponían ellos, iban a encontrar el tapiz, pero lo único que se encontraron fue que la puerta del contenedor se les cerró en las narices, dejándolos encerrados allí.
Luego, un poco de gas somnífero los dejó completamente noqueados y listos para un interrogatorio reforzado .
El patrimonio de Francia y los 800 millones de libras esterlinas del seguro firmado por el gobierno de Su Majestad estaban a salvo.
Por el momento.