Capítulo decimocuarto #3
Las conclusiones de los artificieros coincidieron con las de Sarah.
No había manera de saber quién había construido aquel dron, pero estaba claro que era un prototipo muy avanzado, capaz de transportar una carga explosiva de gran poder destructivo pese a su reducido tamaño.
La primera estimación de los expertos franceses tendía hacia una intervención de Rusia, Corea del Norte o Irán, lo cual no coincidía en nada con lo que sabíamos hasta entonces de los Justos Ladrones.
En cuanto al tipo con acento indio, no llevaba identificación personal y el hotel no tenía constancia de ningún cliente que coincidiera con su descripción.
Mientras miembros de los servicios secretos franceses se ponían de acuerdo con el director del hotel para encubrir la situación, Jean-Yves se nos acercó para felicitarnos.
“Francia os debe eterna gratitud, mes amis ," dijo con entusiasmo, y luego cambió de tono. “Ahora me tienes que explicar, mon cher Otto, cómo supisteis que ese tipo iba a estar en el tejado del Hotel de Crillon a esa hora precisa.”
“Ya se lo he explicado a Sarah, recibí un chivatazo anónimo.”
“¿Y cómo lo recibiste?”
“Me temo que no tengo más que decirte, un chivatazo anónimo es lógicamente anónimo, ¿no te parece?”
“¿Y no tienes ninguna otra pista al respecto?”
Esa pregunta me hizo pensar en el segundo acertijo que Salvatore me había enviado:
El arcángel del odio
se esconde
en la suite de Lenny
De repente me vino la inspiración. Visto que estábamos en un hotel y que el acertijo hablaba de una suite , había que volver a hablar con los responsables del hotel.
“Pues ahora que lo dices, estaría bien que pidieras la lista de clientes al hotel por si ese tipo tuviera algo que ver con alguno de ellos.”
Al director del muy exclusivo Hotel de Crillon no le hizo ninguna gracia nuestra petición, pero no le quedó más remedio que darnos acceso a su lista de muy selectos clientes.
Tras una primera mirada no encontramos nada especial que reseñar hasta que llegamos a la última de las suites del hotel.
Una de las más exclusivas. La Suite Bernstein.
Nombrada en honor a un gran compositor y director de orquesta estadounidense: Leonard Bernstein. Lenny , para sus amigos.
“¿Quién ocupa la Suite Bernstein?," pregunté.
La cara del director se puso de color carmín.
“No puedo revelarles la identidad del ocupante de esa suite. Es una personalidad de alto rango y ha requerido total confidencialidad.”
“Supongo que prefiere hablar con el presidente de la República y decirle personalmente que se niega a colaborar con una investigación antiterrorista,” dijo Jean-Yves con perfecta hipocresía francesa.
“Ok, ok. Se trata de X Singh, el magnate británico.”
Sorpresa, sorpresa.
Total, que X Singh, el arcángel del odio en palabras de Salvatore, estaba en una suite justo debajo del tejado desde el que aquel tipo con acento indio había intentado hacer volar en mil pedazos el Obelisco de Luxor.
¿He dicho en alguna ocasión que no creo en las coincidencias?
15
Los agentes del servicio secreto francés bajaron inmediatamente a la Suite Bernstein.
Lo que pasó allí lo seguí en vivo junto a Jean-Yves y Sarah a través de una pantalla de ordenador, y se puede resumir como sigue.
X Singh recibió a los agentes envuelto en un multicolor albornoz de seda.
Parecía completamente relajado, como si no supiera de qué iba la cosa.
Sospechábamos que X Singh estaba en el hotel de Crillon porque quería presenciar en primera persona el atentado, pero este lo negó rotundamente al ser interrogado al respecto.
Luego añadió sin despeinarse que incluso si lo hubiera hecho, le bastaría una llamada al presidente de la República para que lo dejaran en paz.
Y efectivamente, al poco tiempo los agentes recibieron una llamada del Palacio del Elíseo exigiendo que dejasen de molestar al pobre multimillonario.
16
Después de ese bochornoso episodio, la frustración de Jean-Yves era más que comprensible.
Cierto es que no había ninguna prueba de que X Singh estuviera envuelto en el presunto ataque terrorista contra el Obelisco de Luxor, pero eran demasiadas coincidencias como para no estar sorprendido de la demanda del Elíseo.
Aquello sólo venía a probar el poder y la influencia que tenía aquel misterioso personaje.
Jean-Yves se despidió de nosotros con un no os vayáis demasiado lejos que todavía tenemos mucho de qué hablar . Mientras tanto, Sarah me puso una sonrisa de ahí te quedas.
“Bueno, Otto, me temo que tengo que volver urgentemente a Londres para discutir los últimos sucesos con mis superiores.”
“¿Tanta prisa tienes de repente?”
“¿Quién es ahora el que no puede vivir sin el otro? Venga, déjate de rollos que tengo que salir corriendo. Y no te preocupes que tengo tu número de teléfono.”
“Eso, llámame," le dije, pensando que no la iba a ver nunca más. La contemplé mientras se alejaba, una parte de mí pidiéndome que corriera detrás de ella y la otra sabiendo que no tenía ningún sentido.
Nada que no me hubiera pasado antes.