Un justo ladrón (Provenance 2) Capítulo decimotercero #3
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Capítulo decimotercero #3

A la tercera va la vencida, dicen. Y efectivamente, a la tercera semana, mi secretaria me trajo un sobre que había llegado por mensajería urgente mientras estaba en plena reunión con unos clientes.

Creo que todos ellos se percataron de cómo me cambió la expresión al reconocer la caligrafía tan particular de Salvatore.

Me inventé una excusa como pude y salí de la sala de reuniones para leer el mensaje:

Buen trabajo.

Ahora dame un par de días.

P.S. Léeme y destrúyeme

Otro par de días. Aquello iba con recochineo, seguro.

12

Visto que mi teléfono estaba intervenido, cada vez que tenía que comunicar con Sarah o su padre me tocaba subirme en el Eurostar para hablar en persona con ellos en la casa de la familia Hound.

La excusa era mi relación íntima con Sarah, escenificada en público para que X Singh no dudara de mis intenciones.

“Mi informante me indica que sus jefes ya se han enterado del robo del diamante.”

“Excelente,” respondió James. “Me imagino que debe tener algo que ver con la inopinada visita de un especialista de diamantes indios que detectamos ayer en la Torre de Londres.”

“¿Y eso?”

“El tipo se pasó un buen rato observando el falso diamante y luego se fue con una sonrisa en los labios. Está claro que estaba allí para certificar el robo.”

“Tiene sentido.”

“Sí, pero hay una cosa que me inquieta sobremanera. Nosotros hemos cumplido con nuestra parte del trato y los Justos Ladrones deben estar convencidos del robo.”

“¿Y cuál es el problema?”

“Parece ser que no están contentos con eso, y nos han enviado un vídeo reclamando la piedra de Rosetta y amenazando con represalias si no aceptamos sus demandas. Es lo que tiene negociar con terroristas. ¿Tu informante no te ha dicho nada al respecto?”

“Pues no.”

“También han enviado un vídeo amenazando a los franceses, y ellos han recibido un ultimátum muy preciso: cuarenta y ocho horas.”

“¿En serio?”

“Habla con tus amigos en París, ellos te lo explicarán.”

13

París de nuevo.

En su oficina ministerial me encontré a Jean-Yves con cara de mucho agobio.

“Hola, Jean-Yves, tus colegas británicos me dicen que tienes algo que contarme.”

“Si. Acabamos de recibir un vídeo de los Justos Ladrones que difiere completamente en tono y contenido de todos los anteriores,” respondió.

“¿En qué sentido?”

“El mensaje reclama la devolución a Egipto del Zodiaco de Dendera.”

“Ni más ni menos. Bueno, el caso es que no me sorprende, Egipto lleva reclamando su devolución desde hace bastante tiempo.”

“Ya lo sé. Pero eso no es todo. Como creo que ya sabes, el Reino Unido ha recibido un mensaje similar reclamando la piedra de Rosetta, y a los alemanes les piden que devuelvan la estatua de Hemiunu.”

“Por pedir que no quede. Pero ¿qué pasa si no aceptáis? Mr. Hound me decía que habéis recibido un ultimátum muy concreto.”

“Sí, eso es lo peor del asunto. El mensaje tiene un tono bastante amenazador que lo diferencia de los otros y una fecha de caducidad: 48 horas. Mira por ti mismo.”

El vídeo empezaba con una narración de la historia del famoso zodiaco, una pieza del techo del Templo de Hathor de Dendera esculpida en bajorrelieve que muestra estrellas y planetas en forma circular como si fuera una bóveda celeste.

En el vídeo se explicaba que aquella pieza fue descubierta durante la expedición napoleónica y comprada a precio de saldo por el rey Louis XVIII a Mehmet Alí, gobernador otomano de Egipto.

Tras un periodo en el que estuvo expuesto en la Biblioteca Real, en 1922 el zodiaco fue trasladado a su actual morada, el Museo del Louvre.

Luego, los Justos Ladrones explicaban en un tono muy político e incandescente que el zodiaco, como tantas otras piezas, era el resultado del expolio colonial realizado por los franceses en Egipto y reclamaban su devolución, amenazando a Francia con represalias si no hacían una declaración al respecto en 48 horas exactas.

Y ya había pasado un día desde que lanzasen el ultimátum.

“Como puedes ver, no se andan por las ramas.”

Estaba claro que el Consejo de Agravios había pasado al estadio siguiente de su Plan de Acción, es decir, amenazar con represalias a los países implicados. No podía decírselo a Jean-Yves, pero al menos podía ir dejando pistas para que ellos las siguieran.

“Curiosamente,” dije, “han cambiado de estrategia. Ya no roban, ahora amenazan. Me pregunto por qué.”

“Se están tirando un farol, saben que no pueden robar esos objetos e intentan intimidarnos.”

“¿Estás seguro de que no pueden robarlos? Mira todo lo que han hecho hasta ahora… Me da la impresión de que medios no les faltan. Y, de hecho, hay una frase del vídeo que me ha llamado particularmente la atención: una negativa de Francia tendría como resultado la destrucción del vínculo eterno entre los dos países .”

“¿A qué pueden referirse con ese vínculo eterno ? ¿Pretenden que Egipto rompa relaciones diplomáticas con Francia? No es posible.”

“No tengo ni idea, yo diría que se refieren a algo específico, algo más concreto. No sé qué puede ser, pero te aseguro que voy a investigarlo, no lo dudes.”

“Bueno, en cualquier caso, tenemos una reunión de crisis esta tarde y es fundamental que estés presente.”

“Ok, nos vemos.”