Un justo ladrón (Provenance 2) Capítulo noveno
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Capítulo noveno

LA MANO DE DIOS

La pizzería Brandi se encuentra en un callejón que sale de Via Chiaia, zona típica para ir de compras, y sube en dirección a los Quartieri Spagnoli .

Pese a su bien merecida fama, la pizzería Brandi no es un sitio exclusivo o excesivamente caro.

Parece uno de tantos restaurantes típicos donde los lugareños van a comer en familia.

La entrada es bastante discreta: sólo una placa de mármol recuerda que la pizza Margherita nació en ese lugar.

Al entrar uno se encuentra directamente con una recepción, como si fuera un hotel, en la que el propietario se ocupa de las reservas y de conseguirte una mesa si tienes la suerte de que quede alguna libre.

La decoración del local no puede ser más típicamente italiana, con botellas de vino por todos lados, cuadros del Vesubio y el omnipresente Pulcinella de la Commedia dell’Arte .

Sólo las numerosas fotos de clientes ilustres que pueblan los muros recuerdan la reputación del local.

Salvatore me estaba esperando en una mesa del piso de arriba.

“Espero que vengas con hambre,” me dijo nada más verme.

“Absolutamente. ¿Sabes ya qué vas a pedir?”

“Yo siempre me pido una Margherita, no hay nada mejor. Pero tú mira que tienen otras opciones, y están todas buenas.”

“Estando donde estamos debería probar la Margherita, pero tengo ganas de algo diferente. ¿Qué me aconsejas?”

“Si quieres algo diferente prueba la Salsiccia e Friarielli .”

“Pizza con salchicha, interesante. Pero ¿qué son los friarielli ?”

“Una especie de broccoli.”

“Espera que lo mire en el móvil… aquí está. Son grelos. Interesante. Venga, la voy a probar.”

Salvatore habló con el camarero en puro napolitano.

“ Pe’mme na margherita. E pure nu poco 'e vino. Facimmo nu quartin' e Aglianico. Me lo consigliate? ”

“ Certo. ”

“ E l'amico mio se pija na pizza sasicc' e friarielle. E p'o vino, facimmo miezo litro va… ”

“ Va bbuono, tutt'apposto. ”

“Nada como viajar en compañía de un lugareño,” le dije.

“Tiene sus ventajas, sin duda.”

A la pareja de turistas franceses que ocupaban la mesa vecina les hubiera venido bien un lugareño en su mesa, pues no parecían aclararse con el camarero y la cuenta, así que decidí echarles una mano. Y mira por dónde, la pareja tenía ganas de conversación.

“¿Es usted italiano?," me preguntó la señora. “Su francés es excelente.”

“No, en realidad soy medio español medio alemán, pero vivo en París desde hace muchos años.”

“Veo que es usted un auténtico europeo.”

“En absoluto,” intervino Salvatore, “nuestro amigo Otto es una excepción a la regla. Auténticos europeos son ustedes: franceses que viven en su país, hablan una sola lengua en su vida cotidiana y visitan otros países europeos de vacaciones en la mayoría de los casos sin entender la lengua del país que visitan o comprender su cultura.”

“ Mais l’Europe… ”

“ Mes amis , no se crean la propaganda de Bruselas. Europa tal y como la pintan no existe. Es un invento de una panda de burócratas salidos en la mayoría de los casos de familias privilegiadas que no entienden la vida de las personas normales.”

Después de esa salida de tono de Salvatore, el marido quiso entrar al trapo, pero el camarero nos salvó trayendo las pizzas, y los turistas pagaron y se fueron sin no antes mirarnos con mala cara.

“ Jatevénne… ” murmuró Salvatore.

“Me parece que no te han caído bien los turistas…” le dije con sorna.

“Banda de ignorantes. No se merecen pisar el suelo de Nápoles.”

“Me recuerdas a lo que decía Goethe sobre la visión que los napolitanos tenían de la gente del norte.”

“ Sempre neve, case di legno, gran ignoranza, ma danari assai . Sí, yo también he leído Italienische Reise como todo napolitano de bien. Y como verás, nada ha cambiado desde 1787, Nápoles sigue siendo un paraíso habitado por diablos, y los extranjeros del norte siguen siendo ricos e ignorantes,” respondió riendo.

“ Mais l’Europe… ” dije, imitando al turista francés con grandes gestos de la mano.

“ Ah, l’Europe… La Europa de hoy en día es una vieja heredera que vive de lo que le dejaron sus antepasados. ¿Dónde está la vitalidad del imperio romano? ¿Dónde están los grandes conquistadores de otrora? Vanas palabras y sangre de horchata, nada más.”

“Bueno, en Europa se cultivan hoy en día una serie de valores que nos envidian en el resto del mundo.”

“No me cuentes historias, Otto. Europa habla de valores, de democracia, de derechos humanos y sobre todo del estado de derecho porque estos le permiten mantener el statu quo obtenido gracias a conquistas y colonización. Ha cambiado la voluntad de poder de Nietzsche por la autoflagelación postcolonial y la pose progre. Si viviera todavía, Sigmund Freud diría que Europa es una paciente en estado de negación de su bancarrota moral y económica.”

“Entiendo lo que me estás diciendo, pero ¿no te parece que exageras un poco?”

“Para nada. Querido Otto, mi Europa es Grecia y Roma, no Bruselas ni Berlín.”

“¿Ni París?”

“Bueno, París bien vale una misa…," contestó riendo. “Pero pasemos a otra cosa. ¿Cómo ves lo del Caravaggio perdido?”

“Pues verlo, lo veo mal. No hay nada en ese documento que no supiéramos ya. Y en Viena me dicen que los análisis realizados a la Madona del Rosario excluyen completamente que sea la Pala Radulovich. A mí me parece que Caravaggio no pintó la obra y se quedó con el anticipo.”

“Hay otra opción. Caravaggio pintó la obra, pero no le gustó a Radulovich, con lo que el pintor se la quedó.”

“Sí, claro. Pero eso es un callejón sin salida. No veo cómo vamos a seguir la investigación.”

“No hay prisa. Ya se te ocurrirá algo. Conozco tu reputación.”

“Si, pero ya sabes lo que dice el adagio latino: Ad imposibilia nemo tenetur ,” le contesté, y juraría que al pronunciar la palabra nemo Salvatore hizo una microexpresión facial de satisfacción.

2

Pasamos a otra cosa y la velada transcurrió muy agradablemente, ya que Salvatore era un gran conversador y teníamos muchos intereses comunes.

Pero a mí no se me quitaba de la cabeza la sospecha de que Salvatore me había invitado a Nápoles bajo un falso pretexto.

Tenía que averiguar qué estaba pasando realmente.

“Por cierto,” le dije, “¿viste lo que pasó en París con las joyas del Louvre?”

“Sí, lo vi. Vaya panda de inútiles los franceses.” Salvatore sonreía como era habitual en él, pero me pareció discernir otra microexpresión de diversión en su cara.

“También he oído rumores de una agresión con pintura a la Gioconda que el gobierno francés ha mantenido oculta al pueblo.”

“¿No me digas?”

“Eso me cuentan mis fuentes. De hecho, me han dicho que fueron unos activistas que quieren descolonizar los museos.”

“¿En serio? Bueno, si es así lo veo tan contraproductivo como tirar sopa de tomate a los girasoles de Van Gogh.”

“Vaya, conociéndote hubiera pensado que estarías de acuerdo.”

“Con la descolonización de los museos, por supuesto. Con acciones que sólo perjudican a la causa, no tanto. Los medios siempre tienen que ser útiles a los fines. Vamos a ver, Otto, ¿a ti te gusta el fútbol?”

“Si, como a casi todo español.”

“Y sabes que aquí, en Nápoles, Diego Armando Maradona es Dios, ¿no?”

“Sí, claro. Creo que hasta habéis renombrado el estadio San Paolo en su honor.”

“Pues bien, Maradona tenía un programa en la televisión argentina que se llamaba La noche del 10 , en el que hablaba, entre otras cosas, de momentos especiales de su vida como futbolista. Y el más famoso de todos, fue…”

“ La Mano de Dios , por supuesto. El gol que Maradona metió a Inglaterra con la mano y del que luego dijo que había sido la mano de Dios la que había intervenido. Si recuerdo bien, fue en la Copa del Mundo de 1986 en México.”

“Veo que tienes buena memoria, Otto. En su programa televisivo, muchos años después, Diego finalmente reconoció que había metido el gol con la mano y no con la cabeza. Esto lo contaba riéndose, porque era algo que todo el mundo vio, salvo el árbitro y sus linieres. De hecho, Diego contó que sus compañeros se acercaron a celebrar el gol como diciendo, estamos robando , pero Diego lo justificó con un refrán que debes conocer bien: quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón .”

“Que era una referencia a la guerra de las Malvinas, la cual había tenido lugar poco antes, en 1982.”

“Exacto. ¿Y sabes lo que te digo, Otto? Qué Diego tenía razón. A veces, la justicia tiene que ayudarse de la mano de Dios para saltar los obstáculos que el Derecho pone en su camino.”

“Algo así dijiste en la conferencia de Viena.”

“¿Y viste como esos pobres burócratas reaccionaron escandalizados? Gente ridícula...”

“El mundo se rige por reglas, Salvatore.”

“Las reglas no se aplican de la misma manera a ricos y pobres, a débiles y poderosos. Y, además, entre una regla y la justicia, yo prefiero la justicia.”

“Me recuerda a aquella famosa frase de Albert Camus"

“¿Cuál?"

“Hablando de la guerra de Argelia, una vez dijo: Je crois à la justice, mais je défendrai ma mère avant la justice. No necesitas traducción, ¿verdad?"

“ Creo en la justicia, pero si tengo que elegir defenderé a mi madre antes que a la justicia ," respondió. “Creo que eso lo resume muy bien, porque, al fin y al cabo, la justicia es subjetiva.”

“Me parece que estás hablando de tus propios intereses más que de justicia.”

“Llámalo como quieras. Por cierto, puesto que te gustan las citas célebres, ahí va una que viene a cuento: … sed quia ego exiguo nauigio facio, latro uocor; quia tu magna classe, imperator. ”

“Mi latín está un poco oxidado, pero creo que viene a decir que si yo lo hago con un pequeño barco me llamáis ladrón, pero si lo haces tú, te llaman emperador. ”

“Exactamente. Es la respuesta de un pirata a Alejandro Magno relatada por San Agustín en La Ciudad de Dios . Ahora dime, siendo español ya sabes cuál ha sido el imperio más pirata de todos los tiempos, ¿no?”

No era difícil saber a quién se refería: el imperio británico .

“Ahora dime que el Museo Británico no merecería una buena cura de descolonización.”