Capítulo octavo #2
“Conducir una moto en Nápoles es cantidad de complicado, ¿no te parece?," le dije.
“Pues sí que es verdad,” me contestó con un marcado acento escocés.
“Te vi pasar esta tarde por Via dei Tribunali. Imposible pasar desapercibida con ese pelo color zanahoria.”
“Ya te digo,” contestó riendo mientras jugueteaba con uno de sus largos rizos.
“¿Qué haces en Nápoles?”
“Estoy de vacaciones,” dijo, haciéndose la loca.
“Fíjate, yo también.”
Ambos sabíamos que estábamos mintiendo, pero el juego tenía su gracia, así que la invité a tomar algo en el Intra Moenia , un café literario muy de moda en Piazza Bellini.
Tras instalarnos en la veranda y pedir unas bebidas, me pareció que la mejor manera de averiguar quién era realmente era darle un poco de información irrelevante para ver cómo reaccionaba.
“El caso es que estoy aquí invitado por un artista local del que probablemente hayas oído hablar, Salvatore Fusco.”
“¿Salvatore Fusco?," me respondió.
“Sí, es un escultor famoso en el mundo entero.”
“Un escultor famoso en el mundo entero te ha invitado? ¿Y eso?”
“Quiere que investigue un cuadro perdido de Caravaggio.”
“¿Un cuadro perdido de Caravaggio?”
Sarah estaba utilizando una técnica clásica de interrogatorio que en inglés se llama mirroring .
Es básicamente repetir las últimas palabras de tu interlocutor en modo pregunta para incitarlo a dar más detalles.
Lo que ella no sabía es que, no sólo me había percatado del asunto, sino que además esta técnica es como los trucos mentales de los Jedis, sólo funciona contra mentes débiles.
“Sí, un cuadro perdido de Caravaggio,” le respondí sin dar más detalles. Sarah se quedó un poco cortada, como no sabiendo cómo retomar la conversación, lo cual aproveché para iniciar mi propio interrogatorio de una manera mucho más directa.
“Ahora dime Sarah, ¿hay que pasar una oposición para entrar en el MI6?”
Sarah se quedó pasmada por un momento, no sabiendo qué decir, pero supongo que estaba entrenada para este tipo de casos y reaccionó rápido.
“Veo que te gusta ir al grano, Otto. Y yo que pensaba que íbamos a pasar un buen rato juntos...”
“Lo podemos pasar si quieres, pero primero me gustaría saber por qué me estás siguiendo.”
“No te estoy siguiendo a ti, Otto. Llevo siguiendo a Salvatore Fusco desde hace un tiempo por petición expresa del MI5. Y como una de mis labores es ver con quién se relaciona el señor Fusco, pues me ha tocado averiguar qué estás haciendo aquí.”
“¿Y qué pasa si te digo que no es asunto tuyo?”
“Puedes hacer lo que quieras. Ya te digo que no eres tú la persona que nos interesa.”
“¿Y me puedes explicar al menos por qué estáis siguiendo a uno de los artistas más reputados del panorama artístico actual?”
“Me temo que no es posible, sobre todo si te obstinas en no decirme qué estás haciendo en Nápoles.”
“Pues ahora mismo estoy considerando ir a la policía y explicarles que hay una agente del MI6 siguiendo los pasos de un ciudadano italiano en territorio italiano sin que haya ningún motivo especial para ello. Y sin que el gobierno de Su Majestad haya hablado ni con Palazzo Chigi ni con la Farnesina.”
“Pues me meterías en un pequeño brete si lo hicieras, e imagino que Londres te retiraría del caso que tienes entre manos.”
“Te refieres a…”
“...la metopa sur XXVII, por supuesto.”
“Ya veo. ¿Y qué tiene que ver Salvatore con ese asunto?”
“Es lo que estoy intentando averiguar.”
“¿O sea que sospecháis que Salvatore está implicado en el robo de la metopa?”
“Digamos que sabemos de sus numerosas conexiones con radicales anticolonialistas. Y seguimos con mucho interés cada una de sus intervenciones públicas sobre el tema. Tú estabas en la conferencia internacional de Viena el mes pasado, ¿no? Pues ya sabes de qué estoy hablando.”
O sea que yo no era el único que sospechaba de Salvatore.
“No sabía que fuera ilegal dar discursos sobre el pasado colonial del Reino Unido. Es algo que se llama libertad de expresión. Y, además, no le falta razón en la mayor parte de lo que dice.”
“No son sus discursos lo que nos preocupa. Hemos seguido sus pasos por medio mundo y nos consta una serie de reuniones con elementos poco recomendables.”
“Pero no tenéis ninguna prueba de actividad ilegal, ¿o me equivoco?”
“No te equivocas, no, pero tenemos dudas más que razonables al respecto. Por eso lo estamos siguiendo. ¿Has oído hablar del análisis de la marcha?”
“¿El estudio de los movimientos de una persona?”
“Efectivamente. Como sabrás, la forma de andar y de moverse es algo muy personal que permite la identificación de un individuo incluso si sus rasgos faciales no son visibles. Gracias a esta técnica estamos casi seguros de que Salvatore era uno de los ladrones del Museo Británico.”
Esa cojera…
“¿Y dices que estáis casi seguros de que era Salvatore?”
“Las imágenes de las que disponemos no son suficientes para estar totalmente seguros. Y el análisis de la marcha no es una ciencia exacta.”
“Y por ello, no podríais utilizar los resultados de este análisis delante de un tribunal, ¿a que no?”
“No podríamos gracias a abogados listillos como tú.”
“Me lo voy a tomar como un cumplido.”
“Yo que tú no lo haría,” me dijo con una sonrisa picarona.
“En cualquier caso, se añade a una serie de indicios bastante condenatorios que nos han llevado a investigar sus movimientos. Y te puedo decir que no es nada fácil. Cuando viaja al extranjero sabe cómo moverse sin dejar rastro, y aquí en Nápoles es simplemente imposible. Pese a que su residencia oficial es un apartamento en Via Toledo , pasa la mayor parte del tiempo en su famoso taller del que todo el mundo habla, pero del nadie sabe nada. Por ello me estaba preguntando si no nos podrías echar una mano en este asunto.”
“¿Qué me estás pidiendo exactamente?”
“Para explicártelo necesitaríamos un lugar más íntimo. Mi apartamento no está lejos de aquí.”
Una estupenda espía me proponía una reunión secreta en su piso franco.
¿Qué más podías pedir, James Blando?
6
Describir lo que pasó en el apartamento de Carrot Cake, que así apodé a la bella pelirroja, sería faltar a las normas más básicas de la caballería. Así que espero que se me permita que le dé al fast forward y que pase directamente a lo que me pidió justo después.
“No es nada difícil, Otto. Sólo tienes que ponerle este localizador GPS en un bolsillo y asunto arreglado.”
“¿Y de qué te va a servir ponerle un localizador GPS a Salvatore? En cuanto se cambie de ropa te dejará de ser útil, y además seguro que lo encontrará y comprenderá que lo estáis siguiendo.”
“Salvatore ya sabe que lo estamos siguiendo. El problema es que conoce las calles de Nápoles como nadie y siempre se las apaña para desaparecer sin dejar rastro. Necesito poder seguirlo de manera electrónica para averiguar dónde está su famoso taller, ya que sospechamos que es desde allí que dirige sus asuntos, digamos, más picantes. En el momento en que sepamos dónde se esconde podremos proceder a una vigilancia reforzada.”
“Con cámaras que ven a través de las paredes y cosas similares, ¿no?”
“Me parece que has visto muchas películas de espías, Otto,” me dijo con una sonrisa burlona. “Pero bueno, algo así.”
“No te puedo prometer nada, Sarah. Salvatore no me ha hecho nada, de hecho, es un tipo que me cae muy bien, y no tienes pruebas fehacientes de que haya cometido ningún delito.”
“Ah, los hombres sois tan crueles…," dijo lánguidamente mientras se tumbaba en la cama.
7
Habría dicho que salí al balcón a fumar un pitillo, pero no fumo, así que dejémoslo en que salí a tomar el aire. Estaba echando un vistazo a mis mensajes en el móvil cuando recibí una llamada de Herr Wachter.
“Herr Schmidt-Toledano, tengo noticias sobre el busto y me temo que no son buenas.”
“¿Qué pasa?”
“Acabamos de recibir un paquete con un trozo de la oreja del busto, junto a una nota de los Justos Ladrones en la que prometen enviarlo de vuelta trocito a trocito si no aceptamos sus condiciones.”
“¿Está usted seguro de que es un trozo auténtico del busto?”
“Tiene toda la pinta, los pigmentos, la pátina, todo concuerda.”
“¿Y cuáles son esas condiciones?”
“Tenemos que reconocer públicamente que el busto pertenece a Egipto y que nos comprometemos a devolverlo.”
“¿Han dado un plazo?”
“Me temo que no.”
Mierda. Empezaban las amenazas.