Un justo ladrón (Provenance 2) Capítulo séptimo #3
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Capítulo séptimo #3

“Según el museo,” me explicó Salvatore, “Caravaggio pintó la obra probablemente en Roma, pero reconoce que se ignora tanto el propietario original como el uso al que estaba destinado. El pintor flamenco Frans Pourbus el Joven lo vio con sus propios ojos en Nápoles en 1607 en propiedad de Louis Finson y Abraham Vinck. Este último se lo llevó a Ámsterdam en 1617, donde fue comprado tras su muerte por una compañía de artistas para la Iglesia de los Dominicos de Amberes. Posteriormente, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico José II lo confiscó y el cuadro fue enviado a Viena en 1786.”

“Esta es la historia oficial del cuadro,” contesté, “y me da que no te la crees.”

“No es que no me la crea. Es que hay un par de detalles en esta historia que merecerían un poco más de atención. ¿Conoces la historia de la Pala Radulovich?”

“No me suena.”

“La Pala Radulovich es una supuesta obra de Caravaggio encargada por Niccolò Radulovich, marqués de Polignano y rico mercader de lo que hoy es Dubrovnik en Croacia. Según el contrato entre Radulovich y Caravaggio,” me dijo mientras me enseñaba el contrato en su móvil, “era un cuadro de 13 palmos y medio de alto y 8 palmos y medio de ancho, con las siguientes figuras: arriba, la Imagen de la Virgen con el Niño en brazos rodeada de coros de Ángeles y abajo, en medio Santo Domingo y San Francisco abrazados, a la derecha San Nicolás y a la izquierda San Vito. Caravaggio cobró su paga, pero del cuadro nada se supo.”

“Quieres decir que Caravaggio se llevó el dinero, ¿pero no pintó el cuadro?”

“No se sabe bien qué pasó exactamente. Ahora fíjate bien, que esto es muy curioso. Aquí tienes delante tuya un cuadro de Caravaggio, pintado en Nápoles durante el mismo periodo de tiempo que la Pala Radulovich, y del que, según el propio museo reconoce, se ignora tanto el propietario original como el uso al que estaba destinado. Y los 364,5 × 249,5 cm que mide la Madonna del Rosario aquí presente corresponden más o menos a los 13 palmos y medio de alto y 8 palmos y medio de ancho que debía medir la Pala Radulovich.”

“¿Puedo ver el contrato de nuevo, por favor?”

“Sí, claro.”

“Aquí dice que el cuadro debía representar la Imagen de la Virgen con el Niño en brazos rodeada de coros de Ángeles y abajo, en medio Santo Domingo y San Francisco abrazados, a la derecha San Nicolás y a la izquierda San Vito. No es para nada lo que se ve en la Madonna del Rosario.”

“En efecto, es precisamente ese detalle lo más interesante del asunto. Como seguro que ya sabes, Caravaggio se tomaba muchas libertades con los pedidos que recibía, y en algún caso el comitente no quedó satisfecho y rechazó la obra. Imagina que, por la razón que fuera, a Radulovich no le hubieran hecho gracia las modificaciones de Caravaggio y hubiera decidido rechazar la obra. En ese caso, Caravaggio podría haberla modificado ulteriormente para venderla a otra persona.”

“Tu teoría parece plausible, pero no es más que eso, una teoría.”

“No es sólo mi teoría, hay más gente que piensa lo mismo. Pero, en cualquier caso, a mí no me gustan las teorías, me gustan los hechos. Y si nos limitamos a los hechos en nuestro poder, tenemos dos cuadros, uno aquí presente y otro en paradero desconocido. De uno no se sabe quién lo encargó y del otro sí. Y la pregunta que me hago, y a la que me gustaría que pudieras darme una respuesta, es la siguiente: ¿la Madonna del Rosario es, en realidad, la Pala Radulovich? ¿O son simplemente dos cuadros diferentes? Y en este último caso, ¿dónde está la Pala?”

“Tentadora propuesta…”

“¿Por qué no vienes a Nápoles y echas un vistazo al asunto por ti mismo?”

“Pues sí que estaría bien, hace mucho tiempo que no veo el Vesubio.”

“Tu precio será el mío, no te preocupes.”

7

Se había hecho de noche, y los turistas paseaban despreocupadamente alrededor del monumento a la Emperatriz María Teresa.

Salvatore declinó mi invitación para ir a tomar algo, lo cual no me molestó sobremanera porque tenía una entrada para ver Tosca en la Ópera de Viena, con lo que no tenía mucho tiempo que perder.

Luego, tras insistir una vez más en que viniera a visitarlo a Nápoles, Salvatore se despidió en la escalinata exterior del museo y tomó camino hacía su hotel con paso pesado.

Al verlo alejarse lentamente me di cuenta de un detalle que quedó grabado en mi memoria.

Salvatore cojeaba ligeramente de la pierna derecha.

8

La invitación que Salvatore me había hecho para que le hiciera una visita en Nápoles era demasiado tentadora para rechazarla, y reconozco que la historia de la Pala Radulovich me había intrigado.

Por otro lado, me parecía que había gato encerrado.

Al día siguiente, tuve una conversación con los responsables del Kunsthistorisches Museum en la que me explicaron que un análisis en profundidad de la técnica pictórica, los resultados del examen radiográfico y comparaciones estilísticas excluían fehacientemente la posibilidad de que la Madonna del Rosario fuera la supuesta Pala Radulovich.

La conclusión a la que habían llegado era que el cuadro fue pintado en el periodo romano de Caravaggio, probablemente entre 1601 y 1605.

Entonces, si todo parecía indicar que la Madonna del Rosario no era la Pala Radulovich, ¿para qué me había invitado Salvatore?

Seguro que él ya había realizado sus propias pesquisas al respecto y sabía todo esto.

Aquello olía mal. Volví a pensar en el vídeo del robo del mármol de Elgin y cómo el ladrón con la máscara burlona cojeaba ligeramente de la pierna derecha.

Y me acordé de la cojera de Salvatore. Aquel gran artista anticolonialista que se atrevía a llamar en público panda de ladrones a los responsables del Museo Británico.

Eran demasiados detalles extraños, demasiadas coincidencias. Y como creo haber ya dicho en alguna ocasión, soy una de esas personas que encuentra las coincidencias sospechosas .

Se imponía un viaje a Nápoles.